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Papizza
+34 915 22 38 70
Calle Gran Via 22 <m> Gran Via 1 5 Madrid, Madrid provincia, España 40.4199297 -3.7006918
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Salvavidas
Probé la pizza de este local una tarde en que me encontraba tremendamente hambriento tras 5 horas sin ingerir bocado alguno. Ya me había fijado en él en otra ocasión, cuando compré un producto similar al ofertado aquí en otro establecimiento similar situado en la calle Hortaleza y me arrepentí no una sino mil veces por no tener sabor mi calzone, estar frío, y ser excesivamente caro con relación a lo que estaba disfrutando con ello (es otro puesto de pizzas de este tipo, no las pizzerías que llevan años atendiendo cerca de Gran Vía); en cualquier caso, me centro otra vez en el PaPizza.
PaPizza me parece sobre todo una buena idea. Lo de que abran hasta ciertas horas de la madrugada puede resultar muy útil, ya que en ese momento las alternativas quedan restringidas normalmente a los establecimientos de 24 horas y al arroz de los asiáticos ambulantes. Quien haya salido hasta esas horas por tribunal sabrá de lo que hablo.
El producto, bueno, no es gran cosa, sinceramente. 2 euros por cada pequeño cuadrado de una pizza de regulera calidad puede parecer un exceso, pero sólo hasta cierto punto. Yo probé la de champiñones y la de salami. Y, bueno, lo dicho, reguleras. No estaban malas porque quien haga una pizza con esos ingredientes y salga mal merece ir al infierno, pero lo cierto es que no eran gran cosa. La textura del queso dejaba mucho que desear, el cuadrado quemaba por los bordes y estaba frío por el centro, un pelín salada, un pelín pequeña, y bastante grasienta. Pero, aunque haya dicho lo que he dicho y parezca que me contradigo, estaban bien.
Y por ello repetiría si fuera una noche dando tumbos por allí cerca, o, como fue el caso, si paso por allí y tengo un agujero en el estómago.
El local, pequeño. Los que atienden sí que son italianos, me parecieron majetes. Tienen un puestecito creo que para conectar el ipod a internet o para recargar el móvil, aunque no estoy muy seguro de esto que digo.
Resumiendo, es seguro que me salvarán la vida alguna noche. De día no me la salvarán porque prefiero las pizzas de otros establecimientos, pero no descarto volver.
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Nippon
+34 913 60 03 54
Calle de Los Madrazo 18 <m> Sevilla 2 Madrid, Madrid provincia, España 40.417592 -3.697136
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Japonés con descuento
Llevaba ya una temporadita sin poder ir a un japonés, y ya tenía mono de pescado crudo. Tras haber estado ocupado en un asuntillo durante meses, y acabar por lo que parece de manera satisfactoria, quedé con una amiga para comer en su casa, y quise llevar yo las viandas.
Así que nada, al Nippon a recoger el pedido, que llevaba meses siguiendo este local con sumo interés por lo del descuento del 50% y así aprovechaba y mataba dos pájaros de un tiro, visitarlo y comer nigiris tras dos meses sin hacerlo.
No hubo problema en la reserva. Llamé con una hora de antelación, y pedí lo siguiente: Tempura mixta (15 E), pollo Teriyaki (12 E) y el surtido de sushi pequeño (25 E). Como aplicaban la rebaja, pues justo la mitad. Quizá me quedé un pelín corto al pedir, pero aún así quedamos satisfechos.
El local me pareció acogedor, aunque quizá un poco comprimido. Cierto que no pasé a otra sala en que también servían y sólo me quedé en la zona de la entrada, pero es que al estar tan lleno (un domingo a las 15:00, también aplican el descuento al comer allí el domingo) daba una pequeña sensación de opresión que no llegaba a sofocar, pero que tampoco resulta del todo agradable. Desde luego, parece que les va bien.
Eso sí, me encantó el estilo del lugar. Lo del tatami es una posibilidad que barajaré seriamente.
Cocinan a la vista del público, lo cual es algo que siempre me hace quedarme un ratillo embobado mirando como cortan el pescado y lo van colocando de la manera adecuada en el arroz, con rapidez y delicadeza en el mismo movimiento.
La comida, a ver: la tempura mixta regulera regulera, vale que la de verduras sí que sea algo normal, destacando sobre todo la de seta, que nunca me la habían puesto y me pareció acojonante, pero los langostinos eran dos y de un tamaño ridículo. Los de los Miyama deben ser los padres de estos langostinos, porque vaya, deben ser prácticamente del doble de tamaño. Pero bueno, fue la única pega. El pollo Teriyaki excelente. El surtido Umi de sushi llevaba dos nigiris de salmón, dos de atún, dos de pescado blanco (así viene en la carta) y dos de langostino (cocido...), y 8 makis de salmón y aguacate brutales. Ah, los nigiris normalitos, a mí el que más me interesa es el de atún y bueno, sin queja pero sin elogio, lo cual ya es algo.
Los palillos y los sobres de salsa de soja te los cobran. Te empaquetan la comida en el mismo tipo de envase que el chino de tu barrio. La salsa Teriyaki mojó un poquito la tempura...
En definitiva, si tuviera que valorarlo, lo haría con 4 de las 5 estrellas del modelo de valoración estrenado no hace tanto, más que nada por su más que tremenda relación calidad/precio, en la que se fornica a múltiples japoneses.
Destacar, sin venir a cuento, a una de las camareras, una pelirroja espectacular y muy amable. Volveré aunque sea sólo por volver a verla.
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Miyama
+34 915 40 13 86
Calle de la Flor Baja 5 <m> Plaza de España 2 3 10 Madrid, Madrid provincia, España 40.42227 -3.709883
www.restaurantemiyama.com/miyama_flor_baja.html
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Miyama, o cómo salir satisfecho de un restaurante...
Antes de introducirme en este pequeño microcosmos que es 11870, normalmente si quería ir a comer a algún local tenía previamente que llevar a cabo una concienciada búsqueda por entre todos los incompletos medios a los que tenía acceso para encontrar referencias sobre el lugar donde posteriormente llenaría mi estómago de una mejor o peor manera. Claro, a veces mis métodos eran eficaces y podía disfrutar de un buen sitio y sentirme satisfecho, pero en otras ocasiones se podían llegar a producir ciertos descalabros de cierto calibre.
No es que ahora las búsquedas sean infalibles, pues las opiniones aquí vertidas son precisamente eso, opiniones, y por tanto subjetivas, y por tanto no necesariamente han de ser respaldadas por todo aquel que pase por aquí. Pero lo que es seguro es que te da una base con la que poder improvisar. Esto es, si un día tengo gusanillo de un cierto tipo de comida, y estoy pasando por una zona determinada, y veo un restaurante del que he leído que X usuario/s ha/n escrito una crítica positiva, pues como que ya entras con una cierta seguridad.
En el caso del Miyama ocurrió por un lado esto que estoy contando (sí, a veces se me va la pelota y me enrollo) y por otro que ya estuve de visita con anterioridad en la casa que tienen en la Castellana, así que ante la pulsión irrefrenable que el día 13 de noviembre sentí de comer japonés a una hora indeterminada del mediodía madrileño, y también ante la pseudo-necesidad de quedar bien con un amigo que me acompañaba, decidí que el Miyama probablemente me pudiera proporcionar un muy buen servicio.
Pedimos dos menús ejecutivo, a 25 euros por cabeza, que consistían en poder elegir un primer plato, un segundo plato, el postre y la bebida (más arroz y sopa miso); aquí las opciones:
-Primeros platos
--Sashimi atún tostado
--Sashimi variado del día
--Nigiris y makis variados
-Segundos platos
--Brochetas de rebozados japoneses
--Tempura variada
--Teriyaki de pollo
-“Postres”
--Helados diversos (sésamo, té verde o judía roja)
--Tés diversos, café…
Mi compadre escogió los nigiris y makis y el teriyaki, yo por mi parte el sashimi y la tempura.
El sashimi estuvo compuesto (creo que el número de piezas era éste) por 3 piezas de atún rojo, 3 de salmón, 4 de sardina y 5 de lubina; los nigiris eran 1 de langostino, 1 de atún rojo, 1 de langostino y 1 de lubina; los 6 makis todos de atún rojo. Sobre ellos he de decir, y se me habrá de disculpar por quizá no utilizar términos demasiado adecuados, que estaban JODIDAMENTE ACOJONANTES, sobre todo el de atún, SUBLIME, cada pieza introducida en la boca me hacía querer llorar de la emoción. Los demás también gozaban de un muy buen nivel, y el de sardina me pareció simpático, nunca lo había probado, pero lo del atún fue superior. Estuve hace poco en otro japonés que no mencionaré directamente y simplemente son otra cosa, no pueden colocarse al mismo nivel. Y soy consciente de que me faltan por probar otros japoneses quizás de un escalafón superior a los Miyama, pero madre del amor hermoso, cuando lo haga podré morir en paz.
La tempura al nivel que esperaba, ligera, crujiente, los 2 de langostino enormes y en su punto adecuado, el de calamar (sólo una pieza) más que aceptable. Lo malo eso, que la mayoría eran de verdura (pimiento verde, rojo, brócoli y calabacín, creo recordar) y a mí lo que me gustaba era hincarle el diente más a los otros. Pero vamos, que cumplían de sobra.
El teriyaki… a mi amigo le dije que eso no era carne de pollo, que era carne divina que había bajado a la tierra y la habían embadurnado de salsa dulzona. El mejor que he probado, obviamente.
La sopa de miso también estaba bastante bien, además, en la calle hacía frío y lo agradecimos.
La bolita de helado de sésamo que me pusieron me hizo un apaño en forma de postre y el té verde de mi compinche también resultó más que decente.
Sobre el local, decir que prefiero la configuración espacial y la decoración del de Castellana. Un punto negativo fue la mesa que nos tocó (no teníamos reserva), justo en medio de la esquina entre las dos sub-zonas del restaurante, lo que conllevaba tener camareros a ambos lados en casi todo momento.
Ah, el chaval que nos atendió, majísimo. Las camisas naranja que llevan, horribles.
Otro fallo, tanto mío como suyo, fue el no recogerme el chaquetón al entrar, dejándolo en la silla hasta que el encargado se dio cuenta y me lo guardó adecuadamente. Pero yo tampoco dije nada, no me di cuenta.
El baño bien, limpio y decorado sobriamente.
Bebimos Kirin Ichiban, también tenían Asahi.
En definitiva, por 53.50 euros para dos personas, una comida excelente. A partir de ahora preferiré comer de menú en un sitio japonés de nivel que a la carta en otros que simplemente no llegan a ser lo mismo, no pueden competir en la misma categoría (ejem… sí, siempre queda la opción de comer de carta en estos mejores locales… pero… uno no puede permitírselo siempre…).
¡Qué contento me han dejado ambos Miyama!
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Gumbo
+34 915 32 63 61
Calle del Pez 15 <m> Noviciado 2 3 10 Madrid, Madrid provincia, España 40.423701 -3.705288
guardado por 266 personas
Mira que he pasado por esta calle veces, y nunca había reparado en su existencia...
En esta ocasión me apetecía algo diferente.
Quería invitar a una amiga a cenar, no sabía muy bien dónde, pero tenía claro que la propuesta debía, al menos, salirse un mínimo de la oferta más usual de estilos de comida a los que uno está un poco más acostumbrado.
Claro, para ello me puse el bañador virtual, cogí aire virtual, y me dispuse a sumergirme bajos las aguas, también virtuales, de 11870 a ver qué pescaba. Tras encontrar una serie de posibles opciones, todas ellas apetecibles, acabé decidiéndome por el Gumbo, ya que me atraía la idea de la comida de Nueva Orleans y sabía que a mi acompañante le podría suponer una agradable sorpresa.
Reservé una mesa para las 22:00 de un miércoles. No hubiera hecho falta, pero por si acaso.
Como es habitual, ya tenía en mente qué iba a pedir. No es que sea estricto con esto, siempre puedo variar por sensaciones una vez estoy en el local, pero últimamente acostumbro a llevar de antemano decidido qué es exactamente lo que quiero.
Pedimos el paté casero, los tomates verdes fritos, los langostinos french y el bonito ennegrecido; de postres, la tarta de zanahoria y el brownie de frambuesa. Procedo a una pequeña valoración personal de cada plato.
El paté casero de Campagne me gustó (ya ves, qué crítica más sesuda…). No, en serio, no es que lo tome a menudo, pero me sorprendió su textura (un poco más compacto de lo que considero normal) y su sabor (tenía un cierto toque a carne cruda que me llamó realmente la atención). La cebolla caramelizada que lo acompañaba verdaderamente lograba formar con él una pareja de lo más compenetrada. 8.75 euros.
Los tomates verdes fritos con salsa remoluade y gambas fue lo que menos me convenció de la cena, y aún así fue ingerido con gusto. Pero me resultó un poco pesado por su más que probable abundante grasa. Un plato contundente a pesar de ser el tomate la base. 8.50 euros.
Los langostinos french quarter al ajillo creolé resultaron toda una delicia para mi invitada. Arroz en el centro, los langostinos bailando a su alrededor invocando quién sabe a quién, todo ello abrazado por una intensa salsa de moderado picor que redundó en mi idea de que probablemente fuera a pasar una mala noche por una cruel digestión. Eso sí, el plato muy bueno. 15.50 euros.
La razón principal por la que escogí este sitio, el bonito ennegrecido, qué decir de él (bueno, al menos algo debería decir, supongo…). Churruscadito por fuera, poco hecho por dentro, consiguió que de mi boca asomase un amago de suspiro indicador de profundo placer. Ensalada embadurnada de vinagre de guarnición, creo que si lo pides te pueden poner puré de patatas (o eso creí ver en la mesa de al lado); lo hubiera preferido, pero me consolé pensando en que la lechuga rebajaría algo de toda la abundante ingesta (de ilusión también se vive…). Muy recomendable. 16.50 euros.
La tarta de zanahoria (6.00 euros) y el brownie de frambuesas (6.50 euros) supusieron el remate final a una notable pero excesiva cena. Lo cierto es que fue una buena combinación, la cremosa tarta por un lado, la rotundidad del brownie empapado de un no muy afortunado helado por otro. Las frambuesas del brownie eran anecdóticas (como las gambas de los tomates verdes fritos), pero esa circunstancia no le quitaba un ápice de “apetitividad”.
No pedimos vino. En la pizarra venían 3 vinos para elegir de botella y otros 2 para elegir en formato copa. Es de imaginar que alguno más tendrían, porque quizá entonces pudiera parecer insuficiente la oferta. Pero como bebimos cerveza, ni idea. Es sólo apuntar lo que vi.
El restaurante en sí resultaba bastante acogedor. No muy grande, no demasiadas mesas. La decoración es escasa, un par de cuadros y bastantes artículos de revistas y periódicos hablando sobre el sitio. El baño era pequeñito, limpio, y de color asalmonado intenso (bueno, entre naranja y rojo, no es lo mío encontrar el tono exacto).
Los camareros, uno de ellos simplemente correcto, el más bajito de los dos muy agradable y atento.
Manteles de goma (me resultaron graciosos) y servilletas de papel.
En total, 68.75 euros, lo cual entraba dentro de mi presupuesto. Quizá me pareció un pelín caro, sólo un pelín, pero también es cierto que me pasé dos pueblos pidiendo comida. Con dos entrantes y un plato hay de sobra para dos personas.
Un sitio a visitar, desde luego.
Ah, nos quedamos con las ganas del rissotto verde con setas, otro día quizá.
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La Cervecería
Gaztambide 35 <m> Moncloa 3 6 Madrid, Madrid provincia, España 40.434008 -3.7156217
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Un sitio entrañable
Bueno, lo primero que diré es que he estado unos minutos asegurándome de que nadie había hablado sobre este sitio en esta página. Claro, con ese nombre los resultados que salen en el buscador son numerosísimos, pero ciñéndome a su dirección no he encontrado nada.
A lo que voy. Este local, como ya digo de poco original nombre, está situado enfrente de la conocida zona de los bajos de Argüelles. Y bueno, que llamar "La Cervecería" a un sitio que sólo sirve Amstel (y me suena que tercios de Heineken, que tampoco lo sé muy bien, y tampoco importa demasiado, ya que de cerveza tiene poco; también hay un cartelito a neones de Mahou, pero yo no he visto que la sirvan) es un tanto ofensivo para establecimientos especializados realmente en servir esta bebida. Quizá hubiera sido más adecuado algo como "El Bareto" o "La Tasca", nombres por otro lado bastante menos comerciales.
Pero no importa demasiado. Cuando en alguna de las noches locas que paso con mis compañeros de desbarre decidimos pasarnos por este antro, no es buscando deleitar nuestros gaznates con brebajes importados. Si por algo destaca La Cervecería es por sus hamburguesas. De acuerdo, no son maravillas, es más, son bastante mediocres, pero en esos momentos me da un poco igual porque casi todo me sabe bien. Pan, con carne recién hecha, con lechuga y algo de cebolla. El ketchup y la mostaza son de fácil acceso, se van pasando de comensal a comensal amigablemente. La salsa barbacoa ya es más difícil de conseguir, y son pocos los elegidos para que el propio camarero te eche un poco de esta sustancia en tu afortunada porción de alimento.
En cualquier caso, se agradece que por 4 euros te puedas trincar 3 de éstas tras haber estado gañaneando por las calles de Madrid. Obligatorio el acompañarlas al menos por un par de minis de cerveza, que son 7 euros, pese a ser uno de los sitios donde más reticencia muestro a beber por el mal sabor del líquido.
La cerveza es realmente horrenda. También ponen 2 minis de calimocho por 6.30, pero aún estando horrible, prefiero mi líquido dorado.
El sitio en sí, bueno, lo más seguro es que uno no se pueda sentar, suelen poner el deporte que haya en ese momento (con el consiguiente griterio obligado), huele todo el rato a carnaza haciéndose en la parrilla (lo cual, si te gusta está muy bien, porque así la mañana siguiente podrás rememorar el ambiente del local aspirando tu propia ropa interior), por su situación la clientela es de lo más variopinta (ni buena ni mala, muy variada) y el baño es horripilante.
¿He dicho ya que venden carne y cerveza baratas? Pues eso, no se puede ir con la idea equivocada de buscar algo más, y ni siquiera que ambas cosas (o una de ellas) sea mínimamente decente. Aunque, bueno, según un cartelito que tienen colgado, también venden bocadillos (ver foto). No sé quién lo dibujaría ni con qué fin, pero es de lo más llamativo del antro. Acojonante. Si alguien prueba alguno que lo comente, pero imagino que estarán a la altura de las hamburguesas, esto es, grotescamente ricas (cuando uno está canino) e insanas.
(Eso sí, hace unos meses que no voy, pero imagino que habrá cambiado poco)
Dainzeth lo descubrió en octubre de 2009
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Boñar de León
+34 915 21 26 02
Calle de la Cruz Verde 16 <m> Noviciado 2 3 10 Madrid, Madrid provincia, España 40.423839 -3.707115
guardado por 115 personas
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El Boñar, ese rincón especial de Madrid
Si uno quiere morir joven tiene que venir todos los días aquí.
El Boñar de León es conocido por lo que es conocido. Entras, pides una cerveza, de horrible sabor, que son 3 euros la jarra y creo que 2 la caña (que es grandecita pero que yo nunca he pedido), y lo normal es que, como mínimo, te pongan un plato de comida como tapa. De hecho, no es raro que te pongan dos o incluso tres platos llenos de lo que sea mientras sólo estás bebiendo la primera consumición.
Recapitulo lo que me han llegado a poner a mí, que recuerde:
-Cocido, puede que con su sopa (ejem... dentro del nivel del antro es la tapa más decente, en invierno si en la calle hace el suficiente frío como para que se te hielen las pelotas, el comerte un plataco de esto puede devolverte a la vida... unos segundos antes de que tu dolorosa digestión te la quite...)
-Una bandeja con toda la carnaza (chorizo, pollo, jamón, magro) que le echan al cocido (nos han puesto raciones pantagruélicas de esta combinación, absolutamente desaconsejable para estómagos no ya delicados, sino no acostumbrados a comer auténtica bazofia)
-Paella (unos días peores que otros, hemos llegado a tener que separar los granos de arroz de las espinas que les acompañaban...)
-Alitas de pollo (servidas con las propias manos de los camareros, como debe ser)
-Patatas ali-oli (las peores que he comido en mi vida, y no es una exageración)
-Ensaladilla rusa (les dije a mis amigos que comer esta ración en este sitio era como jugar a la ruleta rusa... salió cara y no cruz...)
-Pollo al ajillo (el camarero lo presentó de coña como "faisán", nosotros llegamos a la conclusión de que probablemente fueran palomas...)
-Ensalada (unos días de prácticamente sólo cebolla, otros el tomate es el ingrediente principal... según el día; lo único sano del local...)
-Irreconocibles pescados fritos (y todos saben a fondo de freidora, pero retar a tus colegas a comerte entero un pescado de 15 centímetros de largo es... divertido...)
-Hígado y corazón de vaca (lo único que mis compinches y yo no nos hemos podido terminar... argh...)
-Tortilla de patatas (a un amigo no le desagrada, a mí me horripila)
-Y lo más decente y que sólo pone el dueño a la hora de cerrar si hay poca gente: jamón serrano y chorizo de mejor nivel que el del cocido. Esto sí está bueno.
Todo ello acompañado de pan de, con suerte, el día anterior.
(Bueno, también he de añadir las patatas fritas que están de adorno en la mitad de las mesas del local que pueden ser ingeridas bajo propia responsabilidad)
Aquí he visto aquí de todo, como coger un plato de una mesa que los clientes de la misma apenas han tocado y ponerlo en otra mesa como quien no quiere la cosa, o a una pareja meter todas las raciones bien junticas que les iban poniendo en un tupper para luego cenarlo en casa. Pero tampoco quiero ensañarme con el sitio, ya que, al fin y al cabo, una vez cada tres meses más o menos paso una horilla en este sitio. Tiene sus puntos, puede llegar a considerarse entrañable. El dueño parece majo, y como ya he dicho, si no hay mucha gente y hablas un rato con él igual te corta el jamón al que parece tener acceso sólo él.
Pero... no es muy recomendable salvo para venir a ponerse hasta el culo de comida de la peor calidad. Yo vengo con quien vengo y por lo que vengo, es casi un ritual, pero ya, hasta ahí.
También tienen carta de raciones y de platos, pero comparado con lo que te ponen normalmente no sale barato. De calidad, yo qué sé, nunca he pedido nada ni conozco a nadie que lo haya hecho.
Ah, lo del cocido y el viaje es imposible. No es que lo haya intentado, pero el dueño nos contó lo que te ponen si pides el reto y eso un humano no puede metérselo entre pecho y espalda. Ahora, si eres un animal salvaje puede que sí, pero entonces no sabrás que existe este reto porque no estarás pudiendo leer esto que estoy escribiendo al estar vagando desnudo por entre los bosques, bestia, más que bestia.
En fin, sólo recomandable para venir con tus amigos borrachuzos de toda la vida, y quizá ni eso.
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Ría de Cedeira
Calle de Vizcaya 11 <m> Palos de la Frontera 3 Madrid, Madrid provincia, España 40.404709 -3.69399
guardado por 9 personas
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Todo un descubrimiento
La Ría de la Cedeira es un poco vistoso en apariencia gallego situado entre Palos de la Frontera y Delicias. Cientos de veces habré pasado cerca de sus acogedores brazos, y nunca me había llamado la atención lo más mínimo (de hecho, generalmente nunca me había fijado en sitios gallegos por la creencia implícita de que lo más normal es que fueran de precio medio-alto, pero últimamente estoy descubriendo que es probable que estuviese equivocado). Lo que ocurre es que por circunstancias personales durante los últimos meses he regentado, no con excesiva frecuencia eso sí, una biblioteca cercana a este paraje cervecero, y que en esta biblioteca, tenía algún que otro compañero/a de fatigas, y que uno de esos compañeros de fatigas tenía la llave con la que poder vislumbrar la verdadera valía de este local.
Porque, vaya, estudiar no sé, pero beber cerveza se hace cuando se puede.
Aquí se viene a tomar cañas, y punto. Ni tercios, ni minis, ni jarras ni macetas, ni bidones, ni su santa madre. Que, bueno, lo que entienden aquí por caña es un vaso de tubo de cerveza. Cada caña 1.35 céntimos. Cada caña, acompañada en su primera vez por dos "raciones de tapa" para cada comensal y en las sucesivas por una, también para cada sujeto de la mesa. De hecho, en ocasiones no es ni necesario que para recibir comida tenga uno mismo que volver a pedir otra caña; si tu compañero de fatigas termina antes y pide otra, es probable que con su rellenado recipiente puedas llevarte algo más a la boca.
La cerveza es Amstel. Ni apetitiva ni aversiva.
Lo que te pueden poner de rancho va desde pinchos cutrillos de fiambre (salchichón, chorizo, bacón...), a fritos cutrillos del estilo croqueta-empanadilla (de la sección de congelados que de toda la vida la madre de uno sólo le ponía cuando por cualquier motivo no le daba tiempo a hacerlas caseras; afortunadamente eran mínimas esas ocasiones), pasando por raciones de frutos secos, langostinos, mejillones y algún que otro marisco más, hasta, si uno tiene suerte, algún plato de patatas fritas con albóndigas (de las de lata mala, que tienen más grasas que hidratos y proteínas juntos), chistorra, morcilla, picadillo o similares.
Es obvio que destaca más la cantidad que la calidad, pero se agradece.
De entre los extras a las simples cañas, mencionar el que por 4 tubos se pueda acceder a una especie de oferta realmente innecesaria salvo para aquel que hace de la gula un arte: una bandeja de considerable tamaño de patatas acompañadas de una de las múltiples opciones que ofrece la carta. Bebida y comida juntas 9 euros. Digo lo de innecesario porque sólo con lo de las cañas uno se alimenta de sobra.
Comentar algo también sobre la camarera del local. Lo cierto es que es muy maja, incluso cariñosa, pero también lo es que tiene una excesiva tendencia a la invasión del espacio personal. Vamos, que como te descuides te pone la mano en el hombro, lo cual no a todo el mundo agrada. A mí no, desde luego. Pero porque soy un tanto peculiar. Diría que el trato por su parte es excelente, no tanto el del resto de camareros.
C/ Vizcaya nº8. Como referencia espacial, tomando como base la calle Delicias, se encuentra en la perpendicular situada enfrente del sex-shop que andará por el número 80-90. Por sus luces de neón lo encontraréis.
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Restaurante O´Toxo Verde
+34 915 30 13 10
Calle del Bronce 35 <m> Arganzuela-Planetario 6 Madrid, Madrid provincia, España 40.388482 -3.68931
guardado por 14 personas
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¡Venga!, ¡que ya llegamos!...
Lo primero que diré es que la localización de este bar no es excesivamente buena para salir de cañas por Madrid. Se encuentra a una “ligéramente incómoda distancia andando cuando se tiene hambre” desde Legazpi, y cerca suya apenas hay nada en donde pasar el rato después, que yo sepa. Así que si uno se pasa por allí, ya puede aprovechar y tirarse su buen tiempo vaciando vasos en este gallego.
Las cañas, las dobles cañas, los tercios... pues todo está a un precio no llamativo. Vamos, que cuando he ido no es este punto el que nos ha llamado la atención. Creo que la última vez nos pedimos 3 cañas y 9 dobles y nos cobraron unos 21 o 22 euros, pero no estoy muy seguro. Pero vaya, que lo dicho, ni barato ni caro, lo "normal".
Algo a destacar es que siempre que he ido me han servido una amplia gama de racioncillas con cada cerveza. Desde unos hermosos y suculéntamente grasientos choricillos hasta un platito con 2 langostinos por cabeza pasando por buenos platos de patatas con carne u otros menos agradecidos de boquerones a la vinagreta con aceitunas. Lástima que en mis incursiones no hayan tenido el detalle de soltarme un pedazo de la aparentemente cojonuda empanada que preparan. Eso sí, en ninguna ocasión he pedido alguna ración que debiérase luego ser abonada, y he salido “estomacalmente” satisfecho en mis dos visitas.
Así que... bueno, el sitio está bien. Suele acabar llenándose y, al ser ligeramente angosto, se hace difícil acomodar el trasero, e incluso poder estar tranquilo. Pero se bebe y come bien por poco dinero, y el género parece ser más que decente. Vamos, que es un buen local, lástima que esté a tomar por culo de todo...
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Bistro Sukothay
+34 915 98 03 56
Paseo de la Castellana 105 <m> Santiago Bernabeu 10 Madrid, Madrid provincia, España 40.45438 -3.690902
guardado por 93 personas
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Con sus pros y sus contras
Lo primero que diré es que daré mi opinión de este lugar posiblemente de un modo un tanto sesgado, y es que en el Sukothai estuve hace algo más de año y medio y en ese momento no me dio por plasmar mis impresiones por escrito. Pero creo que, haciendo un esfuerzo reconstructivo, seré capaz de recordar grosso modo los puntos fuertes y débiles que, bajo mi criterio, pude ver tenía este restaurante.
El plan que tenía en mente para la noche en que acabé visitando el Sukothai era una cena para dos en algún local medianamente elegante donde uno pudiera disfrutar de un ambiente íntimo, y no tener que alquilar mi cuerpo para ello. Nunca había estado en el Sukothai y lo descubrí accidentalmente leyendo un artículo acerca de él en no sé donde. Total, que para asegurarme, me acerqué una mañana al Paseo de la Castellana a echarle un ojo desde fuera. Como la impresión fue buena, y no me quedaba mucho tiempo, reservé la mesa directamente.
Dos plantas, en la de abajo el sushi bar (muy cuco, un día iré a inspeccionarlo) y en la de arriba el comedor propiamente dicho. El primer punto negativo fue precisamente el relativo al emplazamiento de las mesas, y es que a mi parecer éstas están excesivamente pegadas las unas a las otras y es un poco molesto tener a otra pareja a tan escasos centímetros de uno mismo y su acompañante. Pero acepto que puedo estar exagerando y no a todo el mundo le ocurra lo mismo.
Otra de las razones por las que escogí el Sukothai fue por aquello que le caracteriza, el tener una carta de comida japonesa y otra de comida thailandesa, lo cual es una muy buena salida en caso de que te acompañe gente que o no ha probado nunca la comida japonesa y se muestra reticente a ello o directamente no le gusta. Como no es mi caso, yo me centré en ella, pero en general pedimos algo de ambas.
Ciñéndome a la carta japonesa, que, al fin y al cabo, es a lo que estoy más acostumbrado de entre ambos tipos de cocina, apuntaré que me pareció simplemente correcta. La thailandesa tampoco tenía una amplitud que llamara la atención especialmente, pero he de decir que entre ambas si que logran presentar al cliente una oferta de platos más que digna.
Concretando un poco, pedimos lo siguiente: Kaek Talay (la tempura mixta; me he dado cuenta de que cuando como con alguien casi siempre suelo pedir una tempura), Gai Satay (brochetas de pollo con salsa de cacahuetes), Tiger Maki (8 uramakis tempurizados de salmón, anguila, queso philadelphia, aguacate y tobico) y el surtido variado de sushi (8 nigiris y 4 makis). De postres el fondant de chocolate y… del otro postre no consigo acordarme, aunque recuerdo que no me llamó demasiado la atención…
En general los platos estaban entre el “bien” y el notable, en el sentido de las calificaciones que uno recibía cuando iba al colegio. La tempura diría que estaba bien conseguida, sin dar sensación de exceso de grasa. Las brochetas de pollo fueron "fáciles de comer", la salsa tenía su punto. Los nigiris y los makis correctos, pero hasta ahí (y aquí es donde más se notó que no era un japonés al uso, pero es disculpable porque… no es un japonés al uso; aún así en absoluto diría que merecieran un suspenso), y los Tiger Maki fueron lo mejor. Nunca había probado un maki tempurizado y la verdad es que disfruté comiéndolo, tengo un recuerdo muy bueno de este plato.
El fondant de chocolate lo pedí yo y estaba… ehh… cojonudo. Tanto es así que me acabé comiendo el postre que he olvidado dado que se le antojó el chocolate a mi acompañante… uno, que es débil…
Sobre la carta de vinos apenas puedo decir nada. Es mi gran asignatura pendiente y casi siempre dejo a aquellas personas con las que voy elegir qué prefieren tomar. Fue un Albariño de Rias Baixas, veo ahora que mirando la bodega del local que Valdamor 2006.
En total, diría que la cena rondó los 80 euros, que pagué con gusto; no me resultó demasiado caro. Puedo decir que quedé conforme en general con el local, y que ante una futura e hipotética cena similar a la que tuve en esa ocasión, volvería a barajar esta opción como lugar al que acudir (cosa que no puedo decir en caso de buscar un japonés en el que comer… hay mejores opciones por Madrid para ello).
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Restaurante La Gloria de Montera
+34 915 23 44 07
Calle del Caballero de Gracia 10 <m> Gran Via 1 5 Madrid, Madrid provincia, España 40.419477 -3.700841
guardado por 450 personas
Era casi obligatorio probarlo...
Bueno, la Gloria de Montera. De este restaurante me da que queda poco por descubrir aquí.
Restaurante de relación calidad/precio bastante destacable, comparte características con (bueno, más bien, "se creó usando el mismo molde que") Bazaar, Ginger, La Finca de Susana y Public. Sin saber nada acerca de él no me hubiera llamado demasiado la atención desde fuera, parece más caro de lo que es y no resulta excesivamente sugerente por ningún motivo, bueno, salvo por la cola que se forma a su entrada, que llega a resultar un tanto bochornosa.
El día que estuve diría que el 90% de la gente que estaba comiendo a mi alrededor lo hacía de menú. Y digo 90% y no 100% porque imagino que alguno habría de haber, aunque yo no alcanzase a verlo.
He de decir que es cierto que siempre está lleno. Yo decidí no arriesgarme y entré a primera hora, pero luego aquello se convirtió en un auténtico caos de gente entrando y saliendo constantemente, y eso que estuve un jueves. Es comprensible. Al precio de un menú pestoso que uno comería en cualquier bar te puedes encontrar una oferta de platos interesantes, eso sí, mejor o peor rematados.
En mi caso éramos 3 y pedimos tres platos y un menú, por probar lo que queríamos por un lado y por ver qué tal era lo que ofrecían por ocho euros y medio por otro. De entre las opciones ofertadas escogimos la quiché de jamón y queso y el pastel de berenjenas y carne; de la carta, el salmorejo de Ali Bey (5.50), el Carpaccio de ternera con vinagre de Módena y virutas de parmesano (6.50) y la brocheta de solomillo al Pedro Ximénez con tempura de verduras (7.50). De postres, sopa de melón (el tiempo acompañaba la decisión, 3.75) y el Chocolatísimo (4.35). El menú venía con un bizcocho de postre, pero era tan mediocre que ni lo recuerdo.
La quiché y el pastel de berenjenas estaban regularcillas, aunque supongo que cumplían sin pena ni Gloria (sí, muy forzado, pero quería meter esa gracia estúpida por algún lado...). El salmorejo, que es un plato que me encanta, resultó agradable aunque tenía un color un tanto peculiar y se hizo un poco pesado al final. El carpaccio también "bien", pero no un "bien" de "vivaaaa", sino un "bien" de "psssssch, bueno, bien", y lo mejor fue la brocheta al Pedro Ximénez, que fue devorada con premura y primor en un pis-pas. Eso sí, la tempura de verduras que la acompañaba tambien se quedaba en la nota de "sí, mola, pero..." de los otros platos.
La sopa de melón a mí no me gustó, pero no por culpa del restaurante, y el Chocolatísimo me dejó saciado de "dulcicidad" durante un buen rato.
El servicio no resulta nada simpático, pero tampoco puede calificarse de borde, así que sin problemas, ni suma ni resta. Por comentar algo que no me gustó, el pan te lo ponen nadas más sentarte a la mesa y te lo cobran en la cuenta sin decirte "ni mu". Que no pasa nada, pero me parece un poco cutre. A 0.90 la pieza.
En total 42 euros para 3 personas, que quedamos satisfechos estomacalmente con los cinco platos y tres postres servidos. Ciñéndonos al disfrute culinario el gozo fue bastante menor, pero compensa por la poca repercusión económica que uno sufre cortesía de la política económica del restaurante.
No volveré, tenía curiosidad, y fue una experiencia correcta, pero no repetiré ni en éste ni en sus parientes.
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