No me leas. Mis opiniones son una boutade, un vodevil. Tan falsas como la sonrisa de una meretriz.
En Twitter @Mr_Gluttony

Gonzalo Sáenz de Miera Bolado

mostrando 17 sitios

El Pato Laqueado

+34 913 14 59 95

Calle San Benito 3 <m> Plaza de Castilla 1 9 10 Madrid, Madrid provincia, España

guardado por 34 personas

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Cruce de trucha y mono versión japo-chinorro

'está OK' 'está OK'

El sitio está en una zona que tiene menos gracia que una señora de 90 años subiéndose las enaguas (detrás de las Kio).

Comí allí porque el novio de una de mis muchas tías solteras curra de broker allí (en las Kio, no en el Pato Laqueado) y a mí me pilla cerca de casa y del curro.

El garito coge el nombre del mejor plato que tienen, y doy fe de que está bueno. No me pareció mucho mejor el que comí en Tse-Yang (Hotel Villamagna) o en Asia Gallery (Hotel Palace -aquí lo llaman "lacado" y no "laqueado"-). Francamente bueno.

La carta es una mezcla de japo y chinorro sin más. La calidad de la comida del montón, rollo El Arcoirís Felíz, La Catarata Sonriente o el Buda Gordito.

El pato laqueado es un plato más bien carete. Comimos tres, botella y media de vino, el pato y tres platos más y salimos a unos 35 pavos largos, casi 40, por barba.

Para dejarme eso pago 45-50 en Asia Gallery o en Tse-Yang, que son los mejores chinos de España y están en hoteles de lujo, que son entornos más agradables que plena Plaza de Castilla.

Aún así comiendo cosas más normales de la carta o algún menú sales por 20 pavos más o menos.

Servicio atento, típico oriental: no entienden una puta palabra, pero sonreir sonríen que se les parten las comisuras los muy cabrones.

listas: Cerca de casa, Comida

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José Luis Restaurante

+34 914 57 50 36

Calle de Rafael Salgado 11 <m> Santiago Bernabeu 10 Madrid, Madrid provincia, España

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Clásico venido a menos

'está OK' 'está OK'

En mi línea de vagancia suprema, vomito algunas ideas, ya pondré más orden y concierto en otro momento.

Una institución madrileña, aunque notable y notoriamente venida a menos.

Dos locales uno junto al otro, restaurante "puesto" por un lado y barra-restaurante "informal" por otro.

Vive de una equilibrada conjunción de nombre e historia y una no excesiva, aunque sí apreciable, pérdida de calidad.

Buenos pinchos de merluza y tortilla, quizá en su día de lo mejor de Madrid, hoy buenos pero en absoluto para justificar un viaje (y por viaje, pueden ustedes leer desplazamiento de más de 10 minutos a pie). Ensaladilla rusa aceptable tirando a buena.

A la carta no está mal para picotear. La última vez que estuve fue con una tía mía soltera y aficionada al tinto y los huevos con patatas y morcilla y nos triscamos dos botellas y un par de fuentes completas.

Ambiente tirando a casposete (la clientela envejece con ellos, y parece que la savia nueva opta por otro tipo de lugares) y precios la verdad es que no abusivos en demasía (cualquier tugurio de moda de La Latina puede clavar bastante más sin despeinarse).

De todos los de Madrid, este es el que tiene mejores local y terraza, sorprende su ausencia en 11870. Tiene un ambiente curioso, fruto de la confluencia de la gente bien de la zona Padre Damián, Paseo de la Habana, Serrano, etc., familias arrancadas de un catálogo de Burberry o de Barbour, y del catetamen padre que somete a asedio el Bernabeú fin de semana sí y fin de semana también con sus peinados a lo CRetino9, sus pendientitos de brillantes a lo Guti o sus "asín" a lo Sergio Gramos, todos ellos con la camiseta del equipo recién puesta, la etiqueta aún colgando, y la camisa que llevaban antes puesta, con chándal, of course, asomando por la bolsa de la tienda del estadio (ojo, segunda atracción turística de la Comunidad de Madrid, sólo superada por el Prado y muy, muy por encima del Retiro, Thyssen, Reina Sofía, Palacio Real, Descalzas, etc., así va este país. Luego nos tiramos de los pelos viendo los shares de Putillas Shore, Gran Cerdano, etc.).

Me gusta su tarta de limón. No es tan espectacular como la de Embassy, pero ¿cuál lo es? pues sólo la de Embassy. Esta es realmente buena, y la sitúo en mi santoral de tartas junto con la de queso de La Cesta de Recoletos o la de Cañadío, que son dos tótems del tarteo capitalino.

No me excita particularmente, pero no me importa dejarme caer por aquí de vez en cuando (siempre y cuando no juegue el Madrid, por supuesto).

He visto varios comentarios en todos (o casi) los José Luis relativos a un supuesto caso de agresión homófoba que tuvo lugar en el local de Paseo de la Habana (uno de los peores de la cadena, todo sea dicho).

Desconozco su veracidad o no pero, de ser cierto, es un acto vergonzoso y execrable. Asqueroso, así, con todas las letras.

No obstante no sé hasta que punto se puede criminalizar de ese modo al negocio, que bastante problema le habrá supuesto la mala suerte de que ocurra en uno de sus locales

Por mi naturaleza, estoy seguro de que si ocurre delante de mí hubiese mediado sin dudarlo. Creo firmemente que uno de los grandes males del mundo actual es que nadie hace nada por nadie. Que roban a una señora? No me meto por si me pinchan. Que agreden a un inmigrante? No me meto por si me voy caliente. Que veo a una persona con mal aspecto en el suelo resollando? Ni me acerco, no sea un loco. Y así nos luce el pelo.

Ahora bien, tengamos todos muy presente que unos energúmenos que agreden a una pareja de mujeres por manifestar su afecto en público son poco menos que unos perfectos tarados mentales, gente con alguna suerte de desequilibrio grave, eso debe de quedar fuera de toda duda. Y, por si alguien no lo tiene claro yo se lo recuerdo, un camarero es una persona que atiende un negocio, pone cañas y sirve pinchos, ni su función es impartir justicia ni tienen una preparación específica, técnica ni física, para ello y, por lo tanto, bien podría arrugarse ante la perspectiva de no saber a qué atenerse con dos tarados mentales enfurecidos.

Por lo tanto, no se les puede exigir que medien en una situación de violencia física porque pueden ser los primeros que resulten agredidos (desconozco el aspecto de los agresores, pero me gustaría ver a algún que otro valiente de tertulieta enfrentarse a un skinhead o a un mulo de gimnasio).

Insisto, creo y quiero pensar que yo hubiese intervenido sin dudarlo, pero también resulta comprensible que el miedo es libre y que no se puede esperar que todo el mundo se ponga el traje de Quijote y cargue cual Rocinante enfurecido contra el mal.

Eso sí, una educada invitación a la hora de pagar a esos desgraciados a no volver a pisar ningún garito de la cadena durante el resto de sus miserables vidas sí que debiera ser un mínimo exigible.

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Kabuki

+34 914 17 64 15

de lo mejor de 2013

Avenida del Presidente Carmona 2 <m> Estrecho 1 Madrid, Madrid provincia, España

guardado por 363 personas

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Mejor y peor que Kabuki Wellington

'me gusta' 'me gusta'

Esta crítica me resulta muy complicada de escribir debido al cúmulo de sorpresas -unas para bien, otras para mal- que supuso la visita al Kabuki de Presidente Carmona.

Vaya por delante que, siempre, la comida es lo más importante en cualquier restaurante. Y ahí resulta indiscutible del todo que Kabuki roza lo sublime. Es más, me gustó (aún) más que la del Wellington, lo cual no parece tener mucho sentido porque la materia prima es la misma, la carta es idéntica y en éste último está al mando Ricardo Sanz, que además de ser el creador del invento es el puto amo. Manías de uno supongo.

Entonces, ¿por qué coño, después de todo este rollo sobre las virtudes y bondades de Kabuki le casco 4 estrellas y no 5 como al Welli?

Pues por todo lo que enumero a continuación. Y es que, como he comentado antes, la comida es lo primero, pero en un sitio de este prestigio y esos precios hay temas que no se pueden consentir de ninguna de las maneras:

1. Llegamos a las 21,35. Teníamos reserva para 4 personas desde 10 días antes a las 21,30. No nos sentaron hasta las 21,45 largas. 10 minutos en la puerta esperando. ¿Qué pasa, que sirven meriendas o qué?

2. Recogida de abrigos: según te los cogen ves cómo, por tu derecha, los pasan por la cocina. Ya me imagino que no los guardan allí, pero da una mala imagen que te cagas. Ya te pasas la cena pensando que tu gabardina cojonuda va a salir oliendo a fritango.

3. Una vez en la mesa, casi 10 minutos para que traigan la carta. Cuando lo hacen (tuvimos que pedirla), el camarero se limita a posar en la esquina de la mesa las cuatro cartas, ni se digna a entregarlas una por una.

4. Servicio (I): esto es culpa del propietario. Van follados porque no dan abasto. Tienen constantemente el restaurante hasta la bandera y resulta evidente que van cortos, muy cortos de plantilla. Joder, si estas cobrando casi 100 pavos por barba mete el personal que haga falta, ahí, y menos en un sitio de este fuste, no se puede escatimar ni una maldita peseta.

5. Servicio (II): no muy simpáticos. Más bien secos. Muy displicentes. No me gusta que cuando voy a pedir me expliquen las cosas como si acabase de salir de Puerto Urraco. Está bien que quieran echar un cable, pero no pueden hacerlo con ese aire de prepotencia de quien te está descubriendo un nuevo mundo. Lejos de eso, los cuatro comensales llevamos varias cenas en muchos de los mejores japos de Madrid a las espaldas. De modo que eso resultó irritante.

6. Los servicios: más bien las pocilgas. Es absolutamente intolerable en qué estado estaban los baños. No tendría disculpa ni aunque fuesen las doce de la noche e hiciesen cuatro turnos de mesa. No puedes encontrate, a las diez de la noche, con el garito casi recién abierto, en un sitio como Kabuki, las bazas sucias, el suelo lleno de agua, azulejos rotos... parecía una mierda de baño de gasolinera de carretera.

Por todo esto no le doy 5 estrellas. Es más, si le doy 4 es por la comida. Si fuera por todo lo demás le iba a cascar 1 SOLA ESTRELLA y me iba a quedar como Dios porque no me iban a faltar razones en absoluto. Quiero pensar que todo ha sido un cúmulo de desgraciados despropósitos que han caído de golpe juntos y por mala suerte. De hecho lo comprobaré en breve, pero por ahora es lo que hay.

Lo importante, que es la manduca: A B S O L U T A M E N T E D E L I C I O S A

Usuzukuri Toro: lo de siempre. El atún realmente bueno, tierno, con la grasilla justa, bien veteada entre la carne. Un escándalo, corte impecable. El "pan tumaca" deconstruido le da gracejo pero es lo de menos. De diez.

Tartar de Toro: más de lo mismo. Un festival de sabor, de textura, de todo. Maravilloso.

Nigiris: esto es lo mejor de Kabuki, y quien diga lo contrario no tiene ni guarra. Son la bandera del garito. La próxima vez no pienso dejar pedir nada más. Nos comeremos mil de estos y a tomar por el culo. Es igual que comer pipas. Podrías ponerte a ver una peli y meterte siete bandejas enteras. 10 raciones -2 unidades por ración- (3 huevo codorniz, 3 pez mantequilla trufa, 2 salmón, 2 hambuguesa kobe). Todos riquísimos. Los de kobe, los de huevo y los de pez mantequilla son lo mejor de toda la carta, no sólo los mejores nigiris. BRUTALES.

Futomaki ebi tempura: una mierda. No es que estén malos, pero pedir makis en Kabuki es una cochinada. Eso está bien para japos del montón como Nagoya o Sushi Olé.

Costillas de guagyu: una jodida fiesta. INCREIBLE. Las comes sin cubiertos. La carne se parte con los palillos!!!! Es como manteca asada. SENSACIONAL.

Todo eso mas dos postres (cremoso yuzu, ya lo comenté en el Welli, bien pero sin más), botella de Terras Gauda, 2 kir royal, 1 Asahi, 2 de agua, 2 copas de rueda verdejo y propina 330 napos para cuatro personas. Alto de precio pero ajustado a la calidad. Con un poquito de cuidado comes estupendamente por 60 napos barba.

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Dadaista Gastronómico

jajajaja que gran crónica... muy descriptiva y me he echado muy buenas risas!!!!!! Yo estuve en los dos hace un par de años y la verdad que brutal en los dos. En Presidente Carmona no tuve los problemas que tuvisteis así que me quedo con mejor recuerdo de este porque en el Wellington había mucho postureo y cosas más caras. Los niguiris totalmente brutales y hay un plato que en ambas ocasiones pedí para compartir tartar de toro, con angulas y caviar. Después de eso te puedes pegar un tiro porque difícil que la cosa vaya a mejor.

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hace 8 meses

sin fotos + añadir

Asador Frontón II

+34 913 45 36 96

Pedro Muguruza, 8 <m> Cuzco 10 Madrid, Madrid provincia, España

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Se avecina tormenta

'no me gusta' 'no me gusta'

Otro asador vasco-navarro de los que te sajan 70-80 euros por barba sin despeinarse y que, si te descuidas, sube el envite hasta los 100€.

Ese dineral por un poco de chistorra, una carne al plato y unos espárragos. Vamos, por una cocina de producto sin un valor añadido mayor que el que tú puedes darle si tienes en casa una buena parrilla, buen carbón y buena madera (importante la buena madera, que la gente no suele darle importancia). Y ofrecido en locales que serían más del gusto de la peor versión de Paco Martínez Soria que de Gianni Agnelli, no sé si me explico.

Entonces, ¿cómo han sobrevivido estos negocios hasta la fecha?

Pues porque trabajan dos líneas de clientela bien definidas:

La primera, la de las comidas de negocios, donde todo el mundo llega en A8 o Serie 7, unos con chófer, otros sin él, pero todos en coches de más de diez y doce millones de pelas, a los que el precio se la trae al pairo porque paga la AMEX Centurion de la empresa y por lo tanto ven normal soltar cien pavos por un vino que en tienda vale 15 o 20, un poco de chorizo y una carne con patatas y pimientos.

La segunda, la del catetamen que sigue pensando que lo "bien" y lo "crème de la crème" en restauración de Madrid siguen siendo sitios como Txistu, Donostiarra, Frontón o la Vaca Argentina (que ahora es como un McDonald's pero de carnaza) porque toda la vida vieron en el Marca (que es lo único que leen) que en los años 80 Mendoza y Luís de Carlos comían mucho allí los días de partido con otros bon vivants/dandies como Hugo Sánchez, Camacho o Spasic.

Pero claro, el negocio se va yendo a la mierda progresivamente. ¿Cómo?

Muy sencillo.

Por un lado, los "señores de negocios" que preñaban estos garitos están un tercio jubilados (de modo siguen yendo, pero menos, que ahora van a cuenta del plan de jubilación y las stock options), otro tercio arruinados o con el gasto restringido por la crisis y el otro tercio sigue yendo (de modo que han palmado un 66% de la clientela de siempre); del relevo natural de éstos, los nuevos hombres de negocios, la mayoría comienza a pensar que a) pegarse una comilona y volver mamado al despacho es una pérdida de tiempo, dinero y energía y b) que de ir a comer fuera y puestos a fundir más de 60 euros por comensal, mejor hacerlo en algún sitio más actual y menos casposo (Santceloni, Diverxo, Ramón Freixa, Astrid&Gastón, Kabuki, Sushi 99, Nikkei 225, Terraza del Casino, El Paraguas, o la mismísima Taberna Laredo, que no es lo mismo tradicional que casposo, etc. etc. etc., será por variedad).

Y por otro lado, salvo fans de Gran Fulano, Chonis y Macarras y Viceversa, adeptos a Belén Esteguarra y Jorge Javier Guárrez, etc., el español medio ha ido mejorando su gusto y su percepción del refinamiento. Ahora preferimos Loewe Pour Homme al Barón Dandy o los Villebrequin a los Meyba. Y esto se extrapola a la restauración. A los García de hoy, a Dios gracias, ya no nos marcan la agenda Sergio Gramos o Guti Guti Guti...tralará. Preferimos fijarnos en tíos como Rafael Medina, Stephen Fry o Lappo Elkan, que con sus cosas y todo creo que son referentes preferibles. De modo que ahora cuando alguien viene a Madrid ya no dice "tenemos que ir a Txistu", sino "¿cual es el nuevo sitio de moda? Música para mis oídos.

Y todo esto ¿a qué viene?

Pues a que esta semana iba a haber ido a cenar, (sí, ya sé que sería contradictorio, pero iba a tener que hacerlo por un tema que no viene al caso) y he decidido cambiar de sitio porque hace unos días ha entrado la Agencia Tributaria simultáneamente en este de Padre Damián y en el de Velázquez, al más puro estilo Hombres de Harrelson, a embargar la bodega por deudas con el fisco.

Y joder, la verdad es que no me pone nada que según estoy tratando de atacar la merluza a la vizcaína venga la bofia a quitarme la botella como prueba incriminatoria de vete a saber qué. Para cena con espectáculo me voy a cenar a un garito de los que salen en la basura de programa del Chicote o al Corral de la Pacheca.

Con todo esto quiero llegar a que estos sitios que dan comida de los 50, en locales de los 60, con servicios de los 70 y precios del próximo milenio cada vez van teniendo los días más contaditos. Insisto, no todos los sitios clásicos, de siempre, tienen por qué seguir ese camino. Pero a garitos como Frontón, Txistu, Pelotari, Donostiarra, Alkalde, etc. les auguro, si siguen vendiendo morcilla, pimientos y filete a cien euros, el mismo camino que ya han seguido Jockey y Club 31 (y eso que estos sitios, estando fuera de onda, se merecían valer cien pavos mucho más que cualquiera de los anteriores).

En cualquier caso, estuve aquí, antes de comenzar con mi andadura despotricadora, perdón, gastronómica, y se come bien, la materia prima es buena, pero como dije en Txistu, dije en Rubaiyat y diré siempre en estos sitios, sólo por materia prima no se pueden pagar casi 100 pavos por barba, porque no se sostiene.

España se hunde caballeros, y con ella sus restaurantes.

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Globez Lopez

Extraordinario análisis con el que estoy casi de acuerdo en todo (No me gustan ni Loewe Pour Homme, ni Rafael Medina, ni Lappo Elkany. Digamos que soy más del tipo Eau Sauvage de CD y de Javier Marías)

hace 7 meses

Rosalía Martínez (Piti)

Pues el Rafa medina tiene su puntico, ehh? :P

hace 7 meses

nindiola

Quien es Rafael Medina?

hace 7 meses

Gonzalo Sáenz de Miera Bolado

yo soy más de mujeres, pero ese tío me gusta hasta a mí

hace 7 meses

Gonzalo Sáenz de Miera Bolado

de profesión aristócrata... y vendedor de ropa a ratos bonita a ratos disfraz sacado de fiestas paco

hace 7 meses

Rosalía Martínez (Piti)

es guapo, las cosas como son!

hace 7 meses

nindiola

ja ja ja, si del pobre diablo lo unico que se puede decir de él, es que es aristocrata y guapo... la verdad es que se habla de él con veneración y aparte de haber nacido en cuna apañada y de ser alto y guapo (iba conmigo al gym) no ha empatado con nadie realmente... en fin, es la triste realidad de la España que nos toca vivir...

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hace 7 meses

Gonzalo Sáenz de Miera Bolado

no seamos demagogos. yo he puesto a tíos como lappo elkan o rafael medina como ejemplos de bon vivants. porque lo son. son tíos con gustos refinados y una vida que para nosotros querríamos. no he dicho que sean un modelo a seguir en cuanto a gente trabajadora, consideraciones morales ni nada por el estilo.

hace 7 meses

Rosalía Martínez (Piti)

yo así lo había entendido. me cambiaría, desde luego, por él, que tiene pinta de ser un tío nada tonto, bien educado y que vive como quiere.

hace 7 meses

El Cacique

+34 913 45 03 03

Calle del Padre Damian 47 <m> Cuzco 10 Madrid, Madrid provincia, España

guardado por 17 personas

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Se come mucho y bien en el restaurante favorito de Mario Conde

'me gusta' 'me gusta'

“En este mundo traidor, nada es verdad ni mentira, todo es según el color del cristal con que se mira”.

Esta bella estrofa del poeta naviego Ramón de Campoamor (sí, el que da nombre al teatro de Oviedo) me viene de pelotas para ilustrar mis ideas sobre el status quo de la restauración capitalina.

En los últimos años el mundo, y, cetibus paribus, podemos sustituir “el mundo” por “Madrid”, se ha llenado de alucinados que creen que el arte que es dar de comer lo inventaron, lo desarrollaron y lo ponen en práctica únicamente los japoneses, Ferrán Adriá y su tropa de secuaces pedorros (Arzak, Santamaría -D.E.P.-, Arola, etc.) y que todo lo que se salga de los nigiris, los tatakis, las espumas, las deconstrucciones y los "falsos xxx" (y “xxx” que se complete a gusto del consumidor, porque desde la moda del falso 9 de España nuestros restaurantes se han llenado de falsos mejillones, falsas patatas y sobre todo de mucho falTO -con t de teta-) no merece el calificativo de comida.

Pues bien, es aquí donde Campoamor impone su buen criterio.

Es cierto, y es innegable, que muchos sitios "de los de toda la vida" se han quedado vetustos, anquilosados, desfasados e incluso –o “y sobre todo”- cutres y casposos (ver, inter alia, Jockey, Club 31 –estos dos cerrados por deméritos propios-, Txistu, Asador Donostiarra, etc.). Tan cierto como que, estando bien y siendo deseables y necesarios en nuestra rutina gastronómica, el chuletón, los revueltos de trigueros y la merluza a la vizcaína no pueden seguir siendo nuestros platos más sofisticados otros doscientos años.

La restauración, como todos los órdenes de la vida, debe evolucionar y evoluciona, pero no debe perderse de vista el alarmantemente altísimo ratio de cocinerillos-tunantes/cocineros-de-verdad que arroja la “nueva cocina española”. Los fogones españoles, y mundiales, se están viendo mancillados por una banda de desalmados tergiversadores de la palabra, elaboradores de la nada, comerciales de primera división pero chefs de cuarta regional.

Y es que hay dos afirmaciones de Paul Bocuse (el padre, el Dios Zeus, de todos los enormes chefs surgidos en las últimas décadas como Ducasse, Adriá o Bottura) que explican, de forma tan sencilla como brillante la situación:

-“¿nueva cocina?: todo en la factura, nada en el plato”.

-“ni nueva ni vieja cocina, para mí sólo existe la buena cocina”

Por lo tanto, y de vuelta al punto de inicio, vemos que las grandes mentes piensan parecido, y que tanto Campoamor como Ducasse nos vienen a decir que en la vida nada es negro ni blanco, sino que la mayor parte de las cosas yacen bajo un crisol de distintos matices grises; ergo, ni todo lo “viejo” es malo ni todo lo “nuevo” es bueno.

El Cacique se encuadra en ese grupo de viejas glorias de la cocina patria que aguanta el tipo, con gran dignidad, ofreciendo un producto de calidad incuestionable, con una elaboración sencilla que le permite mostrar lo mejor de sí mismo sin necesidad de aditamentos ni fuegos de artificio.

E, importante, lo hace a unos precios que se ajustan a su realidad. Comes por entre 50 y 70 euros con buenos vinos (cobrados a precios mucho más honestos que otros sitios de menos categoría) y postres.

Un sitio "de producto", por mucho que a diario posen por allí el culo políticos, empresarios, altos funcionarios, banqueros, ex-banqueros (Mario Conde es el cliente número uno -vive a cuatro pasos, en la Calle Triana- y los aceites de su finca Los Carrizos -excelentes, todo sea dicho- son lo que se ofrecen en la casa) no debería pasar de esos precios porque las carnes a la parrilla sólo necesitan buen carbón y buena mano (que no es poco ni fácil, ojo, pero tampoco supone la complicación de algunas elaboraciones de la cocina moderna) y un pescado en salsa o un guiso pues más de lo mismo, mucho fuego lento y paciencia.

Por eso me parece mucho mejor que Rubaiyat, que Txistu, que Asador Donostiarra, etc. porque en esos comes parecido, pero te vas a 85-100 euros sin despeinarte, y ni sus locales, ni el servicio ni la comida son para esos precios. Y por eso mismo también, sitios como Taberna Laredo son de lo mejor de Madrid y van viento en popa, porque no son baratos (la materia prima de primera división no se regala en los mercados) pero tampoco te sacan los cuartos trabuco en mano al pasar por caja.

El servicio es profesional y muy muy entrañable, destilan experiencia, simpatía y muy buen hacer. Disfrutamos de una agradabilísima charla con el jefe de sala, que nos ofreció unos puntos de vista muy interesantes e instructivos sobre cómo ven y afrontan ellos la actual crisis, en lo que respecta a la hostelería. Y habiéndolos escuchado, creo, y espero, que habrá El Cacique para otros cuarenta años.

Comimos dos personas como gorrinos, bebimos más que a gusto, todo para compartir:

PICADA: un plato para machos. Chorizo, morcilla y riñones. Ración generosa, buen chorizo y buena morcilla pero sobre todo espectaculares riñones (eso sí, no es ni para todos los paladares ni para todos los gustos). MUY BUENO.

REVUELTO: de ajetes y jamón. Suave, con el huevo suelto pero sin “babas”. BUENO.

CHULETÓN: para dos personas. Un tomahawk de excelente carne, de la que está buena hasta la grasaza, con buen sabor a parrilla y poco hecha, como se debe comer la buena carne. EXCELENTE.

GUARNICIONES: arroz salteado con jamón y ajo; patata asada en carbón y patatas fritas. MUY BUENAS TODAS.

De postres una tarta de queso y unos helados, muy buenos ambos.

Todo eso, regado con una botellita de Contino Reserva, una caña, un jérez, dos patxaranes y una de agua, 135 euros con propina; 67,5 €/barba por una buenísima comida, excesiva en cantidad (sobra un postre y un entrante, pero íbamos “a liarla”. Puedes salir a 50-55 perfectamente con un vino menos caro y sin licores.

Y de aperitivo nos sacaron, cortesía de la casa, unas albóndigas en salsa que eran Dios en la tierra, exquisitas y unas patatas fritas “de las de churrería” cojonudas, hechas en la casa.

Por supuesto, tienes aparcacoches.

Por cierto, de lunes a jueves están haciendo un 40% de descuento en la cena para celebrar los 40 años. Por lo que me ha llegado, no hay "cosas raras" como le ha ocurrido a mucha gente en otros sitios "buenos" con ofertas de El Tenedor, Cucharete, etc., etc. La comida, en cantidad y calidad, es la mismita. Yo pienso ir a comprobarlo, aprovechando que tengo fresca la visita "a su precio" y que me queda a un minuto y medio caminando de mi casa.

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Globez Lopez

Pues entre el citado convicto y otras almas gemelas, un cierto hastío del más de lo mismo y, sobre todo, porque se subió a la parra de los precios, lo tenía en el baúl de los recuerdos. Pero lo del 40% ya es otro cantar. No me gustan las promociones y descuentos, pues suelen ser tramposas, pero en este lugar merece la pena probar.

¡Gracias por la información!

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hace 9 meses

Jesús Encinar

a ver si voy a probarlo, me da curiosidad

hace 9 meses

New York Burger

+34 917 70 30 79

de lo mejor de 2013

Calle del General Yagüe 5 <m> Santiago Bernabeu 10 Madrid, Madrid provincia, España

guardado por 519 personas

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El Secreto es la Parrilla de Carbón. TOP-4 Madrid.

'me encanta, uno de mis favoritos' 'me encanta, uno de mis favoritos'



Edición/Añadido:

Debo de haber venido aquí más de 20 veces, en los últimos dos o tres meses varias de ellas. Me sigue pareciendo una hamburguesa arrolladoramente buena.

La gama de tamaños hacen que nadie pueda quejarse (la de 350 grs. me sigue pareciendo la más equilibrada porque la de 160 y la de 250 son demasiado pequeñas y no aprecias la calidad de la carne y la de 500 grs. es un tomahawk que está muy bien para hacerte el machito con los colegas pero que a) no es práctica y b) tanta carne picada es desagradable hasta para un hijo de Pedro Picapiedra como yo).

Hay una variedad amplísima (como veinte tipos de hamburguesa) y en cualquier caso puedes configurarla a tu gusto con toda la ristra de ingredientes que ofrecen. No he hecho la cuenta, pero entre los 4 tamaños y la pila de ingredientes que ofrecen no salen menos de 1.000.000 de customizaciones distintas (y me he propuesto probarlas todas, ahí lanzo el guante para quien se anime).

Creo que sigue en el top-3/top-4 de hamburguesas de Madrid (donde, por cierto, ya no está la Vaca Picada). Y sigue haciendo falta reservar para comer (mejor con un par de días de antelación). Eso pasa desde que abrieron y que siga pasando, cuando la apertura fue hace ya un trecho largo, es señal de que es bueno. A la gente la engañas una vez, dos no (O, como me gusta decir a mí, "una vez al pescador le engañó el pez, a ver cuando vuelve a engañarle otra vez".)

Hablamos, evidentemente, del top de las hamburguesas que se comen en hamburgueserías, es decir, sitios normales de precios más bien baratos (la de 350 grs. vale en promedio unos 11-12 €) y para todos los públicos. Está claro que la mejor hamburguesa de Madrid es la que sirven en Horcher, que es la materialización de la Divinidad en la Tierra, pero claro, vale casi 40 pavos y no te la puedes comer chorreando por los lados, que es como saben más ricas (aún así recomiendo encarecidamente comerse la hamburguesa de Horcher al menos mil o dos mil veces en la vida).

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Me considero un tío con suerte. Adoro las buenas hamburguesas y vivo en la jodida MILLA DE ORO de la hamburguesa (la de las tiendas queda un trecho largo más abajo, no sea que alguien se líe y aparezca por Capitán Haya buscando Channel) de Madrid. En un radio de poco más de 500 metros están La Vaca Picada, Alfredo's Barbacoa, Tommy Mel's y New York Burger. Si cerrasen la mierda del Fast Good que tengo delante de casa y pusiesen una pequeña sucursal de Hard Rock creo que podría abandonar este mundo con la absoluta certeza de haber tenido una existencia feliz y plenamente satisfactoria.

El New York es una de las mejores hamburgueserías de Madrid, y sus hamburguesas son las mejores de la ciudad (no confundir tocino y velocidad. Alfredo's, por ejemplo, es una mierda de sitio que da asco y las hamburguesas sin embargo son muy buenas).

En un cómputo global diría que ésta es mi hamburguesería preferida de Madrid.

El local está bien (pero Tommy Mel's y Hard Rock molan más), la hamburguesa es muy buena (pero la de la Vaca Picada es algo mejor), pero la relación calidad-precio es superlativa, el servicio es tremendamente agradable e, importante, puedes reservar (cosa que ni Alfredo's, ni Tommy Mel's, ni Hard Rock permiten -sí la Vaca Picada-).

A la gente que dice que Home Burger es lo más les diría que pidan hora en el psiquiatra, después en el oculista y por último que se vayan al cuerno.

Porque decir que Home Burger es la mejor, o de las mejores, hamburguesas de Madrid, es haber comido pocas y malas hamburguesas y además haberlo hecho sin ningún interés por analizar con un mínimo mimo lo que se echan a la boca. Home Burger es una hamburguesa correcta, nada más. Eso es como la gente que dice que Ikura o Janatomo son los mejores japos de Madrid (¡Incluso he leído por ahí que para alguna gente incluso un sitio como ¡¡¡NAGOYA!!! es el mejor japo de Madrid! -aunque claro, también hay gente para la que Hitler o Stalin fueron unos tíos muy majos, lo que quiere decir que no todas las opiniones merecen ser escuchada). No puedes dedicarte a comer mierda y el primer día que pruebas algo decente decir que es "lo mejor", porque para eso hay que tener las espaldas muy anchas y un muy buen fondo de armario culinario.

De la mierda descongelada que te sirven en sitios como Rib's, Foster's o Tony Roma's me abstengo de comentar nada. No quiero que me borren esta crítica por obscena y ofensiva.

A lo que vamos, análisis quirúrgico del New York Burger:

1. Emplazamiento: óptimo. Justo detrás de la Castellana. Si no vives por la zona parking de Capitán Haya a un minuto caminando.

2. Local: me gusta. Sencillo, acogedor, actual y limpio. Un tema muy interesante: la cocina queda a la vista, y eso en un sitio de hamburguesas es a) tenerlos muy bien puestos y b) tener mucha confianza en tus productos, personal etc. Por poner una pega, según mesas, un poquito justo de espacio.

3. Reservas: megapunto a favor. Las hamburgueserías no suelen admitir reserva (la gran lacra de Hard Rock, sin duda). Aquí sí. Ahora bien, si no llamas dos días antes no vas a tener mesa ni de coña. Y esa es la mejor carta de presentación posible. Un restaurante americano en el que para cenar un miércoles tienes que llamar el lunes o incluso el domingo inspira confianza. Llevan dos años así, y la gente no es gilipollas.

4. Servicio: muy simpático y muy atento, son encantadores. Sirven rápido, pero a pesar de que doblan -y diría que incluso ¿"triplan"? ¿"triplican"?- mesa, no te atosigan, no te meten un plato por otro y puedes comer tranquilo y disfrutando (evidentemente no pretendas hacer tertulia ni tomarte una copa).

5. Comida: es evidente que el Tex-Mex, o la comida americana, o como quieras llamarlo, da para lo que da. La oferta esencialmente es la misma que en cualquier otro garito del ramo. El elemento diferencial está en la calidad, los fingers, las alitas, los jalapeños, todo es bueno, y diría que fresco y elaborado por ellos. Y si no lo es, por lo menos se molestan en ponerte congelados de gama alta, no como en otros sitios.

El plato estrella, a años luz de distancia de los demás (a pesar de ser todos buenos) es la HAMBURGUESA.

Eso es una HAMBURGUESA, así, con mayúsculas. Vamos a "desmontarla":

CARNE: un trozaco de carne de 250 o 350 grs. (la de 160 grs. no merece la pena) de máxima calidad, jugosa, sin grasa, esponjosa y tierna, una delicia.

PUNTO: aquí SÍ SE RESPETA, no se lo pasan por el arco de triunfo como el 97,3% de los sitios. "Al punto, tirando a poco hecha" no es igual que "poco hecha tirando a cruda". Tal y como la pidas la servirán (mi consejo es optar por 350 grs. poco hechos para disfrutar la calidad de la carne).

PAN: dos tipos. El primero es una caca, el típico bollo Bimbo. Como la carne es muy jugosa se deshace al primer apretón. El segundo es de semillas de amapola. Pide éste. Es muy rico, es más consistente y a la vez lo suficientemente tierno para que puedas meter en la boca ese Tomahawk que tienes entre manos.

PATATAS: frita o asada en papel albal (y untada con philadelphia o mantequilla). Ambas muy buenas. Las fritas son patatas de verdad y no la basura extrusionada y congelada que sirven en casi todos los lados. Me quedo con la asada.

De precio vienes a salir por entre 15 y 25 euros (dependiendo de cuánto tires de entrantes y postres)

Definitivamente es un sitio COJONUDO.

listas: Cerca de casa, Comida

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Sebastian Flite toma este comentario con cautela

Sí señor, así se habla, o se escribe. Excelente.

2 de abril de 2011

Porto Rubaiyat

+34 913 59 56 96

de lo mejor de 2013

Calle de Juan Ramón Jiménez 37 <m> Cuzco 10 Madrid, Madrid provincia, España

guardado por 86 personas

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G.A.S.P. (Güeno Aunque Sobrado de Precio)

'está OK' 'está OK'

Noches y noches pasando frente a su puerta de vuelta a casa, cansado, derrotado y muerto de hambre, castigando mi olfato con su olor a parrilla de carbón, fustigando mi ojos con maravillas de pecaminosa carne y salivando como sólo un chacal en ayunas haría frente a un caballo muerto, habían despertado en mí no ya la intención o la voluntad, sino más bien la absoluta e imperiosa necesidad, de poner el culo en una de sus mesas (o mejor en una de sus sillas por deferencia hacia al resto de comensales) y dejarme llevar sin reparo alguno por el quinto Pecado Capital.

Ergo, ni corto ni perezoso, he ahí que me planté en Rubaiyat el pasado domingo, es decir, haciendo el dominguero, en compañía de un muy buen amigo y con la nada sana intención de pegarnos un buen homenaje y salir rodando.

La zona es tan agradable y cómoda (hay aparca, por cierto) como dura, durísima, para un restaurante cuyo “core business” sea la carnaca, porque en un radio de 500 metros tienes El Cacique, El Frontón o De María, y si lo amplías un poco puedes incorporar a la terna El Asador de la Esquina, El Asador de Aranda, Txistu o Donostiarra. Eran pocos y parió la abuela.

El exterior es frío y anodino. Los ventanales aportan luminosidad al interior, pero te exponen totalmente a la calle. Es un poco como estar comiendo en un escaparate, pero sin el “un poco como”.

A pesar del enorme tamaño, los techos altos y la distribución diáfana, el comedor resulta bastante más acogedor de lo que cabría esperar. Es una mezcla entre rústico y minimalista, como esas casas de campo del A&D.

Lo mejor son las mesas. Las mesas, esas grandes olvidadas, suelen ser un elemento al que habitualmente no presto mayor atención. Ni yo ni nadie que no sea un raro.

Que no sea un raro o que no sea mis amigos Gabriel y Guillermo, que además de raros y hermanos son arquitectos (es decir, “raritos”) y cuando van a un garito se fijan en lo modernas que son las sillas. Pero claro, cuando te ponen a comer encima de una loncha preciosa de madera del diámetro de una rueda de tractor y te explican que está cortada de un único árbol del quinto cuerno de la selva amazónica, pues como que la cosa cambia y ya le haces un poco más de caso al tema.

La cocina, limpia como una patena incluso en pleno horario de comidas, está completamente expuesta. Para eso hay que tener varios pares de huevos.

El servicio es amable, simpático y muy atento. Juraría que brasileños (el restaurante al lo menos lo es). Que si te sirvo el vino por aquí, que si te falta pan por allá, que si me llevo esto y te traigo lo otro por acullá. Son como putos ninjas, aparecen y desaparecen por arte de birlibirloque.

En la carta hay de todo, incluso pescados, pero pedirlos aquí, por muy buenos que sean es como ir a comer fabada a un chino.

La carne es Alfa y Omega. Come sólo carne: carne de entrante, carne de principal y carne de postre. Hay buena de origen nacional, gallega, pero pedirla es una cagada como un piano de cola. Cagada que yo cometí, por cierto.

¿Y por qué? Por Brangus y por Tropical Kobe Beef. ¡¡¡¿¿¿Y eso qué es lo que es???!!!

Imagínate que quieres hacer un súper tenista. Y para eso pones a Rafa Nadal y a Serena Williams a hacer un hijo y le llamas Brangus. Pero como eso te parece poco, pues pones a esa bestia parda a hacerlos abuelos con una hija de Roger Federer y Steffi Graff, y a ese nieto le pones Tropical Beef Kobe.

Pues eso son Brangus y Tropical Kobe, dos pepinos de carnes. El Brangus es un cruce de la raza inglesa Angus y la yanki Brahman, que son dos de las mejores del mundo.

Si a eso le añades el gen del buey de Kobe, el Wagyu, se te va la olla y de paso obtienes el Tropical Kobe.

Adoro el Wagyu. Es al resto de bóvidos del mundo lo que el cerebro de Stephen Hawking al de Belén Esteban.

La carta de vinos es excelente. Cientos de referencias de varias D.O. y países. Para lo caro que es el sitio el precio no es excesivo en vinos destinados al consumo humano. Si eres Florentino Pérez y tiras de vinos para seres superiores pues a lo mejor te mola pagar 580 pavos por un L’Ermita Priorat –no, no es el magnum-. En promedio estarán hinchados un 100%, que siendo una burrada no llega al 300% que he llegado a ver por ahí.

Comimos:

PROVOLETA: la típica provoleta de cualquier argentino. CORRECTA.

MORCILLA: realmente buena, pero son cuatro (4) trozos enanos y por lo que cuesta la ración voy a Sotopalacios y lleno el maletero. NO VALE LO QUE CUESTA.

MASTER BEEF: chuletón de vaca vieja gallega para dos (y para tres salvo que sean unos zampabollos como servidor). Muy bueno, hasta la grasa está rica. Te la pasan por la parrilla de carbón y la rematas al gusto en la mesa.

SORBETE DE LIMÓN: sin más. Había postres mejores pero el cuerpo nos pedía de rodillas algo digestivo.

Con un Pesquera 2008 crianza (29 €, 16 en tienda), agua, pan, un generoso aperitivo y propina 155€ (77,5/barba).

El pan, casero y absolutamente delicioso, es caro, 4,90€, pero miga por miga lo vale. El de aceite es auténtico “de pueblo” con aceite virgen extra, el de cereales riquísimo y una especie de rosquilla que ponen en una peana de madera es como para abrirla y hacerse un bocata.

Un buen sitio y una buena comida, pero excesivamente caro. Esa comida debería valer 30 o 40 euros menos. En 50-60 pavos por cabeza estaría en una RCP perfecta.

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La Dorada

+34 915 70 20 04

Calle de Orense 64 <m> Cuzco 10 Madrid, Madrid provincia, España

guardado por 41 personas

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Gran sitio de pescado de toda la vida...

'está OK' 'está OK'

... salvo que provengas de una zona costera, como es mi caso.

Y es que, a pesar de haber probado buenos y muy buenos pescados y mariscos en Madrid, no creo que tenga ningún sentido ir a un sitio como la Dorada (o como Combarro, la Trainera, Carta Marina o Portobello).

Desde luego que en todos ellos, y en otros cuantos que me dejo, la materia prima es de una calidad excepcional y la elaboración de la misma no le va a la zaga, pero hay mucha leyenda y mucha tontería sobre aquello de que el mejor pescado de España se come en Madrid.

Podría citar de carrerilla 30 restaurantes de la cornisa cantábrica, de Galicia a la frontera vasco-francesa, que ofrecen un nivel similar o superior al sanctasantorum madrileño, tanto en producto como en elaboración, servicio y local.

Y además con un precio entre un 15% y un 40% más barato y en un entorno mucho más agradable, en la puta orilla del mar, que es donde más gusto da empujarse un buen pescadito. Viendo las olas batir y la brisa peinar sus crestas. Y oliendo la mar. Ah! La mar...

Mucho CR9 y mucho Museo del Prado pero en Madrid no hay playa.

Eso, y que hay que tener muy presente que en cualquier tasca de Santander por cuatro duros te pones hasta el bote de sardinas y pescadito fresco, y encima puedes comerlo con la mano y chuparte los dedos, que sabe más rico que en un sitio para estirados.

No hay cosa que más me reviente que ver a los papardos comer sardinas con tenedor y paleta ¡y quitándoles la espina los muy cabrones!

¡¡¡Joder, que las sardinas se comen con la jodida mano y un cacho de pan!!!

En fin, que disertaciones estúpidas y puntos de vista personales e intransferibles al margen, la Dorada me pareció un buen sitio.

Llevaba tiempo resistiéndome a ir pese a las continuas y encarecidas recomendaciones familiares (la madre de un servidor tiene la bizarra costumbre de bajar de Santander a comer pescado a un páramo de la meseta castellana) pero finalmente me vi en la tesitura de visitarlo por motivos laborales.

La verdad es que tienen una fama bien ganada.

Es un local bonito, con un aire marinero (mucho más en los camarotes) aunque más bien del gusto de hace unos cuantos años (lo cual es lógico en un negocio cuyo target son empresarios de cincuenta palos p’arriba). Y huele a mar. No confundir con olor a pescadería cutre, hablo de olor salitre, a roca, a marisco, a buen pescado. Hay a quien pueda no agradar el comer envuelto por esos aromas. A mí me apasiona.

El servicio es realmente amable. Desde la señorita oriental (diría que tenía pinta de filipina) que me recibió en la puerta, pasando por la que me acomodó en la mesa, el jefe de sala y hasta todos y cada uno de los camareros que nos atendieron, me sentí tratado de una forma fenomenal. Tienen ese punto entre familiaridad y distancia respetuosa y profesionalidad que tanto me gusta y que me recordó en cierto modo a mi querida Villa de Santilla (11870.com/~Lyx). Odio los camareros envarados, arrojan un aroma artificial y rígido del todo innecesario. Me recuerda mucho a esa gente a la que se nota que se ha puesto un traje por tercera vez en su vida y que camina como si le hubiesen metido la fregona por el culo ¡naturalidad hombre, que llevan traje hasta los ujieres de edificio!

Ahora bien, la nota de "todos y cada uno de los camareros" puede, y debe, entenderse como negativa. No me gusta que me atiendan distintos camareros. Ofrece sensación de abandono, de descoordinación, de que te sirve el primero que pasa por ahí. Entiendo que de la comanda se encargue el jefe de sala, e incluso que del servicio del vino se haga cargo un tercero, pero el resto de la comida debe acompañarme la misma persona. Ocurre, y me gusta, que vas estableciendo un cierto vínculo de confianza con tu camarero durante la comida a base de preguntas, dudas y comentarios, y ello favorece una experiencia mucho más agradable.

Quizá afearía también la excesiva premura con que se presentan los platos, empalmando unos con otros. En la Dorada el ritmo del servicio debe ser perfecto dado que en muchos casos las comidas son de negocios, y éstas requieren de pausa, poso y tranquilidad.

La comida fue excelente:

REVUELTO DE HUEVOS Y MAGANITOS: con ajetes tiernos. Muy bueno. Jugoso y maganitos muy ricos.

ALMEJAS AL ACEITE DE OLIVA: unas buenas abrideras pasadas por la sartén, en su punto de ajo, guindilla y perejil.

DORADA A LA SAL: la bandera del garito (no se llama así por nada). Muy buena y jugosa. me gusta que la presenten en la fuente del horno y que se prepare y sirva junto a la mesa.

Esto con dos raciones de mango y piña de postre, una botella de Pago de Capellanes, agua y cervezas 140 pavos con propina.

Un precio correcto para un sitio así que yo no pagaría.

Iba a ponerle 4*, se lo voy a dejar en 3 porque me tocó las pelotas que aquí también viniesen a ofrecernos una foto. Debe ser una costumbre del barrio (Txistu, Donostiarra y Portobello también lo hacen).

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Gonzalo Sáenz de Miera Bolado

y muy graciosos lo camareros, vestidos como de marineritos de primera comunión

26 de mayo de 2011

La Vaca Picada

+34 914 11 29 96

de lo mejor de 2013

Calle Serrano 224 <m> Concha Espina 9 Madrid, Madrid provincia, España

guardado por 116 personas

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Una buenísima hamburguesa en el Top-4 de Madrid

'me encanta, uno de mis favoritos' 'me encanta, uno de mis favoritos'

Me encantan las hamburguesas, es un plato por el que siento una profunda simpatía, me parece uno de los grandes marginados de la gastronomía, un patito feo que siempre es menospreciado, una vícitma de la injusticia más estulta.

No entiendo con qué criterio una persona que celebra unas buenas albóndigas o un filete ruso hace de menos a la hamburguesa, relegándola al pelotón de la comida basura y otorgándole únicamente el valor del cerdeo de un día de resaca o de una tarde de lluvia y cine.

Y es que una buena hamburguesa, con carne jugosa y sin grasa, preparada en su punto exacto, rosadita por dentro, con unos acompañantes de calidad y una guarnición y unas salsas bien preparadas no tiene absolutamente nada que envidiar a ningún plato.

Y en la Vaca Picada hacen hamburguesas de esas, de las buenas. Sitios como éste o el NY Burger dignifican este plato, le dan hondura, recorrido y nombre.

La ubicación del sitio es de coña, prácticamente en el corte de Serrano con Concha Espina, un poquito más arriba del Fiat (11870.com/pro/fiat-cafe) y junto a la Clínica San Rafael. Se trata de un local pequeñito, de ambiente muy moderno (formas sencillas, predominio del color blanco, minimalismo, luz de ambiente en tono azulado, con música tipo chill out -¡y con una cabina con un pavo pinchando!). Está repartido en dos plantas, ambas muy tranquilas (cuando comimos estaba lleno y no se notaba barullo, conversaciones tranquilas y en tono aceptable, a lo cual contribuye enormemente el tipo de clientela).

El servicio es atento en general, especialmente una chica con voz de Minnie Mouse, que fue quien nos atendió la reserva por teléfono y quien nos recibió al llegar. A pesar de estar lleno atienden rápido y no tienes que esperar demasiado hasta que llegan los entrantes y la hamburguesa te la sirven en cuanto los has terminado.

La carta de entrantes es la típica de sitios como éste, nachos, alitas, ensaladas con mil cosas... y la oferta de hamburguesas es absolutamente satisfactoria: muchísimas y todas tremendamente apetecibles, y con varios tamaños, a saber, los tradicionales 125 y 250 grs y 500 JODIDOS GRAMOS DE CARNAZA!!!! Dios mío, servidor se precia de ser un maldito tragaldabas, un asqueroso fagocitador, una hormigonera sin educación... y debo reconocer que me arrugué cuando vi pasar uno de esos mamotretos inmisericordes. Con una pinta inmejorable, eso sí. También te ofrecen algunas carnes, la verdad es que casi ni lo miré, que aquí venía con la única intención de calzarme una hamburguesaza.Los postres pues un cruce entre yankis y argentinos (tartas, dulce de leche, etc.).

En general una carta muy apetecible de cabo a rabo.

Comimos dos personas:

ENTRANTE:

Nachos (bien, pero sin más, me gustan más los del Hard Rock. Eso sí, el guacamole estaba muy bien preparado. La ración es suficiente para que piquen tres personas y queden satisfechas, buena por lo tanto).

HAMBURGUESAS:

ambas de 250 grs. (y más que suficiente, en serio, sobre todo si el siguiente escalón es la de 500 grs.).

(I) DE QUESO DE CABRA: se pidió muy poco hecha y así vino (punto a favor, en muy pocos sitios ponen el punto que pides). Trozaco de carne de aspecto inmejorable, roja como el culo de un papión cinocéfalo, jugosa y sin nada de sebo, con un trozo de queso de cabra pasado por la plancha casi del mismo grosor (parecía una puñetera rueda de tractor el cabronazo) y con su rodajita de romate (raff) y su puñadito de rúcola.

(II) IMPERIAL: el desmadre, mismo tamaño, mismo aspecto de la carne, pero ésta se pidió al punto tirando a poco hecha (y así vino también, un punto más para la cocina), con unos buenos trozos de foie (y foie bueno, que saqué uno de ellos para probarlo por separado y estaba teta) y una salsa de frambuesas y cebolla caramelizada cosa fina, hamburgesón!!!!

Ambas hamburguesas acompañadas por unas patatas fritas que eran de verdad patatas (es decir, tubérculo fresco, pelado y troceado y no esa mierda congelada hecha a base de masa extrusionada que suelen darte en casi todos los sitios) y estaban fritas en aceite decente. El sabor, el color y la textura no engañan. Opcionalmente podías pedir en su lugar patata asada al horno en papel de aluminio (la vi en otras mesas y también tenía muy buena pinta) con mantequilla o queso de untar.

POSTRE: TETARTA. Una tarta de queso rica y curiosa, pues era, por así decirlo una mezcla de las dos que suelen ofrecerte. Iba sobre una base de galleta y con mermelada de fresas encima (y mermelada de verdad, con trozos no esa especie de marranada son sabor a sirope) pero lo que suele ser el queso de enmedio, de color blanco, era como la de la tarta de queso horneada. Realmente muy buena, y con muchísimo sabor a queso.

Todo esto mas cuatro coca-colas 50 pavos con propina, un precio muy correcto para la cantidad y la calidad.

En resumen, una de las cuatro mejores hamburgueserías de Madrid junto con Alfredo's, New York Burguer y Hard Rock.

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Mesón Txistu

+34 915 70 96 51

reservar mesa

Plaza de Ángel Carbajo 6 <m> Valdeacederas 1 Madrid, Madrid provincia, España

guardado por 65 personas

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Cualquier tiempo pasado no fue mejor

'no me gusta' 'no me gusta'

La verdad es que éste es un garito que me resistía con todas mis fuerzas a visitar.

Pero como a todo cerdo, tarde o temprano, le llega su San Martín, he aquí que hace unas noches me sorprendí a mí mismo aculado en una de sus mesas, servilleta al cuello, carta en mano y con cara de "qué hace un tipo como yo en un tugurio como éste".

Mi escasísima, por no decir nula, disposición a poner un pie en el Txistu (extrapolable al Donostiarra o al Frontón) viene fundamentalmente motivada por el hecho de que es "la Meca" de la buena mesa para esos referentes del buen gusto, la clase y el "savoir faire" que son los jugadores del Madrid, del Atlético y esos famosetes casposos surgidos del tubo catódico en los últimos dos lustros (v.gr. concursantes de Gran Hermano, contertulios, etc.).

Que esa gente vaya a un restaurante es la mejor pesquisa para concluir que a) no se debe ir, b) que te van a timar y c) que es para paletos -no confundir con provincianos, que servidor es de provincias, y a mucha honra-.

Sin embargo, me veo en la obligación de admitir que el restaurante me decepcionó para bien.

Desde el momento en que puse el culo en la silla y hasta que lo levanté de la misma no pude abandonar, ni por un segundo, la lúgubre sensación de que en cualquier momento irrumpirían en el comedor Pajares, Esteso y Juanito Navarro cantando la Ramona con una mamada de campeonato.

Pues bien, me equivoqué y la cena discurrió con total normalidad.

Pero si alguien dice haber estado allí, rodeado de la cabeza de toro disecada, de las fotos de Marujita Díaz y Hugo Sánchez o del abanico de sevillana y niegue que le haya pasado lo mismo es que es un trolero de cuidado o simplemente que la experiencia lo dejó gilipollas.

Porque el garito es un jodido monumento a la España del destape. Una oda al mal gusto. Un sentido homenaje a lo hortera.

Es una mezcla aterradora entre tasca de pueblo y restaurante de fuste. Algo así como ponerse tacones y abrigo de visón con chándal.

No sabría por donde empezar, si por las paredes preñadas de fotos de casposos, famosetes y deportistas, por los camareros de chaquetilla blanca o por el maître, dueño, jefe de sala o lo que coño sea con esos mocasines de empeine corto, ese pasacorbata casi a la altura de la nuez, esos solitarios en la mano y ese tinte de pelo amarillento que usaban nuestros abuelos en los sesenta.

No pongo en duda que este sitio pudiese ser un referente de la restauración madrileña, hace 30 o 40 años, pero sus días de gloria han quedado muy, muy, muy lejos.

Actualmente es poco más que un mesón correcto a precios de la mejor restauración española. Y eso es inaceptable, lo mires por donde lo mires. Allá los primos que lo paguen con gusto.

He podido identificar tres prototipos fundamentales de cliente:

1. Gente de pasta de siempre (y de cincuenta tacos para arriba) que ha ido toda la vida y sigue yendo porque les compensa pagar 5 veces el precio de una carne por ahorrarse la molestia de bajar al Mercado de Chamartín a comprarla igual o mejor.

2. Paletos con pasta de fuera, que se piensan que por comer ahí (todos con la chaqueta quitada y un Rolex de oro amarillo) pertenecen al ghota financiero español.

3. Paletos sin pasta, pero que están dispuestos a desescolarizar a sus hijos y matar de hambre a su mujer con tal de lamer una cuchara que posiblemente otro día se haya llevado a la boca su dios omnipotente Cristiano Ronaldo.

En conjunto diría que el Txistu no es muy diferente de aquellos asadores de carretera nacional en los que te veías obligado a comer cuando en España no teníamos autopistas.

Desgranados el garito y su clientela, hablemos de la manduca, que en honor a la verdad debo decir que es de una calidad extraordinaria, y también que no merece la pena.

La carta es la misma que la de cualquier tascón: espárragos, gambas a la plancha, jamón, queso, revueltos, ensaladas, pescado en salsa verde o al horno y carnes a la parrilla, al plato o la piedra. La carta de vinos no está nada mal, pero los precios van más hinchados que el puto globo que Phileas Fog usó para dar la vuelta al mundo.

Dos personas:

COGOLLOS CON BONITO: muy buenos cogollos con una ventresca cojonuda, un aceite de primera y sal en escamas muy buena. MUY RICO.

CHULETÓN PARA DOS: buenísima carne que te presentan laminada cruda y que tú te haces al gusto en un plato de barro muy caliente que te cambian en cuanto pierde temperatura. MUY RICA.

Eso, mas una botella de Emilio Moro, dos cervezas y cafés cuesta la friolera de 150 €. Es un timo porque comes una comida de cero elaboración en un sitio cutre y con ínfulas.

Antes de comer ponen una chistorra muy rica (que cobran, los muy miserables). Al final una jarra de sorbete de limón y un platazo de cigarros y tejas de galleta y bombones, todo muy bueno, con lo cual olvídate del postre.

En definitiva, vas a comer muy bien pero es un atraco a mano armada.

Que te compre quien te quiera.

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Gonzalo Sáenz de Miera Bolado

Se me olvidó comentar también que lo de la foto es de traca. Cuando estás acabando de comer se te acerca un tipejo ¡ofreciéndo hacerte una foto! Que eso te lo hagan en la Torre Eiffel o en el puto Tour del Bernabéu estando mal tiene un pase. Que te lo hagan en un restaurante de 100 pavos el cubierto y que pretende ser un sitio de categoría es para coger a los tres, al dueño, al fotógrafo y a la madre que los parió, y molerlos a palos. De la plantita que te dan para tu señora ya ni hablo...

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27 de abril de 2011