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Ría de Cedeira
Calle de Vizcaya 11 <m> Palos de la Frontera 3 Madrid, Madrid provincia, España 40.404709 -3.69399
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Todo un descubrimiento
La Ría de la Cedeira es un poco vistoso en apariencia gallego situado entre Palos de la Frontera y Delicias. Cientos de veces habré pasado cerca de sus acogedores brazos, y nunca me había llamado la atención lo más mínimo (de hecho, generalmente nunca me había fijado en sitios gallegos por la creencia implícita de que lo más normal es que fueran de precio medio-alto, pero últimamente estoy descubriendo que es probable que estuviese equivocado). Lo que ocurre es que por circunstancias personales durante los últimos meses he regentado, no con excesiva frecuencia eso sí, una biblioteca cercana a este paraje cervecero, y que en esta biblioteca, tenía algún que otro compañero/a de fatigas, y que uno de esos compañeros de fatigas tenía la llave con la que poder vislumbrar la verdadera valía de este local.
Porque, vaya, estudiar no sé, pero beber cerveza se hace cuando se puede.
Aquí se viene a tomar cañas, y punto. Ni tercios, ni minis, ni jarras ni macetas, ni bidones, ni su santa madre. Que, bueno, lo que entienden aquí por caña es un vaso de tubo de cerveza. Cada caña 1.35 céntimos. Cada caña, acompañada en su primera vez por dos "raciones de tapa" para cada comensal y en las sucesivas por una, también para cada sujeto de la mesa. De hecho, en ocasiones no es ni necesario que para recibir comida tenga uno mismo que volver a pedir otra caña; si tu compañero de fatigas termina antes y pide otra, es probable que con su rellenado recipiente puedas llevarte algo más a la boca.
La cerveza es Amstel. Ni apetitiva ni aversiva.
Lo que te pueden poner de rancho va desde pinchos cutrillos de fiambre (salchichón, chorizo, bacón...), a fritos cutrillos del estilo croqueta-empanadilla (de la sección de congelados que de toda la vida la madre de uno sólo le ponía cuando por cualquier motivo no le daba tiempo a hacerlas caseras; afortunadamente eran mínimas esas ocasiones), pasando por raciones de frutos secos, langostinos, mejillones y algún que otro marisco más, hasta, si uno tiene suerte, algún plato de patatas fritas con albóndigas (de las de lata mala, que tienen más grasas que hidratos y proteínas juntos), chistorra, morcilla, picadillo o similares.
Es obvio que destaca más la cantidad que la calidad, pero se agradece.
De entre los extras a las simples cañas, mencionar el que por 4 tubos se pueda acceder a una especie de oferta realmente innecesaria salvo para aquel que hace de la gula un arte: una bandeja de considerable tamaño de patatas acompañadas de una de las múltiples opciones que ofrece la carta. Bebida y comida juntas 9 euros. Digo lo de innecesario porque sólo con lo de las cañas uno se alimenta de sobra.
Comentar algo también sobre la camarera del local. Lo cierto es que es muy maja, incluso cariñosa, pero también lo es que tiene una excesiva tendencia a la invasión del espacio personal. Vamos, que como te descuides te pone la mano en el hombro, lo cual no a todo el mundo agrada. A mí no, desde luego. Pero porque soy un tanto peculiar. Diría que el trato por su parte es excelente, no tanto el del resto de camareros.
C/ Vizcaya nº8. Como referencia espacial, tomando como base la calle Delicias, se encuentra en la perpendicular situada enfrente del sex-shop que andará por el número 80-90. Por sus luces de neón lo encontraréis.
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Restaurante O´Toxo Verde
+34 915 30 13 10
Calle del Bronce 35 <m> Arganzuela-Planetario 6 Madrid, Madrid provincia, España 40.388482 -3.68931
guardado por 14 personas
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¡Venga!, ¡que ya llegamos!...
Lo primero que diré es que la localización de este bar no es excesivamente buena para salir de cañas por Madrid. Se encuentra a una “ligéramente incómoda distancia andando cuando se tiene hambre” desde Legazpi, y cerca suya apenas hay nada en donde pasar el rato después, que yo sepa. Así que si uno se pasa por allí, ya puede aprovechar y tirarse su buen tiempo vaciando vasos en este gallego.
Las cañas, las dobles cañas, los tercios... pues todo está a un precio no llamativo. Vamos, que cuando he ido no es este punto el que nos ha llamado la atención. Creo que la última vez nos pedimos 3 cañas y 9 dobles y nos cobraron unos 21 o 22 euros, pero no estoy muy seguro. Pero vaya, que lo dicho, ni barato ni caro, lo "normal".
Algo a destacar es que siempre que he ido me han servido una amplia gama de racioncillas con cada cerveza. Desde unos hermosos y suculéntamente grasientos choricillos hasta un platito con 2 langostinos por cabeza pasando por buenos platos de patatas con carne u otros menos agradecidos de boquerones a la vinagreta con aceitunas. Lástima que en mis incursiones no hayan tenido el detalle de soltarme un pedazo de la aparentemente cojonuda empanada que preparan. Eso sí, en ninguna ocasión he pedido alguna ración que debiérase luego ser abonada, y he salido “estomacalmente” satisfecho en mis dos visitas.
Así que... bueno, el sitio está bien. Suele acabar llenándose y, al ser ligeramente angosto, se hace difícil acomodar el trasero, e incluso poder estar tranquilo. Pero se bebe y come bien por poco dinero, y el género parece ser más que decente. Vamos, que es un buen local, lástima que esté a tomar por culo de todo...
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El Pato Mudo
+34 915 59 48 40
Costanilla de los Ángeles 8 <m> Ópera 2 5 Madrid, Madrid provincia, España 40.418608 -3.708336
guardado por 22 personas
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Tostas apetecibles
Descubrí este local por casualidad, pues andaba por la zona con una amiga y a ella le pareció que tenía buena pinta para tomarnos en él una caña. Lo cierto es que no esperábamos demasiado, pero no nos apetecía pasar a otros bares cercanos que ya conocemos de sobra. Como me gustó volví otro día con uno de mis compinches de investigación nocturna madrileña y me reafirmé en mi primera impresión, es un sitio bastante agradable en el que tomar tranquilamente algo que no sea una sucias bravas o una hipergrasienta oreja (con todo el respeto para ambos platos, por supuesto, pero a veces, simplemente, no apetecen).
De primeras, del Pato Mudo puede decirse que acertó sobremanera en la elección de su nombre. Bueno, en lo de Pato quizá pueda haber dudas, pero en las dos veces que he estado allí puedo dar fé que Mudo sí era. Fuí un viernes a las 22:15 y un martes a las 21:30, y ambos días estaba prácticamente vacío. Claro, es un aspecto que tiene sus ventajas, se puede hablar con tranquilidad, no hay problemas a la hora de pedirle algo al camarero, no tienes que soportar empujones cada 30 segundos... aunque da una impresión un tanto desangelada, eso sí.
Las cañas a 1.20, San Miguel, en unos vasos "la mar de cucos". Subo una foto para que se vean. De tapa en ambas ocasiones nos pusieron un par de rebanadas de pan tostado por cabeza con una tarrina de tomate, aceite y ajo. Pan tumaca, vaya. Muy agradecido en comparación con lo que te puedes encontrar en otros sitios, y además, me resultó original, nunca me lo habían puesto yendo de cerveceo.
La carta consta de raciones, ensaladas, postres y tostas. Leo aquí que es una arrocería, pues ni me fijé, supongo que si pasas a las salas del restaurante ya allí te proporcionan la oferta de lo que sería la comida en sí.
Probé la tosta de bacalao macerado al ajo, 3.5 euros. Cojonuda. Tengo que volver a comer alguna más. La de setas empanadas con ali-oli o la de paté de la casa me llamaron la atención, si vuelvo ya pondré qué me parecieron.
De las raciones la fondue de queso suizo y las verduras al horno tienen buena pinta.
Cuelgo la carta de todos modos. Los precios no me parecen nada caros y es algo diferente para llevarse a la boca en una noche de parranda.
El local, bueno, decorado con las típicas fotos de gente famosa o famosilla que ha estado allí, imagino que la mayoría de hace tiempo. Por lo demás, bien, el sitio me resultó muy acogedor, la música que ponen (nada de pachangueo, reggaeton o abominaciones de ese estilo ) también ayuda a ello.
También comentar que cada día me atendió un camarero distinto, y que ambos fueron bastante majos.
En resumen, un sitio en el que tomarse una cerveza sin sentir esa incomparable sensación de "madre del amor hermoso, en qué sitio me estoy metiendo" que a uno tanto le agrada pero de la que en ocasiones prefiere desprenderse.
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La Taberna Del Arte
+34 915 53 30 64
María De Guzmán 8 <m> Cuatro Caminos 1 2 6 Madrid, Madrid provincia, España 40.444332 -3.703197
guardado por 4 personas
Olé!
Cuando salgo con mis compañeros de "investigación" por la noche en ocasiones nos ocurre que, por una u otra causa, nos encontramos dando vueltas buscando un lugar en el que poder tomarnos una cerveza. Son días en los que o bien no nos convence nada de lo que vemos o, simplemente, andamos andamos y andamos hasta que acabamos hasta las pelotas de nuestra propia indecisión y nos metemos en el primer antro que pillamos.
El local que paso a comentar ahora fue descubierto más o menos en estas circunstancias. La primera impresión no fue la mejor. ¿Nosotros en un sitio "torero"?, ver para creer. Antes de entrar lo primero que vimos es que esa noche había actuación flamenca, y al entrar un capote y el retrato de Camarón. Acojonante. Pero bueno, nosotros no íbamos para deleitar nuestro sentido de la vista o del oído. Nosotros íbamos a lo que íbamos, a comer y beber.
Con las cañas, siendo éstas de un precio estándar para lo que es Madrid, una más que decente tapa, si bien a la cuarta y última ronda ya no le acompañó nada. Y en lo que respecta a la carta de ingestas alimenticias, por un lado estaban las raciones, de suficiente variedad y de precio no abusivo, y por otra las tostas, que iban del pan tumaca con jamón a la panceta con queso pasando por las gambas ali-oli, y de los 2.80 a los 3.80 euros.
Al final pedimos una tosta de gulas con ajitos (aunque yo quería la de buey con pimientos...) y una ración de patatas ali-oli, que no superaron los 5 euros. La tosta estaba cojonuda y daba de sobra para ser devorada por dos personas. Las ali-oli simplemente fueron las mejores que he probado en mi vida (quizá no he probado muchas, pero en serio, estaban muy buenas, y lo cierto es que en la mayoría de los sitios dan bastante asquete), con una abundante bandeja de patatas gajo bañadas por la suave pero sabrosa salsa blanquecina correspondiente.
Desde luego, nos quedamos con ganas de seguir comprobando si el resto de platos ofertados merecían tanto la pena como lo que acabamos enguyendo.
En definitiva, salimos bastante satisfechos. Cuando nos quedaba poco para acabar fue cuando comenzó en el piso bajo la actuación que habíamos visto en el letrero de la entrada, por lo que si alguien que lea ésto es además fan de ese tipo de música, pues ya sabe dónde puede ir. Pero vaya, que no es nuestro caso, así que no entraré a valorar esa parte.
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