Es una putada que la pobre Ana Frank se muriera en el campo de concentracion de Auswitz apenas un mes antes de su liberacion, claro que si eso hubiera pasado posiblemente hoy no existiria una casa museo con su nombre, ni su padre (Otto Frank, que sobrevivio al holocausto y murio en 1980) se habria forrado (supongo que se forro, y si no lo hizo debio haberlo hecho) con los derechos del diario de su hija. En el museo no se ve nada que no sea ya archiconocido pero impresiona ver las habitaciones en que se hacinaron dos familias que durante casi dos anios hablado entre susurros y con las ventanas cerradas. La visita cuesta (en marzo del 2008) siete euros y medio y yo no tuve que esperar cola aunque un grupo de estudiantes no dejaron de vociferar a mis espaldas durante todo el recorrido por la casa. Putos maleducados.


