Fiesta del (buen) producto sorprendente y emocionante
Cuanto más viajas, cuanto más conoces, cuanto más años tienes, más complicada es la sorpresa. Cuando acudes a los grandes restaurantes, los de estrellas y guías de tapa roja llevas por adelantado que la experiencia será memorable, aunque muchas veces no es así.
Por eso, encontrar experiencias sorprendentes en un pequeño barrio, en un pequeño pueblo, muy lejos de casi todo y de todos es lo que emociona.
Casa Pilar, está en Nueva de LLanes, un precioso pueblo del Oriente de Asturias. Está fuera del casco urbano y si no te pasan el aviso, como hicieron unos amigos de Gijón, es complicado que se encuentre el lugar.
Si ya habéis llegado a Nueva no dejéis de visitar su playa de Cuevas del Mar, un lugar parecido a una catedral marina, una de las playas más bellas y tranquilas del Cantábrico.
El comedor de Casa Pilar es coqueto y está presidido por un acuario en el que se pueden elegir las langostas que luego degustaremos, si nos place.
La noche de nuestra visita nos decidimos como entrante por una maravillosa ensalada de bogavante en dos salsas.
Después llegó el pescado. La amabilísima camarera nos recomendo el lomo de lubina en salsa de sidra y francamente acertó con la recomendación y nosotros con la elección. El lomo había sido desgajado de una lubina salvaje de gran tamaño y, resulta ocioso decirlo, la lubina cuando es de costa y no de vivero es otro pescado, algo diferente y mucho mejor. Además la salsa de sidra, que en otros restaurantes sirve para enmascarar o disimular, en este caso estaba al servicio del sabor del pescado, aumentando sus matices yodados y dándole un punto amariscado que resultó sobresaliente. El pixin que cerraba la comanda en su justo punto reforzando la sensación de que este es un restaurante donde se mima el producto.
Y el postre de categoría. A prueba de golosos más recalcitrantes unas torrijas con un acompañamiento de natillas y chocolate deliciosas.
Y, uno de los aspectos que más me gusta cuando visito un negocio: la pasión de sus propietarios o trabajadores. En cinco minutos advertimos que aquellos que trabajan en el restaurante están implicados en su trabajo, les gusta lo que hacen y tratan de transmitírtelo y, eso, por encima de todo, se nota en el resultado.
dicky lo descubrió en September 2010
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Casa Gerardo
+34 985 88 77 97
43.555608 -5.758145saved by 43 people: there are 24 reviews and 15 menus
Como dijo MacArthur: " Volveré..."
¿No os ha pasado que tenéis la sensación de que los críticos gastronómicos siempre hacen la misma jugada? Cuando comentan a los grandes, elogian un par de platos y luego, quizás para mantener su estatus a salvo, dicen de alguna de las propuestas: "y para acabar, nos defraudó el punto de sal de los huevos con patatas" o "no se entiende la propuesta de la mayonesa de erizos de mar excesivamente yodada". Los críticos son así, probrecillos, tienen un trabajo que mantener, unos niños alos que pagar el colegio y además, si lo hacen de esa manera, siguen sintiéndose estupendos.
¿Y todo este preámbulo para qué? Pues para decir que nosotros no somos críticos, ni falta que nos hace y que todos y cada uno de los platos que nos propusieron en un menú extenso, Pedro y Marcos Morán fueron un placer para los sentidos. Acertados en la medida, armoniosos en su cadencia, elegantes en los sabores, atractivos para la vista y deliciosos para el paladar.
Si a todo lo demás se le suma el placer de acercarse por Candás, de darse una vuelta después de la comida por el norte del norte, el cabo Peñas y de contar con la amabilidad y buen tino del jefe de sala, Luis, que nos recomendó un Burdeos elegante para acompañar la ceremonia. Todo junto resulto una experiencia sensorial perfecta.
Comenzamos el menú con unos entrantes con mantequilla de anchoa, tacos de salmón (increíble el punto), un consomé de ave que explotaba en la boca.
Seguimos con un bacalao confitado con rigattoni de quitar el sentido, una merluza en vinagreta que nos trajo recuerdos de la infancia cuando este pescado era el rey de las cocinas populares.
Una crema con sabor a fabada, con anguila tierna y sabrosa.
Y la ostra ¡ostras, señores, que pedazo de ostra!. Embarrada, con un ligero toque a whisky y con el detalle del vasito de la bebida de uisge-beatha rebajada con agua para limpiar la boca. Sorpresa y placer casi obsceno.
Y seguimos con la señora de la casa, la jefa, la que ha obligado a peregrinar a estos praderíos astures a reyes y famosos: la fabada con su compangu. En Asturias es complicado encontrar una fabada mala pero esta ya quita el sentido. Las fabas de mantequilla pura, cultivadas muy cerca del restaurante. El compangu, para qué hablar.
Y nos fuimos a los postres, con el helado de mango combinado con aceite de oliva virgen. Con el "regalo" para la golosa de la torrija y el remate ese arroz con leche que quedará incrustado en nuestro recuerdo como esas experiencias que de tanto en tano reviven en el paladar. Nunca un azucar quemado dijo tanto.
Hay dos clases de cocina: la alimenticia y la que compone sinfonías destinadas al placer y al recuerdo. Merece la pena el esfuerzo por disfrutar de las segundas.
Muchas gracias por dejarnos compartir vuestra maestría, por dejarnos recorrer la mansión, por enseñarnos vuestra sala de bitácora y hasta la próxima.
Javier Gómez
Hacen una fabada bastante parecida a la mía, esto es excelente.
No obstante el nivel de calidad es mucho mas que correcto.
December 3, 2010
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Casa Tataguyo
+34 985 56 48 15
43.55315 -5.926746saved by 21 people: there are 12 reviews and 4 menus
Placer avilesino
Teniendo tan poco tiempo, y tanto por vivir, uno debiera quedarse sólo con lo bueno y prescindir de lo demás. Rectifico, uno debiera quedarse sólo con lo muy bueno. La diferencia entre lo bueno y lo muy bueno es sutil, pero apreciable, y no es una diferencia monetaria. Lo dice el refrán es de necios confundir valor con precio. Y en el caso del Restaurante Tataguyo es valor seguro a muy buen precio. Si a esto le sumamos que para ir al Tataguyo tenemos que acercarnos hasta Avilés doblamos el placer del pacer.
Avilés, esa ciudad del Norte, esa esencia Asturiana, esa linea de costa que fue industria y ahora es cultura. Con las praderías del cabo Peñas en el horizonte y el alma abierta a la playa de las Salinas. Avilés, un placer de paisaje y paisanaje. Un lugar con el tamaño justo para vivir. Un sitio al que siempre volver. Y con la guinda del Niemeyer, del que quizás hablemos más adelante porque, unos viejos conocidos, los Morán, han abierto plaza gastronómica allí desde el cercano Casa Gerardo.
Pero nos desviamos del asunto, y el tema es el Tataguyo. Pocos restaurantes pueden presumir, en España y en el mundo mundial, de tan larga trayectoria vital. En su presentación nos explican que ellos dan comidas desde 1845 y en sus paredes se ven fotos de los ilustres visitantes, tipos listos que han acertado y han parado en este lugar de lujurias gastronómicas.
Y es que, la comida en el Tataguyo es muy asturiana. ¿Y cómo podríamos describir la esencia asturiana de la comida? Noble, recia, sutil, amable y sin chorradas ni fuegos de artificios. Así se come en Asturias. Nosotros en nuestra primera toma de contacto con el Tataguyo nos deleitamos con la recomendación de la carta, su famosa longaniza casera con patatas. Un plato en apariencia sencillo pero tan conseguido que logró arrancarnos una lágrima similar a la de Mr. Ego cuando le sirven el ratatouille. Esa longaniza suave, explosiva en la boca y con una definición como plato insuperable al estar unida a las patatas. Nos recordó a los mejores pulpos con cachelos que hemos probado.
Y de los pescados en los segundos resultó imprescindible el pixín con almejas. Tierno y duro, yodado y sabroso. Un pecado de pescado. Y la otra elección fue arriesgada y acertada: el magret pato, acompañado de unas patatas chip caseras espectaculares. Y la carta de vinos semejante a una guía telefónica con propuestas diferentes, con denominaciones de origen nacionales y de fuera de nuestras fronteras. Nuestra elección en este sentido fue un Somontano rotundo, pleno en boca, compuesto con arte de alquimista en base a uvas tempranillo, cabernet suvignon, merlot y syrah. ¡Bien!
Y por fin, last but not least, el postre.
Y, tras el trasiego, salir a la plaza Carbayedo y sentir la brisa que llega del Cantábrico, algo que sin estar incluido en la cuenta, también mejora la experiencia.
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Bascook
+34 944 00 99 77
Barroeta Aldamar 8 <m> Abando 1 2
saved by 32 people: there are 17 reviews
la (buena) calidad y el precio
Soy admirador de la cocina de Aitor Elizegi y de la persona. He seguido su trayectoria allá por donde ha puesto su sello. El Gaminiz, el Baita y ahora Bascook. Y por eso no puedo ser imparcial. Entrar a uno de sus locales es como ir a un concierto del Boss. sabes que te va a sorprender, que la cosa irá siempre para arriba en cuanto a emociones y que se va dejar la piel para que te vayas con una sonrisa.
Dice el refrán que es de necios confundir calidad con precio. Algunos no sólo lo confunden sino que te confunden e intentan hacerte pagar de más por lo que sin duda es menos. Otros, los honestos, como Aitor, hacen lo que siempre se ha llamado justiprecio. Algo que, si además ofrece calidad, resulta de lo más gratificante.
Eso es lo que nos ofrece Bascook en nuestra primera visita. Un carrusel de sensaciones que comienza desde la recepción, sigue por las escaleras, llega a la sala preparada con mimo para hacer que uno se sienta a gusto, con intimidad, sin ruido y con la luz precisa para que cada plato se muestre en todo su color.
El personal de sala es gente amable, colaboradores, que saben lo que recomiendan y cómo lo hacen. Sin agobiar, con atención coreografiada.
Y la carta, con platos que salen de la imaginación de un loco o un sabio. Con combinaciones imposibles, con viajes a los mundos culinarios que han marcado al cocinero.
Y los platos. Yo como buen marine "Semper Fidelis" al bacalao de Elizegi y encantado de este bacalao 2.0 que en su receta va acompañado de pimientos de los verdad, como los que hacemos en casa, asados y pelados a mano y con un confite con un salero que no se puede aguantar. Y el cerdo vasco (no tranquilos, que no miro a nadie concreto) sobre un pure de patatas con costra y que explosiona en la boca. Y los postres. Y el pan. ¡viva el buen pan! Y el verdejo recomendado que es un feliz encuentro con frutas en la boca, con toques cítricos, un caldo equilibrado y sin subirse a la parra de los precios.
Y en la minuta, y regresamos en eterno retorno en debate entre calidad y precio. Si hay que elegir, ha pensado Aitor, porque no dar las dos cosas: buena calidad a un mejor precio.
La próxima vez trataremos de no alargar tanto la tertulia, para dejar descansar al personal, pero, porque no decirlo, en agosto, y con el trato, dan ganas de quedarse a vivir en Bascook.
Otro día hablaremos, también, de la dinamización cultural/gastronomica. De iniciativas como el Kurding Club, del magazine que se edita en la casa, del blog del cocinero y así un largo etcétera.
Para un primer día, es una sobredosis de emoción.
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Restaurante Petit Komité
+34 944 36 36 01
43.2291361 -2.8526812saved by 3 people: there is one review
Que no se lo cuenten, vívalo
El lugar, la puesta en escena, nos ganó por la mano. Estoy convencido de que más de uno firmaría pasar el resto de su vida entre las paredes de ese pequeño restaurante, acogedor, bohemio, recio y con carácter. Un espacio de intimidad, de cercanía, de intencionada ambientación contemporánea vintage.
Fuimos recibidos por la famila, Conchita Bengoetxea y sus hijos María y Joseba, hijos de una leyenda, de José Iraragorri, jugador y entrenador del Athletic y autor del primer gol de la selección española de fútbol en un Mundial. Y ahí comenzó la historia. Un relato lleno de pasión que atrapaba. Nos narraron la memoria del hotel que ocupa la parte superior del caserío. María, fuego en la palabra, nos empezó a relatar cómo lo que iba a ser una enoteca se convirtió, por decisión de la Madre Naturaleza, en el restaurante que ahora es. En efecto, con todo el mobiliario encargado para la primera ocupación, un aguaducho se encargó de poner las cosas en su sitio y decidir el destino. El agua quiso que eso fuera restaurante, y contra la naturaleza es muy difícil batallar.
Y comenzó un carrusel de platos que siguen la filosofía impartida por los cocineros Alain S. Gomez y Manu Jugo, jóvenes aunque sobradamente preparados, con una trayectoria de lujo en los mejores restaurantes del País Vasco. Y con la coreografía de Judith. Impecables las propuestas, basadas en el producto local con las inspiraciones de los maestros. Una cocina basada en lo que nos da la tierra que nos rodea (que es mucho y bueno) y las técnicas de vanguardia. Begihaundi, merluza, carrillera, torrija… Todo para un pequeño y escogido grupo de comensales que pueden contemplar, teatralizado, el trabajo de los chefs tras un mostrador que abre la cocina a la sala.
Y mientras nos pusimos al día, gracias a María (muchas gracias, María), de pequeños y grandes detalles. De milagros como el de que la vajilla en la que comimos, la de la familia, parte del ajuar de la ama, se salvó de la inundación tras navegar en la kutxa en la que estaba almacenada (sin duda otra señal). O de cómo los huevos que se sirven en este caserío son de gallinas con nombres y apellidos, casi de la casa, que aposentan sus reales en los prados de Galdakao.
Son historias que atrapan. Y tenemos ganas de regresar para ver de nuevo esa parrilla esculpida en una roca de cuatro toneladas que se convertirá, dios lo quiera, en insignia de esa casa con largo pasado y con mucho futuro.
dicky lo descubrió en October 2011
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Restaurante la Chopera
+34 985 40 75 97
43.4427684 -4.9191521saved by 2 people: there is one review
Men in the trees
Comer a las 13 horas en la Chopera de es muy parecido a la serie "Men in Trees". Todo hombretones recios, y la única chica Kontxi. Dos primeros, dos segundos. Para los metrosexuales ensalada de primavera y chipirones, para los machotes fabada y unas tajadas de lomo de dos palmos de grosor. casi ná...
Luego, fuera de menú nos encontramos con una carta en la que la carne es trabajada con mimo, con buenos cortes, con una parrilla en su punto y con uno de los mejores chimichurris del Oriente astur.
dicky lo descubrió en January 2010
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Uno de los mejores restaurantes del País Vasco
Aconsejo a los visitantes de El Clarete que, en su primera visita, se dejen llevar y degusten y se sorprendan con una sucesión de platos que tiene mucho de montaña rusa de las emociones.
Para empezar un vino sabiamente seleccionado, huyendo de los caldos de toda la vida, de los sabores acostumbrados y viajando hasta Oporto y conociendo la variedad de touriga nacional y tinta roriz. Muy poca acidez, poco complejo y con un excelente maridaje con los platos.
Y los platos! raciones servidas con una exquisita coreografía por las profesionales camareras. Bien explicados y mejor saboreados. Todo excelente pero si me obligan a elegir me quedaré con el punto del marmitako de bogavante o la sorpresa del huevo frito apareciendo de una crujiente cobertura. Los postres, y uno no es muy goloso, de diez.
Ya estoy contando los días que faltan para la próxima visita.
añadido
estas Navidades hemos regresado y como siempre de lo mejor. Acudimos un grupo de 15 personas y todos coincidieron en la calidad del producto, la amabilidad del servicio. Para los que conociamos un placer para los que no una agradable sorpresa.
añadido
y sigue la sorpresa y la diversión, cada vez mejor, cad vez diferente
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Una joya natural, un sitio sorprendente y mágico
Como llegar. Dejáis de la autopista que va a Oviedo en la salida de Naves y encontraremos un cruce de carreteras que marca Oviedo‚ Santander y un tercer vial que parece que va a a ir a parar a un "prau". Bajáis por una pequeña carretera de piedra y dejáis el coche junto a la señal que indica que lo que vas a ver: un monumento natural protegido.
Importante lo de dejar el coche. Hay quienes se empeñan en llegar motorizados hasta la playa y, además de enfrentarse a una multa, se pierden la magia de llegar a pie e incluso, si se es silencioso, de ver algún que otro corzo.
Tomar una senda entre verde y maizales y las huellas de los que te han precedido te llevaran hasta la playa pero‚ lo curioso‚ es que la playa esta en mitad de una campa y sólo se ve cuando llegas al borde del embudo natural en la que está situada. He llevado a decenas de personas hasta esa playa y siempre hago la misma jugada‚ no les digo donde está la playa y dejo que la sorpresa del descubrimiento haga el primer efecto. Luego bajar hasta esa laguna natural‚ escuchar cómo entran las olas por el pasadizo que las acerca al mar‚ sentir las presencias y notar cómo lo mágico se siente es indescriptible. Por favor si os acercáis hasta Gulipyuri cuidarla‚ es una joya. Ah si luego os apetece comer podéis ir en dos minutos hasta Naves y allí tenéis el Cabañon 11870.com/pro/35358 para reponeros de las emociones.
Mi amigo Fede Merino me cuenta que la etimología de esta playa probablemente este ligada con alguna lengua indoeuropea cercana a lo que ahora es el euskera. Y es que Gurpil es círculo y Ur es agua.
ahh! y si me pagaran un "leuro" por cada vez que explico como llegar a la playa a los visitantes perdidos a esta hora ya estaba forrado .)
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Un chigre moderno e hipervitaminado
Nos gustan los chigres. Cansados de la comida de plástico, de los restaurantes temáticos, del decorado de cartón piedra, de la paella congelada, de los chinos que montan restaurantes japoneses, de los del “todos necesitamos un poco de sur” que ponen un restaurante vasco y dan para comer un pedazo de pan con un chorizo achicharrado al que le llaman pintxo.
Nos gustan los chigres que se cuidan. Chigres sanos y con estilo de vida saludable. Suelen ser pequeños establecimientos familiares, alejados de las grandes aglomeraciones turísticas, en aldeas o sendas ignotas y de los que el síntoma de estatus y tronío, como si de una estrella michelín se tratara, es el que la concurrencia es mayormente de la zona. Si uno tiene la suerte de ser adoptado, pese a ser forastero, en uno de esos lugares se sentirá como en casa y comerá y beberá como un rey (Borbón) pagando como si fueras un mendigo (bribón).
Y luego en categoría aparte, está la cadena Tierra Astur. El ideal platónico del como se puede trasladar lo básico del chigre asturiano a un local masivo, sin que pierda su esencia, sin que sea una postal para el turista. Si depositáramos en una marmita lo mejor de la comida popular asturiana, la incorporáramos en un local grande (muy grande) y, al aplicarse las economías de escala, todos saliéramos ganando, eso sería el Tierra Astur de Colloto.
No encanta acudir de vez en cuando a esa nave situada en un polígono industrial porque sabemos que las comidas van a tener en la agencia de calificación de nuestros estómagos agradecidos el rating triple BBB (bueno, bonito y barato). Los gestores de la cosa, además de unos señores que saben vender muy bien el producto (ejemplar la presencia en redes sociales de @TierraAstur y de @lluisnel, director de comunicación del grupo) se dejan la piel con propuestas que reúnen la calidad y precio. En nuestras visitas al Tierra Astur de Colloto hemos pedido una variedad de platos de la carta y siempre hemos salido satisfechos. Tablas de quesos, de embutidos, carne (mucha carne, costielles de gochu na brasa, troceau de buey con patates, carne roxa de las mejores terneras asturianas) patatas de las de “verdad” en cantidades industriales, mariscos del cantábrico y pescados muy bien tratados. Y postres dignos de provocar desmayos al más goloso.
Y sin perder ese toque amable y de trato personal, con unos camareros entregados y que te aconsejan que no te pases en la comanda (me repito, esa honestidad que antepone el bienestar del cliente a la venta, sólo se da en Asturias). Por cierto, es un lugar de grandes afluencias por lo que siempre es recomendable reservar mesa.
Y el lugar, que pese a ser de grandes dimensiones deja espacios, por su distribución para que el cliente coma tranquilo. Hay reservadines muy guapos, en forma de tonel de sidra para grupos, en los que te puedes hacer tu fiesta privada.
Lo dicho, nos encantan los chigres y si el producto se presenta modernizado y sin perder su autenticidad es una situación win-win. Todos ganamos, nuestro bolsillo, nuestro estómago y la gastronomía de Asturias que, gracias a la buena mercadotecnia como la mencionada, se está dignificando y haciéndose un hueco en el panorama de la restauración española.
Comer al estilo asturianu
Porrúa es una de las localidades más bellas del Oriente Asturiano. En el Pizá nadie puede esperar grandes lujos pero si grandes cantidades de comida casera bien cocinada. En invierno un gran tronco ardiendo te recibe en la chimenea. Con su menú del día no hay posibilidad de quedarse con hambre. Cocidos, pasta, bacalaos en salsa y carnes empanadas. Lo ideal para reponerse después de una mañana de monte o playa. Y los paisanos que te acompañan en las mesas forman parte del encanto. Las camareras tambien son muy profesionales. Es de esas recomendaciones para hacer en voz baja, no vaya a ser que se corra la voz y se pierda, con los forasteros, la esencia del lugar. ¡puxa Asturies!
dicky lo descubrió en June 2007
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