La Llavor dels Origens
+34 933 107 531
Domingo al mediodía. Deambulamos por el Borne después de pasarnos toda la noche de fiesta. Mucho baile, muchas cervezas, muchos besos y un orgasmo simultáneo. Nos entra hambre y nos topamos con este restaurante. Entramos pero parece abarrotado. Le preguntamos a uno de los camareros si hay sitio para nosotras. Nos dice que sí, pero que mientras nos prepara la mesa "esperemos en la calle". ¿Esperar en la calle? Lo cierto es que en el local no queda un metro cuadrado libre y las mesas están prácticamente pegadas unas a otras. A más mesas más clientes, a más clientes más dinero, a más dinero más negocio y ya se sabe que en Catalunya “el negosi es el negosi”. Suena a tópico pero fue exactamente así. Al rato nos hace una señal para que entremos. En este restaurante en vez de carta hay una revista donde te explican de dónde vienen y cómo se elaboran los platos que sirven. También te cuentan que existe un “sistema català d´esquarterament” (sistema catalán de despiece del cerdo) que nada tiene que ver con el italiano y te muestran “la tècnica de menjar amb els dits” (la técnica de comer con los dedos) aunque, por suerte, veo que nos han puesto cubiertos. Supongo que si fuera una militante de Esquerra se me saltarían las lágrimas de emoción ante tal muestra de patriotismo culinario pero a mí todo eso me parece una memez y lo que quiero es que el camarero nos atienda de una vez, ya que llevamos más de veinte minutos esperando.
Compartimos “Sopa de carbassa i castanyes” (sopa de calabaza y castañas), “Amanida de llenties amb pop” (ensalada de lentejas con pulpo), “Carbassó amb bacallà” (calabacín con bacalao) y “Pastís de dues xocolates” (pastel de dos chocolates). Todo muy bueno menos el calabacín con bacalao que tenía la salsa un poquito aguada.
Al salir mi chica se da cuenta de que entre los diversos productos que tienen expuestos para la venta están algunas botellas de Absenta. Es el licor que tomaba Toulousse Lautrec antes de pintar sus mejores obras. Al parecer tiene efectos alucinógenos (ya puede porque la negra que venden tiene 85 grados). Nos llevamos una botella de la azul que abriremos el próximo fin de semana. Si terminamos en los periódicos ya sabéis a qué es debido.
Resumiendo: La comida bien, el tufillo nacionalista cargante y el servicio despistado.
Se me olvidaba: ¡¡Chuparos esa Encinares, que en este tampoco habéis estado!!
Buzzing
+34 934 582 816
Está visto que si una quiere reseñar un restaurante en el que no hayan estado "los Encinares" tiene que irse por lo menos a Barcelona. ¡¡Menudo par de hermanos!!, no dejan un restaurante vivo. Después de siete horas de autobús (más detalles en madreidiota.blogspot.com/2008/02/autobs-barcelona.html ) y de dejar la maleta en casa de unos amigos me llevaron a comer al Buzzing, un sitio con menú (incluso los sábados) de catorce euros. De Barcelona me aburre soberanamente el victimismo nacionalista pero me gusta su rollo de diseño modernillo. El Buzzing es eso. De primero me pedí una crema de pimientos rojos con helado de violeta (opcional). Ya sabéis que a mí todas las opciones me van bien. El helado sabía a caramelo y la mezcla era curiosa. El camarero, un tio muy simpático, me preguntó si me había gustado porque tenían un debate al respecto en la cocina. Yo le respondí que sí. De segundo me trajeron una trucha con risotto de calamar que no fui capaz de terminarme. De postre un flan de café que cambié por la crema catalana que se había pedido mi novia. Ademas del camarero había una camarera negrita que también estaba buena aunque no la probamos.

