Gonzalo Sáenz de Miera Bolado

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¡¡¡Cómo coño voy a ponerme a dieta, con lo que llevo invertido en esta panza!!!
Comer o comer aún más, esa es la cuestión

mostrando 5 sitios

Restaurante Gelín

+34 942 33 27 33

Avenida de Bartolomé Damis 2 Santander, Cantabria , España 43.4403625465809 -3.84109497070312

www.restaurantegelin.es

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Las apariencias engañan, y de qué forma

'me encanta, uno de mis favoritos'

Si te propusiese ir a comer a un restaurante que se encuentra en una barriada situada en el extrarradio de Santander, construida con un escaso gusto arquitectónico y con un, aún, menos generoso sentido urbanístico, es posible que no te sonase precisamente a música celestial.

Si además, a renglón seguido y justo como en esta crítica, añadiese que se trata de un garito de precio medio-alto/alto (para lo que se estila en Cantabria) flanqueado por un lado por un aberrante Corte Inglés, por otro por una fábrica de Global Steel Wire, que tiene a unos escasos metros la autovía y el aeropuerto y justo enfrente la iglesia más jodidamente fea que ha conocido la cristiandad, al menos desde la segregación de los Imperios de Oriente y Occidente, es casi seguro que ni te suene ni te deje de sonar y que simple y llanamente me mandes a tomar por el culo.

Y no te faltaría razón, si no fuese porque estarías cometiendo uno de tus peores errores culinarios en décadas. Y es que aquella bobada que cantaba el adagio sobre que la belleza está en el interior adquiere absoluta vigencia cuando hablamos de Gelín.

El entorno no ayuda en absoluto, pero las bondades gastronómicas del tugurio son tales que invitan a obviar todo lo demás. A fin de cuentas, una vez dentro el “complicado” entorno deja ya de martillar nuestros sentidos, y en cualquier caso, en mi opinión, comer, si se come bien, ayuda a olvidar tanto o más que empinar el codo.

Gelín es el tercer elemento de esa Santísima Trinidad del buen comer (reitero, como de costumbre, dentro de lo que podríamos entender como “gastronomía tradicional” y con su fuerte fundamentalmente en el pescado y el marisco) de Santander y alrededores que completan Tonino y La Tucho, tres sitios que de hecho, para comer pescados y mariscos son mejores que cualquier otro mítico restaurante del meollo de la capital de la Montaña como puedan ser La Bombi y La Posada del Mar. Excepción hecha de un Bar del Puerto, por supuesto, cuyo nivel de comida y precios nos ciega a nosotros, oh simples mortales.

La carta es la habitual en este tipo de sitios, extensa y completa. Aunque tiene buenas carnes sería un error decantarse por éstas y no por sus productos del mar, que son buenos y frescos hasta decir basta. La bodega está magníficamente surtida, con referencias más clásicas que atrevidas, y a unos precios bastante razonables, si es que los precios de los vinos en la restauración pudieren merecer tal calificativo.

Lo que sigue, para seis personas:

ENSALADILLA RUSA: plato fetiche de un servidor, capaz de pedirla hasta en un restaurante libanés. Buena pero demasiado suave, me gusta que tenga un toque fuerte, sea de vinagre, de pimiento o de lo que sea. Ración generosa. RICA.

RABAS: de las buenas, de magano. De las que muerdes y se cortan. De las que no se convierten en un trozo de neumático al masticarlas. Buen rebozado, fino y sin aceite apenas. MUY BUENAS.

ALMEJAS DE CUCHILLO: frescas como el rocío de una mañana de primavera. Enormes, carnosas, con un rotundo sabor a mar y un diámetro como el de una pandereta de danzas montañesas. Aunque no me guste admitirlo, en Pedreña no hay almejas así (de hecho ya casi no hay, de ningún tipo, pasa un poco como con la patata de Valderredible); nos dijo Gelín que eran gallegas. Hechas a la sartén. DELICIOSAS.

PESCADOS AL HORNO (todos con unas patatas, una cebolla pochadita y un salsa que estaban de primera):

RODABALLO: nos dijeron que era para dos, pero de ahí podía haber comido una familia gitana al completo. MUY BUENO.

DORADA: dos raciones. Buena piezas, muy frescas, como todo lo que comimos. MUY BUENA.

PESCADO A LA PLANCHA:

LENGUADO: lo único de lo que no puedo hablar porque no lo probé. Quien lo comió dijo que estaba MUY RICO.

PESCADO A LA ROMANA:

RAPE: unos buenos trozacos de rape a la romana, compactos, tersos, con un muy bien conseguido rebozado. MUY BUENOS.

Todo lo anterior con seis postres (flan, arroz con leche y sorbetes, todos caseros y muy buenos. Los sorbetes están muy buenos, los hacen con helado y cava en el momento), dos botellas de Viña Esmeralda (que habiendo en la carta Albariños de primera me pareció una chorrada pedir, lo que no quiere decir que no esté bueno), agua y licores ascendió a 240€, propina incluida, es decir 40 pavos redondos por barba. Un gran precio si tenemos en cuenta cantidad y calidad de la comida.

No pude dedicarle la atención merecida porque habíamos quedado para tomar el café y las copas en otro sitio, pero tenían una buenísima selección de ginebras.

MIL POR CIEN RECOMENDABLE

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Restaurante la Tucho

+34 942 33 61 77

Barrio San Roman Corban 12 Santander, Cantabria , España 43.4764392076 -3.83034507195

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Buena opción para salir de Santander

'me gusta'

Buena opción cerca de Santander

La Tucho es la tercera pata de una mesa del buen comer en los alrededores de Santander de la que la cuarta bien podría haber sido Casa Setién si no llevase algunos años yendo cuesta abajo, sin frenos, sin volante, sin parachoques y con un barranco al final del camino.

Dentro de una oferta culinaria de sesgo tradicional, materia prima de altísima calidad, elaboración óptima y precios medio-altos/altos (desde la óptica de un cántabro) y medios (desde la de quien habitualmente pazca por Madrid) diría que La Tucho, Gelín y Tonino son los tres mejores sitios en los alrededores de Santander, y dentro de ese saco de calidad y precios quizá sólo metería de la Pozona (apelativo cariñoso con el que los de Torrelavega denominamos a ese pueblo venido a más de viejos ricos y nuevos pobres que nos hace las veces de capital) a la Posada del Mar. El Bar del Puerto no está sólo en otra liga, sino en otra galaxia y, muy probablemente, en otro universo.

En cualquiera de los arriba mentados (excepción hecha por supuesto del BDP, que los duplica e incluso triplica el precio) lo haces con entrantes, platos principales, postres y unos buenos caldos por entre 35 y 45 € sin problemas.

Evidentemente, y como ocurre en cualquier tugurio que maneje los buenísimos (y muy frescos) pescados y mariscos y la más que satisfactoria bodega que éstos se traen entre manos, el cielo es el límite si tienes ganas de hacerle un buen roto a la cartera.

Pero aquí tratamos siempre de guiarnos por criterios razonables, aunque en temas del comer, no creo que el estómago entienda demasiado de razón. Algo así como esas tonterías del amor y el corazón de las que hablan los poetas cursis.

Poniendo ya el punto de mira en La Tucho, que es de lo que trato (aunque no lo parezca a juzgar por la miserable forma que tengo de irme por las ramas, pasados los cerros de Úbeda a la derecha) de hablar, empezaré por decir que la ubicación es cojonuda, porque Corbán queda lo bastante cerca de Santander para que resulte cómodo ir y lo bastante lejos para cambiar de aires si estás cansado de la ciudad. Y además bien comunicado, con autovía hasta 500 metros escasos de la puerta, lo cual además hace que llegar sea sencillo y rápido.

El entorno es muy agradable, y justo enfrente está el seminario, un edificio grande, bonito y en absoluto desuso desde que los jóvenes sin nada mejor que hacer optaron por esta nueva moda de adorar a futbolistas analfabetos, chonis analfabetas y en general a cualquier cateto que salga con cierta regularidad en la tele, en lugar de cursar unos estudios y dedicar su tiempo a un Dios que, con sus cosillas y con todo, seguramente lo merezca más.

El restaurante está en (o es, no lo tengo muy claro, igual que les ocurre a los jodidos británicos) una casa, cuenta con una terraza estupenda para tomar el aperitivo y con un buen aparcamiento detrás, lo cual hace unos años hubiese sido una tontería pero que, con lo de moda que se ha puesto la zona para picar algo y comer, ahora resulta imprescindible, excepción hecha, claro está, de que quieras que “picar y comer” se convierte en “merendar y cenar”. O que te guste dar vueltas a lo tonto con el coche buscando aparcamiento, que hay gente con unas aficiones de lo más bizarras.

La terraza de la que hablamos, óptima para tomar unos blancos y unas raciones cuando el tiempo acompaña (que en Cantabria, y especialmente este verano que hemos dejado atrás, lo hace más bien poco) está en el frente, y a través de ella se accede al bar, que cuenta con una generosa barra. Aquí puedes picar un poco de todo. Tienen buenas rabas, buenas navajas y, aunque a mí me parece una gilimemez comer eso fuera de casa (salvo que en tu casa sólo comas “chope” y “para un día que sales…”), buenos embutidos, de Joselito creo recordar.

El fondo y el lateral están ocupados por los comedores, de los cuales el mejor es la terraza cerrada que queda a la derecha según se entra. La decoración es sencilla y sin más, una de tantas y más bien tirando a “rústica” si tenemos en cuenta lo que va a costar la comida.

Pero como precisamente eso, la comida, es lo que nos mueve a cualesquiera bares, tascas, antros, restaurantes, tugurios, garitos, abrevaderos, cafés, merenderos y así-hasta-el-infinito lugares que visitamos en pos de satisfacer los pecaminosos instintos de nuestro débil y humano (¿pleonasmo?) estómago, creo que debemos obviar el tema del decorado.

A fin de cuentas, salvo que seas un imbécil redomado no creo que merezca la pena comer en un sitio bonito pero mal.

La carta es variada, aunque muy en la línea de lo que debes esperar en un sitio así. Muchos pescados y carnes (al horno, a la plancha o en salsa los primeros, a la parrilla las segundas), entrantes sencillos a base de buena materia prima y una carta de vinos no muy extensa pero segura, llena de apuestas tan buenas como predecibles.

Como siempre, creo que hay que aprovechar para tirar como locos de pescado en un sitio como éste. Si bien no puedo asegurar que esto sea cierto, he oído de varias fuentes que me merecen cierta confianza que los propietarios son tratantes de pescado y que compran muchas veces el producto con Toñín Puñales, el dueño del Bar del Puerto, que por lo visto es buen amigo de la casa y se deja caer por allí de cuando en cuando.
Si ese pájaro viene aquí a comer malo no puede ser malo lo que te endilgan, eso seguro.

Comida para cuatro:

RABAS DE MAGANO: buenas, no chicle, no estirarse hasta el infinito y más allá cuando las muerdes. Buen rebozado, fino, no graso. EXCELENTES.

CROQUETAS: ricas pero sin más. Buen rebozado, decente bechamel. BIEN.

ENSALADILLA: rica, con productos frescos. Ración generosa. BASTANTE BUENA.

RAPE REBOZADO (2): muy bien rebozado, cuatro trozos generosos. Terso, suave y fresco. MUY BUENO.

MERLUZA: no la probé. BUENA PINTA Y SEGÚN QUIEN LA COMIÓ MUY BUENA.

COGOTES: en salsa, riquísimos. BUENOS.

Esto con dos botellas de Remelluri Reserva a un precio bastante bueno (18 pavos la botella), agua, pan, una de queso manchego y cuatro cafés 160 napos con propina (40 por culete).

Como digo siempre, una comida similar, en Madrid en un sitio similar como pueda ser la Trainera (donde ni te ponen mantel, no sé que opinará al respecto mi querido Jesús Encinar) no lo haces por menos de 65-70 leuros NI DE COÑA.

ALTAMENTE RECOMENDABLE. VIVA CANTABRIA.

Gonzalo Sáenz de Miera Bolado lo descubrió en junio de 2011

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Los raqueros

+34 942 22 43 91

bonifaz 22 Santander, Cantabria , España 43.4640231 -3.796964

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Algo distinto por Puerto Chico

'está OK'

En Santander se produce un hecho de lo más curioso, lógico o sintomático, según cómo se mire.

Todos los restaurantes caros de la ciudad, exceptuando un número que podría contarse con una mano, y sobrarían dedos, se agavillan en el entorno de Puerto Chico.

Yendo más allá, invitaría a quien –permítanme ponerlo en duda- disponga de tiempo y ganas a que lleve a cabo el ejercicio de situarlos en un plano, como hacen los polis en las películas cuando quieren ver por dónde se solaza el asesino.

O pueden ahorrarse las molestias y hacerme caso, porque puedo asegurar y aseguro que la mayor parte de las chinchetas (que es lo que se usa en las pelis), giran en torno a Casimiro Sáinz, campurriano universal, gran pintor cántabro y quien mejor haya plasmado jamás sobre un lienzo el nacimiento del río Ebro, tan nuestro digan lo que digan aragoneses y catalanes. Aunque quizá sea más propio decir que lo hacen en torno a la calle a la que el de Matamorosa da nombre, no puedo imaginar chinchetas girando en torno a una persona, resultaría de lo más inconveniente para el sujeto, amén de peligroso.

Volvamos a lo nuestro.

Habrá a quien, como hemos adelantado anteriormente, este hecho le resulte simple coincidencia, mera caSUalidad. Quienes pretendan rascar mas allá de la superficie es posible que tornen la relación hacia la de caUSalidad, pero no dejará de parecerles una cuestión puramente lógica; a fin de cuentas, se trata de una de las zonas con más solera de la región.

Llámenme conspiranoico, pero a mí no me parece curioso ni casual, y sí lógico, pero sobre todo sintomático. Y me lo parece por un motivo fundamental: la sede del Gobierno de Cantabria (salvo unos meses que lleva, de forma transitoria, en Bonifaz, a 200 metros) está en esa calle, y a su alrededor varias Consejerías, Direcciones Generales y sedes de empresas públicas. Cómo les gusta lo caro a los políticos, ni uno planta su chiringuito en la Gándara, mira tú que listos.

Y ahora es cuando ustedes preguntan ¿pero sintomático de qué? Bien sencillo.

Cantabria es una región empobrecida, donde no existe una estructura empresarial sólida y abundan la pequeña y mediana empresa, donde los puestos bien pagados para trabajadores por cuenta ajena son bien escaso, donde predominan los sueldos mileuristas y los funcionarios de retribuciones medias y bajas y donde los ricos escasean, y los que quedan son en su mayoría o a) versiones venidas a menos de antepasados gloriosos o b) amiguetes del interino de turno (nota del autor: me gusta llamar interinos a los políticos porque su trabajo consiste en cubrir una vacante por 4 años, 8 a lo sumo si se vende bien la moto).

Por lo tanto, que (casi) todos los restaurantes caros de una región como la nuestra se agrupen en un área de menos de un kilómetro cuadrado y en la que se encuentra la mayor concentración de organismos políticos y públicos de la misma me invita, incita y casi diría que obliga a pensar que los políticos son su mejor cliente, y que ahí nadie paga con nada que no sea una Visa Oro, una AMEX Platinum o lo que sea, pero que ser, sea con cargo a las cuentas de otro. O mejor dicho de todos.

Menos mal que esto no lo escribo en inglés, porque con tanto “ser” y “sea” no habría quién se aclare, los muy bárbaros no diferencian ser y estar, aunque casi sean lo mismo como paso a ejemplificar: Sara Carbonero, ES una tía buena y ESTÁ cañón. Y a ver quien me discute lo contrario, en cuanto a verbo y en cuanto a carne.

Pues eso, que el sitio en cuestión se llama los Raqueros (término muy santanderino, busquen en Internet porque si se lo cuento yo necesitamos otras 13.754 palabras) y está donde ya hemos dicho. Una zona muy bonita, muy céntrica y muy estupenda de la bella ciudad de Santander (no tanto como ellos pretenden, San Sebastián es mucho mejor). Y a dos pasos, tres escupitajos o cuatro patadas de la hermosísima Bahía, según la unidad que cada cual emplee.

Se trata de un local con un toque modernillo, un poquito kitsch para mi gusto (reconozco que soy un retrógrado, reaccionario anacrónico) y un tanto angosto, pero a pesar de ello diría que agradable. El único pero realmente reseñable que le pongo es que hacía un calor del carajo y, por lo menos en mi comedor, no había aire acondicionado. Y encima no pudieron abrir la ventana porque tres “chochas” (magnífica definición que los dueños/ gerentes o lo que sean, dos mariquitas absolutamente adorables –que Jesús Encinar me perdone la expresión, pero eran lo bastante amanerados y de una forma lo bastante graciosa, y digo gracioso en un sentido de encantador o divertido, no de ridículo ni risible, como para hacer notar este hecho-, utilizaron para describir a tres marquesas de chorrapelada del Paseo Pereda cuando, por lo bajini, nos pidieron disculpas por la sudorosa situación) tenían frío.

En su descargo diré que a gran parte de nuestro acaloramiento colaboraron decisivamente lo mucho y bien que comimos y bebimos.

La carta no es demasiado prolija pero resulta original y apetecible. Los platos “llaman”, y eso es importante. En cuanto a la de vinos, me gustó y disgustó simultáneamente, si eso puede ser posible. Y lo hizo porque no conocía apenas ninguna referencia, lo cual es bueno teniendo en cuenta los muchos buenos y variados vinos que hoy tenemos en España y que la mayoría de los sitios sólo ofrece sota, caballo y rey, y también malo porque no sabes muy bien qué pedir.

Dos personas:

CORAZONES DE ALCACHOFA: en tempura. Y una tempura tan bien hecha como la que he probado en muchos buenos japos de Madrid. Las alcachofas, como digo siempre, no tengo ni puta idea de si eran de bote o frescas, pero si eran de bote eran de las caras, porque estaba muy ricas y muy tiernas. Y lo dice un tío que aborrece las alcachofas. MUY BUENO.

PASTEL DE LECHAZO: una especie de quiche lorraine con lechazo dentro. Rico aunque le faltaba algo de “punch”. Eso y un poquito más de lechazo. CORRECTO.

ENSALADA DE CECINA: las ensaladas nunca me parecen la leche por muy buenas que estén, pero la verdad es que ésta estaba muy buena. BASTANTE RICA.

SECRETO IBÉRICO: muy rico, muy jugoso. MUY BUENO.

El postre no lo recuerdo, así que me abstengo de opinar de él. Lo que sí puedo decir es que nos sacaron unos bombones muy ricos con los cafés.

Todo lo antes referido, el postre fantasma, cafés, dos copas de PX y una botella de Fariña (un vino de Toro muy rico, cómo ha mejorado el vino de Toro en unos años, porque antes era infumable, del que me había hablado varias veces mi buen amigo Carlos “el Perla”, propietario de un magnífico negocio llamado Bar Toño en Torrelavega del que hablaré en otro momento) 95 pavos con propina, es decir, 47,5 €/pax.

Si bien es cierto que comimos mucho y bien, diría que el sitio se me hace un poquito caro para lo que es. Si bajasen el precio por cabeza en 8-10 euros creo que sería un restaurante óptimo.
Con todo y con esto, me gusta. Y todo ello aderezado con la buena compañía y agradable charla de mi amigo Fernando Garzo.

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Nacho A

Pedazo de crónica. Coincido en la mayoría de apreciaciones con el cronista al que no tengo el gusto de conocer. Aún así, le pediría un poco, sólo un poco más de concreción para hacer más llevadera la lectura.

hace 7 meses

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Tonino

+34 942 32 01 82

Barrio La Torre, 86. Monte. Santander, Cantabria , España 43.4699071 -3.8247144

guardado por 2 personas

Cantabria Calidade

'me gusta'

En Cantabria se come de puta madre. Tenemos de todo, y todo güeno. Buenos guisos, riquísimas carnes, mejores pescados y mariscos y una, tan amplia como excelsa, variedad de quesos y postres que podría aburrir al maldito Santo Job. Y además acostumbramos a tener el bonito detalle de no atracar a la gente a mano armada como en Madrid, que es algo que se agradece.

A lo mejor, estar sí que estamos un poco asilvestrados por aquello de que no dejamos entrar mucho a los romanos, pero ser, somos buena gente. Y es que ser y estar no es la misma cosa, digan lo que digan los ingleses. Por cierto, Gibraltar español, ahora que saco el tema.

Este es uno de los pocos casos que conozco de garitos que lo apuestan todo al cero y hacen saltar la banca.

Podría dedicar tres días a enumerar restauradores que, teniendo negocios boyantes, una buena mañana amanecieron con un ataque de estupendismo, decidieron que lo de ganarlo a tazás y plataos era poca cosa para ellos y se pusieron a reformar lo que tenían entre manos para convertirlo en algo más acorde con su nuevo y autompuesto status de marqueses de chorrapelada.

Resultado? Ostión al canto, negocio cerrado y unos buenos créditos a los que hacer frente con no-se-sabe-muy-bien-qué a las espaldas. Y las letras del Mercedes blanco acumulándose en el buzón. Cómo les gusta este coche a los restauradores oyes tú… sobre todo a los de los salones de bodas y bautizos.

El caso es que Tonino siempre tuvo fama de ser un sitio de buen comer, si bien no le acompañaban demasiado ni la zona –Monte, que por entonces estaba a) lleno de kinkis y b) a tomar porculo- ni el garito en sí, que era simplemente el típico baruco.

En los últimos años sin embargo ha venido sonando más y más fuerte en Cantabria. Por tener muy buen producto, que lo tiene, y, también en gran medida, por contar entre su clientela con nuestro irrefutablemente conocidísimo –que cada cual realice sus valoraciones personales- expresidente Miguel Ángel Revilla y muchos de sus consejeros y visitantes e invitados de fuste, como el mismísimo Zapatero o José Blanco.

Participó éste último y en este garito de una anécdota bastante graciosa.

Cuando el cabrón de Pepiño, que no quiere traernos el AVE (yo no creo que lo necesitemos, pero si pidiésemos otra cosa tampoco nos la daría), vino a comer aquí, Tonino, ni corto ni perezoso, le cascó un menú en el que el postre era, ni más ni menos, que una tarta de AVE-YA-nas (texto literal del menú y ampliamente recogido en las hemerotecas). Olé sus huevos morenos.

Pero bueno, a lo que vamos. Que el sitio ahora está bastante mejor que antaño. Le han pegado un buen lavado de cara y está bastante bien. Supongo que es lo que toca cuando empiezas a ser un fijo de la "jet".

Según entras te topas con una generosa barra, cuajada de productos del mar que te dan las buenas tardes, o buenas noches si vas a cenar, de lo frescos que están. Navajas, almejas, gambas… el comedor a mí personalmente me parece un pedo, es un poco triste. Y al fondo, la joyita de la casa. Un estupendo jardín jalonado con varios cenadores y unas mesas con sombrillas bastante agradables. No creo que en Santander haya muchos jardines/terrazas en los que cenar más agradables en verano (exceptuando DeLuz, que es una caca de restaurante pero nadie puede osar poner en duda que es el más bonito de Cantabria).

Comimos 4 personas:

RABAS DE MAGANO: son caras pero lo valen. Buen rebozado, sin rezumar aceite y la raba rica y tierna, nada de esa mierda hecha con ruedas recauchutadas que se estiran más que una barra de pan en la posguerra. RICAS.

ALMEJAS A LA MARINERA: hechas en sartén. Buen calibre, buen sabor, en su justo punto de ajo y perejil. La salsilla para estar mojando una hora. MUY RICAS.

BOCARTES: ½ ración fritos y ½ ración de rebozados. A mi dejaron un poco frío, los bocartes no me dicen nada, aunque no estaban malos no los pediría nunca más. OK.

BONITO DEL NORTE A LA PLANCHA: los 4 lo comimos. Un trozaco de bonito tamaño king size, muy bien hecho, con unas patatas muy ricas. Puro sabor a mar, bonito del bueno. MUY RICO.

FLAN PASIEGO: no sé con que pelotas estaba hecho, pero por mí como si era con las de un pasiego. Bien cuajado, fresco. RIQUÍSIMO.

CESTA CRUJIENTE DE HELADO: típica tulipa de bolas de helado y tal. Sin más.

Botella de Arzuaga (a muy buen precio, 23 pavos), agua, pan y una copita de moscatel (Casta Diva, no había otra cosa mejor, aunque no estaba mal) 180 napos, propina incluida, esto es, 42,5 leuros por culo, 21,25 por nalga. Cafés y chupitos de cuenta del amigo Tonino, que es un tío de puta madre.

Es dinero, pero está bien pagado. Comes bien, comes mucho y comes en un buen sitio. Y si encima paga tu madre, el precio se dispara de bueno a óptimo.

Tonino: "chaval, cuando vengas si no está tu madre le dices al camarero que lo apunte. Y si te dice que no apunta le contestas: joder, pues que buena memoria tienes". Lo que tienen que haber sido las sobremesas con éste y Revilla.

4 ESTRELLAS Y 1/2!!!

Gonzalo Sáenz de Miera Bolado lo descubrió en septiembre de 2011

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Restaurante del Puerto

+34 942 21 30 01

de lo mejor de 2012

Calle de Hernán Cortés 63 Santander, Cantabria , España 43.463269 -3.796946

www.bardelpuerto.com

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Sangre, sudor y lágrimas...

'me encanta, uno de mis favoritos'

... es el precio que pagarás por llenar el buche en este garito.

Y es que así se escribe la historia. Esta frase, por mucho que la eficiente maquinaria propagandística británica nos haya hecho creer durante décadas lo contrario, no fue pronunciada por Winston Churchill. No al menos en primer lugar.

La perla fue la respuesta de Toñín "Puñales", insigne propietario del Bar del Puerto y del mote ganado más a pulso de la hostelería cántabra, a un incauto que le dijo "Toño, ¿qué me va a costar la comida?".

No me cabe la menor duda, este sitio tiene su fama bien ganada, por bueno y por caro. La excelencia se paga, y a qué precio.

Lo que no entiendo es desde cuando se han puesto tan estupendos que han decidido llamar a lo que toda la vida fue el BAR del Puerto "restaurante". Porque esto es un bar, y a mucha honra.

Aquí la materia prima es de primerísima calidad, y su elaboración sencilla, acertada y eficiente. Porque los buenos pescados y mariscos no transitan la senda imbricada de la complicación, ni son amigos de las distracciones. Demandan una cocina pura, sencilla y sutil que permita apreciar sin esfuerzo su sabor a mar, su frescor y su lozanía. Ahí radica su disfrute. Enmascararlos es un mal asunto y una peor costumbre de quienes tienen el género más pasado que fumar con boquilla.

En contra de la creencia popular, en Cantabria ni hay muchas vacas, ni hay mucho marisco. Eso quiere decir que los sitios en los que puedes comer algo fresco y sacado del mar son habas contadas. Y ésta es una de ellas, posiblemente la mejor.

Podemos entrar en disquisiciones metafísicas sobre si merece la pena o no pagar sus altísimos precios, sobre hasta dónde se puede cobrar por algo que, siendo casi tan bueno como lo del vecino cuesta el doble, y así hasta el infinito. Pero lo que nadie en su sano juicio puede discutir es que en pocos sitios comerás tan bien como aquí.

Desde luego, hay sitios en Cantabria que pueden ser, por decir algo, un 80% de buenos respecto del Puerto, pero un 50% más baratos, y por lo tanto, no creo que merezca la pena venir aquí más que un par de veces en la vida por conocerlo. Ahora bien, esto puede deberse a que un servidor está más tieso que la mojama. Porque si fuera rico desayunaría, comería y cenaría aquí todos los putos días.

El tugurio está en pleno corazón de Puertochico, un poco más arriba del Marítimo y de esa pedazo de bandera de España que hemos plantado ahí y que unos cabronazos franceses intentaron mangarnos este verano (y que se fueron de rositas. El garrote vil hubiese sido lo más humano si tenemos en cuenta lo que hubiesen hecho ellos si pillan a un español arriando una puta marsellesa en los Campos Elíseos). Así que la ubicación es estupenda, parking al lado, céntrica y a escupitajo y medio del agua.

El local traspira el genio del magnífico arquitecto cántabro Ricardo Lorenzo, sus líneas se trazan de forma racional, la distribución es efectiva y goza del aire de modernidad intemporal de toda su obra. En la planta de acceso hay una barra donde degustar muchas de sus buenísimas raciones (almejas, maganos, gambas enfundadas...) y un pequeños comedor y en la superior un comedor más espacioso. Insisto en que es más un bar que un restaurante. El servicio sin más, camareros con chaquetilla blanca al más puro estilo España de los García (usease, lo que les gusta en Txistu, Donostiarra o en los asadores de carretera de Valladolid), simpáticos pero muy "de Santander de toda la vida", esto es, demasiado coloquiales para un sitio de esos precios. El vino te lo echas tú y si el dueño del Casa Manolo de la esquina de tu barrio es amable, no notarás la diferencia.

Eso sí, la comida es simple, llana y definitivamente cojonuda. No pierdas ni un segundo pidiendo algo que no nadase cuando estaba vivo. Ir a Bar del Puerto y pedir carne debería estar penado con un mes en galeras.

Dos personas:

ALMEJAS A LA MARINERA: ración generosa, salsa riquísima, en su punto de ajo. Abrideras más grandes que una tapa de colacao. BUENÍSIMAS.

MAGANOS ENCEBOLLADOS: pequeñitos, suaves, muy ricos. BUENOS.

BOGAVANTE A LA PLANCHA: cuando nos lo enseñaron el cabrón hasta nos tiró un par de piropos. No podía ser más fresco. Terso, sabrosísimo, con el golpe justo de plancha y la carne más dura que la picha de un actor porno. TREMENDO.

MERO: acojonante. Con una salsa y unas patatas, que Dios me perdone, que fueron lo mejor de la cena a años luz de lo demás. Eso es poner pescado, y lo demás, gilipolleces. GALÁCTICO.

ARROZ CON LECHE: casero y rico.

MOUSSE DE CHOCOLATE: nada del otro jueves.

Con un Terras Gauda (los habrá mejores, como el Pazo Baión, pero me encanta), cafés y un par de Noés, 230 pavos con propina. Toma goma.

Pensé que no podría haber nada que me gustase más que cenar en el Bar del Puerto. Pero después de que un buen amigo se animase a apechugar con la minuta he descubierto que hay algo aún mejor: cenar en el Bar del Puerto de gratis. Qué experiencia!!!

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