dicky
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Si comer es un placer y el placer es un pecado, pequemos y no nos arrepintamos.
Más información en el blog Lo que Coma don Manuel
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Casa Gerardo
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Carretera AS-19 km 8 Prendes Candás, Asturias, España 43.555608 -5.758145
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Un sitio para volver y volver y volver
¿No os ha pasado que tenéis la sensación de que los críticos gastronómicos siempre hacen la misma jugada? Cuando comentan a los grandes, elogian un par de platos y luego, quizás para mantener su estatus a salvo, dicen de alguna de las propuestas: "y para acabar, nos defraudó el punto de sal de los huevos con patatas" o "no se entiende la propuesta de la mayonesa de erizos de mar excesivamente yodada". Los críticos son así, probrecillos, tienen un trabajo que mantener, unos niños alos que pagar el colegio y además, si lo hacen de esa manera, siguen sintiéndose estupendos.
¿Y todo este preámbulo para qué? Pues para decir que nosotros no somos críticos, ni falta que nos hace y que todos y cada uno de los platos que nos propusieron en un menú extenso, Pedro y Marcos Morán fueron un placer para los sentidos. Acertados en la medida, armoniosos en su cadencia, elegantes en los sabores, atractivos para la vista y deliciosos para el paladar.
Si a todo lo demás se le suma el placer de acercarse por Candás, de darse una vuelta después de la comida por el norte del norte, el cabo Peñas y de contar con la amabilidad y buen tino del jefe de sala, Luis, que nos recomendó un Burdeos elegante para acompañar la ceremonia. Todo junto resulto una experiencia sensorial perfecta.
Comenzamos el menú con unos entrantes con mantequilla de anchoa, tacos de salmón (increíble el punto), un consomé de ave que explotaba en la boca.
Seguimos con un bacalao confitado con rigattoni de quitar el sentido, una merluza en vinagreta que nos trajo recuerdos de la infancia cuando este pescado era el rey de las cocinas populares.
Una crema con sabor a fabada, con anguila tierna y sabrosa.
Y la ostra ¡ostras, señores, que pedazo de ostra!. Embarrada, con un ligero toque a whisky y con el detalle del vasito de la bebida de uisge-beatha rebajada con agua para limpiar la boca. Sorpresa y placer casi obsceno.
Y seguimos con la señora de la casa, la jefa, la que ha obligado a peregrinar a estos praderíos astures a reyes y famosos: la fabada con su compangu. En Asturias es complicado encontrar una fabada mala pero esta ya quita el sentido. Las fabas de mantequilla pura, cultivadas muy cerca del restaurante. El compangu, para qué hablar.
Y nos fuimos a los postres, con el helado de mango combinado con aceite de oliva virgen. Con el "regalo" para la golosa de la torrija y el remate ese arroz con leche que quedará incrustado en nuestro recuerdo como esas experiencias que de tanto en tano reviven en el paladar. Nunca un azucar quemado dijo tanto.
Hay dos clases de cocina: la alimenticia y la que compone sinfonías destinadas al placer y al recuerdo. Merece la pena el esfuerzo por disfrutar de las segundas.
Muchas gracias por dejarnos compartir vuestra maestría, por dejarnos recorrer la mansión, por enseñarnos vuestra sala de bitácora y hasta la próxima.
ps.
si acaso le sacamos una pequeña pega o consejo. En un lugar como este restaurante, con varios comedores, es de sentido común no poner a las parejas, que buscan compartir su comida en tranquilidad lindando con mesas ocupadas por ruidosas y bullangueras familias con juguetones infantes que corretean por tu alrededor y te distraen de la experiencia. No estamos en un chigre familiar sino en un restaurante de postín. Aunque luego te pidan disculpas el asunto hay arreglarlo "antes" de que se produzca la molestia. Por lo demás, lo dicho, de diez.

'me encanta, uno de mis favoritos'











Hacen una fabada bastante parecida a la mía, esto es excelente.
No obstante el nivel de calidad es mucho mas que correcto.
3 de diciembre de 2010