Pastelería Sanz Rosa
+34 918 450 363
Calle de San Sebastián 32
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Pastelería tradicional tradicional
Un bar, una pequeña tienda de ultramarinos y una panadería-pastelería es el pequeño emporio que Sanz Rosa tiene en la calle San Sebastián de Colmenar Viejo.
El aspecto inicial de la pastelería no tiene mucho de prometedor, pero deberéis vencer vuestros prejuicios, entrar y pedir unas madalenas caseras, por ejemplo, y al probarlas entederéis por qué sigue siendo una de las pastelerías preferidas de los colmenareños "de toda la vida".
También tienen un exquisito roscón de reyes con nata de la de verdad, y los famosos mantecados: los macizos y los huecos. Aquí ya entran los gustos de cada cual. Hay quien prefiere los macizos porque son más contundentes y hay quien se pirria por los huecos porque son más sabrosos.
Precios normales para una calidad buena.
Ah, y cuidado, porque no todo lo que venden lo hacen ello. Podéis preguntar directamente por lo que está más rico o por lo que fabriquen ellos mismos.
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Comer con todo el Mediterráneo a los pies
Para llegar desde Jávea tienes que preguntar todo el rato por el faro del cabo de La Nao. Te pasas la salida que te indicaron y vuelves a preguntar. Subes por tortuosas carreteras y enrevesadas callejas bordeadas de chalecitos y pequeñas villas. Subes y subes. Te pierdes de nuevo. Vuelves a preguntar... Si tienes GPS aquí puedes ponerlo realmente a prueba.
Pero cuando llegas allí, al faro del cabo de La Nao, entras en el pequeñísimo restaurante que hay a los pies del mimísimo faro, pides la mesa junto a la ventana que da al mar, y te sientas... es espectacular. A tus pies, allá abajo, todo el Mediterráneo. Enfrente el cielo azul que se funde en el horizonte y las gaviotas que ponen su punto inquietante. A los lados, unos pinos se aferran a los acantilados con sus retorcidas raíces ... y si hace un poco de sol... sólo un poco... puedes considerarte en el paraíso.
La comida es muy sabrosa, muy bien cocinada: productos de la zona pero con un toque contemporáneo en la elaboración. La ubicaremos dentro de esa cocina altamente sofisticada que se ha puesto de moda estos últimos años y que pretende hacer de cada comida una experiencia irrepetible. A mí, el atún a la plancha con esencia de frambuesa, me resultó un poco impersonal. Pero tal vez estaba demasiado fascinado por el paisaje... y la compañía, claro.
Cuando estuve (un jueves de abril) había muy poca gente, y supongo que es lo mejor. No se puede disfrutar igual de ese encantador rincón con el restaurante lleno de gente.
También tienen una terracita muy agradable, con las mismas vistas.
Como es pequeño, mejor reservar. Y cierran los miércoles.
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El Trovador Nómada
+34 918 459 388
Calle del Corazón de María 8
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Alta cocina de mercado
Con los productos de temporada comprados en el mercado y con mucho mimo e imaginación, Juan Carlos Gamboa, el chef de este rincón delicioso, prepara unos exquisitos platos para que te des un gustazo de vez en cuando.
La carta, que cambia cada estación del año, ofrece una cocina innovadora y sorprendente, sin perder de vista la tradición, y el atento personal te asesora amablemente sobre todo lo que necesites.
El local, con una decoración un punto barroca pero muy agradable, no es demasiado grande, por lo que, aunque no suele estar lleno, conviene reservar si vas a ir con un grupo algo numeroso.
Éste es mi restaurante preferido en Colmenar Viejo si quiero reunirme a cenar con un grupo amigos y amigas a los que les guste especialmente disfrutar de la comida. O también si considero que ya me voy mereciendo un capricho.
Hasta hace poco tenían un menú diario de lunes a viernes que, si no recuerdo mal, rondaba los 20€.
También tienen un catering para empresas, celebraciones en casa, etc. Y además, dan cursos de cocina y repostería.
Su web: www.eltrovadornomada.com
Siempre es recomendable, pero en temporada de setas, más.
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Un Templo de la carne
Muy recomendable si te gusta la carne de buey, sabrosa, intensa.
Seleccionan muy cuidadosamente los animales (los buscan fuera de nuestras fronteras incluso) y después del despiece dejan la carne macerando a muy bajas temperaturas hasta que alcanza su punto ideal de madurez.
Pedir un chuletón de buey (unos 2-3Kg, para 2 personas) y ver cómo te lo deshuesan y te lo preparan con cariño en una mesita auxiliar es toda una experiencia. Luego te traen una piedra caliente para que te hagas tú cada lonja de carne a tu gusto y a tu punto de sal. Si se enfría la piedra mientras sientes el cielo en tu paladar, pues pides otra y a seguir.
Como entrantes yo probé las alubias (recuerda que están al lado de La Bañeza) con almejas, que estaban al punto: enteras en el plato, sabrosa mantequilla en la boca.
Total, una delicia.
En cuanto a las instalaciones, son las de una típica bodega con mesas y bancos corridos de madera, pero instalados bajo tierra, como si estuvieras en una bodega subterránea, con sus cúpulas de piedra ahumadas por las pitanzas de miles de comensales, lo que le dá un punto muy peculiar al lugar.
El único problema es que el buey te lo cobran al peso (60 € el kilo) y si no controlas mucho, puedes llevarte una sorpresa en la cuenta final.
Aparte de buey, que es su plato estrella, tienen también chuletón de ternera, solomillo y otras variedades cárnicas.
Suelo viajar un par de veces al año de Madrid a Galicia y cuando puedo darme este "capricho" hago lo posible por hacer concidir mi paso por allí con la hora de comer o de cenar.
Un vegetariano diferente, original y de calidad
Si la comida vegetariana te parece siempre lo mismo (brotes de soja en ensalada y quiches de verduras) éste es un buen sitio para romper esquemas.
Es muy probable que, a menos que vayas buscando un chuletón o una pierna de cordero, no eches de menos la carne. Porque sus platos son tan apetitosos en la carta como en el plato y la boca: todo un festival de sabores, colores y aromas muy bien presentado y listo para satisfacer al paladar más quisquilloso. Al placer contribuye, sin duda, la agradable y correctísima atención de todo el personal.
A mí no me defraudó ninguno de los platos que pedimos. La presentación está muy cuidada, incluso con un punto de sofisticación que traslada la experiencia lejos del aire rústico de otros vegetarianos. Las cantidades son más que suficientes para quedar bien satisfecho y el precio bastente acertado para la calidad de la comida y del servicio.
Imprescindible reservar antes, tanto por el tamaño del local (mejor el comedor del fondo), como por su ubicación.
De acuerdo con que el hilo musical no acompañaba mucho, y también con que las mesas de la entrada (casi pegadas a la puerta) no deben ser muy agradables. Dos puntos a mejorar.
Arola y Cía. al asalto de la plebe
La decoración curiosa, elegante, pero poco funcional y algo incómoda: mesas pequeñas donde no caben las enormes bandejas de las coca-pizzas y unos ceniceros altos donde no adivino cómo se debería apagar el cigarrillo. Tal vez sea sólo para arrojarlo sin más y respirar los últimos estertores del tabaco... ¿O eran floreros sin flores para las colillas?
Los camareros, atentos pero parcos en palabras al explicar los platos.
Las patatas fritas de aperitivo (¡¡¡qué poca originalidad!!!) estaban demasiado duras. Y los bajoplatos negros tenían unas manchas oscuras, poco agradables, que no eran parte de la decoración original. (Se supone que en estos sitios pagas el cuidado en los detalles, ¿no?)
La comida: ridícula en las cantidades, correcta en la preparación, excesiva en los precios. Los postres: ridículos en las cantidades, muy bien en la presentación, algo subidos en los precios.
Y entrando a valorar más a fondo:
En mi opinión, no se justifica cobrar casi 10 euros por un mini-bocadillo (llámalo "paninni" si pretendes epatar) que se termina a los cuatro mordiscos, literalmente, y que apenas tiene dos trocitos minúsculos de salmón, una ligera cama de mascarpone y unas abundantes hojas de rúcula. Era algo como el bocata noruego de Pans&Company, pero con la mitad de alimento y al doble de precio, sólo porque te calientan el pan y lo aliñan bien...
Mi ensalada de queso, roastbeef y canónigos estaba exquisita (12 euros), pero la cantidad, igualmente, era para una persona con poca hambre. Eso de “Una ensalada para compartir”, olvídalo.
Los postres (nuestra gran esperanza al ver los platos principales) no me parecieron fascinantes (4 euros c/u), sobre todo si vienen tan fríos que apenas puedes saborear las mousses; o cuando las “frutas rojas” leídas en la carta se transforman al llegar al plato en una minigelatina que el paladar más aguzado calificaría como ligeramente sosa... y, una vez más, tras cuatro embates con la cucharilla, el postre se esfuma.
Total, más de 50 euros por una ensalada individual, un paninni minúsculo, una cocapizza (escasa para dos), tres refrescos y dos postres muy bonitos.
No sé cómo será el restaurante “serio” del Sr. Arola y Cía., pero si ésta es su forma de presentarse al común de los mortales, que no cuente conmigo.
¿O es que me equivoqué al elegir en la carta...?
ISIE Instituto Superior de Inteligencia Emocional
+34 915 502 754
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Coaching y desarrollo personal para conseguir las metas que te propongas
Es un centro de formación especializado en coaching y desarrollo personal que trabajan tanto con personas individuales como con colectivos.
Sus programas se adaptan tanto al mundo de la empresa (liderazgo, comunicación interna, motivación...), como al de los centros educativos (directores de institutos, profesorado...) o al sector público y las organizaciones no lucrativas (educadores sociales, cuidadores, personas en situaciones con riesgo de exclusión, proyectos sociales de integración...).
Además, tienen un programa específico de formación en coaching, es decir, preparan a las personas que deseen aprender a ser coaching para constituirse como coach de forma independiente.
Este Instituto está constituido por un grupo de personas con experiencia y una sólida trayectoria. En sus cursos siempre hay buen ambiente, sin perder por ello la profesionalidad, y se respira realmente eso de la "inteligencia emocional".
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Un super completo, cómodo y sin aglomeraciones
En Colmenar hay dos AhorraMás: el del centro (Centro Comercial La Feria) y el de "las afueras" (C/ Tomillo). Yo suelo ir a éste último porque es más cómodo para hacer la compra de la semana: son muchas bolsas para llevarlas andando hasta casa.
Me gusta porque tienenla fruta y la verdura a la vista y sin empaquetar, de manera que puedes escogerla tú mismo. El resto de secciones también está bastante bien surtido de todo tipo de productos e incluso tienen pescadería, carnicería y charcutería independientes, para que compres alimentos frescos o al peso. Puedes comprar la marca Alipende que es la propia del super y que no suele estar mal, en general (exceptuando los zumos, por ejemplo).
Además, como acaban de abrir cerca otros establecimientos de este tipo, ahora aquí se puede hacer la compra mucho más cómodamente, sin agobios a la hora de circular por los pasillos, ni aglomeraciones en las cajas cuando vas a pagar.
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Modelo de ambiente y servicio
Estuve a principios de septiembre y me dejó encantado.
La atención correctísima: si buscas tranquilidad, la tienes; si necesitas consejo o simplemente charla, te la dan.
La decoración cuidadísima y muy agradable: cada sala esconde multitud de pequeños detalles que tienes que detenerte a degustar: cuadros con figurines del siglo pasado, libros de todo tipo, una colección de soperas... La ambientación está muy lograda con gran cantidad de referencias al mundo de la costura, pero no al de la "alta costura", sino al propio trabajo del sastre: maniquíes, cintas métricas, máquinas de coser, catálogos, muestrarios... Incluso en el restaurante, la decoración de los platos recuerda a los tejidos de los trajes...
La ubicación, ideal para mi gusto: un pueblo pequeñito, retirado de las grandes aglomeraciones urbanas y de las saturaciones turísticas, pero a 3 minutos de la autovía. Es decir, tranquilidad garantizada con un acceso perfecto a la vía principal de comunicación de la costa asturiana.
El restaurante también está bastante bien, y merece la pena dejarse aconsejar.
En resumen: un lugar precioso para descansar y desplazarse por la zona de Cudillero, Luarca o Avilés.
Raro, rico, rápido y rentable: rrrrecomendable.
Si estás harto de los fast-foods habituales, aquí encontrarás algo sabroso y diferente.
Las edamame (judías de soja al vapor) son adictivas y se comen como pipas (ojo, sólo lo de dentro, la vaina NO); las brochetas (vegetales o de pollo) están bien para empezar; los noodles de soja me gustan más que los de arroz o huevo; y los helados son muy recomendables para rematar (sorprendente el de coco con curry) .
El ambiente es agradabale si no vas en hora punta. Como abren en horario continuado puedes intentar ir a primera hora (13:00) o después de todos (16:30).
Precios interesantes (12-18 € por comensal) y una calidad media, bastante aceptable. Aunque si estás buscando un restaurante oriental lleno de exquisiteces, este no lo es.
Y recuerda que si no te apañas con los palillos, puedes pedir cubiertos sin ningún problema ;-)










