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El Pato Mudo
+34 915 59 48 40
Costanilla de los Ángeles 8 <m> Ópera 2 5 Madrid, Madrid provincia, España 40.418608 -3.708336
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Tostas apetecibles
Descubrí este local por casualidad, pues andaba por la zona con una amiga y a ella le pareció que tenía buena pinta para tomarnos en él una caña. Lo cierto es que no esperábamos demasiado, pero no nos apetecía pasar a otros bares cercanos que ya conocemos de sobra. Como me gustó volví otro día con uno de mis compinches de investigación nocturna madrileña y me reafirmé en mi primera impresión, es un sitio bastante agradable en el que tomar tranquilamente algo que no sea una sucias bravas o una hipergrasienta oreja (con todo el respeto para ambos platos, por supuesto, pero a veces, simplemente, no apetecen).
De primeras, del Pato Mudo puede decirse que acertó sobremanera en la elección de su nombre. Bueno, en lo de Pato quizá pueda haber dudas, pero en las dos veces que he estado allí puedo dar fé que Mudo sí era. Fuí un viernes a las 22:15 y un martes a las 21:30, y ambos días estaba prácticamente vacío. Claro, es un aspecto que tiene sus ventajas, se puede hablar con tranquilidad, no hay problemas a la hora de pedirle algo al camarero, no tienes que soportar empujones cada 30 segundos... aunque da una impresión un tanto desangelada, eso sí.
Las cañas a 1.20, San Miguel, en unos vasos "la mar de cucos". Subo una foto para que se vean. De tapa en ambas ocasiones nos pusieron un par de rebanadas de pan tostado por cabeza con una tarrina de tomate, aceite y ajo. Pan tumaca, vaya. Muy agradecido en comparación con lo que te puedes encontrar en otros sitios, y además, me resultó original, nunca me lo habían puesto yendo de cerveceo.
La carta consta de raciones, ensaladas, postres y tostas. Leo aquí que es una arrocería, pues ni me fijé, supongo que si pasas a las salas del restaurante ya allí te proporcionan la oferta de lo que sería la comida en sí.
Probé la tosta de bacalao macerado al ajo, 3.5 euros. Cojonuda. Tengo que volver a comer alguna más. La de setas empanadas con ali-oli o la de paté de la casa me llamaron la atención, si vuelvo ya pondré qué me parecieron.
De las raciones la fondue de queso suizo y las verduras al horno tienen buena pinta.
Cuelgo la carta de todos modos. Los precios no me parecen nada caros y es algo diferente para llevarse a la boca en una noche de parranda.
El local, bueno, decorado con las típicas fotos de gente famosa o famosilla que ha estado allí, imagino que la mayoría de hace tiempo. Por lo demás, bien, el sitio me resultó muy acogedor, la música que ponen (nada de pachangueo, reggaeton o abominaciones de ese estilo ) también ayuda a ello.
También comentar que cada día me atendió un camarero distinto, y que ambos fueron bastante majos.
En resumen, un sitio en el que tomarse una cerveza sin sentir esa incomparable sensación de "madre del amor hermoso, en qué sitio me estoy metiendo" que a uno tanto le agrada pero de la que en ocasiones prefiere desprenderse.
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La Cervecería
Gaztambide 35 <m> Moncloa 3 6 Madrid, Madrid provincia, España 40.434008 -3.7156217
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Un sitio entrañable
Bueno, lo primero que diré es que he estado unos minutos asegurándome de que nadie había hablado sobre este sitio en esta página. Claro, con ese nombre los resultados que salen en el buscador son numerosísimos, pero ciñéndome a su dirección no he encontrado nada.
A lo que voy. Este local, como ya digo de poco original nombre, está situado enfrente de la conocida zona de los bajos de Argüelles. Y bueno, que llamar "La Cervecería" a un sitio que sólo sirve Amstel (y me suena que tercios de Heineken, que tampoco lo sé muy bien, y tampoco importa demasiado, ya que de cerveza tiene poco; también hay un cartelito a neones de Mahou, pero yo no he visto que la sirvan) es un tanto ofensivo para establecimientos especializados realmente en servir esta bebida. Quizá hubiera sido más adecuado algo como "El Bareto" o "La Tasca", nombres por otro lado bastante menos comerciales.
Pero no importa demasiado. Cuando en alguna de las noches locas que paso con mis compañeros de desbarre decidimos pasarnos por este antro, no es buscando deleitar nuestros gaznates con brebajes importados. Si por algo destaca La Cervecería es por sus hamburguesas. De acuerdo, no son maravillas, es más, son bastante mediocres, pero en esos momentos me da un poco igual porque casi todo me sabe bien. Pan, con carne recién hecha, con lechuga y algo de cebolla. El ketchup y la mostaza son de fácil acceso, se van pasando de comensal a comensal amigablemente. La salsa barbacoa ya es más difícil de conseguir, y son pocos los elegidos para que el propio camarero te eche un poco de esta sustancia en tu afortunada porción de alimento.
En cualquier caso, se agradece que por 4 euros te puedas trincar 3 de éstas tras haber estado gañaneando por las calles de Madrid. Obligatorio el acompañarlas al menos por un par de minis de cerveza, que son 7 euros, pese a ser uno de los sitios donde más reticencia muestro a beber por el mal sabor del líquido.
La cerveza es realmente horrenda. También ponen 2 minis de calimocho por 6.30, pero aún estando horrible, prefiero mi líquido dorado.
El sitio en sí, bueno, lo más seguro es que uno no se pueda sentar, suelen poner el deporte que haya en ese momento (con el consiguiente griterio obligado), huele todo el rato a carnaza haciéndose en la parrilla (lo cual, si te gusta está muy bien, porque así la mañana siguiente podrás rememorar el ambiente del local aspirando tu propia ropa interior), por su situación la clientela es de lo más variopinta (ni buena ni mala, muy variada) y el baño es horripilante.
¿He dicho ya que venden carne y cerveza baratas? Pues eso, no se puede ir con la idea equivocada de buscar algo más, y ni siquiera que ambas cosas (o una de ellas) sea mínimamente decente. Aunque, bueno, según un cartelito que tienen colgado, también venden bocadillos (ver foto). No sé quién lo dibujaría ni con qué fin, pero es de lo más llamativo del antro. Acojonante. Si alguien prueba alguno que lo comente, pero imagino que estarán a la altura de las hamburguesas, esto es, grotescamente ricas (cuando uno está canino) e insanas.
(Eso sí, hace unos meses que no voy, pero imagino que habrá cambiado poco)
Dainzeth lo descubrió en octubre de 2009
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Ría de Cedeira
Calle de Vizcaya 11 <m> Palos de la Frontera 3 Madrid, Madrid provincia, España 40.404709 -3.69399
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Todo un descubrimiento
La Ría de la Cedeira es un poco vistoso en apariencia gallego situado entre Palos de la Frontera y Delicias. Cientos de veces habré pasado cerca de sus acogedores brazos, y nunca me había llamado la atención lo más mínimo (de hecho, generalmente nunca me había fijado en sitios gallegos por la creencia implícita de que lo más normal es que fueran de precio medio-alto, pero últimamente estoy descubriendo que es probable que estuviese equivocado). Lo que ocurre es que por circunstancias personales durante los últimos meses he regentado, no con excesiva frecuencia eso sí, una biblioteca cercana a este paraje cervecero, y que en esta biblioteca, tenía algún que otro compañero/a de fatigas, y que uno de esos compañeros de fatigas tenía la llave con la que poder vislumbrar la verdadera valía de este local.
Porque, vaya, estudiar no sé, pero beber cerveza se hace cuando se puede.
Aquí se viene a tomar cañas, y punto. Ni tercios, ni minis, ni jarras ni macetas, ni bidones, ni su santa madre. Que, bueno, lo que entienden aquí por caña es un vaso de tubo de cerveza. Cada caña 1.35 céntimos. Cada caña, acompañada en su primera vez por dos "raciones de tapa" para cada comensal y en las sucesivas por una, también para cada sujeto de la mesa. De hecho, en ocasiones no es ni necesario que para recibir comida tenga uno mismo que volver a pedir otra caña; si tu compañero de fatigas termina antes y pide otra, es probable que con su rellenado recipiente puedas llevarte algo más a la boca.
La cerveza es Amstel. Ni apetitiva ni aversiva.
Lo que te pueden poner de rancho va desde pinchos cutrillos de fiambre (salchichón, chorizo, bacón...), a fritos cutrillos del estilo croqueta-empanadilla (de la sección de congelados que de toda la vida la madre de uno sólo le ponía cuando por cualquier motivo no le daba tiempo a hacerlas caseras; afortunadamente eran mínimas esas ocasiones), pasando por raciones de frutos secos, langostinos, mejillones y algún que otro marisco más, hasta, si uno tiene suerte, algún plato de patatas fritas con albóndigas (de las de lata mala, que tienen más grasas que hidratos y proteínas juntos), chistorra, morcilla, picadillo o similares.
Es obvio que destaca más la cantidad que la calidad, pero se agradece.
De entre los extras a las simples cañas, mencionar el que por 4 tubos se pueda acceder a una especie de oferta realmente innecesaria salvo para aquel que hace de la gula un arte: una bandeja de considerable tamaño de patatas acompañadas de una de las múltiples opciones que ofrece la carta. Bebida y comida juntas 9 euros. Digo lo de innecesario porque sólo con lo de las cañas uno se alimenta de sobra.
Comentar algo también sobre la camarera del local. Lo cierto es que es muy maja, incluso cariñosa, pero también lo es que tiene una excesiva tendencia a la invasión del espacio personal. Vamos, que como te descuides te pone la mano en el hombro, lo cual no a todo el mundo agrada. A mí no, desde luego. Pero porque soy un tanto peculiar. Diría que el trato por su parte es excelente, no tanto el del resto de camareros.
C/ Vizcaya nº8. Como referencia espacial, tomando como base la calle Delicias, se encuentra en la perpendicular situada enfrente del sex-shop que andará por el número 80-90. Por sus luces de neón lo encontraréis.
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Restaurante Casa Manolo
+34 948 22 51 02
C/ García Castañón 12 Pamplona, Navarra , España 42.814265 -1.64328399999999
guardado por 4 personas
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Comida autóctona
Ya llevo un par de meses en ésta mi nueva ciudad, y no me ha faltado tiempo para ir probando algunos de los no demasiados sitios que vienen comentados de Pamplona en esta página. La verdad es que es una pena, pues si bien la oferta gastronómica no parece excesivamente destacable en cuanto a variedad de tipos de cocina, sí que parece merecer la pena en cuanto a calidad. A ver si entro en racha y me pongo con esos pocos en los que he estado.
Paso ahora a comentar una comida que tuve en el restaurante Casa Manolo. Mi padre vino por sorpresa a la ciudad y tuve que improvisar a través de una encuesta entre gente que lleva más tiempo aquí que yo a qué lugar podría llevar a mi en ocasiones exigente figura paternal.
Acordado el lugar y la hora, procedimos al acto en sí.
La carta se rige por el patrón de restaurante pamplonica típico: entrantes, pescados y carnes. De entre las opciones a elegir, mis dos acompañantes y yo elegimos de primeros: revuelto de hongos, alubias rojas, raviolis de hongos y espárragos; de segundos: solomillo al foie sobre salsa de hongos, solomillo al idiazábal, presa de ibérico a la parrilla; de postres: helado casero de almendras, helado casero de vainilla, sorbete de limón.
Yo comí lo mío y gran parte de la comida de la tercera persona de la mesa (agradezco comer con personas con poco saque). Me quedé con las ganas de pedir el bacalao, pero me suele poder en estas ocasiones la posibilidad de ver algo sangrante a devorar delante mío.
Total: 134.5 euros.
Entre los primeros, destacar los raviolis, agradablemente suaves, formados por una muy buena conjunción entre el relleno y la guarnición, fue a mi parecer el mejor de la primera remesa de platos. El revuelto de hongos presentaba un adecuado punto de tratado del huevo, pero no consiguió emocionarme; en cualquier caso, le daba de sobra para aprobar. Las alubias apenas las probé, no era un plato que me llamara la atención; la impresión no fue mala.
Entre los segundos, el solomillo al foie con salsa de hongos sí que me supuso realmente un disfrute real. Lo pedí poco hecho, y la mezcla de sabores de los componentes del plato me pareció muy conseguida (vamos, que estaba cojonudo). El solomillo al idiazábal también tenía su aquel, pero a petición del comensal estaba muy hecho y a mí eso como que no me convence. La presa de ibérico a la parrilla estaba realmente sabrosa, si bien venía acompañada solamente de unas tristes patatas fritas y eso le restaba belleza al plato.
Sobre los postres,únicamente apuntar que los helados cumplían con su cometido y el sorbete, "sin más" (expresión de aquí). Lo típico parece ser el idiazábal con membrillo, pero el día pedía algo más fresco.
La carta de vinos... bueno, ya lo he comentado, mi asignatura pendiente. Ni me fijé.
Como colofón me pedí un gin-tonic de Tanqueray. A mí gusto, horripilante.
Comentar también que tienen un menú a 32.50 en el que te dan varias opciones a elegir que también tiene buena pinta, aunque para pedirlo toda la mesa tiene que estar de acuerdo. También tiene una buena capacidad, por lo que para cenas multitudinarias parece ser bastante recomendable.
El servicio estuvo correcto, sin pegas. Eso sí, me resultó curioso como uno de los camareros calzaba unas Nike de baloncesto; me dio un poco igual de todos modos, si está más cómodo así, ole por él, aunque comprendo que habrá a quien le parezca un mal detalle.
El acceso principal está en obras, por ahora hay que pasar por el de servicio (que es un poco feo, claro...).
Así que, en general, el sitio me gustó, aunque me pareció ligeramente caro. De volver sería en grupo y con el menú especial comentado, que con ello te da de sobra para disfrutar del local y no pagar un sobreprecio innecesario que no merece.
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Miyama Castellana
+34 913 91 00 26
Paseo de la Castellana 45 <m> Gregorio Marañón 7 10 Madrid, Madrid provincia, España 40.4357119 -3.6895871
www.restaurantemiyama.com/miyama_castellana.html
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Muy recomendable
Este restaurante, primo hermano (o algo similar) del Miyama de la calle Flor Baja, abrió sus puertas a principios de este año en Madrid. Ante la tesitura de querer invitar a una amiga a un japonés en Madrid, y moviéndome exclusívamente por mi instinto (que no siempre me lleva a acertar) decidí acudir a este local. Lo cierto es que la decisión fue dura, pues en este página he podido leer opiniones de gente que parecía saber muy bien de qué hablaba y que ponía por las nubes a otros japoneses de esta ciudad; y de éste apenas había encontrado un par de breves referencias por internet.
Pero, lo dicho, era mi instinto contra mi racionalidad, y en mi persona suele ganar el primero.
Aclararé aquí que no soy un asiduo a los japoneses, y por tanto mi crítica debe ser tomada como la de un pseudo-novatillo que gusta de vez en cuando de disfrutar de este tipo de comida. Así que imploro comprensión ante las posibles barbaridades que pueda escribir a continuación.
Yendo a lo que es el sitio en sí, he de decir que salí bastante conforme de la cena. Mi acompañante y yo pedimos los siguientes platos: Tempura de langostinos, bacalao negro (guindara), un surtido de 7 tipos de sashimi y varios nigiri sushi.
La tempura, a mi gusto, bastante destacable. La ración incluía 7 piezas, fueron 18 euros. Siendo basto diré que eran "bien hermosas las jodías".
El bacalao negro merece desde luego ser pedido. No recuerdo exactamente cual era el nombre del plato, pero estaba cocinado a la plancha y venía acompañado de un par de pimientos de padrón (que afortunadamente no picaron). 18 euros. (Ojo a lo frikesko del asunto, mi amiga y yo coincidimos en que el plato sabía a croqueta de atún. Acojonante.)
El surtido de 7 tipos de sashimi estaba presentado en una fuente bien llamativa. Un gran bol relleno de hielo y decorado con diferentes piececillas, todo muy cuco. Como no sabíamos exactamente qué tipo de pescado era cada bocado, le preguntamos a uno de los camareros, que, como tampoco estaba muy seguro, pidió ayuda al encargado y éste se prestó amablemente a indicarnos. Salmón, Toro, Atún, Pez limón, Buey de mar, Gamba roja y... no recuerdo el otro. El Toro cojonudo, se derretía en la boca. 33 euros.
Los nigiri sushi que pedimos fueron de: Toro (7e), Anguila (5.25e), Vieira (6e), Langostino crudo (6.25e) y Salmón (4.5e). El de Vieira era una jodida delicia. Comentar que en vez de salmón en un principio pedimos erizo de mar, pero por un problemilla que tuvieron la semana pasada no pudo ser.
De postre comimos haromaki de chocolate y tempura de frutas. Ambas correctas.
La carta de vinos estaba bien, y más para alguien como yo que no sabe de vinos. Acabamos pidiendo un Naia 2007 (D.O. Rueda), aunque el encargado nos recomendó al oírme un Naiara, que no acabé pidiendo básicamente porque ya no tenía la carta delante y temía que la recomendación saliera muy cara.
Con el postre nos sirvieron por cortesía de la casa una copa de vino reforzado.
Ah, se me olvidaba, Kirin Ichiban de cerveza. Yo ya la conocía y a mí personalmente me gusta, así que perfecto.
El servicio estuvo atento todo el tiempo y en ningún momento se olvidaron de nosotros. Quizá influyó que sobre todo al principio, por ser un poco pronto, no había mucha gente, pero conforme pasaba el tiempo el local fue recibiendo más clientela y no notamos mucha diferencia. También he de decir que en lo relativo a la apariencia, quedé bastante conforme. La decoración me resultó bastante sobria, sin estridencias, destacando la madera sobre otros posibles elementos.
La cuenta finalmente ascendió a 133 euros, lo cual fue quizá un poquillo más caro de lo que en principio esperaba. Pero quedé bastante satisfecho, y supongo que eso es lo más importante. Bueno, miento. Mi acompañante también quedó bastante satisfecha, y eso sí que era lo más importante.
Como he comentado antes, acudí al restaurante sin saber muy bien qué me iba a encontrar, pero no a ciegas completamente. Miré antes la carta del otro Miyama, suponiendo que sería parecido. Y, efectivamente, hay varios platos que se encuentran en ambos locales, pero también otros que no. Por ejemplo, yo iba pensando en pedir el Dragon Maki, pero no pudo ser.
El Miyama New Style Sushi sí que estaba, pero yo soy de los que lo prefieren a la antigua usanza.
Hablando estrictamente de la carta de sushis, he de decir que no es excesivamente amplia. Unos 12 tipos creo recordar, cuando, por ejemplo, creo que en otros restaurantes como el Kabuki cuentan con unos cuantos más (que era uno a los que pensé en ir, pero que finalmente descarté, no sé muy bien cómo). Pero, ciñéndome a la calidad del pescado, no tengo ninguna queja. Es más, todo son alabanzas.
Y poco más puedo decir. Habría hecho fotos a los platos, pero, sinceramente, me daba un poco de vergüenza.
En resumen, abreviando mucho mucho, pues que recomiendo visitar este local.
Dainzeth lo descubrió en febrero de 2009
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Papizza
+34 915 22 38 70
Calle Gran Via 22 <m> Gran Via 1 5 Madrid, Madrid provincia, España 40.4199297 -3.7006918
guardado por 18 personas
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Salvavidas
Probé la pizza de este local una tarde en que me encontraba tremendamente hambriento tras 5 horas sin ingerir bocado alguno. Ya me había fijado en él en otra ocasión, cuando compré un producto similar al ofertado aquí en otro establecimiento similar situado en la calle Hortaleza y me arrepentí no una sino mil veces por no tener sabor mi calzone, estar frío, y ser excesivamente caro con relación a lo que estaba disfrutando con ello (es otro puesto de pizzas de este tipo, no las pizzerías que llevan años atendiendo cerca de Gran Vía); en cualquier caso, me centro otra vez en el PaPizza.
PaPizza me parece sobre todo una buena idea. Lo de que abran hasta ciertas horas de la madrugada puede resultar muy útil, ya que en ese momento las alternativas quedan restringidas normalmente a los establecimientos de 24 horas y al arroz de los asiáticos ambulantes. Quien haya salido hasta esas horas por tribunal sabrá de lo que hablo.
El producto, bueno, no es gran cosa, sinceramente. 2 euros por cada pequeño cuadrado de una pizza de regulera calidad puede parecer un exceso, pero sólo hasta cierto punto. Yo probé la de champiñones y la de salami. Y, bueno, lo dicho, reguleras. No estaban malas porque quien haga una pizza con esos ingredientes y salga mal merece ir al infierno, pero lo cierto es que no eran gran cosa. La textura del queso dejaba mucho que desear, el cuadrado quemaba por los bordes y estaba frío por el centro, un pelín salada, un pelín pequeña, y bastante grasienta. Pero, aunque haya dicho lo que he dicho y parezca que me contradigo, estaban bien.
Y por ello repetiría si fuera una noche dando tumbos por allí cerca, o, como fue el caso, si paso por allí y tengo un agujero en el estómago.
El local, pequeño. Los que atienden sí que son italianos, me parecieron majetes. Tienen un puestecito creo que para conectar el ipod a internet o para recargar el móvil, aunque no estoy muy seguro de esto que digo.
Resumiendo, es seguro que me salvarán la vida alguna noche. De día no me la salvarán porque prefiero las pizzas de otros establecimientos, pero no descarto volver.
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Miyama
+34 915 40 13 86
Calle de la Flor Baja 5 <m> Plaza de España 2 3 10 Madrid, Madrid provincia, España 40.42227 -3.709883
www.restaurantemiyama.com/miyama_flor_baja.html
guardado por 295 personas
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Miyama, o cómo salir satisfecho de un restaurante...
Antes de introducirme en este pequeño microcosmos que es 11870, normalmente si quería ir a comer a algún local tenía previamente que llevar a cabo una concienciada búsqueda por entre todos los incompletos medios a los que tenía acceso para encontrar referencias sobre el lugar donde posteriormente llenaría mi estómago de una mejor o peor manera. Claro, a veces mis métodos eran eficaces y podía disfrutar de un buen sitio y sentirme satisfecho, pero en otras ocasiones se podían llegar a producir ciertos descalabros de cierto calibre.
No es que ahora las búsquedas sean infalibles, pues las opiniones aquí vertidas son precisamente eso, opiniones, y por tanto subjetivas, y por tanto no necesariamente han de ser respaldadas por todo aquel que pase por aquí. Pero lo que es seguro es que te da una base con la que poder improvisar. Esto es, si un día tengo gusanillo de un cierto tipo de comida, y estoy pasando por una zona determinada, y veo un restaurante del que he leído que X usuario/s ha/n escrito una crítica positiva, pues como que ya entras con una cierta seguridad.
En el caso del Miyama ocurrió por un lado esto que estoy contando (sí, a veces se me va la pelota y me enrollo) y por otro que ya estuve de visita con anterioridad en la casa que tienen en la Castellana, así que ante la pulsión irrefrenable que el día 13 de noviembre sentí de comer japonés a una hora indeterminada del mediodía madrileño, y también ante la pseudo-necesidad de quedar bien con un amigo que me acompañaba, decidí que el Miyama probablemente me pudiera proporcionar un muy buen servicio.
Pedimos dos menús ejecutivo, a 25 euros por cabeza, que consistían en poder elegir un primer plato, un segundo plato, el postre y la bebida (más arroz y sopa miso); aquí las opciones:
-Primeros platos
--Sashimi atún tostado
--Sashimi variado del día
--Nigiris y makis variados
-Segundos platos
--Brochetas de rebozados japoneses
--Tempura variada
--Teriyaki de pollo
-“Postres”
--Helados diversos (sésamo, té verde o judía roja)
--Tés diversos, café…
Mi compadre escogió los nigiris y makis y el teriyaki, yo por mi parte el sashimi y la tempura.
El sashimi estuvo compuesto (creo que el número de piezas era éste) por 3 piezas de atún rojo, 3 de salmón, 4 de sardina y 5 de lubina; los nigiris eran 1 de langostino, 1 de atún rojo, 1 de langostino y 1 de lubina; los 6 makis todos de atún rojo. Sobre ellos he de decir, y se me habrá de disculpar por quizá no utilizar términos demasiado adecuados, que estaban JODIDAMENTE ACOJONANTES, sobre todo el de atún, SUBLIME, cada pieza introducida en la boca me hacía querer llorar de la emoción. Los demás también gozaban de un muy buen nivel, y el de sardina me pareció simpático, nunca lo había probado, pero lo del atún fue superior. Estuve hace poco en otro japonés que no mencionaré directamente y simplemente son otra cosa, no pueden colocarse al mismo nivel. Y soy consciente de que me faltan por probar otros japoneses quizás de un escalafón superior a los Miyama, pero madre del amor hermoso, cuando lo haga podré morir en paz.
La tempura al nivel que esperaba, ligera, crujiente, los 2 de langostino enormes y en su punto adecuado, el de calamar (sólo una pieza) más que aceptable. Lo malo eso, que la mayoría eran de verdura (pimiento verde, rojo, brócoli y calabacín, creo recordar) y a mí lo que me gustaba era hincarle el diente más a los otros. Pero vamos, que cumplían de sobra.
El teriyaki… a mi amigo le dije que eso no era carne de pollo, que era carne divina que había bajado a la tierra y la habían embadurnado de salsa dulzona. El mejor que he probado, obviamente.
La sopa de miso también estaba bastante bien, además, en la calle hacía frío y lo agradecimos.
La bolita de helado de sésamo que me pusieron me hizo un apaño en forma de postre y el té verde de mi compinche también resultó más que decente.
Sobre el local, decir que prefiero la configuración espacial y la decoración del de Castellana. Un punto negativo fue la mesa que nos tocó (no teníamos reserva), justo en medio de la esquina entre las dos sub-zonas del restaurante, lo que conllevaba tener camareros a ambos lados en casi todo momento.
Ah, el chaval que nos atendió, majísimo. Las camisas naranja que llevan, horribles.
Otro fallo, tanto mío como suyo, fue el no recogerme el chaquetón al entrar, dejándolo en la silla hasta que el encargado se dio cuenta y me lo guardó adecuadamente. Pero yo tampoco dije nada, no me di cuenta.
El baño bien, limpio y decorado sobriamente.
Bebimos Kirin Ichiban, también tenían Asahi.
En definitiva, por 53.50 euros para dos personas, una comida excelente. A partir de ahora preferiré comer de menú en un sitio japonés de nivel que a la carta en otros que simplemente no llegan a ser lo mismo, no pueden competir en la misma categoría (ejem… sí, siempre queda la opción de comer de carta en estos mejores locales… pero… uno no puede permitírselo siempre…).
¡Qué contento me han dejado ambos Miyama!
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Gumbo
+34 915 32 63 61
Calle del Pez 15 <m> Noviciado 2 3 10 Madrid, Madrid provincia, España 40.423701 -3.705288
guardado por 266 personas
Mira que he pasado por esta calle veces, y nunca había reparado en su existencia...
En esta ocasión me apetecía algo diferente.
Quería invitar a una amiga a cenar, no sabía muy bien dónde, pero tenía claro que la propuesta debía, al menos, salirse un mínimo de la oferta más usual de estilos de comida a los que uno está un poco más acostumbrado.
Claro, para ello me puse el bañador virtual, cogí aire virtual, y me dispuse a sumergirme bajos las aguas, también virtuales, de 11870 a ver qué pescaba. Tras encontrar una serie de posibles opciones, todas ellas apetecibles, acabé decidiéndome por el Gumbo, ya que me atraía la idea de la comida de Nueva Orleans y sabía que a mi acompañante le podría suponer una agradable sorpresa.
Reservé una mesa para las 22:00 de un miércoles. No hubiera hecho falta, pero por si acaso.
Como es habitual, ya tenía en mente qué iba a pedir. No es que sea estricto con esto, siempre puedo variar por sensaciones una vez estoy en el local, pero últimamente acostumbro a llevar de antemano decidido qué es exactamente lo que quiero.
Pedimos el paté casero, los tomates verdes fritos, los langostinos french y el bonito ennegrecido; de postres, la tarta de zanahoria y el brownie de frambuesa. Procedo a una pequeña valoración personal de cada plato.
El paté casero de Campagne me gustó (ya ves, qué crítica más sesuda…). No, en serio, no es que lo tome a menudo, pero me sorprendió su textura (un poco más compacto de lo que considero normal) y su sabor (tenía un cierto toque a carne cruda que me llamó realmente la atención). La cebolla caramelizada que lo acompañaba verdaderamente lograba formar con él una pareja de lo más compenetrada. 8.75 euros.
Los tomates verdes fritos con salsa remoluade y gambas fue lo que menos me convenció de la cena, y aún así fue ingerido con gusto. Pero me resultó un poco pesado por su más que probable abundante grasa. Un plato contundente a pesar de ser el tomate la base. 8.50 euros.
Los langostinos french quarter al ajillo creolé resultaron toda una delicia para mi invitada. Arroz en el centro, los langostinos bailando a su alrededor invocando quién sabe a quién, todo ello abrazado por una intensa salsa de moderado picor que redundó en mi idea de que probablemente fuera a pasar una mala noche por una cruel digestión. Eso sí, el plato muy bueno. 15.50 euros.
La razón principal por la que escogí este sitio, el bonito ennegrecido, qué decir de él (bueno, al menos algo debería decir, supongo…). Churruscadito por fuera, poco hecho por dentro, consiguió que de mi boca asomase un amago de suspiro indicador de profundo placer. Ensalada embadurnada de vinagre de guarnición, creo que si lo pides te pueden poner puré de patatas (o eso creí ver en la mesa de al lado); lo hubiera preferido, pero me consolé pensando en que la lechuga rebajaría algo de toda la abundante ingesta (de ilusión también se vive…). Muy recomendable. 16.50 euros.
La tarta de zanahoria (6.00 euros) y el brownie de frambuesas (6.50 euros) supusieron el remate final a una notable pero excesiva cena. Lo cierto es que fue una buena combinación, la cremosa tarta por un lado, la rotundidad del brownie empapado de un no muy afortunado helado por otro. Las frambuesas del brownie eran anecdóticas (como las gambas de los tomates verdes fritos), pero esa circunstancia no le quitaba un ápice de “apetitividad”.
No pedimos vino. En la pizarra venían 3 vinos para elegir de botella y otros 2 para elegir en formato copa. Es de imaginar que alguno más tendrían, porque quizá entonces pudiera parecer insuficiente la oferta. Pero como bebimos cerveza, ni idea. Es sólo apuntar lo que vi.
El restaurante en sí resultaba bastante acogedor. No muy grande, no demasiadas mesas. La decoración es escasa, un par de cuadros y bastantes artículos de revistas y periódicos hablando sobre el sitio. El baño era pequeñito, limpio, y de color asalmonado intenso (bueno, entre naranja y rojo, no es lo mío encontrar el tono exacto).
Los camareros, uno de ellos simplemente correcto, el más bajito de los dos muy agradable y atento.
Manteles de goma (me resultaron graciosos) y servilletas de papel.
En total, 68.75 euros, lo cual entraba dentro de mi presupuesto. Quizá me pareció un pelín caro, sólo un pelín, pero también es cierto que me pasé dos pueblos pidiendo comida. Con dos entrantes y un plato hay de sobra para dos personas.
Un sitio a visitar, desde luego.
Ah, nos quedamos con las ganas del rissotto verde con setas, otro día quizá.
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Boñar de León
+34 915 21 26 02
Calle de la Cruz Verde 16 <m> Noviciado 2 3 10 Madrid, Madrid provincia, España 40.423839 -3.707115
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El Boñar, ese rincón especial de Madrid
Si uno quiere morir joven tiene que venir todos los días aquí.
El Boñar de León es conocido por lo que es conocido. Entras, pides una cerveza, de horrible sabor, que son 3 euros la jarra y creo que 2 la caña (que es grandecita pero que yo nunca he pedido), y lo normal es que, como mínimo, te pongan un plato de comida como tapa. De hecho, no es raro que te pongan dos o incluso tres platos llenos de lo que sea mientras sólo estás bebiendo la primera consumición.
Recapitulo lo que me han llegado a poner a mí, que recuerde:
-Cocido, puede que con su sopa (ejem... dentro del nivel del antro es la tapa más decente, en invierno si en la calle hace el suficiente frío como para que se te hielen las pelotas, el comerte un plataco de esto puede devolverte a la vida... unos segundos antes de que tu dolorosa digestión te la quite...)
-Una bandeja con toda la carnaza (chorizo, pollo, jamón, magro) que le echan al cocido (nos han puesto raciones pantagruélicas de esta combinación, absolutamente desaconsejable para estómagos no ya delicados, sino no acostumbrados a comer auténtica bazofia)
-Paella (unos días peores que otros, hemos llegado a tener que separar los granos de arroz de las espinas que les acompañaban...)
-Alitas de pollo (servidas con las propias manos de los camareros, como debe ser)
-Patatas ali-oli (las peores que he comido en mi vida, y no es una exageración)
-Ensaladilla rusa (les dije a mis amigos que comer esta ración en este sitio era como jugar a la ruleta rusa... salió cara y no cruz...)
-Pollo al ajillo (el camarero lo presentó de coña como "faisán", nosotros llegamos a la conclusión de que probablemente fueran palomas...)
-Ensalada (unos días de prácticamente sólo cebolla, otros el tomate es el ingrediente principal... según el día; lo único sano del local...)
-Irreconocibles pescados fritos (y todos saben a fondo de freidora, pero retar a tus colegas a comerte entero un pescado de 15 centímetros de largo es... divertido...)
-Hígado y corazón de vaca (lo único que mis compinches y yo no nos hemos podido terminar... argh...)
-Tortilla de patatas (a un amigo no le desagrada, a mí me horripila)
-Y lo más decente y que sólo pone el dueño a la hora de cerrar si hay poca gente: jamón serrano y chorizo de mejor nivel que el del cocido. Esto sí está bueno.
Todo ello acompañado de pan de, con suerte, el día anterior.
(Bueno, también he de añadir las patatas fritas que están de adorno en la mitad de las mesas del local que pueden ser ingeridas bajo propia responsabilidad)
Aquí he visto aquí de todo, como coger un plato de una mesa que los clientes de la misma apenas han tocado y ponerlo en otra mesa como quien no quiere la cosa, o a una pareja meter todas las raciones bien junticas que les iban poniendo en un tupper para luego cenarlo en casa. Pero tampoco quiero ensañarme con el sitio, ya que, al fin y al cabo, una vez cada tres meses más o menos paso una horilla en este sitio. Tiene sus puntos, puede llegar a considerarse entrañable. El dueño parece majo, y como ya he dicho, si no hay mucha gente y hablas un rato con él igual te corta el jamón al que parece tener acceso sólo él.
Pero... no es muy recomendable salvo para venir a ponerse hasta el culo de comida de la peor calidad. Yo vengo con quien vengo y por lo que vengo, es casi un ritual, pero ya, hasta ahí.
También tienen carta de raciones y de platos, pero comparado con lo que te ponen normalmente no sale barato. De calidad, yo qué sé, nunca he pedido nada ni conozco a nadie que lo haya hecho.
Ah, lo del cocido y el viaje es imposible. No es que lo haya intentado, pero el dueño nos contó lo que te ponen si pides el reto y eso un humano no puede metérselo entre pecho y espalda. Ahora, si eres un animal salvaje puede que sí, pero entonces no sabrás que existe este reto porque no estarás pudiendo leer esto que estoy escribiendo al estar vagando desnudo por entre los bosques, bestia, más que bestia.
En fin, sólo recomandable para venir con tus amigos borrachuzos de toda la vida, y quizá ni eso.
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Musashi
+34 915 59 29 39
Calle de las Conchas 4 <m> Ópera 2 5 Madrid, Madrid provincia, España 40.418922 -3.70782
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Un poco decepcionante... por las expectativas. Pasable.
Echando un ojo a las críticas que este sitio ha recibido en esta página se pueden leer opiniones desde luego ciertamente dispares. Que si el local está bastante bien, que si es pequeño y cutre. Que si es muy muy barato, que si no lo es tanto. Que si la tempura es excelsa, que si la tempura es grasienta, etc. Bueno, por lo menos lo que está claro es que lo visita mucha gente, pero aún así, o quizá por ello, quise comprobar yo mismo las bondades y carencias de este japonés.
Lo primero que hice fue llamar para reservar mesa, pues en lo que no debe haber duda es en que si quieres cenar aquí un viernes por la noche o llevas a cabo ese pequeño paso previo o vas a estar jodido. Durante el tiempo que allí estuve, la ocupación no bajó (así calculado a ojo) del 80% en ningún momento. Lo que me chocó un poco es que me dieran mesa de 21:30 a 22:30, pero tampoco le di demasiada importancia.
Bien, nos sentamos. En una mesa pequeña, no pasa nada. Con una mesa a cada lado con sendas parejas a escasos 20 cm cada una. No pasa nada. Con la camarera de mayor edad en lugar de la joven. No pasa nada. Seca de narices. No pasa nada. El baño es cutre de pelotas. No pasa nada. El local muy pequeño y austero. No pasa nada.
Y no, no pasa nada. Comprendo que un sitio como éste dé un servicio muy diferente del de otros japoneses de mucho mayor precio en cuyo pago van incluidos extras con los que hacer de una cena algo más que una mera ingesta de comida.
Pero hubo algo que sí me molestó. Eso sí, antes, comento la comida, que, al fin y al cabo, es lo más importate.
La carta ya la había estudiado en mi casa con las fotos que amablemente otros usuarios se habían encargado de realizar con anterioridad a mi visita. Les doy las gracias por ello. Éramos dos y finalmente pedimos las Gyoza y el cerdo don, el surtido de sushi y el surtido de sashimi. Cerveza nacional para beber, no tomamos postre.
Las Gyoza (pequeños rollos de masa rellenos de carne y verdura, 5 euros) nos resultaron simplemente agradables, nada que ver con las toscas y grasientas empanadillas que te puedes encontrar en otros locales.
El cerdo don (un plato de arroz con trozos de cerdo por encima embadurnados en una salsa dulzona, 8 euros) mereció la pena. Este plato lo escogí guiándome por algunas opiniones que leí aquí y la verdad es que sí quedé satisfecho con el plato. Eso sí, tampoco era una maravilla, a mi gusto vaya. El cerdo estaba bien cocinado y la salsa le acompañaba bien. Ración decente, mejor un poco más de carne y un poco menos de arroz. Y ya.
El surtido de sushi (15 euros) contaba con 3 piezas de atún, 2 de salmón, 1 de calamar, 1 de lubina, 1 de langostino cocido y 6 makis de atún. Por lo que pudimos ver, los makis eran de atún o salmón según te tocase.
El surtido de sashimi (14.5 euros) contaba con piezas de atún, salmón, pulpo, lubina y calamar.
Sobre el pescado, bueno, estaba simplemente aceptable. A mí no me pareció excesivamente fresco, en especial el de calamar, y lo que mejor diría que estaba fueron las piezas de salmón. Así resumiendo, el salmón y el atún bien, el pulpo, la lubina y el langostino muy regulares, y el calamar mediocre, el sashimi incluso con un corte ridículo.
El arroz un poco regulero también.
Destacar la increible rapidez con que te sirven la comida. A los 10 minutos ya teníamos los 4 platos en la mesa, lo que me hace pensar que..., bueno, supongo que estarán cocinados los platos y cortados los pescados de antemano, y cuando los pide el cliente, voilà!, calentar los primeros, y "ambientar" los segundos y prepararlos en la forma requerida.
Vamos, esto lo imagino, igual me equivoco. Pero me da que es así.
Y bueno, la peor parte. Se ve que la hora de reserva más que orientativa debe ser cumplida a rajatabla, e incluso si se puede ha de ser rebajada, por lo que nuestra camarera (como ya he dicho, la mayor, la joven nos atendió en un momento puntual y parecía mucho más simpática) puso todo su empeño en hacer que nos largáramos de allí lo antes posible. Servicio express, insultantemente seco y arisco, cortante. En cuanto podía se acercaba a la mesa a retirar todo lo que pudiese. Entré a las 21:25 y salí de allí a las 22:06. La cena en restaurante más rápida de mi vida.
En total 46 euros. No dejé propina, sólo la dejo si el servicio me ha tratado adecuadamente, y no fue el caso.
¿Recomendable?, sí, claro. Para ir a comer a mediodía si trabajas cerca o si te apetece probar comida japonesa sin dejarte mucho dinero. O incluso por si tienes un colega que nunca la ha comido y le dices "Qué coño, hoy la pruebas" y le invitas aquí, por si no le convence demasiado para no dejarte tus ahorros, y por si le convence para poder prometerle que la próxima vez probará uno mejor. Pero nunca para ir con alguien en plan cena romántica o algo por el estilo, que entonces la has cagado pero bien.
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