tierra! tierra!
algo parecido a lo que un marinero debe sentir cuando lleva meses esperando bajar del barco y de repente oye tierra a la vista es lo que viví cuando llamé sin ninguna esperanza para comer un sábado a mediodía a genoveva de barri y me dijeron que sí, que tenía mesa y que me la podían reservar. insólito! había conseguido no solo que me cogieran el teléfono y poder tener una conversación con un ser humano y no con el contestador automático del local, sino que encima tenía la suerte de que había mesas disponibles! salimos pitando y yo, todo hay que decirlo, con cierto acojone en el cuerpo; eran demasiadas las expectativas, tantos comentarios tan buenos me habían puesto el cuerpo exigente y el paladar tiquismiquis.
pues se cumple todo lo dicho aquí por otros onceochosetenteros. el local es minúsculo pero bonito. tiene un único, gravísimo y sucio defecto: se puede fumar en todo el restaurante y eso en un espacio tan reducido queda fatal, huele y desmerece tanto la calidad de la comida como el alto precio que pagas. me imagino que no habrá manera de cambiarlo si la dueña y el cocinero fuman también :(
es el pero más grande que puedo ponerle. la carta es breve pero con propuestas fabulosas. el foie de pato está excelente pero pobremente servido sobre una tostada ¡de pan bimbo! nunca tan buen foie estuvo peor acompañado pero se olvida uno cuando nota la grasilla del pato deshaciéndose en la boca. el tartar de atún con estar rico no es el que más me gusta pero reconozco su buen hacer y lo bien aliñado que sale; y el bacalao al ajo está impecable, de lo mejor que recuerdo, junto con la copa de mascarpone que aún me sigue haciendo tiritar de lo buena que estaba.
sale por 30-40 euros aprox, incluyendo cafés y copas de vino sueltas. a mí me han ganado al pedir una copa de vino para acompañar el postre y me han ofrecido moscato, mi favorito para terminar una comida junto con el passito de panteleria, ambos vinos italianos dulces que son auténticos placeres.
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Un restaurante francés romántico
Parece que te has trasladado al Barrio Latino o a Les Marais cuando vas a comer a este pequeño y recoleto restaurante francés. Tiene lo bueno de la comida francesa (todo exquisito, bien cuidado, platos típicamente franceses y un buen vino) y lo malo (mesas demasiado pegadas, sin aire acondicionado lo que en verano es un pesadilla y además se puede fumar, con lo que te pueden joder la cena como se te pegue una pareja que te eche el humo). La ensalada de foie es riquísima, y a mediodía tienen un menú muy rico. Los domingos tienen uno de los mejores brunchs de Madrid, por 17 euros, pero ojo, si vais varios y llegáis a distintas horas insistir que os pongan el brunch completo. Suele ocurrir que si llegan dos, le ponen el brunch para dos y si llega más gente no aumentan la cesta de bollería, el pan y los demás elementos del brunch sino que entre los que hay se acaban comiendo lo que pusieron a los dos primeros. Son amables (lo justo pero correctos) y de precio medio, a partir de 30-35 euros. Imprescindible reservar y si hace calor mejor no ir.
fencinar discovered this service :-)



