Discos Marcapasos
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"You are so cool, you are so rock'n'roll"
No recuerdo la primera vez que entré en Marcapasos, ni siquiera recuerdo la primera vez que me fijé en la tienda y lo cierto es que la mayoría de las veces ni me acuerdo de que se llama Marcapasos.
Está en uno de los epicentros más bulliciosos del ocio de Granada. La cruz marca el lugar: se trata de la zona que va desde plaza de Derecho a de Trinidad en una dirección, y de Lobos a Bib-rambla en la perpendicular. Esa franja de espacio concreta condensa mil ofertas y un ambiente de lo más agradable y adecuado para hacer cosas de bon vivant: irte de cañas al mediodía, comer bueno y bonito (a veces hasta barato), comprar cultura y moda, sentarte a leer o dibujar, tomarte unos vinitos y escuchar flamenco hasta horas poco razonables.
En el corazón de este ambiente te encuentras la tiendita, al final de una calle de bloques del XX (Duquesa) que acaba convirtiéndose en una callecita más bien oscura (de ésas que miras arriba entre las fachadas venidas a menos y ves una línea de celaje radiante y cuarteada por los cableados que van de un lado a otro) y desemboca en Trinidad. Está ahí de manera incuestionable, desde que te acuerdas: la tienda de vinilos del jardín botánico. Siempre nos entendimos así.
Un día te paras a curiosear el escaparate y lo acabas convirtiendo en una costumbre cada vez que pasas por allí (aunque sólo sea para ver si tienen los horarios de la filmoteca, o la mondosonoro, te dices).
Otro día, cuando tienes tintineando el humor y sobre todo el bolsillo, decides entrar a regalarte algo, así que entras. El dependiente al fondo, poniendo discos (esta tienda siempre suena muy bien), atendiendo o en el ordenador, a su bola. Y tú con una selección de vinilos por delante que es para tomártela con calma. La oferta también incluye cd, dvd y cajas especiales, pero los discos son la atracción especial, los hay a montones, apretados en categorías y abarrotando el espacio. La gente entra y sale, siempre en un silencio sacro y muy agradable: es el marco ideal para una un romance entre modernitos.
La selección suele ser exquisita y completísima, de todo y bueno: Arcade Fire, Beirut, Dylan, Aretha Franklyn, los Beatles, los Kinks, Kings of Leon, los Stooges, los Pixies, Gaingsbourg… en fin, podría estar todo el día. Mejor entráis en su página web (con un diseño genial) y consultáis el catálogo, o si os he puesto los dientes muy largos, podéis escuchar el playlist confeccionado por los dueños, acceder a su myspace o directamente hacer un pedido calentito a casa.
A TENER EN CUENTA: Desde luego el lugar es para melómanos y pudientes. Eso sí, el trato es estupendo y siempre están al tanto de las últimas novedades, se nota que los dueños adoran lo que hacen.
Felices escuchas,
Eva
adán & eva descubrió este servicio en January 2009
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Salir, beber, el rollo de siempre
Todo grupo de gente tiene Un Bar. Quiero decir, no es que sean los dueños, sino que todas las noches acaban pasando por allí. Normalmente Ese Bar suele ir cambiando en función a 1) que se ponga demasiado de moda y se llene de gente 2) que no haya chicas. En ocasiones escasas (y por eso hay que reseñarlas el doble), un local reúne todos los puntos necesarios para consagrarse como Lugar Legendario. El Soul es uno de ellos.
Verán ustedes, resulta que vivo ahora mismo en Córdoba gracias a una beca, junto a otros 13 compañeros; y ya desde el primer día los residentes de otros años nos hablaron de este sitio. No os resistáis, decían. Acabaréis yendo siempre allí. Todas y cada una de las noches. Y tenían razón.
El Soul tiene sofás cómodos. No se rían, para mí es un punto importante. Música funk, groove, acid jazz, pop y por supuesto soul; centrados sobre todo en ritmos de los 60 y 70, aunque celebran sesiones donde el DJ es el amo y señor y llega a variar bastante de la línea habitual del bar. Proyectan pelis un día a la semana. Decoración moderna pero no hortera (todo un hallazgo eso). Además, ahora que mi Eva no me oye, les diré que la proporción entre hombres y mujeres está muy igualada, con lo que una visita al local será siempre una experiencia estimulante para ellos y para ellas. Un sitio en el que se está a gusto, excepto si llegas en la hora punta, en la que siempre tendrás la sensación de estar respirando aire de segunda mano; mi recomendación es ir allí a tomar la primera y huir antes de que llegue la marabunta. El Soul abre también algunas mañanas y por las tardes; muy agradable para sentarse a leer algo o a charlar con un café, o mi opción favorita, un buen vaso de ron (Havana 7 por ejemplo) con unos granitos de café.
Sólo le encuentro un defecto: la oferta de copas, si bien a un precio razonable, es bastante estándar; el bar ganaría mucho con una carta de cócteles algo más trabajada. Por lo demás, un sitio muy recomendable. No se lo pierdan si viajan a Córdoba, que entre mezquita y mezquita viene bien la cervecita.
adán & eva descubrió este servicio en January 2009
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Casa Marcello, Gisela Michel
+41 031 3113026
Aarbergergasse 19
www.casa-marcello.ch/home.html
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Como un acorde de rock en medio de un vals
Hace unos meses tuve una tarde libre para pasear por Suiza, por razones de un trabajo que ya no tengo. Yo pensaba dedicarla a tres de mis aficiones preferidas cuando estoy de viaje: pasear, ver sitios bonitos y beber cerveza. Pero, ¡qué engañado estaba! La capital de Suiza es como una versión a escala del país en sí: pequeñita, muy bien organizada y aburridísima. Después de unas horas viendo repetirse el esquema "edificio bonito - edificio bonito - cruce - torre con un reloj" empezó a caer una tormenta de órdago. Así que eché a andar a paso bien ligero en busca de un sitio donde calentarme a golpe de birra; cuál fue mi terrible decepción al observar que sólo había bares para turistas, es decir: pulcros, estirados, aburridos y carísimos.
Seguí andando hasta casi llegar a la estación central de Berna, donde estaba mi hotel. Iba caminando ya derrotado, sin esperanzas de encontrar un bar de verdad, un antro como dios manda; decidido a comprar birras en alguna tienda y meterme en el hotel a bebérmelas. Entonces lo vi, y fue como escuchar un acorde de rock en medio de un vals.
Estaba en una calle comercial entre Schütestrasse y Kochergasse (que nadie se queje: llevo veinte minutos peleándome con un mapa de Berna para intentar situarlo lo mejor posible). Creo recordar que estaba entre un puesto de kebabs y una tienda de jabones o algo por el estilo. Escuché a Elvis cantando, y cuando me metí entre la gente para ver de dónde salía aquella música vi a un punki fumando con una jarra de litro llena de cerveza, sentado en una mesilla en la puerta de un sitio. Olía a humo desde la puerta; el suelo estaba lleno de colillas y chicles, y las paredes negras de mugre hasta la altura de las rodillas. Al fondo podía ver un futbolín y una gran mesa rodeada de sillas; en el resto del bar apenas había un par de mesitas de ésas en las que sólo caben dos vasos y un cenicero. Tras la barra, una gorda malencarada que mascaba dios sabe qué, con un trapo al hombro y una camiseta de los Maiden. Con lágrimas en los ojos, miré la puerta y vi el logotipo.
Casa Marcelo. Así se llamaba mi antro salvador.
Servían pizzas. De la peor clase que existe. De ésa que tiene una pinta extraordinaria en el mostrador y cuesta la mitad que en cualquier otro sitio de la ciudad, y cuando la pruebas entiendes por qué, pero no puedes parar de comer. Pero la cerveza, ¡ah, amigos, la cerveza! Una amplísima carta a un precio que vencía por goleada a cualquier otro lugar de la ciudad. Un sitio en el que se podía fumar tranquilamente (¡en Suiza!), en el que convivían el punki con el rocker, el ejecutivo amante de los AC/DC con el motero pasado de rosca fan de Steppenwolf.
¿Y qué hice? Lo que habría hecho cualquier hombre decente en mi lugar. Me senté en la mesa del fondo, le di todo el dinero que me quedaba a la camarera y le dije que me fuera sirviendo cerveza hasta que se me agotara. Estuve leyendo a Ginsberg, escuchando la música, hablando con los borrachos, escribiendo un poema (fundacionantoniogala.wordpress.com/2008/11/26/allen-ginsberg-in-memoriam). Horas después, ya de noche, salí de allí riéndome yo solo y haciendo eses, ganándome las miradas reprobatorias de todos los buenos ciudadanos de Suiza. Más feliz que una perdiz.
Si alguno de ustedes pasa por Berna, busquen Casa Marcelo. Es el tipo de antro de rock que un verdadero aficionado a los antros no puede perderse. Y díganle a la gorda de la barra que nunca olvidaré su "anothar biar for the gentleman".
adán & eva descubrió este servicio en January 2009
Clandestino, un buen sitio para empezar
ADÁN: El Clandestino está cerca de todas partes, pero a la vuelta de una de esas esquinas que nunca gira nadie. Yo lo conocí cuando abrió, no me acuerdo ni cómo; el caso es que unos amigos y yo cogimos afición a sentarnos a media tarde en los grandes sofás, a escuchar un poco de acid jazz y tomar café (no teníamos ni 18 y ya éramos así de pedantes). Era un buen sitio, con luz cálida y suave para charlar y suspirar un poco: en aquel entonces el Clandestino tenía las camareras más guapas del centro de Málaga. Cuando empecé a tener dinero para cenar algo que no fuese un kebab, éste fue uno de los primeros sitios a los que fui. Aunque tengo que decir que las camareras ya no son tan guapas.
EVA: Ni falta que hace (aunque quizás sea porque, desde "aquellos maravillosos años", los años no pasan en balde ni para esas diosas de la bandeja). A lo importante: la carta es de ésas que ofrecen una selección rica pero reducida; si no eres demasiado escéptico salivarás desde el principio. Igual con los vinos, accesibles pero elegidos cuidadosamente. Es el restaurante perfecto para iniciarse en el sibaritismo, ése que puede colgar una pequeña etiqueta de distinción a cualquier hijo de vecino (véase: local que incluye carpaccio en su oferta pero que tiene un estuco rural y centros florales de plástico). Aún así, el ambiente es bastante agradable, ideal para parejitas. Eso sí, cuidado con que a tu chico se le antoje algo fuera de carta.
ADÁN: Por eso no te preocupes, que yo soy muy de atenerme a las recomendaciones del chef. Hay que decir que el Clandestino es un restaurante de una rara especie: cocina de autor, con recetas originales y una presentación muy cuidada, del que sales harto de comer y a un precio razonable. Yo soy de los que se ponen de mala leche si se cumple la ecuación "platos grandes = raciones pequeñas"; en este lugar probarás platos que te sabrán a nuevo, pero no tendrás la sensación al salir de que lo que te apetece es un buen bocata. La carta, bastante completa, incluye ensaladas (que nadie se pierda la Namberguan), pastas, carnes y pescados, además de unos postres exquisitos y una pizarra aparte con las recomendaciones del mes (y una caligrafía bastante chula). Sin olvidar una oferta de bebidas y cócteles bastante correcta.
EVA: Como ejemplo, el susodicho carpaccio y tu Namberguan como entrantes, a los que sumar un plato para compartir –si bien las pastas no son su fuerte- te dejan satisfecho el estómago y el paladar por un módico precio, incluyendo un par de copas de ribera y algo dulce. Como tiene el punto justo de pretensión sales al corazón de Málaga tan contento que ni te fijas en el estupendo libanés del final de la calle. Pero eso es otra historia…
PRECIO MEDIO PARA DOS: 50 €
A TENER EN CUENTA: Aparcar en la zona es misión imposible. No aceptan reservas y suele llenarse, así que conviene ir con tiempo. Los sofás son comodísimos.
www.clandestinoresto.com
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