Asiana
+34 913 10 40 20
Travesía de San Mateo 4 <m> Tribunal 1 10
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Sloooooooooow Food
Frente al ya conocido fast food en que llegas comes y te vas se impone, para mi desgracia, el slow food, que básicamente consiste en tomarte tu tiempo para comer. Y si no andas ducho en tomártelo tú, te lo toman -como en Asiana- con un menú degustación de 16 platillos y una demora media entre plato y plato de aproximadamente diez minutos. Un tour de force en toda regla. Al principio no lo tuve en cuenta pero según fueron pasando las horas solo quería que llegase el próximo plato para que no tardase mucho en salir el siguiente, y así contar hasta 16 y conseguir, tres horas largas después, salir a respirar y poder estirar las piernas. Porque hay una cosa aún peor que una cena servida con lentitud y es que te la sirvan mientras estás sentado en una silla que a eso de la hora y media deja de ser silla para irse transformando lentamente en potro de tortura, por muy silla china antigua que sea (o quizá por eso precisamente).
El local? Un bajo a pie de calle -donde creo que solo hay dos mesas- y un sótano lleno de "chinerías" a precios prohibitivos y un aroma a incienso que lo inunda todo. Mesas amplias y separadas unas de otras, lo que te permite tener una conversación en agradable intimidad. Las mesas están espectacularmente vestidas de buen lino y cuentan con flores frescas en cuenquillos con agua (un acierto) y velas en soportes inesperados. Es un entorno peculiar, original y lleno de un equipo de sala (conté hasta 8 personas) que a veces se agolpan en las escaleras o en las salas sin saber muy bien por qué. Pero con tanto equipo llegué a preguntarme por qué a mí no me cambiaban el plato al ver que había terminado y pasaban a mi lado una y otra vez sin retirarme los cubiertos. En todo caso son gente bien simpática que te cantan el plato que vas a comer con todo lujo de detalle y te orientan cuál es el orden en que tienes que comerlo. Realmente encantadores y amables
El menú es magnífico. Una larguísima sucesión de platos a cual más rico y original. Ojalá me lo hubieran servido con más agilidad, para no llegar a los finales con ganas de terminar. Pero no cabe duda que se come extraordinariamente bien y las texturas, los sabores y las fusiones de cocina asiatica y peruana funcionan a las mil maravillas. Algunos aciertos más que otros: un gran salmonete con un picadillo picante, un tartar de atún de escándalo, un secreto inolvidable, un tiradito con gazpacho de melón delicioso...Los postres, al menos para mí, no están a la altura y parece que llegando al final hay prisas ya por cerrar el tema. La carta de vinos es un tocho de esos que desde que te lo dan piensas y ahora cuál pido. La oferta es enorme, con vinos muy raros de encontrar en otras cartas y propuestas super interesantes. En general los precios están generosamente inflados; calculé -por los vinos de los que conozco el precio en tiendas tipo Lavinia o Vinarium (11870.com/pro/vinarium)-, que en Asiana cargan a los vinos entre un 80%-120% del precio de tienda. No está mal.
De precio? exorbitado. Por 120 euros por cabeza... insisto, 120 euros por cabeza (250 la pareja con propina) y eso que tomamos un vino de los más económicos, espero este magnífico nivel culinario pero también una buena oferta de panes, una silla cómoda -aunque no sea antigua me conformaría- y aire acondicionado. El día que yo cené directamente no había o si había no funcionaba en absoluto, aparte de unos ventiladores, recurso claramente insuficiente para un viernes de julio en el que todos, camareros, comensales, el vino que no había manera de enfriar y yo mismo estábamos cocidos de calor. Igual es que solo hay que ir en invierno. Agradecí enormemente que no se pudiera fumar. Un detallazo genial.






















