- sitio 1
- seguidor 1
- check-in 0
- visitas 50
Restaurante Atea
+34 944 00 58 69
Paseo Uribitarte 4 <m> Abando 1 2 Bilbao, Bizkaia provincia, España 43.2658787 -2.9285441
guardado por 22 personas
ver más restaurantes en Bilbao
Atea, un buen sitio para (casi) todos los públicos
Una buena dirección en Bilbao. A primera vista podría ser el típico restaurante modernillo y de moda, en el que sólo importa el contenedor y que, una vez pasado el interés por la novedad, se viene abajo por falta de alma. Pero tiene algo que le aleja de ese estereotipo: un buen profesional detrás que conoce el negocio hostelero. Así que ofrecen una cocina que está muy bien a precios directamente baratos: cenamos mejor que bien 4 personas, con una botella de Riesling estupendo por aprox. 65 euros. Lógicamente moviéndonos en esas cantidades descarto quejarme por la celeridad del servicio, que sí, efectivamente, quiere que levante rápido porque la mesa que ocupo está reservada, circunstancia de la que se me había avisado convenientemente. No es que yo sea un lince, pero en algún restaurante he estado y ya sé apreciar cuando una buena dinámica de rotación de mesas es la base de un negocio. Se llama "índice de ocupación" y si supera un determinado ratio permite que comas bien a un buen precio. Lógicamente hay que sacrificar algo (espacio, vajilla y mantelería, variedad, atención personalizada, etc.) pero cuándo en un negocio se concilian adecuadamente todos esos factores, suele ser un éxito. Y Atea, de momento y pese a su juventud, lo es. Resumiendo (já), cuándo se va a un restaurante es prudente informarse adonde se va y qué se puede o no se puede esperar. Un poco de sentido común suele ser bastante. Claro que siempre hay la típica acémila que carece del más elemental criterio y que no es capaz de apreciar lo que es evidente para cualquier persona con un mínimo de sentido común. Este tipo de sujetos no entiende nada y va dando por cxxo a todos y en todo momento. Suele, además, tener memoria corta para sus constantes jaimitadas y meteduras de pata, pero no olvida lo que su pequeño cerebro entiende como afrenta cuándo no es más que la lógica intrínseca de las cosas. Y quiere desquitarse, hacer daño, causar el mayor perjuicio posible con el menor esfuerzo, para luego refocilarse en su triste miseria. Vamos una alhaja que todos queremos tener lo más lejos posible, o descendiendo al caso concreto, lo más profundo que pueda ser, no sé, en un buen pozo que requiera su atención por un laaaaargo periodo de tiempo.


