Rossopomodoro
+34 915 70 75 64
Orense, 83 <m> Tetuán 1
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Il vero napolitano
Por fin ha llegado a Madrid una de las franquicias italianas más interesantes: Rossopomodoro, que ha hecho de la cocina napolitana un arte a importar. Las pizzas son su plato estrella, realizadas en horno de leña a la vista y de buen tamaño, con masa muy fina e ingredientes extremadamente sabrosos (valen lo que cuestan, unos 12 euros). Pero también es genial el resto de la comida, desde la más elaborada como el milhojas de pollo a la parrilla o el bacalao a otras más normales como la pasta. Si eres de probar cosas nuevas, no te pierdas los buñuelos napolitanos, un surtido de cuatro bocados muy ricos. El pan lo hornean ellos, con su propia masa, y te lo sirven en bolsitas de papel para poder llevarte lo que sobre si quieres (que querrás porque está delicioso).
Los postres también merecen mención aparte. Son muy imaginativos, como la tarta de queso de coco o la galleta con helado de pistacho, pero también normales como la pannacota o el tiramisú. Si no vas de menú, sino de carta, comes por unos 20€ persona, no es caro y se suele llenar por lo que hay que reservar.
Nils Olgersson lo descubrió en November 2011
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La esquinita de Treviño
Raimundo Fernández Villaverde, 16 <m> Cuatro Caminos 1 2 6
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Una esquina impresionante
La Esquinita de Treviño se encuentra a un paso de la Glorieta de Cuatro Caminos, en el número 16 de la calle Raimundo Fernández Villaverde, esquina con Treviño (de ahí el nombre). No tiene muchas mesas, las justas para sentirte a gusto. Puedes probar delicias italo-argentinas o las muchas tapas y raciones españolas de toda la vida que también sirven.
Las empanadas de carne cuestan sólo 2 euros y están de muerte. Los calzone los hemos dejado para una próxima visita. Nos gustó mucho la tabla de papas bravas (con salsa aparte, un detalle que valoré positivamente) y por cada bebida te ponen un picoteo gratis, que no todo el mundo en Madrid lo hace. Además, los precios son bastante agradecidos, que nosotros tres pedimos 8 bebidas, 4 empanadas, tabla de bravas y tapa de ensaladilla rusa (muy mala, se pasaron con el vinagre en la mayonesa) y nos cobraron 25 euros.
No se llena del todo y, aunque la gente fuma, no tienes la sensación de estar metido en una urna de humo. Además, el trato del personal es cercano sin llegar a ser pesado y te hacen sentir muy a gusto. El público es de lo más heterogéneo, desde grupos de universitarios a abuelos que quieren ver el partido comentando las jugadas, pero sin gritar, que también se agradece. En definitiva, ha sido un buen descubrimiento.
Nils Olgersson lo descubrió en October 2008
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