Tsunami
+34 913 080 569
cocina estupenda... pero mal envuelta
me encanta cómo cocinan aquí! el crunch maki lo bordan, el pescado es exquisito y en general me gustó mucho el tempura (crujiente y sabrosísimo) y todos los platos que pedí.
el servicio es amabilísimo, especialmente una señora encantadora que te atiende divinamente
lo malo:
- las sillas son potros de tortura, realmente incómodas
- la ausencia de ventilación: nos pusieron en medio de una tropa de fumadores que no pararon de fumar hasta el punto que llegó a ser angustioso tanto humo. lo peor fue una mesa con varias mujeres, todas fumando con una niña de menos de seis años sentada a la mesa. insólito!
- el ruido: con paredes de madera reverberando todo lo que allí se hablaba, mantener una conversación es una prueba física: a ver cómo coño se mantiene uno en vilo encima del plato sin acabar metiendo todo o parte del cuerpo en el cacharrito de la soja. acabé con la cabeza como un bombo del guirigay que se monta
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La Cesta
+34 914 577 665
cocina honesta, precio razonable y muy buen servicio
La Cesta es un pequeño secreto en ese triángulo que forman las calles de Serrano y Paseo de la Habana. Rodeado de grandes restaurantes pomposos, me gusta la Cesta por su aire de bar un poco setentero, en el que se dan menús de mediodía a precios razonables (a partir de 9,50 euros!). El menú es un poco loco porque hay varias alternativas que se combinan además entre ellas y la primera vez es un poco complicado aclararse. La cocina es sencilla, honesta y los platos son caseros-caseros. La materia prima es fabulosa. Probé una merluza fresca como no recordaba y rebozada como solo mi madre sabe hacerlo: tostado pero crujiente, con ligereza de masa. Cocinan sin apenas sal y el servicio aparte de encantador es rápido y super amable. Un único pero: se puede fumar. Con el nivel de cocina que hay en La Cesta creo que si prohibieran fumar seguirían llenando el local y todos saldríamos ganando.
Me gustó mucho y volveré siempre que pueda.
La Platea
+34 915 472 500
Para comer (bien) cerca del Teatro Real
El restaurante está a escasos metros del Teatro Real así que es una alternativa estupenda para comer después de una función. Es pequeño y han optado porque todo el restaurante sea fumadores. Algo que no importa a no ser que al lado se sienten cuatro chicas que encienden un cigarrillo con el final de otro. No puedes pedirles que se corten porque además los fumadores hoy son un poco reaccionarios cuando les dices algo, así que si tienes suerte podrás comer estupendamente.
El servicio es super amable. Da gusto cuando te atienden tan bien y son tan majos.
Buena cocina, la carta es corta pero con sugerencias muy interesantes y en general comes bien por un precio quizá demasiado alto para lo que dan: sales de media sin postres ni vino por unos 30 euros.
Me gustaron muy poco las sillas (incomodísimas) y unas minúsculas mesas en las que no sé cómo pueden entrar cuatro personas si no es de una forma casi contorsionista.





