Somos "fanes"
Me lo decía mi padre. Si eres bueno haciendo tornillos no te dediques a los clavos. Cada uno sabe lo que se le da bien y los experimentos se agradecen, por aquello de Ia investigación y el desarrollo , pero dejemos ese campo a los astronautas como Adriá. En el Jornu son especialmente buenos con el pescado salvaje del Cantábrico. En ese campo no tienen nadie que les haga sombra en kilómetros a la redonda. Lo saben y se sabe. Así que nada de prueba/error. Si usted va al Jornu, pida pescado. Pida lo que pida, será fresco, estará bien tratado y tendrá un precio que hará sonrojarse a la competencia. Si está especialmente animado, solicite una parrillada de pescado. Se sirven en raciones para dos, pero tres personas podrían alimentarse perfectamente y, si les queda hambre, pedir un postre casero. Eso es lo que solemos hacer y siempre nos vamos a casa con una enorme sonrisa. Los pescados que se incluyen en la parrillada son los que marca la llegada de los barcos a la rula del día. Así nosotros hemos encontrado en el plato especies como el xaragu, el rey, la lubina (salvaje, un respeto) el paragu o el bonito. Todo ello acompañado de patatinas, un refrito austero y unos langostinos que dan la nota de color al plato. El Jornu tiene dos comedores, el primigenio, puro sabor rural al estilo asturiano y el que llaman el palomar, moderno, en maderas y acristalado. A mi me gusta más el primer comedor pero se que la gente tiene más querencia por el segundo. El servicio arrastra una, en mi opinión, inmerecida fama de corta-rollos pero a nosotros siempre se nos ha tratado con corrección y profesionalidad. No obstante , nos da morbo eso de que vayas con la expectativa de una reprimenda. Nos gusta que nos riñan si forma parte de la escenografía. La carta de vinos es sorprendentemente ecléctica y tiene sorpresas en cuanto a la selección, a unos precios muy adecuados y las ensaladas son de las mejores en lo que se refiere a calidad de producto En definitiva, un fijo de nuestra ruta astur.
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Subidón de chuletón en un entorno muy molón
Los que acudan por primera vez a Oscos, una reserva de la Biosfera, encontrarán unos paisajes únicos. “Únicos”, bonita palabra que empleada en plural parece una contradicción, muy polisémica. ¿Qué queremos decir con ella?. Únicos son los centenares de rutas de senderismo, conjuntos etnográficos de gran valor cultural, núcleos urbanos como Taramundi, historia y naturaleza, en un cóctel que en unos pocos kilómetros cuadrados nos transportan por decenas de sensaciones. Es, ahora, el turismo del futuro. Un turismo de calidad, unido a su entorno, que sirve como elemento cohesionador de la economía y la cultura local y que atrae a un visitante concienciado, sostenible, respetuoso y no deprededador con el espacio que visita.
Uno de los mejores ejemplos de este tipo de turismo, y de las instalaciones que vienen aparejadas al mismo es la Taberna de La Cerca, en el bello enclave de Santa Eulalia de Oscos. Somos gentes de impulsos, que no impulsiva, y entre todas las ofertas gastronómicas de la zona, que son muchas y variadas, nos decantamos por este restaurante por la autenticidad que respiraba desde que te lo encuentras a la vuelta de un camino en la salida del pueblo. Pese a todo, preguntamos a varios paisanos y todos coincidieron en señalarlo como un lugar de mérito. Así que abrimos el portón que da paso en el muro de piedra que rodea la Taberna y, ¡oh, sorpresa!, nos vimos transportados a un bellísimo patio empedrado, lleno de macetas y rincones musgosos, con un ambiente celta en cada esquina que casi nos tira para atrás del subidón estético. Pero aquello no era el restaurante. Nos habíamos colado, sin quererlo, en la parte privada del caserío que reúne el sitio de comidas.
Rectificamos y acertamos con la taberna, así nos lo dijo un amable señor, armado con un enorme cuchillo que luego se presentó como el cocinero y parrillero. Al verle con ese estoque nos apresuramos a identificarnos como gente de paz y poco dispuestos a la bulla o a la riña. Y él, tras unas risas, nos contó que el machete que portaba no tenía intenciones disuasorias sino que formaba parte del trabajo que, luego supimos, bordaba.
Entramos en el patio, y allí había mesas corridas y gente vocinglera por lo decidimos entrar en uno de los dos amplios comedores interiores. Una gozada para la vista, en ese estilo rural que no es de postal sino auténtico.
El camarero, joven, guapo (según nuestra compañía femenina) y dispuesto, nos trató de lujo, con cercanía y disposición. Le pedimos consejo sobre las cantidades porque, ya lo hemos comentado antes, en Asturias nos fiamos de los camareros, nunca te dicen que pidas de más para aumentar sus ingresos.
El chuletón asturiano y las patatinas, OMG
Y así fueron cayendo una ensalada perfecta con ¡milagro! tomates que sabían a tomate. Después, una gran bacalao “La Cerca” hecho al horno con verduras y lleno de sabor y jugosidad.
Y el remate, uno de los mejores chuletones de nuestra, ya de por sí, chuletonera vida. Perfecto en el punto (churruscado por fuera, tierno y caliente por dentro, con un sabor en la grasa que indicaba buen trato al buey asturiano y miramientos y excelsa maduración de la carne tras la matanza). Y todo acompañado de unas patatas fritas, como deben ser, grasientas y blandas, de la tierra.
No pudimos con el postre y fue una pena. Pero el camarero amable y guapo insistió en que probáramos un licor de la casa y, con los ánimos recompuestos y una sonrisa de satisfacción, nos dispusimos a hacer una ruta senderista que sale de las mismas puertas del restaurante
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Fiesta del (buen) producto sorprendente y emocionante
Cuanto más viajas, cuanto más conoces, cuanto más años tienes, más complicada es la sorpresa. Cuando acudes a los grandes restaurantes, los de estrellas y guías de tapa roja llevas por adelantado que la experiencia será memorable, aunque muchas veces no es así.
Por eso, encontrar experiencias sorprendentes en un pequeño barrio, en un pequeño pueblo, muy lejos de casi todo y de todos es lo que emociona.
Casa Pilar, está en Nueva de LLanes, un precioso pueblo del Oriente de Asturias. Está fuera del casco urbano y si no te pasan el aviso, como hicieron unos amigos de Gijón, es complicado que se encuentre el lugar.
Si ya habéis llegado a Nueva no dejéis de visitar su playa de Cuevas del Mar, un lugar parecido a una catedral marina, una de las playas más bellas y tranquilas del Cantábrico.
El comedor de Casa Pilar es coqueto y está presidido por un acuario en el que se pueden elegir las langostas que luego degustaremos, si nos place.
La noche de nuestra visita nos decidimos como entrante por una maravillosa ensalada de bogavante en dos salsas.
Después llegó el pescado. La amabilísima camarera nos recomendo el lomo de lubina en salsa de sidra y francamente acertó con la recomendación y nosotros con la elección. El lomo había sido desgajado de una lubina salvaje de gran tamaño y, resulta ocioso decirlo, la lubina cuando es de costa y no de vivero es otro pescado, algo diferente y mucho mejor. Además la salsa de sidra, que en otros restaurantes sirve para enmascarar o disimular, en este caso estaba al servicio del sabor del pescado, aumentando sus matices yodados y dándole un punto amariscado que resultó sobresaliente. El pixin que cerraba la comanda en su justo punto reforzando la sensación de que este es un restaurante donde se mima el producto.
Y el postre de categoría. A prueba de golosos más recalcitrantes unas torrijas con un acompañamiento de natillas y chocolate deliciosas.
Y, uno de los aspectos que más me gusta cuando visito un negocio: la pasión de sus propietarios o trabajadores. En cinco minutos advertimos que aquellos que trabajan en el restaurante están implicados en su trabajo, les gusta lo que hacen y tratan de transmitírtelo y, eso, por encima de todo, se nota en el resultado.
dicky lo descubrió en September 2010
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La lubina y la ostra, el cocinero y su premio
Un descubrimiento, un placer y un sitio para volver. El sábado llamados por la repentina y merecida fama que ha logrado el chef Ricardo González, con su segundo puesto en el Campeonato de España de Jóvenes Cocineros, acudimos a EL Retiro en el Pancar.
Llegar tiene su truco y es que su dirección, carretera del Pancar sin número despista al GPS más avezado. Así que, para que no se me pierdan cuando vayan, lo mejor es coger la carretera a Pancar que sale desde la estación del tren en Llanes y conducir recto hasta llegar al pueblito de Pancar. El restaurante está a unos tres kilómetros del centro urbano de Llanes y eso forma parte de la sorpresa. Nadie diría que en ese bar de pueblo, tras una barra llena de paisanos tomando cerveza pueda estar uno de los mejores restaurantes del Conceyu y de Asturias.
Una vez superado el choque de pensar que vamos a comer en un bar con mesa corrida atravesamos la cristalera y entramos al comedor y allí todo cambia. Un coqueto comedor con unas diez mesas, con distancias considerable entre ellas, con una cuidada puesta en escena y con un decorado puesto por la naturaleza e imposible de superar. Y es que El Retiro, su comedor, está ganado a la montaña y una de sus paredes es la caliza asturiana en todo su esplendor.
La atención de sala es espontánea y cariñosa. En seguida se preocupan de atender la comanda y te explican con todo detalle el menú, que no es extenso pero que tiene, como veremos, hallazgos dignos de mención.
Comenzamos con unos aperitivos puestos por la casa y que estaban compuestos por una crema de queso, una manteca de cerdo con el sabor al cocido y a la matanza y un delicado salmón marinado con aguacate y huevas. Un detallazo.
Luego, en lo que a nuestra elección se refiere, decidimos y creo que lo hicimos bien. Empezamos por unas croquetas suaves, etéreas, plenas de sabor y con una de las bechamel más delicadas que hemos probado. Luego fuel el turno de la ostra con manzana rúcula, albahaca y lima, uno de los platos con el que Ricardo González triunfo en el concurso de Jóvenes Cocineros. La ostra resultó ser La Ostra. Un malabarismo lleno de recuerdos a mar, a pumaradas y con esa chispa cítrica que te hacía desear comerla de un bocado y que, a la vez, nunca se acabara.
Para el plato principal no hubo dudas. Había lubina “de las de verdad” de la Rula de San Vicente de la Barquera. Como era para dos supuso un reparto equitativo. La presentación del pez fue espectacular y luego el emplatado un lujo. Comimos lubina, con los bereberechos de acompañamiento y una patata panadera con cebolla caramelizada todo envuelto en un caldo oloroso, yodoso, una virguería. Haciendo que un producto que es bueno mejore, algo fácil pero que en ocasiones no se consigue.
Y los postres fueron la traca final. Comimos otro de los platos presentados en el concurso la crema de mascarpone con helado de piña café y menta, fantástico y equilibrado. Y para acabar un platazo de arroz con leche canónico. De los marcados con hierro al rojo vivo y con una capa de caramelo quemado. Todo se regó con una sidra de nueva expresión y con una relación calidad/precio imbatible. Un lujo y una sorpresa. El Retiro es el nombre, Ricardo González, sigan a este hombre.
Y para otro día nos quedan el arroz con pitu de caleya, la vieira con cecina patata, espárragos y trufa y la papada de cerdo con vinagreta de garbanzos y caldo de cocido. Repetiremos y lo probaremos.
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Restaurante Alberdi
+34 944 43 69 39
Euskalduna Kalea 5 <m> Abando 1 2
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Tradición, modernidad, producto, humor
Un restaurante heredero del mítico Bola-Biga con el saber hacer de Oscar Alberdi y con producto seleccionado. Alberdi borda los bacalaos, en todas su variantes, el pescado del día y los cocidos. Los postres son caseros y la atención exquisita y profesional. Un lugar perfecto para firmar un contrato, para compartir confidencias o para pasar un rato divertido.
Probamos las potxas con almejas, excelente de textura y el bacalao al pil, inmejorable. Nos sorprendió el helado de galleta. Y la tertulia fue impagable con el propio Oscar compartiendo mesa tras cerrar cocina y añadiendo anécdotas con Txemi del Olmo (no bebió Gaseosa de la Crus del Gorbea) y Cristina Maestro, la inigualable voz de las mañanas de radio Popular.
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Restaurante La Venta de Castañeda
+34 942 59 21 40
43.310556 -3.926944saved by one person: there is one review
Parada inesperada
paramos sin pensarlo y salimos agradablemente sorprendidos. Una noche de domingo, poca gente (otra mesa y nosotros) y un lugar de apariencia exterior un poco fría pero que en el interior es agradable y coqueto. Comimos las croquetas de la casa (notables) y el filete de avestruz con salsa de castañas (aceptable) y un extraordinario rape relleno. El precio en buena relación con la calidad. El servicio atento y profesional.
dicky lo descubrió en September 2008
Todo queda dicho cuando el plato llega a la mesa
Me encantan esos sitios en los que parece que el tiempo se ha detenido como en una instantánea. En el caso del restaurante La Pinta, en Ampuero, el tiempo se detuvo en un momento no determinado de los años 70. Todo está a juego con la época. Los camareros, el local, los paisanos de las mesas de al lado. Hasta la placa de la Guía Michelín que dice que es un sitio recomendado ha adquirido la pátina que dan el tiempo y el poco lustre.
En ese ambiente sincero, en el que los dueños parecen querer decirte que no tienen nada que demostrar, es donde se produce la maravilla.
A tu mesa llegan comidas rotundas como la sopa de pescado, el solomillo en chatebriand (sic), la merluza cántabra rellena de marisco o las inmensas tartas naturales que te hacen exclamar: ¡esto es lo que hay señores! y por 39 euros la pareja no voy a encontrar nada mejor.
En frase mítica, después de esto ya puedes ir "a cascarla a Ampuero".
dicky lo descubrió en February 2008
Uno de los grandes
El sitio en el que está la Roca del Fraile es uno de esos polígonos de servicios que pueblan las afueras de Bilbao. El acceso es cómodo por carretera o metro, parada de Axpe. En cuanto entras a sus cuidadas instalaciones te das cuenta de que la Roca es algo más que el típico restaurante de menú. Sus dueños Jose Mari y Luis en la cocina son dos verdaderos dinamizadores de la cocina vasca. Comida de la calidad basada en género de excepción, son famosos sus chuletones que se crían en exclusiva en Loiu de ganado de pura raza. El menú del día mezcla la tradición con la vanguardia y nunca decepciona. El restaurante, diseñado por la vanguardista decoradora Raquel Lázaro, es un lugar moderno y acogedor. El bajo es para los menús y el primer piso con unas preciosas vistas a la Ría del Nervión para la carta. A no perderse, asimismo, su excelente café y su barra de pintxos al mediodía, de lo más completo. Y, además con una excelente relación calidad/precio.
dicky lo descubrió en June 2007
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Restaurante Riu Calabres
+34 985 40 76 22
43.427983 -4.861783www.orientedeasturias.com/sanjuanriucalabres
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Buen producto, excelente trato
Comer en el Riu nunca es una experiencia que deje indiferente. Es un restaurante de comida basada en excelentes materias primas lo que, casi siempre, es garantía de éxito. Tratan muy bien los pescados y tienen excelentes carnes. Casi siempre me decido por el solomillo a la criolla, perfecto de punto. El restaurante tiene una agradable decoración y el servicio es correcto y agradable. Muy recomendable también su terraza donde Montse y su hermano miman al visitante. El bar, curioso y agradable, es para no fumadores. Amplio aparcamiento y disposición estratégica junto al pueblo de Posada, de inquietante crecimiento urbanístico. A mitad de camino entre las playas de Barro y Torimbia y los Picos de Europa.
dicky lo descubrió en May 2007
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