No me leas. Mis opiniones son una boutade, un vodevil. Tan falsas como la sonrisa de una meretriz.
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Gonzalo Sáenz de Miera Bolado

Punto MX

+34 914 02 22 26

de lo mejor de 2013

Calle General Pardiñas 40 <m> Núñez de Balboa 5 9 Madrid, Madrid provincia, España

guardado por 275 personas

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¡Que viva México cabrones!

'me encanta, uno de mis favoritos' 'me encanta, uno de mis favoritos'

Manda güevos que yo, precisamente yo, el maldito yo, diga que, en lo relativo a naciones y nacionalidades, no es bueno encajonarse en estereotipos, ni adherirse a los lugares comunes, ni caer en la generalidad.

Y bueno, discúlpenme ustedes, pero es que la mayor parte de los mismos, como los refranes, no tienen por qué ser verdad absoluta, pero convendremos que, en muchos, muchísimos casos, algo, si no todo, de verdad sí albergan.

Ejemplos de lo precedente hay muchos, muy buenos y muy claros.

Todo el mundo sabe que los franceses son unos mascachapas acobardados, una suerte de aspirantes a ingleses con ínfulas de alemanes cuyos hombres más valientes son sus mujeres. Verdad, verdad y más verdad; del mismo modo que a nadie se le escapa que los belgas son unos tíos grises, aburridos, unos coñazos de solemnidad, el tedio erigido en nación.

Eso es así, y podría seguir ilustrando esta idea durante párrafos y párrafos.

Ahora bien, como la luna, como Géminis, toda nación tiene su cara oculta. Oculta, pero no por ello inexistente ni desconocida. Estar, está, pero lo hace de forma discreta, menos evidente y, por tanto, pasa desapercibida ante las miradas burdas e irreflexivas, ante los ojos que sólo entienden de lo fácil.

México encarna, como sólo otros pocos países podrían, esa sutil dicotomía, una vaporosa dualidad que, tras un tamiz de estándares folclóricos, esconde más, mucho más.

Del mismo modo que España no es sólo toros, sevillanas y “pallela”, nuestros hermanos de América son algo más, mucho más, que borracheras infames de tequila, disparos al aire como celebración de todo, sombreros XXL, siestas infinitas apoyados contra una pared o carreras de asnos.

Existe otro México, alejado de la corrupción, de la oscuridad, de los narcocorridos y de la infamia. Existe un pueblo alegre, luminoso, legatario de una cultura milenaria. Existe una nación orgullosa, otrora Imperio, que hace poco más de un siglo encontró la fortaleza para poner contra las cuerdas a los yankees (en El Álamo aún se cagan vivos de miedo cuando oyen hablar del General Santa Anna). Existe una patria madre de luminarias, de pensadores, de artistas, de músicos, de cultura y de ideas.

Y es ese otro México el que nos acerca Punto MX. Un sublime Restaurante, así, con mayúscula. Un tremendo mexicano.

Hechas las presentaciones, vayamos al lío y destripemos de arriba abajo este magnífico antro.

Punto MX ni es típico, ni es tópico.

Hay que hacer tabla rasa, formatear el disco duro y dejar en casa, guardada bajo siete llaves, la idea de garito rollo La Mordida (que por otra parte me encanta), de rancheras a toda pastilla, fotos de Pancho Villa y Chavela Vargas por doquier y comida en plan ponerte cerdísimo y salir echando michelada por el culo por 25 euros.

Ubicación un poquito incómoda, en uno de los laterales del Colegio el Pilar. Esas calles del Barrio de Salamanca resultan un coñazo porque son estrechas y están petadas de coches, con lo cual no hay Dios que aparque y no pueden ponerte aparca porque no se puede hacer doble fila. Al menos hay dos parking a unos metros, yo iría ahí directamente, no merece la pena perder un minuto dando vueltas.

El local es moderno, apolíneo, con predominio de la luz (pese a estar en un semisótano –que tomen nota garitos como GastronoME sobre cómo gestionar este tipo de espacios-), del espacio y del color blanco, pero que recoge, muestra y respeta, en pequeñas pinceladas, a través de los detalles, su identidad charra. En él se respiran aires de Ricardo Legorreta, de Luis Barragán, de una arquitectura mexicana moderna pero al tiempo identificada e identificable (cosa de la que muy pocos arquitectos modernos pueden presumir. Me da igual Koolhaas, que Siza, que Hadid, que Nouvel, que Fernández-Abascal. Todos son buenos, pero todos construyen igual, cosas de la puñetera globalización).

Sobre la comida diré que se trata de degustar, no de atiborrarse, una cocina fantástica, bien elaborada, equilibrada y en cantidades adecuadas y suficientes, ni mucho ni poco, lo justo y necesario. Los platos se presentan ya montados (sí, ya se que a todos nos encanta meter cochinita en la tortilla hasta que se desparrama, pero es lo que hay), con una presentación moderna, minimalista incluso.

El servicio es maravilloso. Más descoordinados que lentos, si bien lo primero termina por dar una sensación de lo segundo mayor que la realidad (comimos en una hora y media, un tiempo óptimo para una comida tranquila y de varios platos, pero por esa falta de timing se hicieron como dos y media). Y sobre todo amables, muy amables. Es un placer decir gracias y escuchar un de nada. Dar una sonrisa y que te devuelvan otra más grande. Preguntar cualquier duda y tener una respuesta completa, esmerada y bien sabida (y sabida en plan “interiorizada”, no repetición en plan papagayo). Y como son tan amables, pues todo lo demás te empieza a dar igual y pasa a un segundo plano.

Y en cuanto a la carta, recomendaría a muchos restaurantes, nacionales y sobre todo extranjeros, que tomen nota, es un auténtico clinic sobre cómo elaborarlas. Todos los platos vienen explicados, con sus ingredientes y su región de origen y, adicionalmente, se acompaña de un glosario que te explica qué es cada uno de los ingredientes, de las recetas, etc. con lo cual te haces una idea muy clara de qué vas a comer y te organizas mucho mejor la comanda.

Comimos el día de Reyes mi novia y yo. Como sigue:

GUACAMOLE: imprescindible. Elaborado ante tus narices en un mortero brutal de piedra que traen con un carrito. Lo van dando a probar para que decidas si necesitas más chile, cebolla, cilantro, lima o aceite de aguacate (es decir, cualquiera de los ingredientes que ponen además de los propios aguacates). Los totopos son brutales, es el único mexicano en el que he comido que no sean unos puñeteros Doritos o unos Old El Paso; eran caseros, crujientes, doraditos. BUENÍSIMO.

PANUCHOS DE COCHINITA PIBIL: buenísimos. Muy sabrosos, con un toquecito picante que le da el chile habanero. MUY BUENO.

TACOS DE ATÚN ROJO DE ALMADRABA: fantásticos. Con el atún presentado en tacos, crujiente por fuera, crudito en el interior. Una delicia de bocado. DELICIOSO.

TACOS DE WAGYU: una invención de la casa, rollo fusión japo-mexicano. Con cebollita y una salsa muy buena. FANTÁSTICOS.

ENCHILADA DE PATO (1/2): con el pato muy crujiente, muy hecho, y bañado en una salsa verde que llevaba pipas. Rico pero no tanto como lo demás. BUENO.

TACOS DE CHORIZO VERDE (1/2): con queso, aguacate, salsa de chiles. El típico taco muy rollo mexicano. MUY RICO.

CREPES DE CAJETA: una original interpretación de este postre, que se presenta como si fuese un pequeño bosque de setas, de las que el pie está hecho con dulce de leche y mascarpone y el sombrero con el crêpe. El “césped” del suelo se simula con pistacho (o algo verde) molido. Un trampantojo divertido, si bien un poquito escaso quizá (sobre todo el crêpe enrollado, que ponen uno normal además de lo otro, y que es enanísimo).

Todo esto, con dos cervezas, una de agua y un mezcal sour hicieron cien pavos redondos, 110€ con una de las propinas que más a gusto he dejado en mi vida. Es decir, 55 €/barba, una RCP óptima, la comida vale cada euro que pagas. Muchos de los platos que pedimos eran de lo más caro (si no lo más) de la carta, y el mezcal-sour también es un rejonazo. Pidiendo algún plato más normal y sin el mezcal puedes salir a 40-45 sin problema.

Supongo que los valientes que hayan osado leer hasta aquí se estarán, todos, haciendo la pregunta del millón: ¿justifica los casi tres meses de espera que hay para que te den mesa?

La respuesta clara, cortita y al pie: NO. Es un muy buen restaurante, tiene una muy buena comida, el servicio es fenomenal, la ubicación es buena y la RCP óptima. Pero es que no creo que exista un solo restaurante sobre la faz de la tierra que pueda cubrir las expectativas que generan tres meses de cola para poder poner el culo en sus sillas.

Y es un handicap que juega en su contra, a pesar de no ser culpa suya (la cola la formamos los que llamamos para reservar). Mucha gente irá con unas expectativas desproporcionadas y fuera de toda lógica y quizá salgan decepcionados porque exigirán lo inexigible.

A los que se niegan a ir a restaurantes con largas listas de espera, de moda, etc. les invitaría a abordar la cuestión desde otro prisma: ¿Pasa algo por dejar hecha una reserva con diez o doce semanas de antelación? Joder, cuando comes por ahí a menudo es un auténtico coñazo devanarte cada siete días los sesos pensando a dónde ir, de modo que ya sabes que para esa semana tienes los deberes hecho, así que no termino de ver el problema. A mí, plim.

Notas adicionales:

a) merecidísimo Premios Salsa de Chiles 2012 al mejor restaurante extranjero de Madrid.

b) Roberto Ruiz, el chef, es un tío absolutamente encantador. Pude conocerlo precisamente en la gala de entrega de los Salsa de Chiles y se acordaba perfectamente de mi. Estuvimos charlando un buen rato, nos enseñó personalmente todo el garito y nos asesoró sobre qué pedir. Posteriormente pasó por la mesa, plato tras plato, para asegurarse de que todo estaba siendo de nuestro gusto. Lo dicho, un fenómeno y, sobre todo, un tío que disfruta con su trabajo y que hace que se note.

c) Las tortillas. Fantásticas. Hechas el instante. Al fondo del local puedes ver a una señoruca preparándolas al momento con unas planchas de hierro. Elaboran la masa ellos mismos, todo es artesanal.

Resumiendo, que ya me he ido por los cerros de Úbeda para no variar. Un fabuloso restaurante al que recomiendo ir a todo el mundo.

Para que quede claro: Punto MX es el Kabuki de los mexicanos. Lo demás, meros kaiten sushi. Lo más parecido, y se queda a siglos luz, podría ser la Taquería del Alamillo.

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gordolobo

muy de acuerdo con la frase "el Kabuki de los mexs"

hace 4 meses

Gonzalo Sáenz de Miera Bolado

Hola! La verdad es que es lo primero que me vino a la cabeza nada más terminar de comer. Hoy, en Madrid hay bastantes japos de lujo (los dos Kabuki, Nikkei 225, los dos 99 Sushi Bar, etc.) pero al principio "de lujo de verdad" yo creo que sólo estaban Kabuki y 99 Sushi, y de eso hace poco. Con los mexicanos pasa un poco igual, La Taquería del Alamillo era lo único fuera del rollo mexicano guarro (con todos los respetos, que me encantan) pero algo como Punto MX no existía ni remotamente parecido. La aparición de Punto MX la veo como un paso natural, ahora mismo hay restaurantes "top" de todas las cocinas más populares, nacionales y extranjeras (peruana -Astrid&Gastón-, japonesa -los dichos-, china -Asia Gallery, Tse Yang-, asturiana -Paraguas, Puerta 57-, navarra -Manduca de Azagra-, etc, etc, etc), así que un mexicano de ese perfil era cuestión de tiempo, supongo. Saludos!

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hace 4 meses

gordolobo

sí, y que la gente descubra que la cocina mexicana no es únicamente tex-mex ni cosas sepultadas bajo montañas de queso por defecto.

hace 4 meses

Gonzalo Sáenz de Miera Bolado

yo no conocía otra que esa del tex-mex, que está muy bien. pero desde luego, esto es "otra cosa". me gustó, y mucho. para mí ha sido un descubrimiento, desde luego.

hace 4 meses

davidperezf

Me da parezón tremendo intentar siquiera reservar aquí... yo creo que deberían cerrar reservas a un mes y a correr. Yo lo del texmex es algo que jamás he alcanzado a comprender... con la tradición que hay en méxico de buena comida... un mole poblano, por ejemplo y sin exagerar, probablemente sea el summum de la gastronomía mundial.

Si vas a méxico, por poco interés que le pongas en ver un poco más allá, alucinarás con su cultura y con su gastronomía (vale, también me puse chuzo a mezcales en Oaxaca, y a micheladasultra heavys en Chiapas). Yo estoy deseando volver... por ahora, supongo que lo más parecido es PuntoMX, pero cómo están las reservas, a lo mejor vuelvo antes a México que voy a cenar aquí.

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hace 4 meses

Helencita

Apoyo la moción, conocí el restaurante gracias a esta página y fue un gran descubrimiento.Soy amante de la cocina mexicana y ya se echaba en falta un local de este tipo en Madrid alejado del concepto de gastronomía que tienes las cadenas tex-mex.Enhorabuena!!Espero poder volver muy pronto!

hace 2 meses

Jose Mendez

Hay restaurantes que aprecio mas de noche para cenar y este es uno de ellos. Ahora si queremos acortar la espera siempre se puede ir a medio día que no hay tanta espera . Uno de mis favoritos ! Totalmente de acuerdo con lo que dices Gonzalo, un trato impecable. slds José

hace 3 semanas

Edulis

+34 912 20 75 19

de lo mejor de 2013

Calle Velázquez 11 <m> Retiro 2 Madrid, Madrid provincia, España

guardado por 159 personas

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Restaurante se escribe con A de Amabilidad

'me encanta, uno de mis favoritos' 'me encanta, uno de mis favoritos'

Es la historia de mi vida. Una secuencia de imágenes borrosas, una mala película proyectada a través del filtro distorsionador de una botella de ginebra. Dalí. Buñuel. Surrealismo y recuerdos que se retuercen tras una pátina de niebla.

Me dicen, me cuentan, que del mismo modo que algunos pasan por la universidad, pero ésta no pasa por ellos, un servidor se dejó caer, hace cosa de tres o cuatro meses, por Edulis, pero que por lo visto la visita no fue recíproca.

Pudo ser la emoción del reencuentro con un viejo amigo la que robó toda mi atención, no dejando nada para el restaurante. Pudo ser la estupenda visión de su guapísima novia, que hizo rehenes a mis ojos, no permitiéndoles posarse sobre el plato.

O pudo ser, seguro que fue, la ginebra. La maldita ginebra. Una amante exigente que una vez que te pone la mano encima te quiere para ella sola, que te embelesa e hipnotiza y que hace que, en su presencia, todo caiga en un segundo plano de olvido y oscuridad.

Y es que el autor, que es como me gusta llamarme a mí mismo, tiene, a menudo, malas, malísimas y pésimas ideas. Pero además, de forma más esporádica –pero en cualquier caso con una frecuencia mayo de lo exigible a un intelecto medio, tirando a ramplón- destapa el tarro de sus peores esencias y da a luz ideas que serían Ministras de la Tontería en el País de las Malas Ideas.

Porque empujarse un par de gin tonics, antes de comer y en ayunas, puede ser símbolo de una genialidad digna de elevarle a uno a los altares de las palabras imbuidas de vapores alcohólicos, y garantizarle un asiento grabado con letras de oro en el panteón de los bardos etílicos, justo entre Ernest Hemingway y Dylan Thomas o, por el contrario, puede acabar, si mantiene esa bizarra costumbre, por arrojarlo al averno de perdición de acabar apareciendo en youtube diciendo que le han echado droja en el cola-cao.

Dado que he necesitado volver por Edulis, esta vez sobrio, para poder retener la suficiente información en mi atormentada testa, y formarme posteriormente una opinión al respecto, debo inferir e infiero, que si bebes no escribas, o si vas a escribir no bebas, porque, después, pasa lo que pasa.

Aprovecho esta tribuna de libertad que es 11870 para denunciar la marginación a la que vengo siendo sometido por el aparato opresor de la Real Academia de la Lengua, el jurado del Premio Cervantes, el Príncipe de Asturias y el Nobel de las Letras. Puede que se hayan extraviado por por mi reciente cambio de domicilio, pero aún espero en mi buzón carta cursando invitación a recibir silla y premios. Es injusto que, a pesar de mis indiscutibles méritos literarios, se me empuje a un lúgubre pozo de olvido por el mero hecho de encuadrarme en un género menor como es el de la crítica gastronómica. Y reclamo lo mismo para mi admiradísimo Alfonso Ussía, que viene sufriendo una situación similar desde hace algunas décadas.

En cuanto a Edulis, que es la coartada que he escogido en esta ocasión para dedicarme a mi habitual labor de hacer proselitismo, sólo puedo decir cosas buenas, muy buenas.

Se trata de un local excelentemente ubicado (c/ Velázquez, justo frente al Wellington y Gabana –lo cual lo convierte en una buena opción para cena, primera copa y después a la guerra), con una decoración muy bonita y actual (tiene cosas que recuerda a otros locales bonitos como GastroMe! o La Tulipe, entre otros, pero mejorando a todos ellos) y una sillas que son la leche de cómodas (será mi gusto por la arquitectura y el diseño, será que soy un raro, pero me encantan las sillas, salvo las de Philippe Starck, que es un hortera que hace lo que hubiese diseñado el diseñador jefe de Luís XV si hubiese tenido tripis a mano). Y además tienes aparcacoches, que es muy útil salvo que vayas hasta a cagar en moto, que es lo que hago yo y claro, entonces no te sirve para nada. Y encima mi novia nunca me deja dejársela a los aparcas, qué poco sentido del humor.

Tienes una barra según entras donde puedes tomarte algo antes y dos comedores con ambientes bien diferenciados. Uno de corte más “cool” (no hay nada menos “cool” que usar la palabra “cool”) que tiene mejor pinta para cenar, y otro más informal, que me recuerda algo a la Cesta de Recoletos o a la entrada de Ten con Ten, que le veo más juego para comidas.

Y el servicio, qué servicio. Destilan ganas de agradar, y agradan, que son dos cosas distintas que no siempre confluyen. Son educados, son agradables, son amables y son dispuestos. Todos. Desde el jefe de sala, pasando por una chica negra guapísima que nos acompañó a la mesa (sí, amigos amantes de la corrección política tontuna, habéis leído negra. Ni de color, ni morena, ni subsahariana. Negra. Como yo soy blanco, y no caucásico, lechoso ni paliducho) hasta uno de los tíos que nos atendió ya te daba hasta palo de la devoción con la que atendía, o la chica de los panes. Y joder, cómo se agradece, y qué fácil y que barato es para un restaurante ofrecer justo eso, que es lo más importante, lo que todo el mundo podría darte pero que sin embargo casi nadie te da. Una sonrisa, un de nada, un gracias. En las pequeñas cosas está la riqueza que baña nuestros mejores momentos.

Sólo por eso, aunque la comida hubiese sido del montón (que en ningún caso lo fue) ya recomendaría este sitio a ojos cerrados.

En cuanto a la comida, como sigue:

SALMOREJO: con crujiente de jamón y aceite de cebollino. Aperitivo cortesía de la casa. Realmente muy bueno. Fresco, con sabor a buenas hortalizas y suave como el culo de un bebé. MUY BUENO.

FLOR DE CALABACIÓN EN TEMPURA RELLENA DE GAMBAS, PUERROS Y QUESO: un bocado realmente especial. Una tempura suave, crujiente, sin un ápice de aceite, que da paso a un relleno pleno de sabor y matices. FANTÁSTICAS.

CHIPIRONES CON PISTO MANCHEGO: media ración (de un gran número de platos ofrecen medias raciones, lo cual está muy bien porque así pruebas más cosas, y aquí es útil porque vas a querer probar casi todas). Los chipirones vienen hechos a la parrilla, sobre una cama de un muy buen pisto. RICOS.

ARROZ SALTEADO CON CILANTRO: acompañado de langostino tigre. Muy buen arroz, meloso, suave. MUY BUENO.

LASAÑA DE PATO: la pasta muy buena (no lo sé, pero me dio la impresión de que era fresca), con carne de pato desmenuzada. Un plato contundente, cuyo tamaño engaña (no es muy grande pero pesa como el plomo). DELICIOSA.

De postre la tarta de manzana de la casa, acompañada de un helado riquísimo. Un postre fino, crujiente, bien elaborado y que debes pedir cuando hagas la comanda porque requiere de al menos veinte minutos para su preparación

Todo esto con cuatro copas de blanco (que por lo que pagas, como en todos los sitios, merece la pena tirar de botella y empujarte 7 u 8 copas), una botella de agua y dos cafés, 88 pavos (95 con la propina, muy bien ganada y dejada con mucho gusto).

En definitiva, un sitio francamente bueno y totalmente recomendable y recomendado.

Únicas pegas, bodega quizá un pelín corta, por lo que pude ojear en la carta de vinos, y medias raciones que, sin estar mal, dejaban un poquito de sensación de cortas a primera vista (un chipirón más y un langostino tigre mas, por ejemplo, no hubiesen sobrado).

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Edulis (es el propietario)

Estimado Gonzalo. Muchísimas gracias por el comentario tan positivo de nosotros, gracias por dedicarnos tu tiempo y compartir tu opinión. Estas cosas son las hacen que este trabajo sea más bonito si cabe. Respecto al precio sabemos que somos muy competitivos y nuestro trabajo nos cuesta. Por ahora estamos teniendo una buena acogida y que tengamos un volumen interesante hace que podamos seguir con los márgenes ajustados tan ajustados ….y espero que dure mucho tiempo!!
Nos vemos en EDulis. Un abrazo

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hace 8 meses

Rosalía Martínez (Piti)

delicioso relato, Gonzalo, digno de Rimbaud, Baudelaire, con resonancias de Poe y sus noches de absenta....en serio, escribes genial! sigue dándonos el gusto de leerte!

hace 8 meses

Triste Punky Tristini

Rimbaud y Baudelaire escribian relatos?

hace 3 meses

Rosalía Martínez (Piti)

Evidentemente, querido Triste Punky, sé perfectamente que son poetas. Yo hablaba del estilo y no de la forma. He leído lo suficiente de ellos para saberlo, si tu comentario es amable como si no. No es que me afecte especialmente tu comentario, pero me hace gracia. jajajaja

hace 3 meses

Triste Punky Tristini

Poeta o no, Gonzalo me ha dado muchas ganas de comer en el Edulis. Ya tengo mi reserva para el Sábado que viene.

hace 3 meses

Bar Toño

c/ San José 9 Torrelavega, Cantabria , España

guardado por 3 personas

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El Discreto Encanto de la Vida de Provincia

Gonzalo Sáenz de Miera Bolado lo descubrió en junio de 2012

'me encanta, uno de mis favoritos' 'me encanta, uno de mis favoritos'

Lo mío con la comida es una relación de amor-odio.

Aunque quizá sería más riguroso decir que es de amor-amor-odio, porque yo la adoro a ella, ella me adora a mí y yo me maldigo a mí mismo por amarla con la pasión irrefrenable de un romance de pubertad.

Así pues, parece que somos un triángulo amoroso de lo peor avenido.

Cenando hace un par de días con mi amigo Diego y sorprendido éste, no sólo por mi buen saque sino también por mis espectaculares bolea, remate, drive y revés y mi nada despreciable juego de media pista y de fondo, me decía: "tío, tienes un problema con la comida", cosa que me resultó de lo más sorprendente, porque yo no tengo ningún problema con la comida, me encanta toda ella.

Al lector avezado y perspicaz (que no es lo mismo que “al lector, avezado y perspicaz,…) posiblemente se le habrá hecho evidente un sensible descenso, tanto en frecuencia como en cantidad (en calidad, mucho me temo que tengo menos margen para el empeoramiento que los rating de Bankia) de mis críticas gastronómicas, aunque no las llamaría ni críticas, porque en esa noción está implícito el tener criterio –cosa de la que el autor carece-, ni gastronómicas –porque menos de gastronomía aquí se habla de todo-.

Y esto, para mi desdicha, no responde a un menor ritmo de visitas a antros, tugurios y cocinas de perdición, sino a un bobalicón, simple y estulto simulacro de autoengaño.

He tratado de trasladar ese dicho de que si no estás en facebook no estás en el mundo (yo no estoy ergo…) a mis poco saludables hábitos alimenticios, pensé que comida no comentada, comida no engordada. Sin embargo, mi sastre y su cinta métrica no parecen compartir este axioma de mi mejor cosecha.

Así, los tickets, facturas, cuentas y recibos se acumulan en mi cajón al mismo ritmo que en la pantalla aumentan los ceros (en la pantalla de la báscula, no en la de mis posiciones bancarias).

Resignado pues a mi absoluta imposibilidad de mantenerme alejado del vicio, retorno a las teclas y a la tortura que supone una vida en la que nunca sabes cuándo tu hígado sacará bandera blanca implorando clemencia.

Y para volver por la puerta grande no se me ocurre nada mejor que cantar las virtudes del Bar Toño de mi muy añorada Torrelavega.

La vida de provincias plantea cada mañana un panorama tan estimulante como un enema de wasabi.

Supongo que La Comarca que Tolkien describe en El Señor de los Anillos es la imagen más descriptiva que jamás nadie, siquiera Galdós en La Regenta, ha arrojado sobre ese tedioso, monótono y hastioso modo de vida.

Sin embargo, también ofrece algunos lujos olvidados e inaccesibles para quienes vivimos en el trantán frenético de la gran ciudad.

Gotas de placer como tener tiempo de disfrutar de forma tranquila y pausada de un aperitivo en una terraza cualquier día de la semana, como tener tiempo para compartir mesa, mantel y risas con los buenos amigos tan a menudo como a uno siempre le resulta deseable o contar, se vaya donde se vaya, con el saludo cariñoso y el comentario amable de algún compadre, porque en los sitios pequeños nos conocemos todos.

Y en eso, y en el hojaldre, en Torrelavega somos los reyes.

Tenemos la ciudad más fea del mundo civilizado, concebida con el mismo sentido urbanístico con el que Dios diseñó la Selva Amazónica y decorada con el mismo gusto que una cueva afgana. Pero también puedo decir con orgullo que tenemos una ciudad acogedora, amable y abierta, una ciudad donde el forastero que llega en cuatro días tiene amigos y una vida construida.

Y eso no lo compran ni los edificios bonitos ni las calles rectas y con aparcamiento ni las vías de tren soterradas (aunque son cosas que se agradecen).

Y el Bar Toño es un magnífico lugar en el que practicar el deporte favorito de los aborígenes de Torrelavega: el aperitivo. Y ya que estás allí pues te quedas a comer, porque lo harás en cantidades ingentes, bien y a un precio de risa.

El Toño era un bareto de la zona de vinos con un encanto similar al de Angela Merkel con un traje de latex. Viejos mamados, un bote con huevos en vinagre en la esquina de la barra y poco más que ofrecer.

Sin embargo, desde hace cosa de un año y pico dos tíos con más huevos que el caballo de Espartero, Carlos y Héctor, tanto monta, monta tanto (bueno, creo que Héctor monta bastante más porque está soltero -de oro-) se echaron a la mar y con la que está cayendo decidieron coger el garito, dar un golpe de timón y montar el sitio cojonudo que El Toño es hoy.

Le pegaron una mano de chapa y pintura, le han puesto una terraza muy agradable a la que ayuda el hecho de que toda la calle es peatonal y hasta hoy.

Comida sencilla, casera y de la que gusta. Chorizo, patatas fritas, morcilla, costilla, asadurilla (espectacular), mollejas, embutidos ibéricos, quesos, callos, albóndigas... mucho donde elegir y todo bueno.

Y pizzas. Nadie esperaría encontrar pizza en un sitio así, mucho menos pizzas que estén buenas. Pues aquí las hay y no están buenas, están cojonudas. Las hacen ellos en el momento (caseras 100%) y de todas ellas recomiendo especialmente la Preciosa y la Elena.

De toda la carta no hay absolutamente nada que llegue a 10 €, ponen los gin-tonics muy bien y a muy buen precio (galáctico si lo comparamos con lo que te cobran en Madrid por un garrafón-tonic) y son muy simpaticos.

He comido y bebido aquí como un gorila bulímico no menos de siete optillones de veces y nunca he pasado de 20-25 pavos. Una persona normal puede salir más contenta que un San Luís por menos de 20 pavos de calle.

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Restaurante Lateral

+34 915 75 25 53

de lo mejor de 2013

Paseo de la Castellana 42 <m> Rubén Darío 5 Madrid, Madrid provincia, España

guardado por 34 personas

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Ex Cathedra

'me encanta, uno de mis favoritos' 'me encanta, uno de mis favoritos'

Estoy por asegurar que puedo, perfectamente, haber comido en todos, o casi todos, los Lateral de Madrid un total de no menos de chorrocientas veces. Y puedo asegurar, y aseguro, que Lateral es la única institución infalible e inerrable del mundo, cosa de la que siquiera el Papa puede presumir (porque sí es infalible, pero no inerrable, salvo mejor opinión de algún experto en temas teológicos que pulule por aquí).

En todos comes mucho, comes razonablemente (incluso tirando a bastante) bien y comes a buen precio. Y ya, para cuadrar el círculo, lo haces en un ambiente ultra-pijo y en las mejores zonas de Madrid (Castellana, Velázquez, Arturo Soria… y Fuencarral, que aunque les guste ir de tirados es una zona de pijo-punks, y si no echad un ojo al precio de los alquileres en Idealista.com).

El modelo de negocio guarda ciertas similitudes con el de Public, Bazaar, La Gloria de Montera, La Finca de Susana y Ginger, que creo que pertenecen todos al mismo grupo y que tienen como señas de identidad comida aparente (más fachada que otra cosa, pero por ese dinero qué esperas…), precios tirados y locales pintones. Eso sí, con la diferencia de que éstos están todos agavillados en torno a la Gran Vía y que la clientela es más “de todo tipo”. Y que en Lateral se come bastante mejor.

De la carta te lo podrías comer todo, porque todos los platos son cosas que apetecen, y además siempre encontrarás algo que te encaje, vayas con las ganas de lo que vayas.

¿Qué quieres comer en plan lo de siempre? Las croquetas de jamón y de boletus están muy buenas, la ensalada lateral (tomate, queso y jamón) es una jugada con las cartas marcadas y las alcachofas con jamón están más que aceptables (y decir eso de unas alcachofas es mucho decir). La tortilla de patata está bastante mejor que la de muchos garitos que se hacen llamar templo de la tortilla y la patata rellena con huevo es un genuino tomahawk (aunque a lo mejor un poco seca, deberían ponerle salsa de nata agria o algo así)

¿Te apetece comer de pinchos? Puedes aburrirte, de solomillo, de foie, de pimientos rellenos, de brie, de queso de cabra, de bacalao, de atún…

¿Buscas algo diferente? Crema de melón, crema de tomate, crema de trigueros, tartar de aguacate con gambas…

Hay mil cosas. Ninguna será la mejor que hayas comido en tu vida (de hecho casi todos los platos los deben de tener preparados en una cámara a juzgar por el tiempo que tardan en servírtelos y por la temperatura a la que te llegan los que no son calientes), pero por ese precio y por el sitio la RCP es imbatible.

Si a todo esto le sumas que, aún siendo un garito de marcada “política rotación de mesas”, no parecen tener prisa por querer echarte, que los postres están bastante buenos (sobre todo los crêppes con dulce de leche y la tarta de limón –aún estando a siglos luz de la de José Luís-) y que los gin tonics de Fifty pounds están a 8 o 9 pavos (15 en Ramses, 15 en Glass Bar, 15 en la Ruleta y casi diría que 15 incluso en el Chino del Inframundo), pues resulta un sitio perfecto para comer con los colegas o con tu novia un día de buen tiempo y agarrarte una buena cogorza en la sobremesa.

Con cervezas, vino y copas, no pasas de 40€ ni con bombas. Comer con (una cantidad razonable, no en plan vikingo) cañas sale por unos 20-25€.

Y de todos los Lateral el mejor es el de Castellana 42, que no sólo tiene una de las mejores terrazas de todos los Lateral, y de Madrid, sino que además ha pasado por la derecha al de Velázquez en ambientazo pijo. Está justo al lado del ABC de Serrano y el puente de Juan Bravo, en la puerta del Registro Mercantil.

Con esas condiciones y esos precios, que me guarden una mesita en la esquina a mi nombre y para siempre, como a Hemingway en La Bodeguita del Medio, porque me queda justo debajo del gimnasio y ahora que empieza el verano pienso bajar todos los días a castigarme todo lo que no me castigo con las mancuernas.

Qué narices, teniendo esto a la puerta a lo mejor es que ni subo. Pudiendo levantar gin tonics quien querría levantar pesas.

listas: Comida, Copas

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Jamer

Ponerle cinco estrellas a este garito es como ponérselas a un VIPS. Empiezo: nuestra mini-mesa cojeaba y ni se molestaron en intentar remediarlo; éramos tres y nos despacharon con una sola carta (hasta que me vieron coger la de la mesa de al lado…); la mesa estaba sucia; nos trajeron todo lo que pedimos al mismo tiempo, por lo que o poníamos unos platos encima de los otros, o tragábamos sin masticar, o como nos recomendaron, juntamos las croquetas con las hamburguesas al Pedro Ximenez; el servicio, tirando a rancio; y la comida, tirando a mala: el solomillo estaba tan seco que parecía que el jodido cerdo había estado haciendo pesas con él; la tortilla, pésima (un puré de patata y huevo crudo recubierto de dos costras como dos crêppes, estuve a punto de pedir una cuchara); el “devuelto” de jamón, de nevera, bien lo podían haber puesto de postre; los pimientos “confitados” que acompañaban al queso de cabra estaban recién sacados de la lata, no habían visto ni la cocina, por supuesto, estaban “sinfitar”; la ensalada venía aderezada presuntamente de una vinagreta de mandarina y pimienta rosa, pero estamos esperando los análisis que le hemos encargado a Horatio para encontrar en qué hoja de canónigo estaba oculta; la tarta de limón venía sepultada en merengue (y yo que pensaba que las carolinas sólo las hacían en Bilbao), y para colmo, la jarrita de una especie de nata líquida que venía de acompañamiento estaba coronada de una linda pelusa azul; se lo advertimos y se la llevaron sin inmutarse, total para qué disculparse si sólo éramos… los clientes.
En fin, con estas mimbres, ya pueden hacer bien los gin-tonics con fifty pounds porque si no, no pasa de ser un sitio donde ir a tomar UN pincho y una caña después de una larga jornada de Mercadona…

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hace 12 meses

Cañadio Madrid

+34 912 81 91 92

de lo mejor de 2013

Calle Conde de Peñalver 86 <m> Diego de León 4 5 6 Madrid, Madrid provincia, España

guardado por 117 personas

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De Cañadío, me fío

'me encanta, uno de mis favoritos' 'me encanta, uno de mis favoritos'

Cantabria, la Montaña, que es como nos solazamos en llamarla aquellos que hemos sido bendecidos con la suerte y el privilegio infinitos de criarnos al amparo de su generoso regazo, es una suerte de paraíso en la tierra.

En ella fluyen y confluyen, coexisten y se entremezclan, en el sentido más ampliamente machadiano del concepto, paisaje y paisanaje sin igual. Lo evocador de la verde colina, de la fértil pradera, la emoción de la brisa marina que acaricia el rostro, la alegría de sentirse en la tierra prometida, caminan de la mano, en perfecta y equilibrada armonía, con sus gentes de bien, con las personas sencillas, severas en el trato pero amplias en corazón y bonhomía, que pueblan todos y cada uno de sus recovecos, conformando un todo que, sin la reciprocidad de cada una de sus partes, carecería de sentido, sería una nada.

Y se come de P-U-T-I-S-I-M-A M-A-D-R-E. Y es que, como diría el amigo Revilla, Cantabria me pone.

Tenemos buenos quesos, tenemos buen marisco, buenas carnes y buenas legumbres. Hay buena leche, buenos espirituosos y aún mejor repostería. Buenas patatas y buenos pescados. Tenemos de todo. Y de todo, lo mejor.

Así que de un sitio como Cantabria sólo pueden salir cosas buenas (bueno, cosas buenas y David Bustamente, que ni siquiera Cantabria es perfecta…).

Y una de ellas es el Restaurante Cañadío. Una pequeña embajada de nuestra Tierruca, así, con mayúsculas, en la capital. Para dar el salto a la villa y corte desde un negocio de provincia y plantar allí una sucursal, hay que tenerlos muy bien puestos, especialmente en hostelería, donde la competencia es de una voracidad brutal y despiadada. Pero desde luego que si hay un sitio con buenos mimbres para triunfar en esa ardua lid es, sin duda de ningún género, Cañadío.

Paco Quirós, el dueño, jefe, cabeza pensante y brazo ejecutor de todo el tinglado, vamos, un genuino hombre orquesta (todo lo anterior no tiene por qué, ni de hecho suele, confluir en una misma persona), lleva años regentando uno de los, a mi entender, mejores y más inteligentemente gestionados negocios de todo Santander y diría incluso del norte de España: el Restaurante Cañadío.

Este garito, que toma su nombre de la plaza en la que se encuentra (junto a la Iglesia de Santa Lucía, detrás del Paseo de Pereda y de la Plaza de Pombo, poco después de pasar el arco del Banco Santander en dirección Reina Victoria), y en el que he parado en múltiples ocasiones porque queda debajo de casa de mi tía (donde me quedo a dormir cuando las copas impiden tocar el coche, que es casi siempre), no me gusta. Me encanta.

Tiene dos partes bien diferenciadas con dos conceptos completamente opuestos. Por un lado, una barra exuberante de pinchos, que se renuevan periódicamente y que son tan ricos como generosos. Por otro, un restaurante de mantel y servilleta, que sirve una bien pensada cocina de mercado, con el equilibrio justo y necesario entre tradición y preponderancia del producto y su calidad y elaboración e innovación. Y a unos precios absolutamente adecuados. Ni caro, ni barato. Sólo lo que deben valer una comida y una atención más que buenas.

Así que lo que han hecho es, punto por punto, trasladar esa idea de la Bahía de Santander a un páramo de la meseta castellana. Porque si una idea es buena, está más que probada y funciona, ¿por qué cambiarla?

El único “pero” que le encuentro a la sucursal madrileña es la ubicación. Estaremos de acuerdo en que Conde de Peñalver es Barrio de Salamanca, pero es un tramo que ya es más “Barrio” que “Salamanca”, no se si me explico. Este sitio reúne condiciones más que suficientes para plantarse, aguantar y llevarse a más de dos y tres por delante, en pleno meollo. Tenía que estar en Jorge Juan, o en Ayala, o en Núñez de Balboa.

Tienes tres restaurantes en uno: la consabida barra con los consabidos y buenos pinchos, y dos comedores, uno, dentro de que el local es muy bonito y muy acogedor, más de “batalla” y en el que se sirve la carta “Basic” y otro en la planta superior donde se sirve la carta completa. Todas las opciones son buenas y todas ofrecen una relación calidad/precio absolutamente óptima.

Recomendar, recomendaría todo lo que ofrecen, como las carrilleras (con una salsa espeluznantemente buena), el cachón en su tinta, las mollejas con setas, las patatas con huevo y foie… todo está bueno. Y los postres son espectaculares. Creo que puedo decir que la tarta de queso casera que sirven es, con la de limón de José Luís, la más rica que he comido en Madrid. Y muy importaten, tienen HOJALDRE DE TORRELAVEGA.

La carta de vinos, a precios razonables, quizá no acabe de estar bien pensada respecto de la comida, pero tampoco desentona.

Por entre 10 y 20 € comes de pinchos muy ricamente. Por entre 20 y 35€ comes la “Basic” a base de raciones fenomenal. Y por entre 35 y lo que quieras gastarte, comes la carta completa, que es cojonuda (hamburguesa de atún, que nadie se vaya sin probarla.

Un sitio fabuloso. Una comida genial. Un gran servicio.

listas: Comida

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Francisco Lorenzo

Excelente la hamburguesa de bonito y todo lo demás. Volveré, aquí o en SDR.

hace 6 meses

Restaurante Gelín

+34 942 33 27 33

de lo mejor de 2013

Avenida de Bartolomé Damis 2 Santander, Cantabria , España

guardado por 15 personas

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Las apariencias engañan, y de qué forma

'me encanta, uno de mis favoritos' 'me encanta, uno de mis favoritos'

Si te propusiese ir a comer a un restaurante que se encuentra en una barriada situada en el extrarradio de Santander, construida con un escaso gusto arquitectónico y con un, aún, menos generoso sentido urbanístico, es posible que no te sonase precisamente a música celestial.

Si además, a renglón seguido y justo como en esta crítica, añadiese que se trata de un garito de precio medio-alto/alto (para lo que se estila en Cantabria) flanqueado por un lado por un aberrante Corte Inglés, por otro por una fábrica de Global Steel Wire, que tiene a unos escasos metros la autovía y el aeropuerto y justo enfrente la iglesia más jodidamente fea que ha conocido la cristiandad, al menos desde la segregación de los Imperios de Oriente y Occidente, es casi seguro que ni te suene ni te deje de sonar y que simple y llanamente me mandes a tomar por el culo.

Y no te faltaría razón, si no fuese porque estarías cometiendo uno de tus peores errores culinarios en décadas. Y es que aquella bobada que cantaba el adagio sobre que la belleza está en el interior adquiere absoluta vigencia cuando hablamos de Gelín.

El entorno no ayuda en absoluto, pero las bondades gastronómicas del tugurio son tales que invitan a obviar todo lo demás. A fin de cuentas, una vez dentro el “complicado” entorno deja ya de martillar nuestros sentidos, y en cualquier caso, en mi opinión, comer, si se come bien, ayuda a olvidar tanto o más que empinar el codo.

Gelín es el tercer elemento de esa Santísima Trinidad del buen comer (reitero, como de costumbre, dentro de lo que podríamos entender como “gastronomía tradicional” y con su fuerte fundamentalmente en el pescado y el marisco) de Santander y alrededores que completan Tonino y La Tucho, tres sitios que de hecho, para comer pescados y mariscos son mejores que cualquier otro mítico restaurante del meollo de la capital de la Montaña como puedan ser La Bombi y La Posada del Mar. Excepción hecha de un Bar del Puerto, por supuesto, cuyo nivel de comida y precios nos ciega a nosotros, oh simples mortales.

La carta es la habitual en este tipo de sitios, extensa y completa. Aunque tiene buenas carnes sería un error decantarse por éstas y no por sus productos del mar, que son buenos y frescos hasta decir basta. La bodega está magníficamente surtida, con referencias más clásicas que atrevidas, y a unos precios bastante razonables, si es que los precios de los vinos en la restauración pudieren merecer tal calificativo.

Lo que sigue, para seis personas:

ENSALADILLA RUSA: plato fetiche de un servidor, capaz de pedirla hasta en un restaurante libanés. Buena pero demasiado suave, me gusta que tenga un toque fuerte, sea de vinagre, de pimiento o de lo que sea. Ración generosa. RICA.

RABAS: de las buenas, de magano. De las que muerdes y se cortan. De las que no se convierten en un trozo de neumático al masticarlas. Buen rebozado, fino y sin aceite apenas. MUY BUENAS.

ALMEJAS DE CUCHILLO: frescas como el rocío de una mañana de primavera. Enormes, carnosas, con un rotundo sabor a mar y un diámetro como el de una pandereta de danzas montañesas. Aunque no me guste admitirlo, en Pedreña no hay almejas así (de hecho ya casi no hay, de ningún tipo, pasa un poco como con la patata de Valderredible); nos dijo Gelín que eran gallegas. Hechas a la sartén. DELICIOSAS.

PESCADOS AL HORNO (todos con unas patatas, una cebolla pochadita y un salsa que estaban de primera):

RODABALLO: nos dijeron que era para dos, pero de ahí podía haber comido una familia gitana al completo. MUY BUENO.

DORADA: dos raciones. Buena piezas, muy frescas, como todo lo que comimos. MUY BUENA.

PESCADO A LA PLANCHA:

LENGUADO: lo único de lo que no puedo hablar porque no lo probé. Quien lo comió dijo que estaba MUY RICO.

PESCADO A LA ROMANA:

RAPE: unos buenos trozacos de rape a la romana, compactos, tersos, con un muy bien conseguido rebozado. MUY BUENOS.

Todo lo anterior con seis postres (flan, arroz con leche y sorbetes, todos caseros y muy buenos. Los sorbetes están muy buenos, los hacen con helado y cava en el momento), dos botellas de Viña Esmeralda (que habiendo en la carta Albariños de primera me pareció una chorrada pedir, lo que no quiere decir que no esté bueno), agua y licores ascendió a 240€, propina incluida, es decir 40 pavos redondos por barba. Un gran precio si tenemos en cuenta cantidad y calidad de la comida.

No pude dedicarle la atención merecida porque habíamos quedado para tomar el café y las copas en otro sitio, pero tenían una buenísima selección de ginebras.

MIL POR CIEN RECOMENDABLE

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sin fotos + añadir

Tonino

+34 942 32 01 82

Barrio La Torre, 86. Monte. Santander, Cantabria , España

guardado por 3 personas

Cantabria Infinita

Gonzalo Sáenz de Miera Bolado lo descubrió en septiembre de 2011

'me encanta, uno de mis favoritos' 'me encanta, uno de mis favoritos'

Ir a Tonino es ir a Cantabria. A todas las Cantabrias.

Es ir a la Cantabria verde, de huertos fecundos, que encontramos en sus fantásticos tomates, aquellos que nos transportan a la niñez, a un tiempo feliz en que las hortalizas no eran masas insípidas y las frutas no parecían paridas por una cadena de montaje.

Es visitar la Cantabria marinera, abnegada y resignada, la de modestos pescadores de carácter recio y mirada profunda como la mar, hombres de una pieza, que se presenta ante nosotros en sus pescados aún coleantes, en sus mariscos de pinzas rotundas, como los brazos que los secuestran de lo profundo de nuestras costas.

Es conocer la Cantabria pasiega, arquetípica, la del silencio y la calma, la de la confianza y la honradez, la del apretón de manos con valor de ley, que nos llega en los sabores de su flan, con reminiscencias a sobao, y sus orujos.

Pero es, sobre todo, experimentar la mejor Cantabria, la amable, la acogedora, la que abraza y ofrece cobijo al forastero, la de gentes severas en el trato y generosas en pródigas en hospitalidad, que se nos hace palpable en la amabilidad de su personal, en la sorna y la retranca de su humor y comentarios cuando, y sólo cuando, hay confianza y amistad, preciados y preciosos tesoros éstos que en Cantabria cuesta, y mucho, ganar, pero que una vez alcanzados son, como nuestra tierra, infinitos.

Y una vez hechas notar todas estas gilisandeces que no se ni de dónde coño me las he sacado, paso a comentar información útil como que Tonino es uno de los mejores sitios para comer en el entorno de Santander (hay una Santa Trinidad para comer fuera, pero cerca, de la Pozona, que componen Tonino, La Tucho y Gelín. Y si no has estado en estos tres sitios no puedes presumir ni de conocer Santander, ni de saber de pescado, ni de nada de nada), que se come a muy buen precio, especialmente teniendo en cuenta la calidad de la materia prima, y que tiene un jardín que para primavera, verano y otoño (si no son lluviosos, que ya se sabe cómo las gasta Auro –Dios romano de las nubes para los iletrados- por estas latitudes).

En mi última visita, a finales de agosto –de este año, evidentemente- comimos cuatro personas:

ALMEJAS: hechas a la marinera, de un calibre excepcional, generosas en carne y de textura consistente, una maravilla, con una salsa que no dejé de mojar hasta que me quitaron el plato a tirones para seguir con la comanda. EXCEPCIONALES.

RABAS DE MAGANO: de las buenas, de las que no estiran metros y metros, de las que no sirven como llanta de bicicleta. Suaves pero a la vez tersas. Con un buen rebozado que no chorreo aceite. MUY BUENAS.

ENSALADA DE TOMATE CÁNTABRO: los tomates puedes verlos en la barra nada más entrar. Grandes, rojos, carnosos. Tienen sabor, algo de lo que el tomate carece desde tiempos inmemoriales. ¿El secreto? Buen tomate y sobre todo BUEN TRATO (no cámaras frigoríficas, tiempo razonable de maduración en la rama, tiempo razonable de maduración en el cesto, etc.). ESPECTACULAR. El único sitio en el que he comido un tomate (casi) tan bueno era cuando antiguamente en la Bombi te sacaban para picar unas rodajas con aceite.

BONITO DEL NORTE: dos raciones, una en tomate y la otra a la plancha. Ambas muy buenas, la salsa de tomate con ese punto a la vez dulce y a la vez ácido, ambos naturales, del buen tomate casero. A la plancha con sus ajos, para que repita bien toda la tarde y así puedas merendarlo y cenarlo por el mismo precio. MUY BUENO.

FLAN PASIEGO: sabor entre quesada y sobao, textura muy agradable, casi de panna cotta. RICO.

Todo esto con una botella de Terras Gauda (a un muy buen precio de 18 euros), un vermut, una caña, un café y dos manzanillas hicieron 112,5€, 120 napos con propina, es decir, 30 euros redondos por barba. Un precio de risa por la cantidad y la calidad de la comida. Y si ya vas con ganas de reventar puedes meter otras dos de bonito y otra de vino y aún así saldrás a unos 40-45 pavos como mucho.

Le subo a cinco estrellas, estaría de mal humor el día que decidí dejarle en cuatro.

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En Cantabria se come de puta madre. Tenemos de todo, y todo güeno. Buenos guisos, riquísimas carnes, mejores pescados y mariscos y una, tan amplia como excelsa, variedad de quesos y postres que podría aburrir al maldito Santo Job. Y además acostumbramos a tener el bonito detalle de no atracar a la gente a mano armada como en Madrid, que es algo que se agradece. A lo mejor, estar sí que estamos un poco asilvestrados por aquello de que no dejamos entrar mucho a los romanos, pero ser, somos buena gente. Y es que ser y estar no es la misma cosa, digan lo que digan los ingleses.

Por cierto, Gibraltar español, ahora que saco el tema.

Este es uno de los pocos casos que conozco de garitos que lo apuestan todo al cero y hacen saltar la banca. Podría dedicar tres días a enumerar restauradores que, teniendo negocios boyantes, una buena mañana amanecieron con un ataque de estupendismo, decidieron que lo de ganarlo a tazás y plataos era poca cosa para ellos y se pusieron a reformar lo que tenían entre manos para convertirlo en algo más acorde con su nuevo y autompuesto status de marqueses de chorrapelada. Resultado? Ostión al canto, negocio cerrado y unos buenos créditos a los que hacer frente con no-se-sabe-muy-bien-qué a las espaldas. Y las letras del Mercedes blanco acumulándose en el buzón. Cómo les gusta este coche a los restauradores oyes tú… sobre todo a los de los salones de bodas y bautizos.

El caso es que Tonino siempre tuvo fama de ser un sitio de buen comer, si bien no le acompañaban demasiado ni la zona –Monte, que por entonces estaba a) lleno de kinkis y b) a tomar porculo- ni el garito en sí, que era simplemente el típico baruco.

En los últimos años sin embargo ha venido sonando más y más fuerte en Cantabria. Por tener muy buen producto, que lo tiene, y, también en gran medida, por contar entre su clientela con nuestro irrefutablemente conocidísimo –que cada cual realice sus valoraciones personales- expresidente Miguel Ángel Revilla y muchos de sus consejeros y visitantes e invitados de fuste, como el mismísimo Zapatero o José Blanco.

Participó éste último y en este garito de una anécdota bastante graciosa. Cuando el cabrón de Pepiño, que no quiere traernos el AVE (yo no creo que lo necesitemos, pero si pidiésemos otra cosa tampoco nos la daría), vino a comer aquí, Tonino, ni corto ni perezoso, le cascó un menú en el que el postre era, ni más ni menos, que una tarta de AVE-YA-nas (texto literal del menú y ampliamente recogido en las hemerotecas). Olé sus huevos morenos.

Pero bueno, a lo que vamos. Que el sitio ahora está bastante mejor que antaño. Le han pegado un buen lavado de cara y está bastante bien. Supongo que es lo que toca cuando empiezas a ser un fijo de la "jet". Según entras te topas con una generosa barra, cuajada de productos del mar que te dan las buenas tardes, o buenas noches si vas a cenar, de lo frescos que están. Navajas, almejas, gambas… el comedor a mí personalmente me parece un pedo, es un poco triste. Y al fondo, la joyita de la casa. Un estupendo jardín jalonado con varios cenadores y unas mesas con sombrillas bastante agradables. No creo que en Santander haya muchos jardines/terrazas en los que cenar más agradables en verano (exceptuando DeLuz, que es una caca de restaurante pero nadie puede osar poner en duda que es el más bonito de Cantabria).

Comimos 4 personas:RABAS DE MAGANO: son caras pero lo valen. Buen rebozado, sin rezumar aceite y la raba rica y tierna, nada de esa mierda hecha con ruedas recauchutadas que se estiran más que una barra de pan en la posguerra. RICAS.

ALMEJAS A LA MARINERA: hechas en sartén. Buen calibre, buen sabor, en su justo punto de ajo y perejil. La salsilla para estar mojando una hora. MUY RICAS.

BOCARTES: ½ ración fritos y ½ ración de rebozados. A mi dejaron un poco frío, los bocartes no me dicen nada, aunque no estaban malos no los pediría nunca más. OK.

BONITO DEL NORTE A LA PLANCHA: los 4 lo comimos. Un trozaco de bonito tamaño king size, muy bien hecho, con unas patatas muy ricas. Puro sabor a mar, bonito del bueno. MUY RICO.

FLAN PASIEGO: no sé con que pelotas estaba hecho, pero por mí como si era con las de un pasiego. Bien cuajado, fresco. RIQUÍSIMO.

CESTA CRUJIENTE DE HELADO: típica tulipa de bolas de helado y tal. Sin más.

Botella de Arzuaga (a muy buen precio, 23 pavos), agua, pan y una copita de moscatel (Casta Diva, no había otra cosa mejor, aunque no estaba mal) 180 napos, propina incluida, esto es, 42,5 leuros por culo, 21,25 por nalga. Cafés y chupitos de cuenta del amigo Tonino, que es un tío de puta madre.

Es dinero, pero está bien pagado. Comes bien, comes mucho y comes en un buen sitio. Y si encima paga tu madre, el precio se dispara de bueno a óptimo.

Tonino: "chaval, cuando vengas si no está tu madre le dices al camarero que lo apunte. Y si te dice que no apunta le contestas: joder, pues que buena memoria tienes". Lo que tienen que haber sido las sobremesas con éste y Revilla.

4 ESTRELLAS Y 1/2!!!

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Restaurante del Puerto

+34 942 21 30 01

de lo mejor de 2013

Calle de Hernán Cortés 63 Santander, Cantabria , España

guardado por 28 personas

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Sangre, sudor y lágrimas...

'me encanta, uno de mis favoritos' 'me encanta, uno de mis favoritos'

... es el precio que pagarás por llenar el buche en este garito.

Y es que así se escribe la historia. Esta frase, por mucho que la eficiente maquinaria propagandística británica nos haya hecho creer durante décadas lo contrario, no fue pronunciada por Winston Churchill. No al menos en primer lugar.

La perla fue la respuesta de Toñín "Puñales", insigne propietario del Bar del Puerto y del mote ganado más a pulso de la hostelería cántabra, a un incauto que le dijo "Toño, ¿qué me va a costar la comida?".

No me cabe la menor duda, este sitio tiene su fama bien ganada, por bueno y por caro. La excelencia se paga, y a qué precio.

Lo que no entiendo es desde cuando se han puesto tan estupendos que han decidido llamar a lo que toda la vida fue el BAR del Puerto "restaurante". Porque esto es un bar, y a mucha honra.

Aquí la materia prima es de primerísima calidad, y su elaboración sencilla, acertada y eficiente. Porque los buenos pescados y mariscos no transitan la senda imbricada de la complicación, ni son amigos de las distracciones. Demandan una cocina pura, sencilla y sutil que permita apreciar sin esfuerzo su sabor a mar, su frescor y su lozanía. Ahí radica su disfrute. Enmascararlos es un mal asunto y una peor costumbre de quienes tienen el género más pasado que fumar con boquilla.

En contra de la creencia popular, en Cantabria ni hay muchas vacas, ni hay mucho marisco. Eso quiere decir que los sitios en los que puedes comer algo fresco y sacado del mar son habas contadas. Y ésta es una de ellas, posiblemente la mejor.

Podemos entrar en disquisiciones metafísicas sobre si merece la pena o no pagar sus altísimos precios, sobre hasta dónde se puede cobrar por algo que, siendo casi tan bueno como lo del vecino cuesta el doble, y así hasta el infinito. Pero lo que nadie en su sano juicio puede discutir es que en pocos sitios comerás tan bien como aquí.

Desde luego, hay sitios en Cantabria que pueden ser, por decir algo, un 80% de buenos respecto del Puerto, pero un 50% más baratos, y por lo tanto, no creo que merezca la pena venir aquí más que un par de veces en la vida por conocerlo. Ahora bien, esto puede deberse a que un servidor está más tieso que la mojama. Porque si fuera rico desayunaría, comería y cenaría aquí todos los putos días.

El tugurio está en pleno corazón de Puertochico, un poco más arriba del Marítimo y de esa pedazo de bandera de España que hemos plantado ahí y que unos cabronazos franceses intentaron mangarnos este verano (y que se fueron de rositas. El garrote vil hubiese sido lo más humano si tenemos en cuenta lo que hubiesen hecho ellos si pillan a un español arriando una puta marsellesa en los Campos Elíseos). Así que la ubicación es estupenda, parking al lado, céntrica y a escupitajo y medio del agua.

El local traspira el genio del magnífico arquitecto cántabro Ricardo Lorenzo, sus líneas se trazan de forma racional, la distribución es efectiva y goza del aire de modernidad intemporal de toda su obra. En la planta de acceso hay una barra donde degustar muchas de sus buenísimas raciones (almejas, maganos, gambas enfundadas...) y un pequeños comedor y en la superior un comedor más espacioso. Insisto en que es más un bar que un restaurante. El servicio sin más, camareros con chaquetilla blanca al más puro estilo España de los García (usease, lo que les gusta en Txistu, Donostiarra o en los asadores de carretera de Valladolid), simpáticos pero muy "de Santander de toda la vida", esto es, demasiado coloquiales para un sitio de esos precios. El vino te lo echas tú y si el dueño del Casa Manolo de la esquina de tu barrio es amable, no notarás la diferencia.

Eso sí, la comida es simple, llana y definitivamente cojonuda. No pierdas ni un segundo pidiendo algo que no nadase cuando estaba vivo. Ir a Bar del Puerto y pedir carne debería estar penado con un mes en galeras.

Dos personas:

ALMEJAS A LA MARINERA: ración generosa, salsa riquísima, en su punto de ajo. Abrideras más grandes que una tapa de colacao. BUENÍSIMAS.

MAGANOS ENCEBOLLADOS: pequeñitos, suaves, muy ricos. BUENOS.

BOGAVANTE A LA PLANCHA: cuando nos lo enseñaron el cabrón hasta nos tiró un par de piropos. No podía ser más fresco. Terso, sabrosísimo, con el golpe justo de plancha y la carne más dura que la picha de un actor porno. TREMENDO.

MERO: acojonante. Con una salsa y unas patatas, que Dios me perdone, que fueron lo mejor de la cena a años luz de lo demás. Eso es poner pescado, y lo demás, gilipolleces. GALÁCTICO.

ARROZ CON LECHE: casero y rico.

MOUSSE DE CHOCOLATE: nada del otro jueves.

Con un Terras Gauda (los habrá mejores, como el Pazo Baión, pero me encanta), cafés y un par de Noés, 230 pavos con propina. Toma goma.

Pensé que no podría haber nada que me gustase más que cenar en el Bar del Puerto. Pero después de que un buen amigo se animase a apechugar con la minuta he descubierto que hay algo aún mejor: cenar en el Bar del Puerto de gratis. Qué experiencia!!!

listas: Comida

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Melo's

+34 915 27 50 54

de lo mejor de 2013

Calle del Ave María 44 <m> Lavapiés 3 Madrid, Madrid provincia, España

guardado por 473 personas

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Un cebatil de los buenos

'me encanta, uno de mis favoritos' 'me encanta, uno de mis favoritos'

Nunca había estado por Lavapiés y, honestamente, tampoco era mucho mi interés en conocerlo.

Pero un amiguete me llamó para ir el otro día para ir a comer y tomar unas cañas (que acabaron en copazos, para variar) y la verdad es que me gustó bastante.

La única diferencia que encuentro ahora mismo entre La Latina y Lavapiés es que la primera se ha puesto muy (demasiado) de moda y tiene unos precios absolutamente inaceptables para lo que ofrece y la segunda está más tranquila, con lo cual en lo sucesivo creo que a las cañas y a comer me iré a Lavapiés y después ya me iré de latineo.

No conocía yo este Melo's, pero me ha parecido un sitio cojonudo.

Por afuera y según entras la pinta no es en absoluto prometedora, el típico bareto de barriada, con un cartel feo hecho polvo por afuera y con la consabida barra y mobiliario de acero inoxidable dentro (y en el comedor cuatro mesas con unas sillas cutrongas).

Sin embargo, los carteles, A4 impresos con una "Jeulet Paca" del '83 por lo menos, son prometedores. Especialmente el que reza "Las raciones son generosas, pide con moderación".

Qué mas quiere el ciego que ver. Sólo con leer algo así ya me pongo contento.

El concepto de negocio es tan sencillo como brillante, ofrecer cuatro cosas (casi literalmente, porque creo recordar que no hay más que seis platos, a saber, morcilla, pimientos de padrón, croquetas, zapatilla, queso con membrillo y empanadillas) pero todas ellas muy ricas, caseras y muy baratas.

Aviso para navegantes, lo de las raciones NO ES BROMA. Detallando la comida:

MEDIA DE PIMIENTOS DE PADRÓN: ricos, pero no se qué coño pasa que llevo varios años sin comer un sólo pimiento de padrón que pique. ¡Joder, que si los pedimos es porque nos gusta pasarlas putas! Y si a la gente le pican mucho pues a lo mejor es que su plato es la tortilla francesa, o el caldo hervido, y no esto.

ZAPATILLA: Una burrada, una especie de sándwich hecho con dos rebanadas muy gordas de pan de hogaza tostados y unos 5 o 6 centímetros (por lo menos) de lacón rehogado y queso de tetilla fundido entre una y otra. Brutal. Riquísimo, bastísimo e imposible de morder salvo que tengas la boca como un jodido buzón de correos (es decir, como Mick Jagger o Steven Tyler). DIOS BENDIGA AL DUEÑO.

CROQUETAS: increíbles. Están hechas con el molde de las balas de cañón con las que los cabrones de los ingleses nos hundieron la flota, que lo compró el dueño en un anticuario. 8 balones de fútbol sala que ocupan un plato entero (plato grande, de los de segundo plato, no de postre). Por dar una escala realista, más o menos son del 80% del tamaño de una pelota de tenis. Parece imposible que un finstro de croqueta así pueda estar buena. PUES LO ESTÁ, Y MUCHO. La bechamel cojonuda, suave, bien ligada, con aspecto y textura de casera -y como digo siempre, si era congelada era de las muy caras- y con unos buenos trozos de jamón que sabían a jamón, y no a cojón como en la mayoría de los sitios. El rebozado "seco" (con esto me refiero a que no chorreaba aceite asqueroso) y crujiente, y doradito, que es como a mí me gusta. LA DE DIOS.

Con esto comimos cuatro personas y nos quedamos bien a gusto. Si vas en plan muy tragón pues a lo mejor para cuatro se podría haber añadido una de morcilla y que la de pimientos hubiese sido entera, pero no mucho más. De las empanadillas no me gustó la pinta que tenían, parecían caseras también pero demasiado aceitosas, aunque seguro que las pruebo cuando vuelva, que será pronto.

Lo comentado arriba mas ocho birras hicieron un total de 36 napos (9 por culo). Buena comida, buen precio, buenísimas cantidades.

No me extraña que esté siempre petado. Aunque debí de tener suerte, porque el día que yo estuve fue un sábado a la hora de comer, con sol y calorcito y no allí no estaba ni Perry Mayson.

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puntoyraya

Pues yo no sé si quedarme con las croquetas o las empanadas: fijate-lo-que-te-digo ^^ Vuelve y prueba: una MARAVILLA :)

28 de julio de 2011

99 Sushi Bar

+34 914 31 27 15

de lo mejor de 2013

Calle de Hermosilla 4 <m> Serrano 4 Madrid, Madrid provincia, España

guardado por 230 personas

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Garito redondo. El otro gran japo de Madrid.

'me encanta, uno de mis favoritos' 'me encanta, uno de mis favoritos'

El Suhi 99 de Hermosilla es el mejor japo de Madrid, junto con el Kabuki Wellington, y no hay forma razonable de sostener lo contrario. Intentar medirse con ellos es tener ganas de que te hagan picadillo y de que te humillen.

Cualquier otro japo de la ciudad sale apalizado en una comparación con cualquiera de éstos. Hay que asumirlo como un dogma de fe y no desperdiciar un minuto en cuestionarlo. No sólo son los dos mejores japoneses, sino que además son dos de los mejores restaurantes que hay en la ciudad, del género que sean.

Kabuki Presidente Carmona y 99 Sushi Ponzano se caen de una terna en la que deberían estar pero el primero por su deficiente servicio, lo trillado que tienen el local y el hecho estar siempre hasta las trancas, y el segundo porque siendo bueno es peor que su hermano mayor en todo, les hacen bajar al escalón inmediatamente inferior, donde también pondría al Nikkei 225.

Después de estos cinco van todos los demás. Y ojo, que hay muchos buenos garitos del ramo en la capi, lo que ocurre es que los de arriba son "otra cosa".

La ubicación del local no puede ser mejor, en pleno corazón de Madrid, en los bajos del NH Sanvy, justo detrás del Hard Rock, entre Castellana y Serrano.

Se trata de un local moderno, sencillo y bonito, que pese a estar lleno no da sensación de agobio ni resulta ruidoso (algo a lo que también contribuye el perfil de la clientela). Resulta curioso el hecho de tener que subir una buena tacada de escalones para entrar, pero la verdad es que casi resulta preferible, porque permite estar aislado de la calle.

El servicio es sencillamente excepcional, son, no sólo amables, sino también terriblemente agradables. Ni me gusta que el servicio sea extremadamente campechano, porque les das la mano y acaban por cogerte el codo, el pie y haciéndote cosquillas en el sobaco, ni tampoco me gustan nada esos tíos envarados que parecen robots con un programa de protocolo enchufado en el culo, crean una atmósfera rígida y del todo artificial.

Aquí tienen el punto justo. Y, por encima de todo, son muy buenos profesionales. La atención desde que pones un pie en el garito hasta que sales por la puesta en simple y llanamente inmejorable. Como casi todo en este restaurante, dicho sea de paso.

La verdad es que me atrevería a matizar mi comentario del principio y tirarme a la piscina diciendo que éste es el mejor japo de Madrid. Pero no voy a hacerlo por una sencilla razón: creo que es mejor que Kabuki Wellington en prácticamente todo. Salvo en una cosa: los nigiris. Los nigiris de Kabuki y del Wellington son los mejores a años luz de todos los demás.

Y amigo, con los nigiris no se juega. Son mi plato favorito, lo mejor que se puede pedir en cualquier japo que sepa hacerlos como Hiro Hito manda (el emperador allí en Dios ¿no?), un bocado único. Así que ese punto cuenta triple, incluso puede que cuádruple. Qué coño, ese punto vale mil veces más.

Así que después de esta sarta de gilipolleces que acabo de soltar tengo que reafirmarme en mi aseveración inicial. Están al mismo nivel.

Vamos con la comida, que es OTRO JODIDO ROLLO:

TARTAR DE ATÚN: en lugar de venir en daditos o muy picado, se presenta en tiras, gruesas y no muy largas. Con unas semillitas de sésamo. No estaba rico, estaba BRUTAL.

TEMPURA DE TIGRE: odio casi todas las tempuras. Pues de ésta me comeria siete raciones. Buenísima, fina, ligera, crujiente... jodidamente buena y acompañada de una salsa con un toque picante que se te va la olla. OLE, OLE Y OLE.

NIGIRIS: son una copia de los de los Kabuki. Muy buenos todos. Dos por ración. Huevo con trufa, pez mantequilla con trufa y hamburguesita de kobe. MUY BUENOS (pero son mucho mejores los de Kabuki).

GUNKAN DE ERIZO: no voy a valorar este plato. Pensé que como las ostras me encantan el erizo también lo haría. He descubierto que odio el erizo. Si un día me encuentro un erizo en la playa pienso pisotearlo hasta la desintegración.

PRESA IBÉRICA CON UME: una buena pieza laminada de presa, rosadita por dentro, acompañada de salsa de ume (una especie de ciruela amarga). RIQUÍSIMO.

Siempre digo que en los orientales, del tipo que sean, los postres son una mierda. Pues aquí he tenido que envainármela. Tomamos un MAKI DE TÉ VERDE Y MANDARINA que estaba REALMENTE BUENO. Cremoso, frequito y esponjoso. Merece la pena.

Todo esto, con dos Kir Royal de aperitivo (hechos con champagne, que ahora en muchos sitios los preparan con cava los muy cabrones), una botella de Terras Gauda (los vinos, para ser un sitio de esta categoría, no están a precio abusivo ni mucho menos), una de agua y un té (hecho con hierbas, no té-caca de bolsita) 180€ con propina. Mucho dinero? SI. Caro? EN CUALQUIER TERRAZA DEL BARRIO DE SALAMANCA TE SOPLAN 40 PAVOS BARBA POR COMER MIERDA. SACA TUS CONCLUSIONES.

Una última cosa. Te ponen un aperitivito al llegar y unos dulces con el café. Pues bien, NO LOS COBRAN. Y eso es un detalle muy bueno, no son unos cutres.

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Gonzalo Sáenz de Miera Bolado

Me he visto a retocar el comentario, eliminando al 99 Sushi de Ponzano de lo que llamaba "La Santisima Trinidad". Tenía un buenísimo recuerdo de un par de comidas con mi viejo hace algún tiempo. He vuelto a cenar allí el jueves 12 de mayo y me ha pasado lo mismo, o peor, que con el Kabuki de Presidente Carmona. Es bueno pero se nota que lo han dejado como restaurante "de batalla" del grupo y poniendo toda la carne en el asador con el "premium".

En ambos (Kabukis y 99s) pasa exactamente lo mismo, de una forma totalmente palpable.

En breve colgaré mi reseña de 99 Ponzano.

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15 de mayo de 2011