El Marqués de Valdegamas

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Católico, apostólico, romano, ultramontano, cavernario, apocalíptico, mesiánico, cernícalo y cerril.

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Enekorri Restaurant

+34 948 23 07 98

Tudela 14 Pamplona, Navarra , España 42.8121209 -1.6440413

www.enekorri.com

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Muy correcto

En defecto del famoso Rodero, estando de breve visita en Pamplona City, capital de los notarios y los cicilios, me encaminé vistiendo mi chaqueta Teba cual fedatario público al Enekorri. Sin reserva, que un viernes, en un sitio de este tipo, en Pamplona y con la economía al borde del exitus, no la consideramos necesaria. En efecto: tan sólo cuatro mesas llegaron a ocuparse.

El sitio, muy bien. Uno de los restaurantes más bonitos en los que he estado: simple y cálido, con mucha madera clara sin pulir y buena iluminación - pero sin caer en las terroríficas tinieblas que tanto gustan a muchos decoradores. El protagonismo lo tiene la espectacular bodega, que ocupa dos plantas y se vislumbra a través de placas de cristal en el suelo. Al entrar, unas enormes vitrinas exhiben la colección de espirituosos, que es simplemente cojonuda. Entre otros, un ron agrícola J. Bally de 1993 que, lamentablemente, sólo vimos al salir. Prácticamente inencontrable.

La carta, corta y bastante cambiada respecto de lo que vimos en la web. Habían desaparecido los platos más arriesgados y quedaba una selección bastante simple y conservadora, anclada en el producto y sin demasiados alardes. Optamos por una serie de medias raciones, hasta un total de 6 platos.

La bodega no sólo tiene protagonismo físico, sino que realmente está bien surtida, con referencias interesantes y sin extravagancias. Se hubiesen agradecido, eso sí, algunos champanes baraturrios de los que tanto nos gustan a los pobres. En su defecto, nos fuimos a un alsaciano que resultó golosísimo. De nuevo recalco lo interesante de los espirituosos, con una sesentena o setentena larga de referencias. Lástima de ir a mediodía.

A partir de ahí, un breve desfile que fue in crescendo. La terrina de foie era eso, terrina de foie. Muy buena, pero con unas salsas absurdas y de presencia testimonial. El plato más flojo fue el segundo: una ración muy generosa de borrajas con kokotxas al pil-pil. Las kokotxas, faltas de sal; el pil-pil, casi virgen de ajo. Falta aquí contundencia y sapidez, justo lo que prometía el enunciado.

Por suerte, los dos principales eran de nota. Una corvina genial, perfecta de punto, henchida de jugos yodados: un soliloquio el de esta corvina que eclipsaba a los acompañamientos. Seguimos con una presa ibérica ahumada al romero. Punto magnífico, olor adictivo, ración generosa. Se acompañaba de un pesto rojo, aliño inesperado, aquí sutil dentro de su contundencia, unas verduras y unas patatas paja. Plato simple y minimal que gustó muchísimo.

En los postres, habían desaparecido los más arriesgados. Muy buena, aunque escasa, la tarta de manzana con helado de canela; correcta sin más la crema de queso con higos y teja de avellana.

Con sendos (estupendos) gin-tonics, 144 euros, pagaderos con gusto. No me mata, pero se deja comer muy agradablemente. Volvería.

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