El Rastro Madrid
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El Universo en una mañana de domingo
Puede ser cutre, peligroso, incómodo, sucio, desordenado y hortera, pero al mismo tiempo es uno de los lugares mágicos de Madrid. Hay que ir temprano, sin prisas, sin prejuicios, con cuidado pero recorriéndolo entero, calle a calle, puesto a puesto, rincon a rincón. Hay de todo, objetos vulgares a precios astronómicos y preciosidades secretas que se pueden conseguir a precios ajustados. Todo depende del tino, la paciencia y la capacidad de mirar y ver del comprador. Y, además, no es obligatorio comprar, se puede disfrutar mucho paseando y preguntando. Recordar cosas vividas, objetos que usamos y perdimos y que ahora allí regresan a nuestrro encuentro. Y aprender, de la gente que vende en la calle (duro oficio) de los tenderos con historias, de los compradores que saben lo que buscan. Es verdad que hay mucha morralla, mucha bandera y mucho objeto del todo a cien, pero rascando un poco aún aparece el espíritu del Rastro de toda la vida.
Muebles, juguetes, ropa, cámaras de fotos, relojes, radios, cromos, revistas, libros, objetos diversos. Todos de segunda o tercera mano, algunos verdaderas joyas con historia.

