No me leas. Mis opiniones son una boutade, un vodevil. Tan falsas como la sonrisa de una meretriz.
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Gonzalo Sáenz de Miera Bolado

mostrando 11 sitios

Kabuki

+34 914 17 64 15

de lo mejor de 2013

Avenida del Presidente Carmona 2 <m> Estrecho 1 Madrid, Madrid provincia, España

guardado por 358 personas

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Mejor y peor que Kabuki Wellington

'me gusta' 'me gusta'

Esta crítica me resulta muy complicada de escribir debido al cúmulo de sorpresas -unas para bien, otras para mal- que supuso la visita al Kabuki de Presidente Carmona.

Vaya por delante que, siempre, la comida es lo más importante en cualquier restaurante. Y ahí resulta indiscutible del todo que Kabuki roza lo sublime. Es más, me gustó (aún) más que la del Wellington, lo cual no parece tener mucho sentido porque la materia prima es la misma, la carta es idéntica y en éste último está al mando Ricardo Sanz, que además de ser el creador del invento es el puto amo. Manías de uno supongo.

Entonces, ¿por qué coño, después de todo este rollo sobre las virtudes y bondades de Kabuki le casco 4 estrellas y no 5 como al Welli?

Pues por todo lo que enumero a continuación. Y es que, como he comentado antes, la comida es lo primero, pero en un sitio de este prestigio y esos precios hay temas que no se pueden consentir de ninguna de las maneras:

1. Llegamos a las 21,35. Teníamos reserva para 4 personas desde 10 días antes a las 21,30. No nos sentaron hasta las 21,45 largas. 10 minutos en la puerta esperando. ¿Qué pasa, que sirven meriendas o qué?

2. Recogida de abrigos: según te los cogen ves cómo, por tu derecha, los pasan por la cocina. Ya me imagino que no los guardan allí, pero da una mala imagen que te cagas. Ya te pasas la cena pensando que tu gabardina cojonuda va a salir oliendo a fritango.

3. Una vez en la mesa, casi 10 minutos para que traigan la carta. Cuando lo hacen (tuvimos que pedirla), el camarero se limita a posar en la esquina de la mesa las cuatro cartas, ni se digna a entregarlas una por una.

4. Servicio (I): esto es culpa del propietario. Van follados porque no dan abasto. Tienen constantemente el restaurante hasta la bandera y resulta evidente que van cortos, muy cortos de plantilla. Joder, si estas cobrando casi 100 pavos por barba mete el personal que haga falta, ahí, y menos en un sitio de este fuste, no se puede escatimar ni una maldita peseta.

5. Servicio (II): no muy simpáticos. Más bien secos. Muy displicentes. No me gusta que cuando voy a pedir me expliquen las cosas como si acabase de salir de Puerto Urraco. Está bien que quieran echar un cable, pero no pueden hacerlo con ese aire de prepotencia de quien te está descubriendo un nuevo mundo. Lejos de eso, los cuatro comensales llevamos varias cenas en muchos de los mejores japos de Madrid a las espaldas. De modo que eso resultó irritante.

6. Los servicios: más bien las pocilgas. Es absolutamente intolerable en qué estado estaban los baños. No tendría disculpa ni aunque fuesen las doce de la noche e hiciesen cuatro turnos de mesa. No puedes encontrate, a las diez de la noche, con el garito casi recién abierto, en un sitio como Kabuki, las bazas sucias, el suelo lleno de agua, azulejos rotos... parecía una mierda de baño de gasolinera de carretera.

Por todo esto no le doy 5 estrellas. Es más, si le doy 4 es por la comida. Si fuera por todo lo demás le iba a cascar 1 SOLA ESTRELLA y me iba a quedar como Dios porque no me iban a faltar razones en absoluto. Quiero pensar que todo ha sido un cúmulo de desgraciados despropósitos que han caído de golpe juntos y por mala suerte. De hecho lo comprobaré en breve, pero por ahora es lo que hay.

Lo importante, que es la manduca: A B S O L U T A M E N T E D E L I C I O S A

Usuzukuri Toro: lo de siempre. El atún realmente bueno, tierno, con la grasilla justa, bien veteada entre la carne. Un escándalo, corte impecable. El "pan tumaca" deconstruido le da gracejo pero es lo de menos. De diez.

Tartar de Toro: más de lo mismo. Un festival de sabor, de textura, de todo. Maravilloso.

Nigiris: esto es lo mejor de Kabuki, y quien diga lo contrario no tiene ni guarra. Son la bandera del garito. La próxima vez no pienso dejar pedir nada más. Nos comeremos mil de estos y a tomar por el culo. Es igual que comer pipas. Podrías ponerte a ver una peli y meterte siete bandejas enteras. 10 raciones -2 unidades por ración- (3 huevo codorniz, 3 pez mantequilla trufa, 2 salmón, 2 hambuguesa kobe). Todos riquísimos. Los de kobe, los de huevo y los de pez mantequilla son lo mejor de toda la carta, no sólo los mejores nigiris. BRUTALES.

Futomaki ebi tempura: una mierda. No es que estén malos, pero pedir makis en Kabuki es una cochinada. Eso está bien para japos del montón como Nagoya o Sushi Olé.

Costillas de guagyu: una jodida fiesta. INCREIBLE. Las comes sin cubiertos. La carne se parte con los palillos!!!! Es como manteca asada. SENSACIONAL.

Todo eso mas dos postres (cremoso yuzu, ya lo comenté en el Welli, bien pero sin más), botella de Terras Gauda, 2 kir royal, 1 Asahi, 2 de agua, 2 copas de rueda verdejo y propina 330 napos para cuatro personas. Alto de precio pero ajustado a la calidad. Con un poquito de cuidado comes estupendamente por 60 napos barba.

listas: Cerca de casa, Comida

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Dadaista Gastronómico

jajajaja que gran crónica... muy descriptiva y me he echado muy buenas risas!!!!!! Yo estuve en los dos hace un par de años y la verdad que brutal en los dos. En Presidente Carmona no tuve los problemas que tuvisteis así que me quedo con mejor recuerdo de este porque en el Wellington había mucho postureo y cosas más caras. Los niguiris totalmente brutales y hay un plato que en ambas ocasiones pedí para compartir tartar de toro, con angulas y caviar. Después de eso te puedes pegar un tiro porque difícil que la cosa vaya a mejor.

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hace 7 meses

Kabuki Wellington

+34 915 77 78 77

de lo mejor de 2013

Calle de Velázquez 6 (Hotel Wellington) <m> Retiro 2 Madrid, Madrid provincia, España

guardado por 170 personas

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Sigue siendo el rey

'me encanta, uno de mis favoritos' 'me encanta, uno de mis favoritos'

He vuelto el viernes con un amiguete que se va a casar (para celebrarlo, si es que hay algo que celebrar, vaya). Me sigue pareciendo, muy de largo, el mejor japo de Madrid (sólo el Sushi 99 de Hermosilla le aguanta el tipo).

Todo de diez. La comida, el servicio, el entorno... es una puta pasada de sitio.

Comimos lo de siempre Usuz. Papa Mojo y Usuz. Toro -MUY BUENO-, Nigiris de Huevo, Pez Mantequilla, Hamburguesa Kobe y Toro -LA MATERIALIZACIÓN DE DIOS EN UN PLATO-

Rabo de Wagyu en sasa teriyaki -PURA MANTEQUILLA-. Añadimos nuevo:

Maguro Picante con Huevo (un cuenco de atún preparado con picante, cortado en plan tartar y huevo frito, JODIDAMENTE BUENO).

Todo eso con un par de cafés y una botellita de Tricó (un Rias Baixas que nos recomendó la somelier, una tía guapísima, ultra simpatica y que controlaba un huevo) 170 pavos con propina. Sigo pensando que la diferencia de precio con el Kabuki de Presidente Carmona hace mejor opción el del Welli porque no es mucha.

Por poner un pero, el Tricó nos lo tuvieron que recomendar porque el Terras Gauda se había agotado.
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Kabuki es simple y llanamente uno de los mejores restaurantes de Madrid, independientemente del tipo de comida que sirvan. Está en la puñetera Champions League, esa que juegan Diverxo, Ramón Freixa, Sant Celoni, Arola, Horcher, Zalacaín o Sushi 99 entre otros.

La ubicación es perfecta, el local mola un huevo, el servicio es inmejorable y la comida, que siempre es lo importante, es muy muy buena. Y además original.

Puede ser un sitio "inclasificable", de eso que ahora llamán fusión, por aquello que no es japo del todo, desde luego no es español... da igual, es buenísimo y eso es lo importante.

Si además eres aficionado a los toros, como es mi caso, puedes pasarte después por el Wellington, que toda la vida fue en Madrid "el hotel de los toreros". De hecho en la entrada del Kabuki tenían estas navidades una bonita exposición de fotos, propiedad de la Fundación Wellington, de toreros, ganaderos, apoderados etc. muy orginal.

Lo mejor del restaurante es sin duda, amén de la manduca, el lujo que supone poder ver a un maestro de la talla de Ricardo Sanz en acción. El tío podría estar perfectamente dando el coñazo por las mesas y contándote gilipolleces sobre lo bueno que es, sobre el espíritu, el concepto y no se cuantas más chorradas de su cocina (como hacen otros muchos pesados en Madrid, cada día más) pero no, el está ahí en su barra de sushi, currando como un negro e impartiendo su magisterio. Y eso es, salvando las distancias, como si fueses al Prado y además de ver un cuadro de Veermer vieses cómo trabaja en su estudio.

Habrá quien opine lo contrario, pero yo creo firmemente que oficios como la cocina o el sartorial tienen un algo indiscutible de arte.

Cenamos dos personas (en este caso mi novia y yo. Sitio muy recomendable para llevarte una chica si quieres quedar bien de verdad). Las materias primas, son de primerísima, el pescado es igual o mejor que el que puedas comer en Combarro.

Comentario que entiendo como muy relevante: el servicio además de simpatico, es muy honesto. Me explico: nos atendió un chinillo (o japonés, mongol, indonesio o de donde cojones fuera, los amarillos son imposibles de distinguir) muy majete que parecía ser el jefe de sala. Se me fue la pinza un instante y me sorprendí a mí mismo diciéndole que era la primera vez que visitábamos el sitio y que queríamos que nos recomendase lo que a su juicio había que probar la primera vez que ibas a Kabuki, lo cual viene a ser algo así como pedir de rodillas que te den toda la mierda que quede en la cocina sin vender y las cosas más caras. Pues nada de eso, el tío nos recomendó una serie de cosas que pedimos. Ni abrimos la carta. Salimos llenos, contentísimos con lo que comimos y pagamos, propina incluida, 170€, cuando habíamos previsto no bajar de unos 230.

Dos medias raciones: usuzukuri papa mojo (de mero, con papa y mojo, muy original y muy rico), usukuri toro (No confundir con bicho cornudo: es un corte del atún que viene a ser la ventresca, con pan tumaca deconstruido, una salvajada. Acojonantemente bueno). El corte del pescado es impecable.

Nigiris: de huevo de codorniz y hamburguesa de kobe, nos zampamos 3 de cada. Buenísimos.

Cangrejo futomaki: los típicos makis. En sí no tiene más misterios. Buenísimos. La clave¿? Que llevan cangrejo de verdad, que saben a mar, a pescado del bueno, y no a esa mierda de surimi que te meten en los makis en los japos cutres.

Rabo de buey en salsa teriyaki: absolutamente escandaloso. Qué carne tan buena, qué salsa tan buena. Qué genialidad. Podría comerme veinte raciones de esto, y eso que era una ración muy generosa. El camarero te la presenta, con tres buenos trozacos de rabo, y después te la prepara, sacando toda la carne (comer rabo es un coñazo) y sirviéndola, lo cual es un trabajo de chinos, o de japoneses, lo que coño fuera el tío.

De postre unas texturas de chocolate (bueno, pero sin más) y un cremoso de yuzu (muy rico. Una bola de chocolate blanco que tenía la misma textura que una bola de mozzarella sobre una gelatina de yuzu, una fruta de amarillolandia con sabor ácido, tipo lima. Buen contraste de sabor). La verdad es que en los orientales los postres suelen ser un pedo y Kabuki, por mucho Kabuki que sea, no es una excepción. Dos kirin, dos kir royal de aperitivo, y un par de botellas de agua y la propina, junto con todo lo arriba comentado, 170 pavos. Muy buen precio. Si quitas los kir y un postre (o incluso los dos, que ya estábamos llenos antes de comerlos) lo dejas en 130. Prefiero ir la mitad de veces a comer fuera y pagar aquí de 60 pavos en adelante que dejar que me saqueen en una mierda de sitio como SushiCakka de Serrano, donde como por 40 pavos caca congelada y sucedáneos de pescado.

listas: Comida

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Restaurante del Puerto

+34 942 21 30 01

de lo mejor de 2013

Calle de Hernán Cortés 63 Santander, Cantabria , España

guardado por 28 personas

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Sangre, sudor y lágrimas...

'me encanta, uno de mis favoritos' 'me encanta, uno de mis favoritos'

... es el precio que pagarás por llenar el buche en este garito.

Y es que así se escribe la historia. Esta frase, por mucho que la eficiente maquinaria propagandística británica nos haya hecho creer durante décadas lo contrario, no fue pronunciada por Winston Churchill. No al menos en primer lugar.

La perla fue la respuesta de Toñín "Puñales", insigne propietario del Bar del Puerto y del mote ganado más a pulso de la hostelería cántabra, a un incauto que le dijo "Toño, ¿qué me va a costar la comida?".

No me cabe la menor duda, este sitio tiene su fama bien ganada, por bueno y por caro. La excelencia se paga, y a qué precio.

Lo que no entiendo es desde cuando se han puesto tan estupendos que han decidido llamar a lo que toda la vida fue el BAR del Puerto "restaurante". Porque esto es un bar, y a mucha honra.

Aquí la materia prima es de primerísima calidad, y su elaboración sencilla, acertada y eficiente. Porque los buenos pescados y mariscos no transitan la senda imbricada de la complicación, ni son amigos de las distracciones. Demandan una cocina pura, sencilla y sutil que permita apreciar sin esfuerzo su sabor a mar, su frescor y su lozanía. Ahí radica su disfrute. Enmascararlos es un mal asunto y una peor costumbre de quienes tienen el género más pasado que fumar con boquilla.

En contra de la creencia popular, en Cantabria ni hay muchas vacas, ni hay mucho marisco. Eso quiere decir que los sitios en los que puedes comer algo fresco y sacado del mar son habas contadas. Y ésta es una de ellas, posiblemente la mejor.

Podemos entrar en disquisiciones metafísicas sobre si merece la pena o no pagar sus altísimos precios, sobre hasta dónde se puede cobrar por algo que, siendo casi tan bueno como lo del vecino cuesta el doble, y así hasta el infinito. Pero lo que nadie en su sano juicio puede discutir es que en pocos sitios comerás tan bien como aquí.

Desde luego, hay sitios en Cantabria que pueden ser, por decir algo, un 80% de buenos respecto del Puerto, pero un 50% más baratos, y por lo tanto, no creo que merezca la pena venir aquí más que un par de veces en la vida por conocerlo. Ahora bien, esto puede deberse a que un servidor está más tieso que la mojama. Porque si fuera rico desayunaría, comería y cenaría aquí todos los putos días.

El tugurio está en pleno corazón de Puertochico, un poco más arriba del Marítimo y de esa pedazo de bandera de España que hemos plantado ahí y que unos cabronazos franceses intentaron mangarnos este verano (y que se fueron de rositas. El garrote vil hubiese sido lo más humano si tenemos en cuenta lo que hubiesen hecho ellos si pillan a un español arriando una puta marsellesa en los Campos Elíseos). Así que la ubicación es estupenda, parking al lado, céntrica y a escupitajo y medio del agua.

El local traspira el genio del magnífico arquitecto cántabro Ricardo Lorenzo, sus líneas se trazan de forma racional, la distribución es efectiva y goza del aire de modernidad intemporal de toda su obra. En la planta de acceso hay una barra donde degustar muchas de sus buenísimas raciones (almejas, maganos, gambas enfundadas...) y un pequeños comedor y en la superior un comedor más espacioso. Insisto en que es más un bar que un restaurante. El servicio sin más, camareros con chaquetilla blanca al más puro estilo España de los García (usease, lo que les gusta en Txistu, Donostiarra o en los asadores de carretera de Valladolid), simpáticos pero muy "de Santander de toda la vida", esto es, demasiado coloquiales para un sitio de esos precios. El vino te lo echas tú y si el dueño del Casa Manolo de la esquina de tu barrio es amable, no notarás la diferencia.

Eso sí, la comida es simple, llana y definitivamente cojonuda. No pierdas ni un segundo pidiendo algo que no nadase cuando estaba vivo. Ir a Bar del Puerto y pedir carne debería estar penado con un mes en galeras.

Dos personas:

ALMEJAS A LA MARINERA: ración generosa, salsa riquísima, en su punto de ajo. Abrideras más grandes que una tapa de colacao. BUENÍSIMAS.

MAGANOS ENCEBOLLADOS: pequeñitos, suaves, muy ricos. BUENOS.

BOGAVANTE A LA PLANCHA: cuando nos lo enseñaron el cabrón hasta nos tiró un par de piropos. No podía ser más fresco. Terso, sabrosísimo, con el golpe justo de plancha y la carne más dura que la picha de un actor porno. TREMENDO.

MERO: acojonante. Con una salsa y unas patatas, que Dios me perdone, que fueron lo mejor de la cena a años luz de lo demás. Eso es poner pescado, y lo demás, gilipolleces. GALÁCTICO.

ARROZ CON LECHE: casero y rico.

MOUSSE DE CHOCOLATE: nada del otro jueves.

Con un Terras Gauda (los habrá mejores, como el Pazo Baión, pero me encanta), cafés y un par de Noés, 230 pavos con propina. Toma goma.

Pensé que no podría haber nada que me gustase más que cenar en el Bar del Puerto. Pero después de que un buen amigo se animase a apechugar con la minuta he descubierto que hay algo aún mejor: cenar en el Bar del Puerto de gratis. Qué experiencia!!!

listas: Comida

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Restaurante Horcher

+34 915 22 07 31

de lo mejor de 2013

Calle de Alfonso XII 6 <m> Retiro 2 Madrid, Madrid provincia, España

guardado por 58 personas

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Sencillamente sublime

'me encanta, uno de mis favoritos' 'me encanta, uno de mis favoritos'

Horcher es, sin ningún género de dudas, uno de los mejores restaurantes de Madrid.

Junto con Zalacaín (y a diferencia de otros "templos" clásicos de la gastronomía española como Club 31 o Jockey) resiste impasible los embates de las nuevas cocinas, también sensacionales, que invaden la capital (Santceloni, Diverxo, Freixa, Club Allard, Kabuki, Sushi 99 y un largo etcétera).

Evidentemente, cuando vas a comer a Horcher (porque a Horcher no se va "a comer", a Horcher se va "a comer a Horcher"), tienes que saber dónde te metes.

Decoración "clásica" (rallando lo kitsch), precio exorbitante y, por encima de todo, comida de antaño, de una calidad superlativa y con un servicio que roza la excelencia.

Pero ojo, aquí no hablamos de "clásicos" como los huevos fritos o el chuletón a la parrilla. Nos referimos a refinadas recetas de la mejor cocina centroeuropea y española de siempre, centrándose sobremanera en los guisos y los platos de caza.

Durante todo el ritual que supone "comer el Horcher" se tiene la sensación indubitable de estar en un gran sitio en el que saben lo que se hacen.

A la llegada, te recoge el vehículo un aparcacoches impecablemente uniformado, otra persona te abre la puerta y allí te recibe el jefe de sala, un tipo curtido y, sobre todo muy amable.

Esto es un punto que quisiera destacar. En este tipo de sitios el servicio no suele destacar por su simpatía, sí por su saber hacer y su eficacia. Pues en Horcher sí son tremendamente simpáticos, muestra de ser un sitio "sin complejos", ahora que parece estar tan de moda escupir en la cara de los clientes para dar un aire de divismo al garito. Y esto resulta aún más de agradecer cuando se es joven (en la mayoría de los sitios deben pensar que nuestro dinero vale menos, porque es sorprendente el cambio de trato hacia un tío de 50 años y otro de 30).

Durante toda la comida el servicio es de diez. El somelier atiende y resuelve todas las dudas que le plantees (que en mi caso son muchas porque de vinos sé realmente muy poco) y los camareros parece que te leen en la cara que ya has decidido la comanda, no aparecen ni un segundo antes ni uno después, sólo justo cuando querías pedir.

Son especialmente delicados con las señoras, rozando en ocasiones la estampa cómica de un caballero de antaño. Para que estén más cómodas, les colocan un cojín a los pies.

Durante la comida más de lo mismo, aparecen hábilmente para rellenar copas, retirar platos, etc. siempre en el momento exacto y con gran presteza. Se nota que en este sitio, cuando los grandes gurús de la nueva restauración aún meaban los pañales, ya se atendía a lo más granado (y forrado) de la sociedad española y europea.

En cuanto a la manduca, que no es lo único pero sí lo más importante, es espectacular.

Toda la carta apetece, podrías pedir absolutamente todo lo que ofrece (si pudieses comerlo y pagarlo, claro).

Todos los platos son sugerentes y resultan golosos a la vista sólo con leerlos (algo que también pasa en Zalacaín y que no ocurre por ejemplo en Jockey y 31, que si bien en los segundos aguantan el tipo en los entrantes cojean ostensiblemente. A lo mejor por cosas como estas Jockey se ha ido al cuerno).

Comimos 3 personas y compartimos todo para probarlo (si lo pides te sirven tercios individualmente):

Bisque de Homard (básicamente una crema de mariscos): ACOJONANTE (y soy de Santander y he vivido en Bilbao, con lo que he comido pescados y mariscos realmente buenos...). Sabor a mar, con ese toque áspero que dan las conchas trituradas. Muy buenas.

Crema fría de lentejas con trufa: muy rica. Un plato sencillo con un toque excelente que da la trufa. Recomendable.

Gazpacho Horcher - Ni el que hace mi tía Mari en Ciudad Real.

Lomo de ciervo al romero - Simplemente otro rollo

Ragout de Jabalí - Riquísimo, con una salsa muy fina.

Goulash de ternera: Comí varios en Polonia y Hungría. Ninguno tan bueno como éste.

De postre 2 raciones de Baumkuchen (un riquísimo pastel "de tronco", que cortan en finas láminas. Lo tienen expuesto y es muy curioso de ver) y unos plinses polacos (no estaban mal, pero los he comido en Polonia mejores).

Para beber una Botella de La Vicalanda Reserva 2003, 1 copa de P.X. Noé Muy Viejo (el mejor del mundo), 1 copa de Tokaji Aszu (el mejor del mundo) 5 puytonyos y 3 infusiones. Todo, con propinas, 360 €.

Es evidentemente un sitio muy caro, pero teniendo en cuenta en dónde estás comiendo, que pedimos "sin mirar" y que tomamos entrantes, postres y vinos "especiales" con los postres, no es nada desorbitado. Sin los vinos y los postres lo dejas en 290-300.

Un sitio realmente bueno, y que, aunque seas devoto de las nuevas cocinas y estilos de restauración debes conocer. No puedes llegar a Kandinsky sin haber pasado primero por Velázquez y Goya.

listas: Comida

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Whitby

+34 913 19 70 88

de lo mejor de 2013

Calle Almagro, 22 <m> Alonso Martínez 4 5 10 Madrid, Madrid provincia, España

guardado por 132 personas

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Arrepentidos los quiere Dios

'me gusta' 'me gusta'

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Ante el aluvión de recomendaciones de amigos y conocidos sobre Whitby comenzaba a sentirme como un extraterrestre por no conocerlo aún, así que me llevé a mi novia a cenar y así de paso dejar de ser un bicho raro.

En términos generales me parece que es un buen sitio, pero le falta un "algo" para rematar la faena. Cumple sobradamente los requisitos para llegar a ser un muy buen garito, así que sólo les falta pulirse y algo de rodaje.

La zona cojonuda, un poquito más arriba de Alonso Martínez, en lo que antes era Capicúa. Aceras amplias para subir la moto y varios parking cercanos (si hay suerte hasta puede que aparques en la calle, esa parte es de lo más tranquilo del barrio). Está muy bien si después te vas de copas. Puedes tomar las primeras allí mismo y no queda lejos de Pachá, Paddock, MOMA y demás.

El local es muy bonito, con una planta baja a nivel de la calle con grandes ventanales que abren cuando el tiempo acompaña y un cabrete superior que permite ver todo el local. En la baja tienes varias mesas, normales para comer y altas para picar y tomar algo, y una barra bastante amplia para acodarse bien a gusto y empinar el codo. Iluminación tenue y muy agradable y un ambiente bastante íntimo en general (en la planta superior, en la de abajo hay lógicamente más jaleo).

El único pero es que las mesas para parejas son jodidamente enanas. Y cuando digo enanas quiero decir ridículamente pequeñas; esto es, que si tienes dos platos, la botella de vino y una ración (más de una no cabe ni de coña, con lo cual es importante que midan muy bien el ritmo) un mosquito no podría aterrizar sobre el mantel ni aunque fuese el jodido Barón Rojo de los mosquitos, porque no queda ni un milímetro cuadrado libre. Las mesas para más gente sí son amplias.

El servicio es muy amable, tíos jóvenes que no están demasiado formados pero que lo suplen con mucha simpatía y muy buena disposición, algo absolutamente fundamental en restauración y que el 77,31% de la gente que trabaja en el sector se esmera en pasarse por el arco del triunfo, también conocido como forro de los huevos.

Dos o tres cosillas que no nos gustaron mucho, que no viene al caso comentar y que en otro sitio hubiesen sido motivo de queja poco amigable, aquí se quedaron en un "pelillos a la mar" precisamente gracias al buen desempeño de todo el personal, desde el encargado (que no se si es también el dueño, pero lo parecía) hasta el tío que tienen en la puerta pasando por todos los camareros.

De un tiempo acá se ha puesto muy de moda en la hostelería una actitud divista esencialmente basada en escupir en la cara de la gente. Y no creo que sea culpa de ellos en absoluto. Los verdaderos causantes del desaguisado son esa pléyade de palurdos que han salido de su casa por primera vez hace cuatro días y que piensan que consentir que un meneasartenes con ínfulas les trate como pura basura es "chic". Me da igual que el tío se llame Arzak, Blumenthal, Ducasse o Pepito Pérez; soy el cliente y merezco un servicio bueno y amable, y sobre todo respeto. El problema es que en España somos unos acomplejados; ser el cliente no te da derecho a pisotear a nadie, pero sí a hacer notar lo que quieres y cómo lo quieres cuando la atención no es la adecuada.

Un mal día en la cocina es comprensible y aceptable. Un servicio maleducado es de todo punto imperdonable.

Ya siento haberme pegado esta rajada sin venir a cuento, pero es algo que vengo pensando desde hace largo y me ha parecido un buen momento para escupirlo.

A lo que íbamos.

La carta me pareció corta en todos los aspectos y no lo suficientemente llamativa (muchos platos no llenan el ojo). Cuando diseñas una carta no muy prolija todo tiene que ser 100% apetecible. Es algo a lo que deberían dar una vuelta.

Eso sí, todo lo que pedimos estaba muy bueno.

GUACAMOLE: natural, se notaba que eran aguacates machacados, y no un mejunje sacado de un frasco de Doritos. Falto de fuelle, quizá corto de vinagre. Los nachos, los mismos de todos los sitios, pero estaban buenos. Quizá un puñadito más hubiese estado bien. BUENO.

CODORNIZ RELLENA DE FOIE: un buen trozo de codorniz prensada, rellena de un buen foie y acompañada de una salsa muy sabrosa y patatas paja. MUY RICO.

RABO DE TORO: otra ración generosa, con una salsa riquísima y una especie de puré. MUY BUENO.

EMPACHO DE DULCE DE LECHE: simple y llanamente lo que su propio nombre indica. Una tulipa llena de dulce con trocitos de plátano. BUENO.

Todo eso con pan, una botella de CVNE (precios de vinos muy ajustados, odio a los jetas que meten a la botella un 200%), un gin-tonic (de Whitley Neil, tienen una selección de ginebras más que aceptable, aunque como en casi todos los sitios sólo tónica Schweppes. ¿Qué cuesta ir al Corte Inglés o cualquier vinoteca a comprar un puñao de Q-Tonics o de Fever Trees?) y la propina 72€, un precio de risa teniendo en cuenta el tipo de sitio y la comida.

MUY RECOMENDABLE

listas: Comida, Copas

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Gonzalo Sáenz de Miera Bolado

Debía una actualización a este sitio desde hace dos meses (las vacaciones y demás, que no dejan a uno tiempo de nada). Retiro mi último comentario en el que indicaba que se estaban dejando llevar un tanto. Le han pegado una vuelta muy interesante a la carta, que era muy buena pero ya empezaba a hacerse demasiado vista para los parroquianos habituales, en la que hay muchísimas cosas muy apetecibles como el pincho de pato laqueado, las carrilleras, el ceviche, el tartar de salmón... y donde siguen los huevos estrellados con chopitos, que parecen una chorrada de plato pero que a mí me parecen la leche de ricos. Javi, el encargado, sigue al frente. Un tío simpático y la mar de eficiente, y que se ve que se deja los huevos en el garito. El cocinero es otro fenómeno, se pasa muchas veces por las mesas para preguntar qué tal y para resolver las dudas más peregrinas que quieras plantearle, eso me me gusta porque quiere decir que le gusta su trabajo y que le importa lo que los clientes opinen.

Es un gran sitio y el precio me sigue pareciendo muy bueno, entre 20 y 30 euros/barba por una comida muy rica, muy bien elaborada, diferente y, sobre todo, en un sitio en el que te atienden con simpatía, que en Madrid no abunda. Justo antes de pirarme a Santander estuve dos noches dos semanas seguidas y en ambas ocasiones salí encantado, y no habré cenado aquí menos de 10 o 12 veces desde que abrieron.

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22 de agosto de 2011

La Dorada

+34 915 70 20 04

Calle de Orense 64 <m> Cuzco 10 Madrid, Madrid provincia, España

guardado por 41 personas

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Gran sitio de pescado de toda la vida...

'está OK' 'está OK'

... salvo que provengas de una zona costera, como es mi caso.

Y es que, a pesar de haber probado buenos y muy buenos pescados y mariscos en Madrid, no creo que tenga ningún sentido ir a un sitio como la Dorada (o como Combarro, la Trainera, Carta Marina o Portobello).

Desde luego que en todos ellos, y en otros cuantos que me dejo, la materia prima es de una calidad excepcional y la elaboración de la misma no le va a la zaga, pero hay mucha leyenda y mucha tontería sobre aquello de que el mejor pescado de España se come en Madrid.

Podría citar de carrerilla 30 restaurantes de la cornisa cantábrica, de Galicia a la frontera vasco-francesa, que ofrecen un nivel similar o superior al sanctasantorum madrileño, tanto en producto como en elaboración, servicio y local.

Y además con un precio entre un 15% y un 40% más barato y en un entorno mucho más agradable, en la puta orilla del mar, que es donde más gusto da empujarse un buen pescadito. Viendo las olas batir y la brisa peinar sus crestas. Y oliendo la mar. Ah! La mar...

Mucho CR9 y mucho Museo del Prado pero en Madrid no hay playa.

Eso, y que hay que tener muy presente que en cualquier tasca de Santander por cuatro duros te pones hasta el bote de sardinas y pescadito fresco, y encima puedes comerlo con la mano y chuparte los dedos, que sabe más rico que en un sitio para estirados.

No hay cosa que más me reviente que ver a los papardos comer sardinas con tenedor y paleta ¡y quitándoles la espina los muy cabrones!

¡¡¡Joder, que las sardinas se comen con la jodida mano y un cacho de pan!!!

En fin, que disertaciones estúpidas y puntos de vista personales e intransferibles al margen, la Dorada me pareció un buen sitio.

Llevaba tiempo resistiéndome a ir pese a las continuas y encarecidas recomendaciones familiares (la madre de un servidor tiene la bizarra costumbre de bajar de Santander a comer pescado a un páramo de la meseta castellana) pero finalmente me vi en la tesitura de visitarlo por motivos laborales.

La verdad es que tienen una fama bien ganada.

Es un local bonito, con un aire marinero (mucho más en los camarotes) aunque más bien del gusto de hace unos cuantos años (lo cual es lógico en un negocio cuyo target son empresarios de cincuenta palos p’arriba). Y huele a mar. No confundir con olor a pescadería cutre, hablo de olor salitre, a roca, a marisco, a buen pescado. Hay a quien pueda no agradar el comer envuelto por esos aromas. A mí me apasiona.

El servicio es realmente amable. Desde la señorita oriental (diría que tenía pinta de filipina) que me recibió en la puerta, pasando por la que me acomodó en la mesa, el jefe de sala y hasta todos y cada uno de los camareros que nos atendieron, me sentí tratado de una forma fenomenal. Tienen ese punto entre familiaridad y distancia respetuosa y profesionalidad que tanto me gusta y que me recordó en cierto modo a mi querida Villa de Santilla (11870.com/~Lyx). Odio los camareros envarados, arrojan un aroma artificial y rígido del todo innecesario. Me recuerda mucho a esa gente a la que se nota que se ha puesto un traje por tercera vez en su vida y que camina como si le hubiesen metido la fregona por el culo ¡naturalidad hombre, que llevan traje hasta los ujieres de edificio!

Ahora bien, la nota de "todos y cada uno de los camareros" puede, y debe, entenderse como negativa. No me gusta que me atiendan distintos camareros. Ofrece sensación de abandono, de descoordinación, de que te sirve el primero que pasa por ahí. Entiendo que de la comanda se encargue el jefe de sala, e incluso que del servicio del vino se haga cargo un tercero, pero el resto de la comida debe acompañarme la misma persona. Ocurre, y me gusta, que vas estableciendo un cierto vínculo de confianza con tu camarero durante la comida a base de preguntas, dudas y comentarios, y ello favorece una experiencia mucho más agradable.

Quizá afearía también la excesiva premura con que se presentan los platos, empalmando unos con otros. En la Dorada el ritmo del servicio debe ser perfecto dado que en muchos casos las comidas son de negocios, y éstas requieren de pausa, poso y tranquilidad.

La comida fue excelente:

REVUELTO DE HUEVOS Y MAGANITOS: con ajetes tiernos. Muy bueno. Jugoso y maganitos muy ricos.

ALMEJAS AL ACEITE DE OLIVA: unas buenas abrideras pasadas por la sartén, en su punto de ajo, guindilla y perejil.

DORADA A LA SAL: la bandera del garito (no se llama así por nada). Muy buena y jugosa. me gusta que la presenten en la fuente del horno y que se prepare y sirva junto a la mesa.

Esto con dos raciones de mango y piña de postre, una botella de Pago de Capellanes, agua y cervezas 140 pavos con propina.

Un precio correcto para un sitio así que yo no pagaría.

Iba a ponerle 4*, se lo voy a dejar en 3 porque me tocó las pelotas que aquí también viniesen a ofrecernos una foto. Debe ser una costumbre del barrio (Txistu, Donostiarra y Portobello también lo hacen).

listas: Cerca de casa

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Gonzalo Sáenz de Miera Bolado

y muy graciosos lo camareros, vestidos como de marineritos de primera comunión

26 de mayo de 2011

Asia Gallery

+34 913 60 00 49

de lo mejor de 2013

Plaza de las Cortes 7 (Hotel Palace) <m> Sevilla 2 Madrid, Madrid provincia, España

guardado por 97 personas

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El otro gran Chino de Madrid

'me gusta' 'me gusta'

Pues eso, que confirmo que el Asia Gallery (o "Chino del Palace" para amigos, conocidos y el 99,998% de la población mundial) es el otro gran chino de Madrid y el único que puede medirse en igualdad de condiciones con el Tse-Yang ("Chino del Villamagna").

Están muy parejos en cuanto a servicio (impecable en ambos), calidad de la comida (muy buena materia prima, muy bien elaborada, muy bien presentada), variedad (no encontrarás más de un par de platos que también tenga el chinaco de tu barrio), ubicación (ambos en hoteles 5*GL, en el eje Castellana-Recoletos-Paseo del Prado), local (para ser chinos decoración cuasi tolerable) o higiene (todo limpio, no malos olores, no salir apestando a aceite de decimoquinta fritura).

También caminan de la mano, para desgracia de nosotros oh pobres mortales, en el precio. La horquilla se sitúa entre 50-55 y 80-90 € barba si pides con dos dedos de frente. Y a fin de cuentas no deja de ser un chino. De lujo. Pero un chino.

Todo es estupendo, y no te sentirás estafado ni mucho menos, pero esos precios duele menos pagarlos en un buen japo, una buena cocina de mercado o un buen vasco (y por buen vasco hablo de algo como Goizeko o, a menor nivel, Alkalde, no de algo como el Txistu).

Así que es mejor que dejes este sitio para esos días en que tus viejos se pasan a verte por Madrid y aprovechas para sacarles los cuartos. Y de paso te evitas el marrón de que te miren como si tuvieses el culo en la cara.

Porque si tienes menos de 682 años estás jodido. Para llegar al restaurante tienes que desfilar por todo el hall, la zona de boutiques y atravesar La Rotonda (todo el tinglado de bares, brunch y demás que hay bajo la famosa cúpula).

Y lo harás delante de la momia de Tutankamón, de la de Cleopatra, de los abuelos de Julio César, de la tatarabuela de Carlomagno y del mismísimo Matusalem, que son los clientes habituales del hotel Palace, como es normal por otra parte (reconozco que si alguien sobra ahí soy yo, que a) sólo tengo 29 años y b) estoy más tieso que la mojama) y que te mirarán con cara de "¡JIPY CORTATE EL PELO!”.

Gajes de la buena cocina, uno se va a acostumbrando a que lo tomen por el pito del sereno. Voy a dejarme barba.

En fin, que una vez que hayas terminado el tour por el Museo de Prehistoria, te recibe una chinita muy mona vestida de chinita muy mona (rollo geisha) que habla español a nivel usuario (es decir, poquito), pero que lo suple con mucha amabilidad y con el jefe de sala, que consciente del tema, suele salir echando leches a recibirte. Al igual que el del Villamagna se ve que es el típico tío curtidísimo en manejar salas de nivel, destila experiencia y saber hacer, un fenómeno.

El local es acogedor, pequeñito, mesas con sofá, distintos ambientes y decoración más "rollo chino" que el de Villamagna, pero con cierto gusto (dentro de las limitaciones orientales claro). El único “pero” es un puto panda de plástico que tienen sobre la puerta de la cocina, y que debe estar ahí para cumplir con los cánones de los grandes chinorros de ayer, hoy y siempre.

Durante toda la comida el servicio es amabilísimo, aunque el tema de que ni Dios hable tu idioma va cansando de forma paulatina y acaba por dar por saco. Constantemente si quieres una explicación sobre algún plato o un consejo tienes que tirar del jefe de sala, de su mano derecha, una señora que parecía filipina absolutamente encantadora y que hablaba nuestro idioma a la perfección o de otro chaval que tenía pinta de hindú y que, además de hacerse entender, era extremadamente educado, de lo mejor que me he encontrado en ningún restaurante en mucho tiempo.

En cuanto a la comida, cenamos a la carta, pero creo que en este sitio y en el Tse-Yang es mejor optar por alguno de los varios menús que ofrecen, que son completos, generosos y tienen un precio muy ajustado.

ROLLITOS NEMS: muy ricos. Jugosos, con verduritas y carne y una salsa de mariscos muy buena. MUY BUENOS.

DIM SUM VARIADOS: ocho dim sum, todos distintos, con carnes, pescados, verduras... me gustaron sobre todos unos que parecían "bombas", con la pasta de maíz en lugar de arroz. Mejores que los tradicionales con forma de empanadilla. BUENOS.

LANGOSTINOS EN SALSA DE JUDÍA NEGRA: buenos pero sin más. La salsa rica. Los buenos son los Jade, pero mi novia no me deja pedir picante. CORRECTOS.

MEDIO PATO LACADO: te ponen el pato y lo preparan a tu lado. La piel en tortillas, la carne con setas, verduras y una salsa riquísima. ESPECTACULAR.

FRUTA EN TEMPURA: con helado. Rica pero los postres de los orientales son del todo prescidibles siempre.

Nos pasamos pidiendo, con eso cenaban tres.

Todo con un Waltraud (Riesling), 2 Kir Royal, 1 agua y un té 170 pavos con propina. Pidiendo con más cuidado y sin aperitivos lo dejas en 120-130 sin problema.

Curiosidad: al lado cenaba un tío con pinta de mindundi. Salió todo el personal a recibirle. Por lo visto come ahí a menudo con Botín. Para fiarse de las apariencias.

listas: Comida

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Gonzalo Sáenz de Miera Bolado

Se me olvidaba. Preguntamos si tendrían chocolate derretido para echar sobre el helado. No había. Un camarero se ofreció a salir al hotel a buscarlo y en dos minutos teníamos el capricho resuelto. Un detallazo por su parte. Cosas como esas se agradecen más que un servicio de mesa de manual o un asesoramiento expertísimo. Es lo que digo siempre, el mejor valor en hostelería, casi a la par que la comida, son las ganas de agradar.

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25 de mayo de 2011

Tse-Yang

+34 914 31 18 88

Paseo de la Castellana 22 (Hotel Villamagna) <m> Rubén Darío 5 Madrid, Madrid provincia, España

guardado por 69 personas

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Uno de los dos mejores chinos de Madrid

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El “chino del Villamagna", ni Dios lo llama por su nombre, es de largo el mejor chino de Madrid en dura y única competencia con Asia Gallery, el “chino del Palace", y muchos cuerpos por delante de China Crown, Le Dragon (también propiedad del Grupo Café Saigon) y otros sitios similares.

El entorno y la ubicación son perfectos, en plena Castellana, al abrigo del, tras su renovación, un tanto impersonal Hotel Villamagna, de modo que, cuando el tiempo acompaña (y eso en Madrid ocurre muy a menudo), permite echarse al coleto una copichuela en sus jardines. Ofrece además servicio de aparcacoches, lo que hace realmente cómodo venir a cenar aquí.

Por supuesto, hay que tener en cuenta que un restaurante chino, ya sea éste o el jodido "Chino del Inframundo" de Plaza España, tiene unas limitaciones consustanciales al tipo de comida que sirve. La comida china da para lo que da, y punto.

El local es razonablemente elegante para ser oriental, prescindiendo de todas esas malditas horteradas de los chinos de cuarta. Lo más satisfactorio es la ausencia de acuarios llenos de agua sucia y peces feos. Es asqueroso tener que comer con eso a la vista.

Aquí, en lugar del habitual chinillo que ni habla tu idioma ni ganas que tiene (ni un puñetero charly en toda la hostelería madrileña habla español en condiciones), te recibe un maître español que destila experiencia en el manejo de salas de nivel. Los camareros sí que son orientales (no preguntes de donde. A diferencia de los Huevos de Fabergè, no hay dos amarillos distintos), pero son muy educados y saben servir –para lo que sueles encontrar en un chino-.

El ambiente resulta agradable y tranquilo (no catetos, no chonis, no niños correteando, no conversaciones a volumen de romería), lo que, junto con un servicio de mesa pausado (propiciado por el hecho de que no doblan, práctica inaceptable si disfrutas de las sobremesas), permite mantener una conversación en términos civilizados mientras cenas, aspiración tan sana como complicada de satisfacer en estos días en que la gente es cada vez más maleducada.

Una vez terminada la velada, te sorprenderás a ti mismo oliendo a tu propia colonia y no a aceite barato y frito un millón de veces, auténtica marca de identidad de los genuinos chinacos.

En cuanto a la comida. Puedes optar por la carta o por cinco menús distintos.

Todo es muy bueno, cada plato tiene un sabor propio y puedes distinguir todos y cada uno de sus ingredientes, que son frescos y naturales. No como esa comida para perros que suelen servirte por ahí y en la que las gambas salteadas saben igual que el cerdo (y reza para que sea cerdo) agridulce.

El mejor entrante sin duda son los Dim-Sum: en su perfecto punto de cocción, con una textura firme pero a la vez tierna. Mis favoritos son los de Foie, pero para probar todos opta por las Delicias Pekinesas y las Delicias Cuatro Felices (ambas son, básicamente, una degustación de Dim-Sum, todo ellos muy ricos, de txangurro, shitake, boletus, pato, trufa blanca- los segundos mejores-, etc.). Ocurre como con los nigiris en Kabuki, que podrías comer miles.

Los rollitos, tanto los de primavera como los de otoño, son un pedo. Bastante secos y tan insulsos como una tarde de domingo. Más pena que gloria.

El Pato Lacado Pekín es el plato estrella. Te traen un pato lacado completo (muy bien preparado, crujiente y sin un ápice grasa), te ponen una mesa supletoria a tu lado, y un camarero para ti sólo que pacientemente va cortando la carne y preparando con ella unas tortitas muy ricas con salsa Hoisin (una salsa agridulce con soja que en Tse-Yang se prepara de forma magistral) y algo de verdura.

Para acompañar, los arroces y los tallarines son de una calidad indiscutible. El Arroz Salteado Yang Tseu es sencillo y muy sabroso. Un arroz bueno de verdad, suelto y salteado con guisantes y cebollinos frescos.

Los postres, como buen oriental que es, son caca, del todo prescindibles. Nunca recordarás el postre de un chino más allá de lo que tardes en digerirlo.

Las delicias caramelizadas con sésamo no están mal, por aquello del contraste de sabores, pero para eso te comes las nueces que te sirven con el café. El rollo de plátano y chocolate pues está bueno, pero la única vinculación factible entre este postre y oriente es que los plátanos se importen vía Korea.

En definitiva, se trata de un sitio absolutamente recomendable, en el que comer una comida china diferente y en unas condiciones que no son las habituales. Una buena idea para ir con tu novia un viernes por la noche o un día que tus padres tengan ganas de que los saques los cuartos.

El precio, teniendo en cuenta la relación calidad-entorno-servicio, es de lo más competitivo.

Sin vino lo haces por algo más de 40 napos. Con una botellita o con champagne (que con la comida oriental entra muy bien, especialmente con la japonesa) pues por unos 55-60 € barba, que sigue siendo un gran precio.

listas: Comida

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99 Sushi Bar

+34 915 36 05 67

de lo mejor de 2013

Calle de Ponzano 99 <m> Rios Rosas 1 Madrid, Madrid provincia, España

guardado por 99 personas

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La Máquina Tragaperras del Grupo Bambú

'no me gusta' 'no me gusta'

O la memoria, además de selectiva, es juguetona, complaciente y un poquito hija de puta, o este sitio ha bajado el nivel de forma escandalosa.

Y como me considero un tío con una capacidad retentiva cuando menos aceptable, temo verme obligado a dar por buena mi segunda aseveración.

Había estado cenando en este garito un par de veces con mi viejo hace algún tiempo, y si no estoy en un error, cuando aún no existía el 99 de Hermosilla. La verdad es que guardaba un recuerdo realmente grato.

Por entonces mis conocimientos sobre restaurantes y comida estaban a la par de los que poseía sobre la reproducción asistida y en condiciones adversas del abejaruco payaso del cantábrico (clowniensis cantabricus abejarucus). Y siguen estándolo, lo cual podría ser una analogía muy positiva si hubiese avanzado algo en el estudio de tan simpáticas aves. Lamentablemente, sigo en ascuas al respecto.

Pero vamos, que del mismo modo que del tema ni tenía ni tengo idea; paladar y noción de bueno y malo y, sobre todo, de lo que me gusta ( aunque muy somera) sí que tengo. Y muchas horas aculado en antros, tascas y tugurios de toda suerte y fortuna.

Y éste me pareció un gran sitio. Y me lo pareció porque la comida era original (hace 3 o 4 años la cocina japonesa no tenía el predicamento del que goza ahora) y, fundamentalmente, porque estaba muy buena.

Además, aportaba un aire novedoso. Por lo general los restaurantes de comida extranjera (chinacos, japos, hindúes...) tenían un enfoque cutre, mientras que aquí encontrabas buena carta, grandes vinos, servicio amable y pausado, ambiente menos “popular", decoración cuidada y, por encima de absolutamente todo por su importancia capital, comida de más nivel, por elaboración y presentación.

Pues bien, el garito se puso de moda (y todo lo que cuento a lo largo y ancho de esta crítica es 100% extrapolable y análogo a lo que ocurre con Kabuki de Presidente Carmona y del Wellington) y se ve que los dueños, que a fin de cuentas son empresarios y lo que quieren es ver la caja registradora humeando, decidieron, no sé en que momento y probablemente aconsejados por esa vocecilla que a todos nos pide matar al jefe, forrarse a costa de joder un buen negocio.

El protocolo es simple. Abres un restaurante de nivel medioalto-alto en una buena zona, lo cuidas, lo mimas, lo trabajas bien, labras una reputación y, conseguido esto, abres una nueva sucursal "premium", con la misma comida, en cuanto a calidad, cantidad y estilo pero en una nueva ubicación aún más chic, con una decoración aún más chic, con un ambiente aún más chic. Y con unos precios entre un 20 y un 40% aún más chic también, por supuesto.

Hasta ahí todo lógico, razonable y comprensible.

La segunda parte del plan no lo es tanto. Consiste en mantener los precios del original pero convertirlo en una suerte de cadena de montaje, de máquina de hacer dinero, sin encanto, sin espíritu y sin atractivo. Y sin calidad ni servicio que justifiquen lo que se paga, que es lo más grave.

Lo que en su momento fue el corazón del proyecto, la piedra fundacional, se relega a un papel vil y chabacano: pasar de restaurante a "explotación", pensada para gente que pasa por allí a "darse un homenaje" y a ver de qué va la historia. Gente que va con la idea de "lujo a precio un poco más accesible" (expectativa generada gracias al nuevo negocio "chic") y que sale trasquilada porque al final paga bastante por nada, lo cual es infinitamente más caro que pagar mucho por algo (que es lo que haces en su nueva guarida "premium").

Un desastre.

Comida:

APERITIVO: no ponen. Me la suda, pero es un detalle feo.

TIRADITO DE DORADA: 6 cucharillas con un trocito de –rica eso sí- dorada enrollada y un zumo de mandarina que ni armonizaba con el pez ni leches. UNA MIERDA.

NIGIRIS: los de Hermosilla me parecieron buenos pero peores que los de Kabuki. Estos eran pura basura. Hamburguesa de Kobe, Huevo de Codorniz, Gamba Dulce, Carne de Kobe, Toro y Pez Mantequilla. Casi todos insípidos, insulsos y con el arroz preparado de culo, quebradizo. MALÍSIMOS.

TEMPURA DE BOGAVANTE: cacavante congelado, en trozos enormes, bastísimo. Tempura revenida. MALO.

Nos pareció todo tan malo que tratamos de arreglarlo estirando la comanda con una TEMPURA DE TIGRES, santo y seña de Sushi 99. Pues bien, aún siendo lo mejor de la cena, REGULAR.

Todo esto con tres Kirin (única birra japonesa que podían ofrecerte –EPIC FAIL-) y agua costó la nada despreciable cifra de 140 napos.

Es decir, 30-40 pavos menos de lo que costó cenar en 99 Hermosilla una comida mucho más rica, con un servicio infinitamente mejor, en una zona mucho mejor de Madrid y con 2 Kir Royal de champagne, un Terras Gauda y postre.

Lo de siempre, que lo barato acaba siendo caro. Aunque en este caso sería más riguroso decir que “lo menos caro sale carísimo”. Filibusteros.

listas: Comida

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99 Sushi Bar

+34 914 31 27 15

de lo mejor de 2013

Calle de Hermosilla 4 <m> Serrano 4 Madrid, Madrid provincia, España

guardado por 231 personas

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Garito redondo. El otro gran japo de Madrid.

'me encanta, uno de mis favoritos' 'me encanta, uno de mis favoritos'

El Suhi 99 de Hermosilla es el mejor japo de Madrid, junto con el Kabuki Wellington, y no hay forma razonable de sostener lo contrario. Intentar medirse con ellos es tener ganas de que te hagan picadillo y de que te humillen.

Cualquier otro japo de la ciudad sale apalizado en una comparación con cualquiera de éstos. Hay que asumirlo como un dogma de fe y no desperdiciar un minuto en cuestionarlo. No sólo son los dos mejores japoneses, sino que además son dos de los mejores restaurantes que hay en la ciudad, del género que sean.

Kabuki Presidente Carmona y 99 Sushi Ponzano se caen de una terna en la que deberían estar pero el primero por su deficiente servicio, lo trillado que tienen el local y el hecho estar siempre hasta las trancas, y el segundo porque siendo bueno es peor que su hermano mayor en todo, les hacen bajar al escalón inmediatamente inferior, donde también pondría al Nikkei 225.

Después de estos cinco van todos los demás. Y ojo, que hay muchos buenos garitos del ramo en la capi, lo que ocurre es que los de arriba son "otra cosa".

La ubicación del local no puede ser mejor, en pleno corazón de Madrid, en los bajos del NH Sanvy, justo detrás del Hard Rock, entre Castellana y Serrano.

Se trata de un local moderno, sencillo y bonito, que pese a estar lleno no da sensación de agobio ni resulta ruidoso (algo a lo que también contribuye el perfil de la clientela). Resulta curioso el hecho de tener que subir una buena tacada de escalones para entrar, pero la verdad es que casi resulta preferible, porque permite estar aislado de la calle.

El servicio es sencillamente excepcional, son, no sólo amables, sino también terriblemente agradables. Ni me gusta que el servicio sea extremadamente campechano, porque les das la mano y acaban por cogerte el codo, el pie y haciéndote cosquillas en el sobaco, ni tampoco me gustan nada esos tíos envarados que parecen robots con un programa de protocolo enchufado en el culo, crean una atmósfera rígida y del todo artificial.

Aquí tienen el punto justo. Y, por encima de todo, son muy buenos profesionales. La atención desde que pones un pie en el garito hasta que sales por la puesta en simple y llanamente inmejorable. Como casi todo en este restaurante, dicho sea de paso.

La verdad es que me atrevería a matizar mi comentario del principio y tirarme a la piscina diciendo que éste es el mejor japo de Madrid. Pero no voy a hacerlo por una sencilla razón: creo que es mejor que Kabuki Wellington en prácticamente todo. Salvo en una cosa: los nigiris. Los nigiris de Kabuki y del Wellington son los mejores a años luz de todos los demás.

Y amigo, con los nigiris no se juega. Son mi plato favorito, lo mejor que se puede pedir en cualquier japo que sepa hacerlos como Hiro Hito manda (el emperador allí en Dios ¿no?), un bocado único. Así que ese punto cuenta triple, incluso puede que cuádruple. Qué coño, ese punto vale mil veces más.

Así que después de esta sarta de gilipolleces que acabo de soltar tengo que reafirmarme en mi aseveración inicial. Están al mismo nivel.

Vamos con la comida, que es OTRO JODIDO ROLLO:

TARTAR DE ATÚN: en lugar de venir en daditos o muy picado, se presenta en tiras, gruesas y no muy largas. Con unas semillitas de sésamo. No estaba rico, estaba BRUTAL.

TEMPURA DE TIGRE: odio casi todas las tempuras. Pues de ésta me comeria siete raciones. Buenísima, fina, ligera, crujiente... jodidamente buena y acompañada de una salsa con un toque picante que se te va la olla. OLE, OLE Y OLE.

NIGIRIS: son una copia de los de los Kabuki. Muy buenos todos. Dos por ración. Huevo con trufa, pez mantequilla con trufa y hamburguesita de kobe. MUY BUENOS (pero son mucho mejores los de Kabuki).

GUNKAN DE ERIZO: no voy a valorar este plato. Pensé que como las ostras me encantan el erizo también lo haría. He descubierto que odio el erizo. Si un día me encuentro un erizo en la playa pienso pisotearlo hasta la desintegración.

PRESA IBÉRICA CON UME: una buena pieza laminada de presa, rosadita por dentro, acompañada de salsa de ume (una especie de ciruela amarga). RIQUÍSIMO.

Siempre digo que en los orientales, del tipo que sean, los postres son una mierda. Pues aquí he tenido que envainármela. Tomamos un MAKI DE TÉ VERDE Y MANDARINA que estaba REALMENTE BUENO. Cremoso, frequito y esponjoso. Merece la pena.

Todo esto, con dos Kir Royal de aperitivo (hechos con champagne, que ahora en muchos sitios los preparan con cava los muy cabrones), una botella de Terras Gauda (los vinos, para ser un sitio de esta categoría, no están a precio abusivo ni mucho menos), una de agua y un té (hecho con hierbas, no té-caca de bolsita) 180€ con propina. Mucho dinero? SI. Caro? EN CUALQUIER TERRAZA DEL BARRIO DE SALAMANCA TE SOPLAN 40 PAVOS BARBA POR COMER MIERDA. SACA TUS CONCLUSIONES.

Una última cosa. Te ponen un aperitivito al llegar y unos dulces con el café. Pues bien, NO LOS COBRAN. Y eso es un detalle muy bueno, no son unos cutres.

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Gonzalo Sáenz de Miera Bolado

Me he visto a retocar el comentario, eliminando al 99 Sushi de Ponzano de lo que llamaba "La Santisima Trinidad". Tenía un buenísimo recuerdo de un par de comidas con mi viejo hace algún tiempo. He vuelto a cenar allí el jueves 12 de mayo y me ha pasado lo mismo, o peor, que con el Kabuki de Presidente Carmona. Es bueno pero se nota que lo han dejado como restaurante "de batalla" del grupo y poniendo toda la carne en el asador con el "premium".

En ambos (Kabukis y 99s) pasa exactamente lo mismo, de una forma totalmente palpable.

En breve colgaré mi reseña de 99 Ponzano.

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15 de mayo de 2011