Qué restaurante!
Tras años y años de oir hablar maravillas de este sitio, no había ido nunca. Reconozco que me daba pereza. Estoy más que cansado de sitios que se construyen sobre la abultada (y la mayoría de las veces injustificada) fama de su dueño. Pero en este caso la fama va pareja al sitio. Me encantó el Viridiana!
Es pequeño. Tiene una planta en puerta de calle y otro espacio mayor en el sotano. El espacio es abigarrado pero aún así hay la suficiente intimidad entre las mesas. El servicio es esmerado y muy atento. De repente ves a Abraham García paseando por las mesas pero sin ser el típico chef pesado que no espera un besamanos y ooohhss y aaaaahs a su paso. Simplemente se deja caer, echa un vistazo pero tiene asumido que la estella es el cliente, no el dueño.
La carta es grande, con guiños en la descripción de los platos. Me encantó la de la merluza "de pincho, aunque se podría decir de clavo por el precio". Este tipo de humor fino no lo había encontrado nunca.
La comida es fabulosa. No solo los míticos huevos con boletus y trufa que, por cierto, vaya trufa que tienen y qué exceso, se ponen a rayar y no se cortan a la hora de cubrir la yema. Aparte he tomado un pescado riquísimo y los solomillos y las carnes tenían una pinta estupenda.
Todo esto lo pagas: 100 euros (o más) por cabeza. Pero es de los restaurantes de los que sales con la sensación de que has comido como hacía mucho que no comías. Un Placer.
Una única pega: se puede fumar :(
Barato pero algo incómodo
El Moma tiene una carta amplia con muchos platos a precios asequibles. Es rápido y la comida no está mal, sin ser tampoco ninguna maravilla. El local es bonito pero las mesas no es que estén demasiado cerca, es que ¡están pegadas! No importa mucho porque el ruido ensordecedor del local hace que casi no puedas escuchar a tus contertulios así que como para escuchar al de al lado. Lo malo es que todo el local es zona de fumadores y parece que la gente lo aprovecha a conciencia y fuma uno detrás de otro.
Si puedes intenta coger mesa con sillas porque en el asiento corrido que hay junto a la pared literalmente te hundes. Las servilletas son de papel
fencinar discovered this service :-)
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Un clásico que me encanta
Al Lucio hay que ir al menos una vez, para conocerlo y decidir si vuelves una y otra vez o si no repites. En mi caso, hace años que caí enamorado de este restaurante, al que siempre van famosos pero que a mí me gusta mucho por la sencillez de los platos, la perfección con que está todo cocinado y la sinceridad de la comida. En este mundo en que estamos abducidos por los fuegos de artificios de adrià y compañía, en el Lucio se come comida-comida. Todo de una calidad de primera, todo sencillo pero en su punto. Aparte de los huevos, magníficos, hay un montón de cosas más: la ensalada es un descubrimiento por lo sencilla pero bien aliñada; los callos, exquisitos, las croquetas y el mejor arroz con leche que puede comerse en Madrid. Sin duda. Y si uno no se pide cosas muy caras, es sorprendentemente barato. Además es un placer que te reciba Lucio en persona, siempre tan campechano. A ver si aprenden sus hijos que parecen haberse olvidado de dónde vienen. Todo lo que tiene su padre de buena persona lo tienen ellos de estira'os.
fencinar discovered this service :-)





