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¡Adiós, Toledo!

+34 925 10 73 92

Plaza de Grecia 1, local 16 Toledo, Toledo provincia, España 39.8822913 -4.02711180000006

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Estupendo restaurante de a diario

'me encanta, uno de mis favoritos'

Teniendo que ir a Toledo con frecuencia por motivos laborales, y huérfano de restaurantes de menú que mereciesen la pena por la zona a la que acudo (barrio de Buenavista, zona de expansión alejada del casco histórico) tras el sorprendente y ostensible declive de "La Taberna de la Cruz", descubrí, por recomendación de un amigo, esta joya escondida en un edificio de oficinas (Edificio CEMAR) de la Plaza de Grecia, cuando ya se está acabando Toledo y se emprende ruta para Madrid (de ahí el nombre).

El menú tiene una gran calidad, más aún si se pone en relación con su inexplicable precio, que es de sólo 9 euros (bebida, postre Y café incluidos). Los platos son caseros y están preparados con esmero, la materia es de calidad y las raciones son muy abundantes. El local es limpio, amplio y existe un gran espacio entre mesas, que siempre es de agradecer. A cambio, el servicio es escaso y algo lento, aunque muy amable, pero está claro que de algún sitio hay que ahorrar costes para poder ofrecer un menú así por ese precio, y siempre es preferible esperar algo más que comer peor.

Ahora que lo están haciendo tan bien, sólo queda desear que no les pueda la ambición ni se confíen, como ha sucedido con "La Taberna de la Cruz". Mientras tanto, chapeau!

Francisco Bravo lo descubrió en enero de 2012

Asia Gallery

+34 913 60 00 49

de lo mejor de 2012

Plaza de las Cortes 7 (Hotel Palace) <m> Sevilla 2 Madrid, Madrid provincia, España 40.415583 -3.696523

www.westinpalacemadrid.com/es/restaurante-asia-gal...

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Uno de los mejores chinos de Madrid en uno de sus hoteles con más historia

'me encanta, uno de mis favoritos'

Asia Gallery ha sabido ganarse, merecidamente, su posición de privilegio entre los (pocos, aunque crecientes) restaurantes chinos -a no confundir con asiáticos o fusión- que merecen la pena de Madrid. No sería temerario afirmar, incluso, que se trata del mejor de todos, por encima incluso del Tse Yang, Don Lay, etc., aunque sea menos auténtico que algunos de ellos.

Tiene el mérito añadido, además, de que ha sabido imprimirse tal carácter tratándose de un restaurante de hotel, y no sólo de hotel, sino de gran hotel y de hotel de cadena internacional, en donde es frecuente sucumbir a propuestas más asépticas y anodinas, que sean compatibles con todos los paladares, aun cuando no emocionen a ninguno.

De este modo, Asia Gallery ha salvado el principal peligro de alojarse en el Westin Palace pero, al mismo tiempo, se beneficia de todas sus virtudes; señaladamente (empleando la terminología cursi de una agencia de bodas cualquiera), del "marco incomparable" en que se ubica, muy dificil de encontrar de otro modo en un restaurante de ciudad. No sólo es que el Palace sea uno de los hoteles más emblemáticos de Madrid, sino que el local se sitúa en el extremo opuesto a la puerta principal, por lo que hay que atravesar todo el hall y la preciosa Rotonda antes de acceder a él.

La decoración del restaurante, por su parte, rompe radicalmente con el estilo Old World del hotel y se inspira en los salones chinescos decimonónicos. Y la comida, acorde con el resto de la experiencia, está claramente a la altura, con platos que responden claramente al concepto occidental de "chino", pero con materias, preparaciones y presentaciones infinitamente superiores a las habituales.

Como todo buen chino, tienen menús (a precios ligeramente más elevados que el de debajo de casa), pero también una meritoria carta, un impecable pato pequinés en varios actos, y una larga bodega y cervezas, con algunas propuestas más que interesantes, incluidas las orientales.

No sale barato pero merece la pena, y es un sitio ideal para llevar a visitas y gente de fuera.

Cinc Sentits

+34 933 23 94 90

Carrer d'Aribau 58 <m> Universitat L1 L2 Barcelona, Barcelona provincia, España 41.388332 2.159442

www.cincsentits.com

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Excelentes materias primas y creatividad con sentido

'me encanta, uno de mis favoritos'

Como ellos mismos se definen, Cinc Sentits es un restaurante de menú degustación (dos, habitualmente: sensaciones y esencia) que, en consecuencia, carece de carta en la que se puedan pedir platos libremente. Aún así, como ya se ha comentado, permiten mover platos de un menú a otro y hacer alguna alteración en función de cada comensal, que evitan cualquier imposición o rigidez. Por otra parte, ambos menús varían, total o parcialmente, con cierta frecuencia -en función del mercado-, lo que permite volver sin aburrirse con más frecuencia que en caso contrario.
La segunda y última vez que he estado (dic. 2010), el menú Esencia -el más cambiante y temático- giraba en torno a la trufa, mientras que el menú Sensaciones mantenía el saber hacer de su chef, Jordi Artal, con algún que otro cambio. Para evitar la saturación excesiva de la trufa pero, al mismo tiempo, no quedarme con las ganas, opté por tomar de base el Sensaciones (con el delicioso chupito de la casa o el espectacular cochinillo), pero intercambiando algún plato (acertadísima la pasta sobre base de castañas, con trufa espolvoreada), y fue un gran acierto.
El local es sobrio y minimalista, pero muy cómodo; con una adecuada separación entre mesas y un ambiente que huye de lo forzado de otros estrellas Michelín (léase ABaC, aunque el hotel es una maravilla) y permite estar muy a gusto durante toda la comida.
Carta de vinos inmensa y bien seleccionada, dándose la opción de maridar cada plato con un vino. El servicio muy atento y cercano, empezando por la maître y madre del chef, Amèlia Artal. Los precios, para un restaurante de este nivel, son altos pero no excesivos. Muy bueno.

The River Cafe

+1 718-522-5200

1 Water Street (Brooklyn) New York, Estados Unidos 40.702934 -73.994375

www.rivercafe.com

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Compendio del carácter de una ciudad

'me encanta, uno de mis favoritos'

El River Café es uno de esos sitios que marcan los recuerdos de un viaje; un lugar cómodo, relativamente informal y buenísimo, en el que se mezclan unas vistas espectaculares de Manhattan a la sombra del puente de Brooklyn (y del bellísimo e injustamente ignorado Manhattan Bridge, paralelo al anterior) con una atmósfera extraordinaria, una cocina muy cuidadada y unos precios más que razonables.

Sin duda, su mayor atractivo es su ubicación, en las "cristalinas" aguas del Hudson river (de ahí el nombre), que en los días menos turbios devuelven el reflejo de los imponentes rascacielos del Downtown financiero neoyorkino -la zona próxima a Wall Street y otrora sede de las Torres Gemelas-. Por esta razón, el mejor momento para ir es al atardecer, cuando el ambiente se vuelve más pausado y elegante, y se puede disfrutar de una cena contemplando la puesta de sol y el encendido paulatino de las plantas de oficinas de las inmensas torres.

La comida, que en un sitio de estas características podría haber sido relegada a un segundo plano, queda resumida en un corto pero muy cuidado menú degustación, con opciones tan atractivas como un steak tartar de wagyu, dos clases de foie que hacían llorar de la emoción o una magnífica langosta sobre una delicada y sorprendente crema de castañana y mango. De postre, merece la espera el soufflé caliente, aunque todo el mundo se decante por el vistoso postre de la casa -una reproducción del puente de Brooklyn en chocolate-. La carta de vinos es bastante más extensa y cuenta con una buena selección de vinos de la Costa Oeste (además de varios europeos y australianos que, estando en EEUU, decidimos dejar para mejor ocasión).

El servicio es atento y eficiente por lo general -como suele suceder desgraciadamente con más frecuencia en norteamérica que en Europa, en parte por los méritos de la propina-, aunque quizá excesivamente riguroso en el cumplimiento del horario de cierre, que sorprendentemente se produce a la una en punto de la madrugada (exigencias de la licencia, supongo, pero una lástima por el potencial del sitio para la primera copa...).

Para completar la velada, tuvimos la inmensa fortuna en esta visita al River Café de deleitarnos con lo que podría definirse como "cena con espectáculo", y no sólo por las notas de piano que acariciaban nuestros oídos, sino por la maravillosa diversidad de la sociedad norteamericana, que quiso que nuestras proximidades se sentaran desde un chistoso comensal sureño que se entretuvo amenizando toda la velada de una mujer sentada en la mesa de al lado, para satisfacción de su pareja, hasta una chica monísima con un aspecto delicadísimo que, para sorpresa de todos, se debatía a duras penas para poder empuñar los cubiertos, cual floretes en un duelo de esgrima, y poder deglutir de este modo los suculentos manjares, procurando que, al menos, la mitad del contenido arribase satisfactoriamente a su boca, para desesperación y envidia de suelo, mantel y vestido, que se habían repartido la otra mitad del festín.

Como advertencias finales: el uso de chaqueta es imprescindible en las cenas para los caballeros (aunque luego algunas dejen que desear más que otras) y debe reservarse con cierta antelación, especialmente para lograr mesa con vistas. Finalmente, para los horteras que, como nosotros, decidan acudir en limusina al ágape -por cortesía del hotel- es mejor que se bajen antes de entrar al recinto del establecimiento, si no quieren ver cómo se queda atascada al tratar de girar en la rotonda que rodea la entrada principal y acaba montada encima de los arreglos florales que la decoran para poder dar la vuelta. Un triunfo...

Combarro

+34 915 54 77 84

de lo mejor de 2012

Calle de la Reina Mercedes 12 <m> Alvarado 1 Madrid, Madrid provincia, España 40.451032 -3.698745

www.combarro.com

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Cocina gallega de alto nivel

'me encanta, uno de mis favoritos'

Uno de los mejores restaurantes gallegos de la ciudad, que sin duda justifica sus elevados precios con un género de excepción y una preparación muy esmerada. Así, destaca no sólo por sus mariscos y pescados, sino también por sus empanadas y otros platos de la tierra, elaborados con esmero y que casi nunca decepcionan.
La carta es muy amplia y varía en función del momento, incluyendo géneros de temporada, algunos tan raros de ver como la lamprea, que, aunque ahora se está poniendo de moda, Combarro ofrecía ya antes que el resto. Las preparaciones son más bien tradicionales, sin excesivas innovaciones, centrándose en perfeccionar -con gran éxito- recetas de toda la vida. La carta de vinos también es excelente y, obviamente, más centrada en variedades locales y blancos, pero sin descuidar el resto.
El local es muy amplio, con varias plantas y una decoración clásica, en la que destaca una gran piscina, llenada con agua salada de las rías, en la que "almacenan" el género. Las mesas, muy separadas entre sí -lo cual se agradece frente a la extendida costumbre de aprovechar el espacio-, quizá den un toque excesivamente formal al sitio, y lo hagan más adecuado para una comida de trabajo o una gran ocasión que para una cena distendida entre amigos (a pesar de lo cual, merece la pena en cualquier contexto, siempre que el bolsillo lo pueda permitir).
En definitiva, un restaurante muy de agradecer para disfrutar de unos platos magníficamente elaborados que, sin olvidar su puesta en escena y cuidando todos los detalles, no la convierte en el elemento central en detrimento de todo lo demás.

La Tasquita de Enfrente

+34 915 32 54 49

de lo mejor de 2012

Calle de la Ballesta 6 <m> Gran Via 1 5 Madrid, Madrid provincia, España 40.421272 -3.703633

www.latasquitadeenfrente.com

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Una "tasca" a tener en cuenta...

'me gusta'

Cualquier persona que se haya interesado por La Tasquita de Enfrente y haya leído unas cuantas críticas (sobre todo no profesionales) habrá podido comprobar que la gente, como regla general, o lo odia o lo ama; no hay término medio. Normal cuando se está hablando de un local estrecho y sin ventanas (una tasca), con un servicio, en el mejor de los casos, variable, pero con unos precios elevados. Y es ahí donde entra en juego el peso relativo que la gente otorgue a la comida en todo esto: los que van buscando gangas, puesta en escena, lisonjas del personal, fashionismo y cuestiones varias suelen echar pestes, mientras que quienes ponderan lo que llega en el plato con abstracción de lo demás tienden a estar bastante satisfechos.

Entrando un poco en el desarrollo de lo anterior, en la medida en que pueda servir para concienciar/advertir a la gente acerca de dónde se mete, creo que lo siguiente puede resultar bastante útil:

- Local: Me sorprende la mucha gente que pone verde al lugar, porque para mí forma parte del encanto del restaurante, tanto por su ubicación como por el establecimiento en sí. Probablemente sea porque no conocen la historia del sitio o porque prefieren comida regulera servida en espacios suntuosos que buen género en espacios aparentemente más modestos (esto pasa bastante). Cierto es que se trata de un recoveco interior sin luz natural ni ventilación, pero no me parece ni mucho menos el antro maloliente y lúgubre del que algunos hablan; es más, lo encuentro bastante acogedor. En cuanto al barrio, si bien es cierto que se trata de una de las zonas capitalinas sórdidas por antonomasia, hoy en día no es ni la sombra de lo que fue en tiempos: ya no hay casi rastro de las meretrices ni de los toxicómanos que otrora poblaban las esquinas, y los lupanares y whiskerías por las que antes se dejaban caer los abuelos viciosos están dando paso a los comercios y boutiques con los que un grupo de empresarios (Triball) pretende reconvertir este área degradada en el nuevo Soho madrileño.

- Servicio: Ciertamente, lo peor con diferencia, pero con matices para evitar injusticias. No todo el personal es igual y el trato por parte de la mayoría es muy bueno. La lástima es que se vea empañado por un maitre/jefe de sala/camarero o lo que quiera que sea, con una pose bastante afectada y cierto amaneramiento (sin ánimo de faltar), que se debe creer Ferran Adrià en persona y a los demás -sectarismos aparte con algunos amigotes y habituales- nos debe tomar por unos pobres diablos a los que nos está haciendo un favor dándonos de comer e impregnándonos con su sapiencia. La verdad es que el sujeto en cuestión estropea sobremanera la experiencia en el local que, por lo demás, para mí sería casi redonda.

- Comida: Materia prima estupenda, raciones razonablemente generosas y magnífica ejecución. El hecho de que canten la carta –que a algunos tanto molesta- asegura que el género sea fresquísimo, lo cual es muy de agradecer frente a la costumbre de ofrecer cartas extensísimas de las cuales la mitad de los platos faltan o están congelados. Lo menos destacable, a mi gusto, sería la renombrada ensaladilla, que, en mi opinión, no justifica los veintipico euros que cuesta por contraste con las de otros muchos sitios. Por lo demás, todo estupendo, incluidos los postres, entre los que nos sorprendieron a todos una pannacotta con trufa (o trufa con pannacotta, ya que no sé si había más de lo uno o lo otro) y un tiramisú con castaña a un nivel muy por encima de la mayoría de “italianos” de esta ciudad.

En definitiva, salvando al sujeto antes mentado (al cual es fácilmente posible evitar o conseguir que él te evite), merece la pena darse un festín en este oasis que tiene el gran mérito de haber sobrevivido a su entorno. Y después, siempre se puede acabar la celebración en uno de los muchos sitios de copas (decentes) que hay a cuatro pasos en Chueca y alrededores. O en alguno de los locales de épocas pretéritas que aún agonizan en los alrededores de La Tasquita, en plan revival, y según los gustos (y estómago!) de cada cual…

Restaurante Sanxenxo

+34 915 77 82 72

Calle de José Ortega y Gasset 40 <m> Nuñez de Balboa 5 9 Madrid, Madrid provincia, España 40.4299459644185 -3.67893934249878

www.sanxenxo.com.es

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Primo hermano de Combarro

'me gusta'

Uno de los dos restaurantes del Grupo Combarro, enormemente parecido al originario Restaurante Combarro (C/ Reina Mercedes, 12), pero esta vez situado en la más selecta calle de José Ortega y Gasset, lindando con la plaza del Marqués de Salamanca.

El parecido con el otro restaurante del grupo es enorme, tanto en la decoración y el ambiente como en la cocina, por lo que me remito a lo dicho al respecto de aquél. Únicamente añadir que en este caso instalan una terraza de verano en la acera (muy formal y bien montada, en línea con el restaurante, aunque no deja de ser en una acera...) y recomendar, una vez más, las empanadillas como entrante, más allá de su excelente pescado y marisco. De postre, las filloas de crema son un acierto.

La Gabinoteca

+34 913 99 15 00

de lo mejor de 2012

Calle de Fernández de la Hoz 53 <m> Gregorio Marañón 7 10 Madrid, Madrid provincia, España 40.4387787 -3.6945584

www.lagabinoteca.es

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Una de las propuestas más divertidas e innovadoras de los últimos tiempos

'me gusta'

Desde su apertura y hasta la fecha, La Gabinoteca ha sido una de las sorpresas del comer desenfadado en la capital durante los últimos tiempos. Sorpresa que, obviamente, ha tenido su reflejo en la aceptación popular y, tristemente, en la imposibilidad de ir a cenar las noches de viernes y sábado sin garantías de poder sentarse.

Tanto local como comida merecen la pena. La carta, que a primera vista no enamora, esconde una serie de propuestas sorprendentes, tanto por contenido como por presentación. Cada plato se presenta de una forma única, la materia prima es buena y, pese a ello, la preparación, sorprendentemente rápida aún en los momentos de máxima afluencia (con el plus de que la cocina está a la vista de todos, en la parte baja cercana a la barra). La verdad es que, hasta ahora, ninguna tapa me ha disgustado -naturalmente, unas gustan más que otras- y siempre te quedas con las ganas de volver para poder probar otras, muchas veces por haberlas visto en mesas contiguas (en plan "¿qué será el vasito ese que han traido a los de al lado que tiene tan buena pinta?"). Me gustan especialmente el huevo con patata y trufa y la hamburguesa de rape.

El local tiene varias alturas y una decoración ciertamente original, con un toque industrial y un remix de objetos de todo tipo, incluyendo un telesilla que sirve de asiento a una de las mesas o un semáforo en una mesa, por poner dos ejemplos. También hay sillas apostadas en medio de las escaleras, aprovechando las barandillas que sirven de barra. Lógicamente, en algunos casos la funcionalidad y el confort cede ante el diseño, así que mejor estar atento a la mesa que te toque, si es que cabe la posibilidad de elegir...

Por lo demás, los camareros muy atentos y eficientes en su inmensa mayoría, lo cual se agradece enormemente; precios razonablemente contenidos y la carta de vinos, sorprendentemente amplia y bien escogida para un sitio de tapeo (de hecho, el vino fue uno de los elementos en torno a los que giraba la curiosísima carta inicial, ya sustituida, y que, en función de una serie de opciones personales, te asignaba tanto un vino como una tapa que maridaba con aquél). Buenos también los mojitos. Lo peor, de lejos: la imposibilidad de reservar para cenar y las prolongadas esperas que hay que soportar a veces.

En definitiva, muy recomendable para un picoteo informal con amigos, si bien deben, en lo posible, deben evitarse las noches de los viernes y sábado.

Restaurante Pinosaguas

+34 918 69 10 25

M-604, Km. 32 (Área Recreativa La Isla) Rascafría, Madrid provincia, España 40.848777 -3.88655

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Restaurante de montaña con excelentes croquetas y muy buena carne

'me gusta'

Situado a unos 8 ó 10 km. de Rascafría y a 6 ó 7 del Monasterio de El Paular, uno de sus grandes atractivos (para quien le guste el campo, al menos) es su ubicación, en plena Sierra madrileña, a las faldas del Puerto de Cotos, rodeado de inmensos pinares y al lado del río Lozoya.

La cocina, serrana y contundente, tiene dos puntazos: las croquetas y las carnes. Esto, junto con su ubicación y su salón con chimenea, hacen de Pinosaguas un restaurante ideal para ir a comer en un día frío de invierno, en los que no importa salir más lleno de la cuenta y quemar luego las calorías de más en la nieve que cubre con frecuencia el valle.

Teniendo en cuenta las muchas veces que he ido -está muy cerca de una casa de campo a la que me escapo de vez en cuando- aconsejaría:

(i) De entrante, las croquetas, que, sin duda, son lo mejor de la carta. Las hay de tres clases: pollo y cebolla, salmón y setas, y roquefort con piñones. Todas ellas son sublimes y justifican una visita ex profeso si se está por la zona. Muchos amigos a los que he llevado me las recuerdan cada vez. Se pueden pedir medias raciones.

(ii) De primero, para los aficionados a los platos de cuchara, suelen hacer potajes, garbanzos, fabes u otros guisos en invierno, bastante logrados por lo general. Si se quiere ser más light, no está mal la ensalada Pinosaguas, con tomate, aguacate, cebolla, queso de burgos y almendras, que también puede ir de acompañante a los segundos.

(iii) De segundo, las carnes son de la Sierra, casi siempre perfectas. Estupendo solomillo y muy buen cordero asado, que suele necesitar reserva previa. Normalmente van acompañadas de patatas pobres, bastante bien preparadas.

(iv) Hay postres caseros, aunque son algo más flojos que el resto de la comida. De todas formas, se suele llegar bastante lleno, así que cabe sustituirlos por café y copa (normalmente invitan a chupito). - La última vez que estuve habían incluido, como novedad, una tarta de manzana casera deliciosa, para mi sorpresa.

En temporada, suelen hacer jornadas de caza y setas.

De la cocina se encarga siempre Andrés, el dueño, lo cual evita sorpresas, mientras que su mujer dirige la sala. Lo peor es el servicio, porque suelen fichar a chicas sudamericanas que dejan bastante que desear por lo general, aunque haya excepciones. Pero, obviando este detalle, es uno de los mejores sitios para comer en el valle del Lozoya.

Restaurante La Ermita

+34 925 25 31 93

de lo mejor de 2012

Ermita de Nuestra Señora del Valle - Ctra Circunvalación s/n Toledo, Toledo provincia, España 39.8514 -4.021

www.restauranteloscuatrotiempos.com/ermita.htm

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Ventana a Toledo

'me gusta'

Sin duda, el restaurante con mejores vistas de todo Toledo, y probablemente uno de los restaurantes con mejores vistas de toda España. Un lugar memorable para turistas que quieran grabarse en la retina una imagen espectacular del "skyline" toledano en todo su esplendor, bañado por el río Tajo, pero también para no tan turistas que quieran darse un capricho mientras contemplan un paisaje que no por conocido deja de impresionar.
El restaurante tiene no demasiadas mesas, muy separadas entre sí, amplias y cómodas. La atención es muy buena y el personal muy agradable. La carta no es ni muy amplia ni muy reducida, pero en general muy interesante, con un acertado equilibrio entre la tradición castellano-manchega (destaca la caza mayor) y la innovación, que dan como resultado platos como los rollitos y la hamburguesa de jabalí; el tronco de venado sobre romesco, tallarines de chiprión y crema de cebolleta; los medallones de buey y sus mollejas sobre salsa de zanahoria; la brocheta de pato con mermelada de zanahoria, etc.
Altamente recomendable tanto para comidas como para cenas; en ambos casos la panorámica -diurna y nocturna- es una preciosidad. Eso sí, imprescindible pedir una mesa pegada a uno de los ventanales (aproximadamente la mitad de las que hay), desde donde se divisa todo el casco antiguo, con la imponente catedral y el alcázar presidiéndolo, la vaguada del Tajo y también los espectaculares alrededores de Pozuela y Montesión, entre otros.
A pesar de saber de la existencia de otros restaurantes más renombrados en Toledo, creo que, en su conjunto, éste es el sitio más agradable y completo para comer en la ciudad.