oh dios mío, seré un vulgar ateo?
creo que debo ser el único ser en el mundo y en la galaxia que no ha caído rendido a los pies del gran adriá. seré un ser en vías de extinción? o es que aún no he caído fascinado ante la espléndida campaña de marketing que ya dura años?
a ver, a finales de los noventa fui unas pocas veces al bulli. no eran años en que uno tenía que hacer cola durante varias temporadas para que le dieran mesa sino que era algo más sencillo poder subir hasta la colina sagrada a comer. y tras varias comidas llegué a la conclusión de que para ir al bulli hay que dejarse la dentadura en casa porque total, no las vas a usar para nada. debe ser una pequeña regresión a la infancia pero la obsesiva mania de pasarlo todo por la minipimer para hacer cremas espumas geles souffles pures y similares raya la paranoia. quizá es que creo que si tenemos dentadura es para usarla y tengo la tonta manía de masticar
entiendo que los críticos gastronómicos flipen con el sitio. me imagino que si yo hubiera comido en miles de restaurantes en los que ya dificilmente me sorprenden es llegar al bulli y alucinar con las cosas que te ponen. pero a mí esa especie de religión que se ha creado en torno al sumo sacerdote adriá no me convence. la última vez ya fue el colmo porque me decían como tenía que comer el plato. y cuando ya entramos en la dictadura del genio, pues ahí no me pillan
eso sí, reconozco que la estategia comercial y la política de comunicación es de libro. a pesar de los años el sr. adriá sigue sabiendo cómo tratar a los periodistas que caen rendidos a sus pies. y eso tiene un mérito impagable. sí señor
no es caro pero yo el día que quiera ver a dios pues me meto a una misa

