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Paseo de la Barquera s/n San Vicente de la Barquera, Cantabria , España 43.386996 -4.398699
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listas: ESPAÑA_cantabria , a probar o visitar , comer , comer_OSTRAS
Centro de Interpretacion de La Naturaleza
avda. luis cuaveas 2a, finca sotama, 39584, tama, cantabria Tama, Cantabria , España
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eye lo descubrió en julio de 2009
listas: ESPAÑA_cantabria , arquitectura-ingeniería , cultura museos arte , diseño
La Flor de Tetuán
+34 942 21 83 53
Tetuán, 25 Santander, Cantabria , España 43.4657224 -3.7948107
guardado por 6 personas
tus recuerdos sublimes
mi gran garcia santos lo cuenta muy bien
y ademas, a veces hay que poner estas fotos sin trampa para segregar...
"22 años de andadura, la del restaurante de Angel Guartas Aguado, ubicado en un entorno muy popular, cerca de Puertochico. La fisonomía del local, bar y comedor, están en consonancia, predominando los motivos marineros en la sala.
La Flor de Tetuán es conocida por la excelsituz de las materias primas que ofrece, especialmente en lo que se refiere a mariscos y pescados. Muchos aseveran que con el Bar del Puerto son los dos templos de productos del mar en Cantabria. Es cierto, se podrán tener percebes iguales, pero difícilmente más grandes y más frescos. No tan voluminosos pero sí tan exultantes las lubinas, los cabrachos, los San Pedro o San Martín, etc. A lo dicho, brindan lo mejor que la lonja y la demanda permitan.
La cocina es primaria y costumbrista. Sin embargo, el chef, Gerardo Peña, sin dejar de ser sencillo y tradicional, denota un apreciable sentido innato del buen gusto y, para mayor gloria, sabe adecuarse a las apetencias de la clientela. Basta que pida puntos de cocción breves, para que le saque los pescados tan certeramente cocidos como en un restaurante de alta cocina de vanguardia. Eso sucedió con el rodaballo, de 2 kilos, descomunal de bondad, que salió con las carnes junto a la espina ciertamente rosáceas, en correspondencia con el requerimiento de la mesa; con una jugosidad que para sí quisiesen en Elkano, Kaia Kaipe o Etxebarri. Tanta manjarosidad intrínseca y tan preciso asado al horno tuvo un tercer motivo de alegría, el realce, un convencional y sabrosísimo jugo de marisco al que había dado cuerpo y mayor sustancia la gelatina del pez. Un lecho de patatas panadera, empapadas de la salsa, incitaban a la gula. Tanto atavismo, al que puso la guinda unos cortes en el lomo superior, en que se insertaron rodajas de limón, como antaño se hacia con el besugo, no evitaron que todos los miembros de la mesa fueran soltando uno tras otros ¡Bravísimo!
Antes ya se había hecho la ola a los percebes, sobresalientes. A una exquisita ensaladilla de marisco, con la que se agasaja a la llegada y que debería incorporarse a la carta, eso sí, sin la tartaleta dulce en la que se sirve como aperitivo, que distorsiona un poco su sabor. También a las rabas, que irradian naturalidad y no pecan ni de enharinado ni de fritanga. Y a un pulpo a feira con cachelos, impecable el gusto y textura del cefalópodo y de la patata, así como el aceite de oliva, pero no del pimentón, oxidado y picante. Y a las torrijas embebidas de almibar, que no por caseras, y tanto que caseras, no dejaban de estar gratificantes, en verdad que satisfactorias.
Otras especialidades: almejas a la sartén o a la marinera, centollo cocido y arroz con bogavante.
En definitiva, en este establecimiento más que la cultura, el arte y la ciencia culinarias imperan la nobleza de los materiales, la precisión en las cocciones y un particular don del gusto."
eye lo descubrió en enero de 2009
listas: ESPAÑA_cantabria , comer
Museo de Altamira
+34 942 81 88 15
Santillana del Mar Santillana del Mar, Cantabria , España 43.3787582225236 -4.12257671356201
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El viaje hasta Santillana desde Santander es encantador, al menos si lo haces por la carretera general, una vez abandonada la autopista en Torrelavega. Praderas verdes y sinuosas se extienden a ambos lados del camino, y de vez en cuando una casona montañesa, con sus vacas o sus caballos pastando, enriquecen un paisaje con algo de postal edulcorada.
No tardamos mucho en llegar hasta las mismas puertas del recinto. Una cola de visitantes más que notable denotaba que no habíamos sido los únicos en decidir pasar la tarde del sábado en el museo. El coche lo tuvimos que dejar casi tirado a unos centenares de metros del lugar para después subir la casi empinada cuesta a pie. Como íbamos “enchufados” (privilegio que a uno le hace sentir la ambigüedad de la culpa y del orgullo), no tuvimos que sumarnos a la fila india que esperaba su turno de acceso, y los vigilantes del recinto nos franquearon amablemente el paso.
No tardó mucho en hacer su aparición Lasheras, al que esperábamos tomando café en la cafetería del hermoso edificio diseñado por uno de los mejores arquitectos y pintores españoles del último medio siglo, el santanderino Juan Navarro Baldeweg. La construcción proyectada por Navarro Baldeweg parece surgir del interior de la colina en la que está ubicada, y la integración con el entorno es completa y feliz.
José Antonio Lasheras, después de unos momentos de charla en los que hablamos de la primera novela de Jon Juaristi, La caza salvaje, que empieza y termina en Altamira, nos dirigió, junto a otros visitantes, hacia la entrada de la llamada neocueva, una pared de madera anodina que no delata las maravillas que resguarda. Situados frente a esa pared enorme e inmóvil, de repente, con sorpresa, asistimos a su mágico movimiento, un movimiento que dejaba paso franco a una pequeña habitación en la que había unos asientos de diseño y una pantalla gigante. Cuando el último de nosotros traspasó el umbral, la pared volvió a moverse para situarse en su posición original. En ese mismo instante, unas imágenes proyectadas en la pantalla nos hicieron viajar a todos en el tiempo a velocidad de vértigo hasta unos 16.000 años antes de Cristo.
Así comienza una visita con mucho de aventura y escalofrío, con otro mucho de historia, de arqueología, de artes plásticas, de colores, sonidos, sabores, olores…, una visita virtual a lo que fuimos como género animal hace miles y miles de años, y todo a apenas treinta minutos en coche del sofá de mi casa. La proyección que te hace avanzar y retroceder en el tiempo acabó, y Lasheras, inmejorable cicerone, nos condujo al interior de la neocueva de Altamira.
¿Qué es la neocueva? Una reproducción perfecta, centímetro a centímetro, de la cueva original de Altamira. Pero ahora que lo pienso, ¿es sólo una reproducción? Quizá algo incluso mejor (entiéndaseme, claro), pues la neocueva escenifica cómo fue la cueva de verdad cuando fue habitada por nuestros antepasados lejanos hace decenas de miles de años. ¿Qué quiero decir? La entrada de la cueva original no es ni remotamente parecida a la que conocieron sus habitantes. Desprendimientos de rocas, movimientos de tierra, etc…, han modificado casi radicalmente el entorno. Quien visite la cueva de Altamira original no puede hacerse, a golpe de vista, cabal idea de cómo era habitar la cueva, pues sólo puede contemplar, esencialmente, la sala de las pinturas y el resto del interior de la gruta, es decir, las zonas más escondidas, y no la zona cercana a la entrada que era en la que tenía lugar la vida de las personas: donde cocinaban, jugaban, trabajaban, comían...
En la neocueva, por el contrario, el visitante se hace una idea perfecta de cómo funcionaba aquel grupo humano. Se contempla la entrada/salida de la cueva como si fuera una extensa ventana abierta al exterior, una ventana que permite la entrada de la luz y la contemplación del anochecer, la visión del cielo permanente del cielo y las nubes, de los árboles, del paisaje que rodea la cueva. Las zonas más próximas a este cielo abierto es donde vivían, en el sentido más amplio, los antiguos habitantes. Proyecciones virtuales enseñan al visitante a grupos de estos humanos trabajando y relacionándose entre sí en esas zonas intermedias de la cueva. Y ya en la zona más profunda, en lo que serían las habitaciones del fondo de una gran casa, están las salas oscuras donde se encuentran las pinturas, donde apenas llegaba ya la luz, las habitaciones de la penumbra y la magia. En ellas, los bisontes más hermosos y expresivos de la pintura universal fueron pintados aprovechando los volúmenes de las paredes. Los caballos más hermosos, las ciervas expresionistas, las caras fantasmagóricas, las manos surrealistas..., decoran y expresan unas paredes recogiendo la luz y el canto de la humanidad entera. Es sobrecogedor, con toda la carga telúrica, sagrada y ritual que pueda tener esta palabra.
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