Su eslogan "Ni pizza de comparación" demuestra bien a las claras que no son precisamente unos lumbreras. Los camareros parecen sacados de un concurso de descerebrados. Tu les dices: "mesa para cuatro" y tienes que esperar unos veinte segundos a que la información les llegue al cerebro. Las pizzas no valen una mierda y el sitio está lleno de niños y padres pegando voces. Parece barato pero en realidad no lo es, ya que son ellos los que tendrían que pagarte a tí por ir. En las paredes cuelgan dibujitos de algunos famosos que pasaron por el lugar. Nosotras estuvimos sentadas debajo de un garabato pintado por Arancha del Sol, que vete tú a saber quien coño es, y que decía: "Gracias por una de las veladas y de las comidas más maravillosas que he probado". Evidentemente la tal Arancha debe haber llevado una vida malísima.
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