No me leas. Mis opiniones son una boutade, un vodevil. Tan falsas como la sonrisa de una meretriz.
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Gonzalo Sáenz de Miera Bolado

mostrando 11 sitios

La Cesta de Recoletos

+34 911 40 06 96

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de lo mejor de 2013

Calle de Recoletos 10 <m> Retiro 2 Madrid, Madrid provincia, España

guardado por 423 personas

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Ora et Labora

'me encanta, uno de mis favoritos' 'me encanta, uno de mis favoritos'

Actualizo cuando tenga tiempo. Cena temática construida en torno al champagne Ruinart. Fantásticos platos, magnífico champagne, el tío que lo presentó un auténtico fenómeno.

La Cesta no es sólo un buen restaurante, entendido como sitio donde ir a llenar el buche, sino, además, un buen negocio, inteligentemente pensado, bien gestionado y que destila interés, iniciativa e inquietudes por parte de sus gestores, que se materializan en iniciativas como ésta u otra, en la que también participé y que fue magnífica, y que consistió en una cena-coloquio en torno a los champagnes rosés.

La comida, como siempre, buena y original (en esta ocasión de forma muy especial por la participación en el menú de dos estrellas Michelín), el servicio atento, el pan riquísimo (sobre todo el de tomate) y las servilletas enanas (a ver si ponen unas un poquito más grandes).

He estado ya 8 o 10 veces y creo que estoy en condiciones de afirmar que, hoy, La Cesta es, junto a Edulis, el mejor restaurante “moderno” del Barrio de Salamanca para comer por entre 35 y 60 euros (dependiendo del tema vinos y copas).

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He vuelto en un par de ocasiones más desde mis últimas (y positivas dos visitas). Siguen retocando la carta según temporada con cosas interesantes y siempre ofrecen un plato del día (con productos de temporada, eso me gusta) que siempre está muy bueno.

Le pongo las cinco estrellas que a punto estuve de darle tras mis dos anteriores visitas. Si no lo hice fue para dejar reposar un poco el tema, no fuese que me estuviese dejando llevar en exceso por el contraste entre lo malo que me pareció la primera vez y lo bueno de las dos siguientes.

Pasado un tiempo prudencial y un par de visitas más puedo decir que me parece un sitio de cinco estrellas.

Y en cuanto bajen la intensidad de las luces por la noche para ser más acogedor, que me ha dicho un pajarito que probablemente lo hagan, me gustará aún más.

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Algunos dichos populares resultan un tanto ordinarios, pero no por ello menos ciertos. Muy al contrario, todos y cada uno de ellos contienen una buena dosis de ancestral e irrefutable sabiduría popular. No muy científica, pero sí empírica y arrolladoramente certera.

Y tal y como –dicen los gabachos que- ocurre en Francia con los quesos, en España tenemos un refrán para cada día del año, diría incluso más, uno para cada situación.

Me viene a la cabeza aquél que bien podría haber sido enunciado por Isaac Newton pero que, por su tono escatológico, resulta muy probable que más bien fuese parido en algún poblacho de la España profunda, de que no se debe escupir hacia arriba por el riesgo de que todo caiga de vuelta a la boca.

A buen seguro que alguien con mejores modales, más educación y un mayor bagaje cultural que el autor (que es como me gusta referirme a mí mismo), es decir, casi cualquier rufián que se ponga al teclado, podría abordar la cuestión en términos más sofisticados como el karma, el tao, el satva o cualquier otra de esas tonterías orientales sobre el balance del cosmos, el equilibrio del universo y el retorno de las cosas a su ser y demás paparruchas. Pero es que, llámenme bruto, pudiendo explicar algo hablando de escupitajos no veo la necesidad de aburrir al personal.

Pero bueno, a lo que estamos. Habrá quien se pregunte por qué estábamos hablando de refranes y escupitajos. No podría asegurarlo, pero creo que tiene algo que ver, además de con mi gusto por irme por las ramas y escribir tonterías, con una feroz crítica que dediqué, tiempo ha, a La Cesta de Recoletos.

Crítica, que, y por fin encuentro el hilo argumental, me ha caido en medio de la boca. Pero que muy, muy en medio.

Feroz, sí, pero punto por punto, en su momento, merecida. No me precio de ser un buen crítico, porque ni lo soy, ni lo seré, ni lo pretendo, pero sí me tengo por una persona honesta y coherente.

Ahora bien, que también me tengo por guapo, así que no me queda muy claro hasta dónde pueden darse por buenos mi criterio y mi capacidad de percepción de la realidad.

Y precisamente por eso debo enmendar mis palabras, volver grupas a mi castillo, tragarme aderezadas con sal y pimienta mis descalificaciones pretéritas y hablar en términos elogiosos de este magnífico restaurante.

En su día anticipé que bien pude haber tenido mala suerte cuando comí allí, así que, habiendo hoy amanecido tan refraneros como hemos y dada mi fe incondicional en aquel dicho que reza algo así como “todas comen mierda, mil millones de moscas no pueden estar equivocadas” decidí embaucar hace unos días a unos buenos amigos y volver a dejarme caer por La Cesta.

Demasiada gente opinaba demasiado bien sobre el sitio para que yo tuviese razón. Y ojo, que nadie se deje llevar a engaño. Yo siempre tengo razón, sólo que esta es la única e irrepetible excepción que confirma la regla.

Y habiendo vuelto dos veces en las últimas dos semanas por el acudidero sobre el que despachamos en estas líneas, puedo y debo confirmar, y confirmo, que estaba en lo cierto.

He comido allí dos veces y con seis personas distintas, al margen de servidor, y todas y cada una de ellas, esta vez sí incluyendo a un servidor, quedaron encantadas.

Encantadas con el local, con la comida, con los vinos y con el servicio. Incluso con el pan, que, dicho sea de paso, es de una calidad espléndida.

Supongo que ahí reside el encanto, que a la vez es maldición, de la hostelería. En vivir en el filo de la navaja, en jugárselo todo a la carta del amor a primera vista, en caminar sobre la cuerda floja. En trabajar sin margen de error.

Un cliente al que le guste un sitio en su primera visita hablará bien de él, lo recomendará a otros, volverá más veces y, si en alguna de ellas algo no le agrada, concederá el beneficio de la duda.

Por el contrario, si en esa primera vez no queda satisfecho, ocurrirá todo lo contrario. Así es la naturaleza humana, mucho más lógica de lo que nos empeñamos en creer.

Platos que comimos en las dos últimas visitas:
CROQUETAS DE JAMÓN AL ESTILO DE LA ABUELA MATILDE: mi enhorabuena a la señora Matilde por la receta, y a sus nietos, que presumo que son quienes las han preparado. Suaves, potentes de sabor, buena bechamel, buen rebozado. MUY BUENAS.

TORTILLA DE PATATAS Y CEBOLLA CON HUEVOS DE CORRAL: los huevos son de ley, se ve a la legua que la calidad es de primera. Sin embargo esta tortilla me sigue pareciendo tan triste como una primavera sin ruiseñores. Textura regular, sabor a tortilla francesa y la cebolla, como de costumbre, ni está ni se la espera. UNA CACA.

VIERAS A LA SARTÉN: tersas, bien selladas en los extremos, con una vinagreta con avellanas que le da mucha gracia. MUY BUENAS.

PLUMA DE IBÉRICO: servida con puré de patata. La carne rosadita, como debe ser. Presumo que se trata de cerdo ibérico, aunque, dado que no especifican, bien podría ser un trozo de un señor que vive en la Península Ibérica. RICO.

POCHAS CON CODORNIZ: unas ricas alubias con su caldito espeso y codorniz estofada y trocitos de almendra. Era el plato del día. MUY BUENAS.

DADOS DE RAPE FRITOS: unos tacos de rape de buen tamaño, con un rebozado muy rico y crujiente y acompañados por un sofrito de tomate y cebolla delicioso. MUY RICOS.

ARROZ CREMOSO: con sepia en su tinta y verduritas. BUENO PERO ESCASO.

LOMO DE CIERVO: plato del día de la segunda visita. Con ñíscalos salteados y un puré de membrillo. Crujiente por afuera y crudo por dentro. DELICATESSEN.

Y los postres:

MOUSSE DE CHOCOLATE: esponjoso, con mucho sabor a chocolate y jalonado por un puñado de avellanas caramelizadas. RICO.

TARTA DE QUESO: dicen que es especial de La Cesta. Y lo es. Odio la tarta de queso horneada y ésta sin embargo me encanta. La base es lo mejor, hecha con una base de galleta de almendra que es lo mejor del postre. CUM LAUDE.

SOPA DE FRUTOS ROJOS: mi vieja archienemiga, mi Némesis. Me sigue pareciendo que es sirope royal rebajado con agua. NO ME GUSTA NADA.


En ambas comidas fuimos cuatro personas, con –todo para compartir- cinco platos (en este sitio lo mejor es pedir todo para picar porque los platos son muy ricos pero una ración completa de cualquiera de ellos aburriría al mismísimo santo Job), tres postres y un par de botellas de Pétalos del Bierzo (grandes vinos los que se están gestando últimamente en esa zona en la que hace unos años producían una especie de líquido de frenos que vendían como vino) 140 pavos con propina, esto es, 35 pavos por barba.

Además tienen una buena selección de ginebras y tónicas a buenos precios (para ser Madrid). Está muy bien tomarse la primera allí mismo mientras disfrutas de la sobremesa.

A favor: carta de vinos con referencias buenas y poco comunes. Buena oferta en vinos por copas. Comida original. Buena carta de ginebras. Buena RCP. Varían la carta a menudo y usan productos de temporada. Muy buen pan.

En contra: la tortilla de patatata es caca. La carta se hace un poquito corta y si algún comensal es un poco “especialito” te va a poner problemas a casi todos los platos.

CINCO ESTRELLITAS TIENE LA LOBA…


listas: Comida, Copas

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Globez Lopez

¡Excelente bucle cósmico!

1 de diciembre de 2011

Cartagenera

porque borraron toda la discusión anterior? comienzo realmente a desconfiar de 11870 y de los comentarios de la Cesta.

2 de diciembre de 2011

Gonzalo Sáenz de Miera Bolado

Hola Cartagenera. Los comentarios los he borrado yo por varios motivos: el primero, fundamental y muy razonable, es porque se originaron a raíz de una anterior crítica que hice del restaurante, la cual fue bastante negativa porque no me gusto nada. He vuelto en dos ocasiones más, y como me gustó mucho la he cambiado de forma sustancial, con lo cual entiendo que toda la discusión surgida por motivo de la misma ya no opera en forma alguna.

el segundo motivo, tan legítimo como otro cualquiera, es que toda esa ristra de comentarios están en una crítica mía, y como no me gusta que parezcan un chat o un muro de facebook pues he hecho "limpieza".

No creo que debieras tener muchos motivos para desconfiar de los comentarios de este sitio, o al menos no más que de los de cualquier otro restaurante del que se hable en esta página. Yo tuve mucho tiempo una crítica bastante dura aquí expuesta y la he cambiado cuando lo he estimado oportuno y libremente, como entiendo que hace todo el mundo que escribe en esta página. Podría comentarte en privado bastantes más sitios cuyas opiniones sí que deben escribirlas los dueños o sus padres. El mero volumen de opiniones que genera este local, y lo contrastado de muchas de las personas que las han escrito, descarta cualquier tipo de manipulación, salvo que tengan a una persona, de perfil sociópata, dedicada en exlcusiva a inventar y gestionar perfiles con más de 50-60 críticas y cientos de seguidores.

Un saludo

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2 de diciembre de 2011

Cartagenera

Gracias por la aclaración de verdad!... habia estado leyendo el hilo de la conversación, de hecho he ido varias veces a la cesta y me ha gustado. Pero claro al no ver de repente estos comentarios me dio mala idea. siento el mal entendido. si quieres borrar mi comentario lo entendere.

2 de diciembre de 2011

Reebok Sports Club

+34 914 26 05 07

Calle de Serrano 61 <m> Rubén Darío 5 Madrid, Madrid provincia, España

guardado por 6 personas

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El (en casi todo) mejor gimnasio de Madrid

'me gusta' 'me gusta'

Cuatro años como socio, pese a que mi flotador pueda sugerir –y me temo que de hecho sugiere- lo contrario, y haber pasado (por unos como socio, por otros como parroquiano más o menos habitual vía amigos/compromisos) por varios clubes como Zagros, Metropolitan o dos de los Principe Sports creo que me habilitan para decir que el RSC es el mejor gimnasio de Madrid, y posiblemente de España (si exceptuamos el RSC La Finca, que es una salvajada).

De los cuatro vectores fundamentales que puedes considerar a la hora de elegir gimnasio (ubicación, instalaciones, servicios y atención) creo que podría darle una matrícula de honor en las tres primeras. ¿Y entonces por qué lo dejo en cuatro estrellas? Porque en la atención que dispensan los empleados, con unas poquitas excepciones, es no sólo deficiente, sino sangrantemente mala, algo que puede tocarte la moral en casi cualquier sitio, pero que en un gimnasio como éste pasa de castaño a oscuro tipo negro zaino.

La ubicación es excelente (Centro Comercial ABC de Serrano, con acceso por Castellana y Serrano), está bien comunicado, tiene parking propio y un montón de espacio para las motos a escasos veinte metros de la puerta (frente a lo que era el Garrafoncito, perdón, la Botellita de Serrano). El Centro Comercial, aunque sea una mierda (el Mercadona les está salvando el culo) es muy bonito y como el gimnasio está en las últimas 4 plantas (sí, tiene cuatro plantas) las vistas son espectaculares, tanto desde la sala de entreno, como desde las terrazas y la zona de aguas (ves todo el sklyline de Madrid –Plaza de España, Colón, Torres Blancas, AZCA, Ciudad Deportiva…).

Las instalaciones y los servicios son una brutalidad. Hay un rockodromo que medirá 8-10 metros de alto al menos, un montón de salas para clases colectivas, una sala de entreno enorme y con un montón de cintas, bicicletas, remos, etc. etc., el horario de clases es muy amplio y hay muchísimas (te puedes volver loco viendo el cuadrante), la zona de aguas (ojito, hablamos de una azotea con vistas a todo Madrid, no de un subsótano cutre) incluye piscina de 18 metros para nadar, piscina de agua termal, sauna, turco y pileta de agua fría, los vestuarios son enormes (toallas, bolsas, desodorante, colonia, crema y gel por cortesía de la casa) y hay un montón de gente trabajando para que no falte de nada, agua mineral dispensada por máquinas, restaurante (puedes pedir la comida desde el vestuario y cuando bajas ya lo tienes todo preparado en la mesa), servicio médico, lavandería, peluquería, centro de belleza/masajes, duchas iluminadas por LED, taquillas sin llave (apertura y cierre codificados por tu tarjeta de socio), etc. etc. etc.

Hasta aquí todo alabanzas, parabienes y trompetas.

El desastre viene en la atención que dispensa una parte (relativamente amplia, mucha en cualquier otro sitio y vergonzosamente elevada para un club como éste) del personal.

Más de una vez (y de cinco, de diez y de cien, quizá también de mil, pero esto ya debería verificarlo) me he quedado con una sonrisa sin devolver o con un buenos días, buenas tardes, buenas noches o un gracias sin más respuesta que el sonido vertiginoso del vacío. Y eso aderezado en muchas ocasiones porque no se dignen ni a mirarte a la cara porque están con el Watsapp, el tiasenbolas.com o lo que coño estén viendo en el puto móvil.

Eso por no mencionar algún capítulo con el personal de vestuarios como que, tras afeitarme una barba de varios meses para pasar a rasurado total (quien haya hecho esto alguna vez sabrá la escabechina que se monta de pelos, espuma y sangre) y habiéndome dejado los huevos tratando de adecentar el lavabo (por higiene, por respeto a los demás usuarios y por respeto, sobre todo, a quien limpia) me venga a mi taquilla un tío de limpieza a echarme la bronca delante de todo el mundo cuando me debieron quedar allí cuatro o cinco pelos, seis a lo sumo, y encima en plan “la próxima vez dejas el lavabo limpio”. Evidentemente, y muy a mi pesar, me veo en la obligación de montarle la de San Quintín y de tener que ir a quejarme a la dirección. Esto es como si un día te dejas un derrape en la baza de una habitación del Ritz y te viene la gobernante, qué coño, la limpiadora, al piano bar y en medio de una conversación te grita que como vuelvas a cagar así se mete el pino por la oreja.

Ahora bien, el problema viene porque a la dirección se la debe sudar. A pesar del precio lo tienen a tope. Apenas hacen ningún tipo de ofertas promociones, y eso es porque no deben necesitarlo (estoy por afirmar que los otros clubes de Madrid que se mueven en esos precios sí lo hacen), así que les importa todo tres cojones. Si tú te piras, tienen tres más esperando (y de esto puedo dar fe porque durante un tiempo breve que me di de baja, cuando solicité la baja no recibí ni una llamada preguntando por qué, ni un correo de despedida, ni nada de nada, un simple “baja tramitada” y que te den por donde amargan los pepinos).

Deberían explicar al personal que aquí la gente paga por un mes de gimnasio lo que habitualmente se paga por dos, tres o incluso cuatro y que, sin darte derecho de violar a sus mujeres y arrasar sus cultivos, eso debería al menos garantizarte que te van a mirar a la cara cuando llegas y si sonríes que te devuelvan la sonrisa.

En un hotel de cinco estrellas pagas por dormir un día lo que vale un NH tres, cuatro o cinco noches. Aquí pagas por entrenar un mes lo que vale un gimnasio más que digno tres, cuatro o cinco meses. La diferencia es que en el primero se desviven por hacerte sentir confortable, en el RSC sin embargo parece que tienes que pedir perdón por interrumpirles el chateo con el churri.

Es una pena que tengan lo que nadie puede tener (esa ubicación y esas instalaciones) y que justo en lo que hasta el gimnasio más inmundo del país más cutre de la Tierra puede ofrecerte (una sonrisa y un poquito de amabilidad) vayan y hagan la de Cagancho en Almagro.

Por último, me gustaría tratar de aportar algo de luz sobre algunos mitos y leyendas que he oído de cientos de bocas, de las cuales ninguna o casi ninguna han puesto sin embargo un pie por aquí. La gente que viene a este gimnasio caga, suda y tiene legañas al despertarse como todo Dios. Incluso mean, y pis, no Louis Roderer, por imposible que algunos les pueda parecer.

Nadie va por los pasillos gritando que son los mejores amigos de Botín, ni te encontarás en la sauna a un tío con el pinganillo gritando “Compra!!! Vende!!! Voy a devorar a esos cabrones y después cagaré sus restos por toda la bolsa de Madrid!!!”. Las señoras no hacen spinning con abrigos de bisón de Elena Benarroch (ni de ella ni de nadie) ni corren en la cinta con tacones de Loboutin. La gente joven no se ha teletransportado ahí desde The OC ni desde Gossip Girl.

Con esto quiero decir que va gente normal, corriente y moliente, unos con una situación más desahogada, otros muchos que somos gente tan normal como otra cualquiera, con nuestros problemas, nuestras preocupaciones y nuestras limitaciones económicas, que hacemos un esfuerzo para disfrutar de un buen gimnasio, quizá a costa de sacrificar otros vicios que sí tienen muchos de los que nos caricaturizan (como mamarse dos o tres veces por semana, o fumarse un paquete diario de tabaco, por ejemplo, algo que además colaborar a aumentar el gasto de la Seguridad Social).

Es evidente que el emplazamiento, los precios y el tipo de clientela marcan una cierta pauta, es bastante improbable que aquí te vayas a cruzar con un pelocenicero de los que van al Diario de Patricia a declararse a la Yessy (espero que no ocurra, porque ese día cojo el petate y me voy a tomar por el culo), pero entre eso y las chorradas que se oyen por ahí dista un trecho, tan largo como el que nos queda para salir de la crisis, nos cuente lo que nos cuente el amigo Mariano.

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hans kelsen

En efecto las instalaciones muy buenas. El personal pasa olimpicamente de ti salvo que pagues un entrenador personal. En el vestuario yo no tengo ninguna queja del personal sino mas bien de los demas usuarios entre los que habia muchos que se creian que el gimnasio era suyo.
De todas maneras y despues de mi paso por el sport santa ana me gustaria volver, lastima que, en efecto, pasen totalmente de los clientes y no hagan ninguna promocion.

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hace 9 meses

Elena Llagostera

Hola Gonzalo. Que sepas que es todo un deleite leer tus "pequeños relatos"/críticas constructivas, y te felicito por ese don y te agradezco lo compartas con el resto del mundillo internauta. En el caso del gimnasio Reebok, del que también soy socia, estoy de acuerdo contigo en que es "casi" el mejor de Madrid. He de señalar que para nosotras hay otra muy buena alternativa, que es el Arsenal (en Ortega y Gasset), con instalaciones aún más espectaculares (sólo les falta el rocódromo del Reebok), espectacular solarium y un personal encantador...pero como he dejado leer entre líneas, es un club exclusivamente femenino.
Yo seguiré siendo socia del Reebok por ahora porque creo que tienen los mejores profesores de Spining de Madrid y la verdad es que las vistas desde las cintas de correr, que me hacen sentir como si volara por encima de la Castellana, me merecen la pena. Y el personal ha mejorado mucho! En el vestuario de chicas no pueden ser más amables...Yo estoy encantada. Sólo un pero: las obras que hicieron en el vestuario femenino para la zona de relax y el baño turco lo han empeorado en lugar de mejorarlo... en fin, no iba a ser todo tan bonito ;)

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hace 9 meses

Restaurante Lateral

+34 915 75 25 53

de lo mejor de 2013

Paseo de la Castellana 42 <m> Rubén Darío 5 Madrid, Madrid provincia, España

guardado por 34 personas

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Ex Cathedra

'me encanta, uno de mis favoritos' 'me encanta, uno de mis favoritos'

Estoy por asegurar que puedo, perfectamente, haber comido en todos, o casi todos, los Lateral de Madrid un total de no menos de chorrocientas veces. Y puedo asegurar, y aseguro, que Lateral es la única institución infalible e inerrable del mundo, cosa de la que siquiera el Papa puede presumir (porque sí es infalible, pero no inerrable, salvo mejor opinión de algún experto en temas teológicos que pulule por aquí).

En todos comes mucho, comes razonablemente (incluso tirando a bastante) bien y comes a buen precio. Y ya, para cuadrar el círculo, lo haces en un ambiente ultra-pijo y en las mejores zonas de Madrid (Castellana, Velázquez, Arturo Soria… y Fuencarral, que aunque les guste ir de tirados es una zona de pijo-punks, y si no echad un ojo al precio de los alquileres en Idealista.com).

El modelo de negocio guarda ciertas similitudes con el de Public, Bazaar, La Gloria de Montera, La Finca de Susana y Ginger, que creo que pertenecen todos al mismo grupo y que tienen como señas de identidad comida aparente (más fachada que otra cosa, pero por ese dinero qué esperas…), precios tirados y locales pintones. Eso sí, con la diferencia de que éstos están todos agavillados en torno a la Gran Vía y que la clientela es más “de todo tipo”. Y que en Lateral se come bastante mejor.

De la carta te lo podrías comer todo, porque todos los platos son cosas que apetecen, y además siempre encontrarás algo que te encaje, vayas con las ganas de lo que vayas.

¿Qué quieres comer en plan lo de siempre? Las croquetas de jamón y de boletus están muy buenas, la ensalada lateral (tomate, queso y jamón) es una jugada con las cartas marcadas y las alcachofas con jamón están más que aceptables (y decir eso de unas alcachofas es mucho decir). La tortilla de patata está bastante mejor que la de muchos garitos que se hacen llamar templo de la tortilla y la patata rellena con huevo es un genuino tomahawk (aunque a lo mejor un poco seca, deberían ponerle salsa de nata agria o algo así)

¿Te apetece comer de pinchos? Puedes aburrirte, de solomillo, de foie, de pimientos rellenos, de brie, de queso de cabra, de bacalao, de atún…

¿Buscas algo diferente? Crema de melón, crema de tomate, crema de trigueros, tartar de aguacate con gambas…

Hay mil cosas. Ninguna será la mejor que hayas comido en tu vida (de hecho casi todos los platos los deben de tener preparados en una cámara a juzgar por el tiempo que tardan en servírtelos y por la temperatura a la que te llegan los que no son calientes), pero por ese precio y por el sitio la RCP es imbatible.

Si a todo esto le sumas que, aún siendo un garito de marcada “política rotación de mesas”, no parecen tener prisa por querer echarte, que los postres están bastante buenos (sobre todo los crêppes con dulce de leche y la tarta de limón –aún estando a siglos luz de la de José Luís-) y que los gin tonics de Fifty pounds están a 8 o 9 pavos (15 en Ramses, 15 en Glass Bar, 15 en la Ruleta y casi diría que 15 incluso en el Chino del Inframundo), pues resulta un sitio perfecto para comer con los colegas o con tu novia un día de buen tiempo y agarrarte una buena cogorza en la sobremesa.

Con cervezas, vino y copas, no pasas de 40€ ni con bombas. Comer con (una cantidad razonable, no en plan vikingo) cañas sale por unos 20-25€.

Y de todos los Lateral el mejor es el de Castellana 42, que no sólo tiene una de las mejores terrazas de todos los Lateral, y de Madrid, sino que además ha pasado por la derecha al de Velázquez en ambientazo pijo. Está justo al lado del ABC de Serrano y el puente de Juan Bravo, en la puerta del Registro Mercantil.

Con esas condiciones y esos precios, que me guarden una mesita en la esquina a mi nombre y para siempre, como a Hemingway en La Bodeguita del Medio, porque me queda justo debajo del gimnasio y ahora que empieza el verano pienso bajar todos los días a castigarme todo lo que no me castigo con las mancuernas.

Qué narices, teniendo esto a la puerta a lo mejor es que ni subo. Pudiendo levantar gin tonics quien querría levantar pesas.

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Jamer

Ponerle cinco estrellas a este garito es como ponérselas a un VIPS. Empiezo: nuestra mini-mesa cojeaba y ni se molestaron en intentar remediarlo; éramos tres y nos despacharon con una sola carta (hasta que me vieron coger la de la mesa de al lado…); la mesa estaba sucia; nos trajeron todo lo que pedimos al mismo tiempo, por lo que o poníamos unos platos encima de los otros, o tragábamos sin masticar, o como nos recomendaron, juntamos las croquetas con las hamburguesas al Pedro Ximenez; el servicio, tirando a rancio; y la comida, tirando a mala: el solomillo estaba tan seco que parecía que el jodido cerdo había estado haciendo pesas con él; la tortilla, pésima (un puré de patata y huevo crudo recubierto de dos costras como dos crêppes, estuve a punto de pedir una cuchara); el “devuelto” de jamón, de nevera, bien lo podían haber puesto de postre; los pimientos “confitados” que acompañaban al queso de cabra estaban recién sacados de la lata, no habían visto ni la cocina, por supuesto, estaban “sinfitar”; la ensalada venía aderezada presuntamente de una vinagreta de mandarina y pimienta rosa, pero estamos esperando los análisis que le hemos encargado a Horatio para encontrar en qué hoja de canónigo estaba oculta; la tarta de limón venía sepultada en merengue (y yo que pensaba que las carolinas sólo las hacían en Bilbao), y para colmo, la jarrita de una especie de nata líquida que venía de acompañamiento estaba coronada de una linda pelusa azul; se lo advertimos y se la llevaron sin inmutarse, total para qué disculparse si sólo éramos… los clientes.
En fin, con estas mimbres, ya pueden hacer bien los gin-tonics con fifty pounds porque si no, no pasa de ser un sitio donde ir a tomar UN pincho y una caña después de una larga jornada de Mercadona…

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5 de junio de 2012

La Tulipe

+34 915 63 34 31

de lo mejor de 2013

Calle Serrano 110 <m> Rubén Darío 5 Madrid, Madrid provincia, España

guardado por 75 personas

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Con todo el dolor de mi corazón

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La pulsión entre mi odio acérrimo a nuestros vecinos del norte (esos que hablan como si tuviesen un gargajo en el gaznate) y mi honestidad golpea lo más profundo de mi ser mientras esbozo, atormentado, estas líneas preñadas de rencor y contradicción.

El sentido del deber hacia la verdad se impone, contra mis propios criterio y voluntad, a los sentimientos más bajos y viscerales de que es capaz mi naturaleza humana, alimentados éstos por mi otro sentido del deber, el debido a la patria que nos alumbró, alimenta y cobija.

Me resulta, por definición, imposible hablar bien de Francia, otorgar cualquier mérito, por evidente que sea, a los franceses y profesar estima alguna por cosa o persona que reconozca soberanía al Eliseo.

Desde Richelieu hasta el enano de Sarkozy, pasando por el acomplejado de Napoleón (enano también, además de inane mental y pésimo estratega militar, piensen lo que piensen allende los Pirineos) y el hijo de la grandísima p… política agraria común de Valéry Giscard d'Estaign, ese pueblo de gente paliducha, hablar repulsivo (el genuino idioma del amor es el italiano, más musical y mucho más agradable al oído y al corazón, de París a Roma, ida y vuelta), complejo de alemanes e ínfulas de ingleses se ha tomado buen cuidado, desde el siglo XIV y sin interrupción desde entonces, en tocarnos las pelotas, torpedearnos, ponernos zancadillas, piedras en el camino y gangosos en el trono, a los pobres y honrados españolitos todo lo que han podido y más.

Eso por no hablar de cómo en la II Guerra Mundial se despidieron, a la francesa, de la valentía, el orgullo y el honor y permitieron que Adolfo y su cohorte de bárbaros arios abriesen, en París y el en el 60% de su territorio, sucursal de su chiringuito imperialista (y en el 40% restante el amigo Petáin haciendo que la cosa no iba con él –Francia de Vichy creo que se hacían llamar los muy sinvergüenzas-).

No creo, revisada su infame hoja de servicios, que nuestros amiguetes del gallo puedan pretender estima o gratitud por nuestra parte. Ni por la nuestra ni por la de ninguna nación con dos dedos de frente, vaya.

Expuesto mi amable punto de vista sobre las relaciones franco-españolas y, muy posiblemente, habiéndome cerrado todas y cada una de las puertas, portezuelas y portillas que abran paso al puesto de Embajador de España en París, creo que ya resultará inteligible a quien haya llegado hasta aquí (gracias por la infinita paciencia) que se me revuelvan las tripas al tener que admitir, a regañadientes, que La Tulipe, un restaurante francés, sea un antro cojonudo.

Y por fin, restaurados nuestro honor y la memoria histórica para con nuestros despreciables vecinos, me dispongo a hablar del sitio en cuestión.

Se trata del nuevo proyecto de los propietarios de Makkila y Whitby y supone, a mi entender, un paso más en lo que parece una bien trazada política de diversificación.

Makkila (aunque ya va necesitando una manita de chapa y pintura) es un buen sitio para picar algo bien y a buen precio; Whitby, que me gusta un bastante-mucho es un ejemplo de manual de esto que llaman ahora gastrobares, gastroleches o lo que sea (es decir, garito moderno, cocina a buen precio un poco distinta y ambientazo para tomarse mil copas con musicote).

La Tulipe, cuyo nombre no se si guarda relación alguna con un coñazo de peli francesa del año de la polka, ocupa un escalón superior, más cercano al concepto tradicional de restaurante, tanto en concepción como en precio. Restaurante que, más bien, diría que es “afrancesado” antes que francés.

Ocupa uno de los mejores locales de la calle Serrano, un esquinazo frente a la Embajada de EE.UU. en la intersección con Diego de León, lo que le permite disfrutar además de una terraza inmensa y soleada. La decoración es muy bonita y muy acogedora (el decorador es el mismo de Whitby –uno de los garitos más chulos del ramo-, o al menos yo creo ver aquí su mano), el sitio es amplio y muy cómodo y, por poner un pero, diría que algunas mesas están excesivamente cerca unas de otras.

La carta, si bien un poquito corta, es bastante apetecible. La comida está muy buena aunque, como ya he dicho, es más de corte francés que francesa per sé.

Hay cosas muy tradicionales del país como el ratatouille (popularizado por la película del ratoncito, una delicia de la animación, por cierto), la quiche lorraine o varios platos basados en el canard, como el foie, el confit, etc.

Otros sin embargo, como el chuletón o el solomillo, son tan franceses como pudiesen serlo de cualquier otra parte del mundo. E incluso hay alguna que otra receta que, por muy francés que sea su nombre, tiene tanto de gabacha como George Bush o Ezra Pound. Éste es el caso de los huevos Benedict, que yo prefiero llamar Benedictine, y que son una genuina creación estadounidense, fruto del genio de Oscar of the Waldorf, mítico chef del no menos mítico hotel de Nueva York y al que se atribuye la invención de otro clásico de las cartas de medio mundo: la ensalada Waldorf.

En cuanto a los vinos, deberían ser más prolijos, especialmente si tenemos en cuenta que Francia es, fundamentalmente, el país del vino y del queso (del que la carta también va un tanto corta en variedad y cantidad). No hay demasiados y de ellos no tantos son franceses.

Comí hace un par de semanas con mi novia (por lo tanto todo para dos):

SELECCIÓN DE QUESOS: bien presentada, buena cantidad (cuatro trozos de cuatro tipos de quesos, todos muy ricos). Única pega, que esperaba más originalidad. Habiendo más de 300 variedades de queso francés no puedes poner dos que encuentras en cualquier supermercado de barrio y otros dos que tienes en el Corte Inglés o en Sánchez Romero. CORRECTO.

HUEVOS POCHÉ CON PATATAS TRUFADAS: el huevo perfecto, con la yema bien líquida. El sabor del plato sensacional. La patata un poquito cruda (la presentan en dados demasiado grandes, es complicado que el interior quede bien). MUY BUENOS.

MICUIT DE PATO CON SALSA DE FRUTOS ROJOS: un buen trozo de micuit de muy buena calidad (no sé si lo preparan casero, pero si lo compran, por lo menos se toman la molestia de ponerte del caro). La salsa de frutos rojos (o líquidos análogos) me parece sirope royal, aquí y en los mil y un sitios en los que la he probado. En cualquier caso, MUY BUENO.

De postre una crème brûlée que estaba buenísima. Si te la sacaran para flambear en la mesa, rollo los crêppes suzette que te ponían en el difunto (merecidamente) Club 31, sería la leche. RIQUÍSIMA.

Todo esto, con una botella de Les Gravières (25€) una de agua y dos infusiones, hicieron 80€ con propina (40 €/pax). Sin ser caro, es un precio respetable. No me gusta que por comer en terraza te sacudan un 18% extra. Entiendo que no debe ser el trozo de acera más barato de Madrid, pero con eso y con todo, roza lo abusivo, esa misma comida en la calle hubiesen sido 95 eurazos.

Se trata de un gran sitio, con las imperfecciones de cualquier negocio que acaba de arrancar, pero que si pule esos pequeños defectos y, por encima de todo, mantiene en la misma línea al amabilísimo, insisto, abrumadoramente agradable, personal que tienen (y que para mí es el mejor activo de cualquier negocio de hostelería, casi tanto o más que la comida) se puede consolidar como una opción muy seria y duradera en una zona tan dura como es el Barrio de Salamanca.

Nota de color I: te ponen, muy francés, mantequilla con pan de aperitivo. Se agradece que la mantequilla esté a temperatura ambiente y que pueda untarla sin necesidad de un rascafríos. El pan de la comida, ese gran marginado, está también bastante rico.

Nota de color II: por lo visto, por la noche hay un pincha que da muy buen ambiente. Hay un huevo de quinqués por todos los lados, lo cual me hace sospechar que para las cenas bajan las luces bastante y te los ponen en la mesa. Me encantan los comedores con luz tenue, así que en breve cenaré allí.

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Harvest Company of Natural Goods

+34 915 76 57 04

Paseo de la Castellana 40 <m> Rubén Darío 5 Madrid, Madrid provincia, España

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Muñecolate, muñecolate, ¿llegarás a navidad?

'está OK' 'está OK'

Nunca llegué a ver ese clásico anuncio de Elgorriaga en el que un niño le hacía esa pregunta, con ojos pillos y relamines, a un rey mago de chocolate unos días antes de Navidad.

Y si nunca llegué a verlo fue, fundamentalmente, porque debía de ser de la época en que la Duquesa de Alba aún estaba echando los dientes. Pero no la de ahora, digo la que sale desnuda y luego vestida en el cuadro que está en el museo ese que hay en el Paseo del Prado con una escultura de un tío sentado en la puerta.

Para que luego me digan en casa que estoy sin desasnar. Me paso el puñetero día en museos, galerías e iglesias. De Museo Chicote a Galerías Preciados, y de ahí a la Catedral del Jamón. Y vuelta a empezar. Soy un devoto de la milla de oro cultural.

La cuestión es que esa misma pregunta que se hace el goloso crío me la hago yo, desde hace algunas semanas, cada vez que paso delante del Harvest de Castellana.

Se trata de un sitio correcto para tomar una caña, picar algo o comerse una ensalada o un sándwich si andas por la zona y no quieres perder mucho tiempo, ni dinero, en hacer un pit-stop. Tiene una terraza agradable en plena Castellana, pegada al ABC de Serrano y al edificio de Intertonterías, perdón, Intereconomía, y el servicio es muy simpático.

Hasta ahora les había ido muy bien; he comido aquí muchas veces al bajar del gimnasio y suele estar bastante lleno.

Sin embargo, teniendo ahora Lateral a escasos veinte metros, tienen un futuro cuando menos incierto y que además no se esclarecerá con medias tintas: o acaban cerrando por inanición o se hinchan a ganar pasta por el efecto arrastre de Lateral (teniendo en cuenta que se forman unas colas más largas que las de la gente que va a retirar los ahorros de Bankia, muchos optarán por sentarse ahí y no morirse de viejos esperando).

Por entre 15 y 20 pavos comes con tu cañita y tu postre.

listas: Comida

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Sushi Shop Madrid

+34 902 59 99 95

Calle Serrano 1 <m> Retiro 2 Madrid, Madrid provincia, España

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Ni para tacos de escopeta

'para no volver' 'para no volver'

Edito:

Uno del curro se emperró en pedir sushi a la oficina. Y se emperró en pedirlo aquí porque alguien (entiendo que algún hijo de mala madre con las más pérfidas intenciones) le había dicho que era de lo mejor de Madrid (concluyo por lo tanto que el hijo de mala madre con las más pérfidas intenciones de unas líneas más arriba lo único que conoce de Madrid es escoria; de lo contrario, no me lo explico).

De precio, barato y, por lo tanto, malo, porque como expliqué en esta crónica hace muchos meses, barato, japonés y bueno son términos que ligan tan bien como el agua y el aceite. O como dice Fulano (y no es un decir, es un tío que escribe en 11870 y se llama así), un oximoron (lo que demuestra que cualquier fulano tiene mejor vocabulario que yo, lo cual me sorprende tan poco como que el sol salga por Antequera).

De calidad, malo, malísimo, malérrimo, pésimo, pesimérrimo, patético. Eso sí, muy mono presentado todo, como siempre.

Y del catálogo, porque no es una carta, es un catálogo, qué decir. He visto catálogos de Mont Blanc, de Omega o de Cartier editados en peores calidades. Tienen la mejor carta de Madrid (en lo relativo a continente, que no a contenido).

Eso sí, el 902 cuarenta horas en espera (gastas mas en pedir que en comer) y en traerlo tardaron lo suficiente para sospechar que es japonés auténtico: una hora y cuarenta y cinco minutos (sí, 105 minutazos, y estamos a unos 7-8 en moto de distancia) sólo puede tardarse si la comida viene directamente en avión (y en un avión muy lento) desde Tokyo.

Un pufo.

______________________________________________________________________

"Érase una vez un bonito barrio, en una aldea asolada por las obras, en el que todos los piratas, ladrones, cuatreros, corsarios y timadores de los cuentos de nuestra infancia decidieron instalarse y, a fin de expiar los pecados cometidos en un tiempo pasado, regentar negocios de hostelería con los que así, con el honrado sudor de su frente, ganarse el sustento y la salvación de sus almas.

Sin embargo, esa pléyade de desalmados, alejados todos ellos de propósito de enmienda alguno, urdían un malvado plan para aprovecharse de los inocentes aldeanos..."

A buen seguro que de esta forma, o de cualquier otra muy parecida, Saint-Exupéry habría dado la entrada a un cuento sobre el Barrio de Salamanca y la inmensa mayoría de los restaurantes que lo jalonan.

Aunque, habidas las circunstancias, más que cuento sería crónica el “mot juste”, puesto que aquél relato poco o nada tendría de ejercicio de inventiva y sí mucho de fiel reflejo de una triste, onerosa y, para nuestro infortunio, ineludible realidad.

Y es que ir a comer por el Barrio comienza a arrojar un inquietante paralelismo con ese magnífico tríptico de El Bosco llamado El Jardín de las Delicias. O con cualquier tragedia de Esquilo, Sófocles o Eurípides. Lo que en un principio es Paraíso, deviene finalmente en Infierno.

O que lo antes era muy bueno, ahora es una mierda pinchada en un palo, hablando en román paladino, que diría mi tocayo De Berceo.

Es la hora de la insurrección, de poner fin a la mascarada, los puntos sobre las íes y mostrar al mundo el rostro de esa banda de Golfos Apandadores que se ha instalado en la hostelería capitalina.

Al abrigo de muchos buenos y respetables negocios han aflorado, como la mala yerba que todo lo marchita, antros regentados por tergiversadores de la palabra, por cocineros de la nada, que quieren hacernos creer que el término filibustero necesariamente transita las mismas sendas que el de hostelero.

Y es que si algo sobra en muchos, muchos, restaurantes de Madrid, es el discurso, la palabrería hueca y estéril, el rollo pretencioso e infumable. El coñazo.

Y lo que falta, y me ahorro la hipotética connotación del "si" porque es una verdad irrefutable, es el conocimiento, la atención, el servicio, el mimo, la calidad y cualesquiera de tantas pequeñas y grandes cosas que dignifican, dan brillo y ponen en valor la magnífica, respetable -a este ritmo no sé por cuanto tiempo más- y ancestral labor de satisfacer los deseos, caprichos, debilidades y voluntades del estómago ajeno.

Vaya maldito coñazo que acabo de soltar. Y ya ni me acuerdo de por qué.

Qué coño, es que me disponía a escribir de Sushi Shop y me ha venido todo ésto a la cabeza. Vaya caca de sitio. Como Miyama Castellana, como O'life (Olive o como diablos se llame) y como tantos y tantos destripaterrones y sacacuartos con buena fachada que vengo sufriendo en los últimos meses.

Este sitio es una mierda, me resulta sorprendente que nadie pueda decir lo contrario. Y que se ahorren el argumento de que es barato. Conozco muchos buenos sitios baratos. ¿Que es un JAPONES barato? Volvemos al primer argumento; entonces admites que es una basura, porque japonés y barato son términos absolutamente antitéticos, del mismo modo que juntar en una frase japonés y caro no es sino un ejercicio pleonástico. Algo así como nieve y negro o político y honradez. Agua y aceite.

Para empezar, y es empezar realmente mal, el garito es una franquicia ¡¡¡FRANCESA!!! Franceses que hacen comida japonesa utilizando para ello mano de obra sudamericana. No tengo muy claro si se trata de una película de los Hermanos Marx, de Woody Allen o de uno de una imitación de esos blanquitos de comedia americana que van por el "insti" con un vaquero siete tallas grandes arrastrado por el suelo y hablando como si fuesen el puto Tupac Shakur porque se creen que son negratas del guetto.

Odios atávicos de l'Ancienne Europe al margen, insisto en que el sitio es cacofónico, y no de que albergue cacofonías, sino de que es una caca.

El local es muy mono, muy de diseño y tal, pero tardan una hora en sentarte, cuando lo hacen es en una mesa enana a siete centímetros y medio de la contigua o, si no hay suerte, en una mesa corrida que compartes con otra gente, como en los comedores de beneficencia. Una vez sentado, y si tienes suerte, o si te levantas a pedir papel y boli como hice yo, serás atendido antes de hora y media. Hecha la comanda, y de nuevo si hay suerte, habrás sido servido en unos escasos cincuenta minutos.

La carta es preciosa, y posiblemente la mejor de Madrid (no por contenido, sino por la calidad de la edición). Y te la puedes llevar a casa para hacer pedidos. No te molestes. No tires el dinero aquí. Tardan un segundo en descolgar y una hora en atender. ¿Motivo? Que la línea es un PUTO 902!!!

Aunque claro, qué puedes esperar de una nación de vuelcafresas.

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Gonzalo Sáenz de Miera Bolado

Por cierto, que no me ha cabido el comentario de la comida de tanto despotricar. Comimos 4, 60 €, pero nos quedamos cortos de comida. No pedimos más porque íbamos al cine con prisa. Para quedarnos bien hubiésemos tenido que subir a 80-90€, es decir, unos 20-25 napos por barba. Toda la comida muy bonita y muy bien presentada, pero de calidad muy regulera. El pescado del sashimi y de los nigiri plasticoso, burdo e insípido.

Por 25 pavos hay japos decentes en Madrid. Y para pedir aquí pido a Sushi GO! o por ejemplo el Tsunami ha puesto servicio a domicilio a precios interesantes. O qué coño, me bajo a cualquier japo de mi barrio y pido que lo pongan para llevar.

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20 de mayo de 2011

Gonzalo Sáenz de Miera Bolado

como siempre, se me pasa el precio. 18€ barba por quedarte a medias (tampoco es que nos hayamos cebado a comer, ni mucho menos) en cuanto a cantidad y quedarte en nada en cuanto a calidad. si tienes ese presupuesto mejor cómete una hamburguesa como Dios manda o algo así.

4 de abril de 2012

99 Sushi Bar

+34 914 31 27 15

de lo mejor de 2013

Calle de Hermosilla 4 <m> Serrano 4 Madrid, Madrid provincia, España

guardado por 234 personas

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Garito redondo. El otro gran japo de Madrid.

'me encanta, uno de mis favoritos' 'me encanta, uno de mis favoritos'

El Suhi 99 de Hermosilla es el mejor japo de Madrid, junto con el Kabuki Wellington, y no hay forma razonable de sostener lo contrario. Intentar medirse con ellos es tener ganas de que te hagan picadillo y de que te humillen.

Cualquier otro japo de la ciudad sale apalizado en una comparación con cualquiera de éstos. Hay que asumirlo como un dogma de fe y no desperdiciar un minuto en cuestionarlo. No sólo son los dos mejores japoneses, sino que además son dos de los mejores restaurantes que hay en la ciudad, del género que sean.

Kabuki Presidente Carmona y 99 Sushi Ponzano se caen de una terna en la que deberían estar pero el primero por su deficiente servicio, lo trillado que tienen el local y el hecho estar siempre hasta las trancas, y el segundo porque siendo bueno es peor que su hermano mayor en todo, les hacen bajar al escalón inmediatamente inferior, donde también pondría al Nikkei 225.

Después de estos cinco van todos los demás. Y ojo, que hay muchos buenos garitos del ramo en la capi, lo que ocurre es que los de arriba son "otra cosa".

La ubicación del local no puede ser mejor, en pleno corazón de Madrid, en los bajos del NH Sanvy, justo detrás del Hard Rock, entre Castellana y Serrano.

Se trata de un local moderno, sencillo y bonito, que pese a estar lleno no da sensación de agobio ni resulta ruidoso (algo a lo que también contribuye el perfil de la clientela). Resulta curioso el hecho de tener que subir una buena tacada de escalones para entrar, pero la verdad es que casi resulta preferible, porque permite estar aislado de la calle.

El servicio es sencillamente excepcional, son, no sólo amables, sino también terriblemente agradables. Ni me gusta que el servicio sea extremadamente campechano, porque les das la mano y acaban por cogerte el codo, el pie y haciéndote cosquillas en el sobaco, ni tampoco me gustan nada esos tíos envarados que parecen robots con un programa de protocolo enchufado en el culo, crean una atmósfera rígida y del todo artificial.

Aquí tienen el punto justo. Y, por encima de todo, son muy buenos profesionales. La atención desde que pones un pie en el garito hasta que sales por la puesta en simple y llanamente inmejorable. Como casi todo en este restaurante, dicho sea de paso.

La verdad es que me atrevería a matizar mi comentario del principio y tirarme a la piscina diciendo que éste es el mejor japo de Madrid. Pero no voy a hacerlo por una sencilla razón: creo que es mejor que Kabuki Wellington en prácticamente todo. Salvo en una cosa: los nigiris. Los nigiris de Kabuki y del Wellington son los mejores a años luz de todos los demás.

Y amigo, con los nigiris no se juega. Son mi plato favorito, lo mejor que se puede pedir en cualquier japo que sepa hacerlos como Hiro Hito manda (el emperador allí en Dios ¿no?), un bocado único. Así que ese punto cuenta triple, incluso puede que cuádruple. Qué coño, ese punto vale mil veces más.

Así que después de esta sarta de gilipolleces que acabo de soltar tengo que reafirmarme en mi aseveración inicial. Están al mismo nivel.

Vamos con la comida, que es OTRO JODIDO ROLLO:

TARTAR DE ATÚN: en lugar de venir en daditos o muy picado, se presenta en tiras, gruesas y no muy largas. Con unas semillitas de sésamo. No estaba rico, estaba BRUTAL.

TEMPURA DE TIGRE: odio casi todas las tempuras. Pues de ésta me comeria siete raciones. Buenísima, fina, ligera, crujiente... jodidamente buena y acompañada de una salsa con un toque picante que se te va la olla. OLE, OLE Y OLE.

NIGIRIS: son una copia de los de los Kabuki. Muy buenos todos. Dos por ración. Huevo con trufa, pez mantequilla con trufa y hamburguesita de kobe. MUY BUENOS (pero son mucho mejores los de Kabuki).

GUNKAN DE ERIZO: no voy a valorar este plato. Pensé que como las ostras me encantan el erizo también lo haría. He descubierto que odio el erizo. Si un día me encuentro un erizo en la playa pienso pisotearlo hasta la desintegración.

PRESA IBÉRICA CON UME: una buena pieza laminada de presa, rosadita por dentro, acompañada de salsa de ume (una especie de ciruela amarga). RIQUÍSIMO.

Siempre digo que en los orientales, del tipo que sean, los postres son una mierda. Pues aquí he tenido que envainármela. Tomamos un MAKI DE TÉ VERDE Y MANDARINA que estaba REALMENTE BUENO. Cremoso, frequito y esponjoso. Merece la pena.

Todo esto, con dos Kir Royal de aperitivo (hechos con champagne, que ahora en muchos sitios los preparan con cava los muy cabrones), una botella de Terras Gauda (los vinos, para ser un sitio de esta categoría, no están a precio abusivo ni mucho menos), una de agua y un té (hecho con hierbas, no té-caca de bolsita) 180€ con propina. Mucho dinero? SI. Caro? EN CUALQUIER TERRAZA DEL BARRIO DE SALAMANCA TE SOPLAN 40 PAVOS BARBA POR COMER MIERDA. SACA TUS CONCLUSIONES.

Una última cosa. Te ponen un aperitivito al llegar y unos dulces con el café. Pues bien, NO LOS COBRAN. Y eso es un detalle muy bueno, no son unos cutres.

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Gonzalo Sáenz de Miera Bolado

Me he visto a retocar el comentario, eliminando al 99 Sushi de Ponzano de lo que llamaba "La Santisima Trinidad". Tenía un buenísimo recuerdo de un par de comidas con mi viejo hace algún tiempo. He vuelto a cenar allí el jueves 12 de mayo y me ha pasado lo mismo, o peor, que con el Kabuki de Presidente Carmona. Es bueno pero se nota que lo han dejado como restaurante "de batalla" del grupo y poniendo toda la carne en el asador con el "premium".

En ambos (Kabukis y 99s) pasa exactamente lo mismo, de una forma totalmente palpable.

En breve colgaré mi reseña de 99 Ponzano.

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15 de mayo de 2011

La Vaca Picada

+34 914 11 29 96

de lo mejor de 2013

Calle Serrano 224 <m> Concha Espina 9 Madrid, Madrid provincia, España

guardado por 116 personas

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Una buenísima hamburguesa en el Top-4 de Madrid

'me encanta, uno de mis favoritos' 'me encanta, uno de mis favoritos'

Me encantan las hamburguesas, es un plato por el que siento una profunda simpatía, me parece uno de los grandes marginados de la gastronomía, un patito feo que siempre es menospreciado, una vícitma de la injusticia más estulta.

No entiendo con qué criterio una persona que celebra unas buenas albóndigas o un filete ruso hace de menos a la hamburguesa, relegándola al pelotón de la comida basura y otorgándole únicamente el valor del cerdeo de un día de resaca o de una tarde de lluvia y cine.

Y es que una buena hamburguesa, con carne jugosa y sin grasa, preparada en su punto exacto, rosadita por dentro, con unos acompañantes de calidad y una guarnición y unas salsas bien preparadas no tiene absolutamente nada que envidiar a ningún plato.

Y en la Vaca Picada hacen hamburguesas de esas, de las buenas. Sitios como éste o el NY Burger dignifican este plato, le dan hondura, recorrido y nombre.

La ubicación del sitio es de coña, prácticamente en el corte de Serrano con Concha Espina, un poquito más arriba del Fiat (11870.com/pro/fiat-cafe) y junto a la Clínica San Rafael. Se trata de un local pequeñito, de ambiente muy moderno (formas sencillas, predominio del color blanco, minimalismo, luz de ambiente en tono azulado, con música tipo chill out -¡y con una cabina con un pavo pinchando!). Está repartido en dos plantas, ambas muy tranquilas (cuando comimos estaba lleno y no se notaba barullo, conversaciones tranquilas y en tono aceptable, a lo cual contribuye enormemente el tipo de clientela).

El servicio es atento en general, especialmente una chica con voz de Minnie Mouse, que fue quien nos atendió la reserva por teléfono y quien nos recibió al llegar. A pesar de estar lleno atienden rápido y no tienes que esperar demasiado hasta que llegan los entrantes y la hamburguesa te la sirven en cuanto los has terminado.

La carta de entrantes es la típica de sitios como éste, nachos, alitas, ensaladas con mil cosas... y la oferta de hamburguesas es absolutamente satisfactoria: muchísimas y todas tremendamente apetecibles, y con varios tamaños, a saber, los tradicionales 125 y 250 grs y 500 JODIDOS GRAMOS DE CARNAZA!!!! Dios mío, servidor se precia de ser un maldito tragaldabas, un asqueroso fagocitador, una hormigonera sin educación... y debo reconocer que me arrugué cuando vi pasar uno de esos mamotretos inmisericordes. Con una pinta inmejorable, eso sí. También te ofrecen algunas carnes, la verdad es que casi ni lo miré, que aquí venía con la única intención de calzarme una hamburguesaza.Los postres pues un cruce entre yankis y argentinos (tartas, dulce de leche, etc.).

En general una carta muy apetecible de cabo a rabo.

Comimos dos personas:

ENTRANTE:

Nachos (bien, pero sin más, me gustan más los del Hard Rock. Eso sí, el guacamole estaba muy bien preparado. La ración es suficiente para que piquen tres personas y queden satisfechas, buena por lo tanto).

HAMBURGUESAS:

ambas de 250 grs. (y más que suficiente, en serio, sobre todo si el siguiente escalón es la de 500 grs.).

(I) DE QUESO DE CABRA: se pidió muy poco hecha y así vino (punto a favor, en muy pocos sitios ponen el punto que pides). Trozaco de carne de aspecto inmejorable, roja como el culo de un papión cinocéfalo, jugosa y sin nada de sebo, con un trozo de queso de cabra pasado por la plancha casi del mismo grosor (parecía una puñetera rueda de tractor el cabronazo) y con su rodajita de romate (raff) y su puñadito de rúcola.

(II) IMPERIAL: el desmadre, mismo tamaño, mismo aspecto de la carne, pero ésta se pidió al punto tirando a poco hecha (y así vino también, un punto más para la cocina), con unos buenos trozos de foie (y foie bueno, que saqué uno de ellos para probarlo por separado y estaba teta) y una salsa de frambuesas y cebolla caramelizada cosa fina, hamburgesón!!!!

Ambas hamburguesas acompañadas por unas patatas fritas que eran de verdad patatas (es decir, tubérculo fresco, pelado y troceado y no esa mierda congelada hecha a base de masa extrusionada que suelen darte en casi todos los sitios) y estaban fritas en aceite decente. El sabor, el color y la textura no engañan. Opcionalmente podías pedir en su lugar patata asada al horno en papel de aluminio (la vi en otras mesas y también tenía muy buena pinta) con mantequilla o queso de untar.

POSTRE: TETARTA. Una tarta de queso rica y curiosa, pues era, por así decirlo una mezcla de las dos que suelen ofrecerte. Iba sobre una base de galleta y con mermelada de fresas encima (y mermelada de verdad, con trozos no esa especie de marranada son sabor a sirope) pero lo que suele ser el queso de enmedio, de color blanco, era como la de la tarta de queso horneada. Realmente muy buena, y con muchísimo sabor a queso.

Todo esto mas cuatro coca-colas 50 pavos con propina, un precio muy correcto para la cantidad y la calidad.

En resumen, una de las cuatro mejores hamburgueserías de Madrid junto con Alfredo's, New York Burguer y Hard Rock.

listas: Cerca de casa, Comida

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GinTonic Bar La Ruleta

+34 915 75 16 14

de lo mejor de 2013

Calle de Velázquez 62 <m> Velázquez 4 Madrid, Madrid provincia, España

guardado por 27 personas

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Copas con sabor añejo

'me encanta, uno de mis favoritos' 'me encanta, uno de mis favoritos'

Vaya por delante que, aunque creo a pies juntillas que a todo el mundo que tenga el mínimo gusto por empinar el codo debería emocionarle La Ruleta, entiendo que mi opinión ni es objetiva ni muy a tener en cuenta, porque locales como éste me encantan.

Éste es un pegatragos de toda la vida, un tomacopas como la idem de un pino, un retiro espiritual para aquél que disfrute de la agradable compañía de una copa bien puesta y la no menos reconfortante charla de otros decadentes parroquianos cogorza.

La entrada, absolutamente nada especial. En el interior, pues otro tanto. Sólo lo indispensable para satisfacer el gaznate, que a fin de cuentas es a lo que vas a un sitio así (aquí no esperes, NI POR ASOMO, conocer a la chica de tus sueños): una amplia (y buena) selección de ginebras, hielos, suficientes copas de balón para un regimiento, hierbabuena y limones para cubrir una huerta y, fundamental, un barman con su chalequito de tartán y con cara de llevar encima más batallas que el Alcázar de Toledo (y que te mira con cara de "chaval, cuando tu te ponías pañales yo ya ponía gin-tonics").

Además de eso, todo lo que hay dentro es una larga barra con taburetes altos y el espacio justo y necesario entre éstos y la pared para pasar hasta el fondo. Éste es un sitio con aire decadente, con toda la pinta de haber conocido mejores días y que ha visto cómo, con el paso de los años, en esto de las copas y los cocktails la experiencia y el saber hacer se han visto obligadas a dar un paso al costado en favor de lucecitas, nombres horteras y cachitas con ínfulas que se creen que por menear la cocketelera como si se masturbasen ya son unos genuinos barman. Eso y que se piensan que tu gin-tonic es un maldito tazón de Chococrispies, porque si no no se entiende la cantidad de tropezones y guarradas que echan en la copa (pétalos de flor, trozos de nosequé... ¡¡¡Hasta gominolas!!!).

El ritual es tan sencillo como apasionante. Llegas, preguntas por las ginebras, el tío te cuenta las que tiene con total naturalidad (no como en otros sitios en los que por tener algo tan corriente como Hendrick's creen descender de la puñetera Reina Isabel -cuya centenaria madre por cierto debía soplar ginebra como un trabajador del acero de Sheffield, prueba irrefutable de los beneficios de este espirituoso-), la eliges y en un santiamén, y sin retorcerse ni hacer contorsionismo y, sobre todo, sin poner cara de estar haciendo vudú o de imitar al Fary chupando un limón (todo esto muy común en la cocketelería contemporánea) el tío te ha plantado un gin tonic delante.

Ojo, y no te larga un gin-tonic cualquiera, sino uno con la cantidad justa de hielo (en piedras, que he llegado a sufrirlo picado), de ginebra (la cual has elegido de entre una oferta que no se limita a lo que vende Carrefour Express), de limón y de hierbabuena, y en copa de balón (no en vaso de hamburguesería, que juro que a mí me lo han hecho). Y sobre todo sin aspavientos, lo cual es de agradecer.

En el momento en el que te echas el brebaje al coleto y comienza a bajar hasta donde sea que baje piensas "coñó, qué cosa más rica"... y mientras tanto giras la cabeza a los lados y ves a unos cuantos despojos que en su día debieron ser unos caballeros del Barrio de Salamanca totalmente peonza, los ojos vidriosos, sonriéndote con cara de "bienvenido al club chaval, yo también vine aquí un día, con trabajo, veinte kilos menos y hecho un pincel y, como tú, pensé "coño, qué cosa más rica..."".

Creo que tengo que dejar la buena bebida. La mala no engancha.

listas: Copas

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Gonzalo Sáenz de Miera Bolado

He estado este fin de semana varias horas acodado en la barra, y me veo obligado a retocar mi comentario. El limón, como bien dice davidperezf (11870.com/~xhk) era demasiado grueso, las otras veces que he ido no me había pasado. Y la hierbabuena deberían alternarla con otras cosas, según la ginebra. Podrían añadir alguna cosa más al repertorio como el haba tonka, que da un toque muy gracioso y no es caer en los malabarismos que critico arriba.

De todos modos, el tío me pareció de lo más agradable y me siguen encantando sus copas y el aire decadente del garito. Le mantengo la puntuación y sigo animando a la gente a ir. Eso sí, hago estas sugerencias porque creo que les harían mucho bien y porque se que leen los comentarios.

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18 de abril de 2011

Gorki Columela

+34 915 78 23 21

C/ Columela 2 (Madrid) <m> Retiro 2 Madrid, Madrid provincia, España

guardado por 18 personas

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Bueno, bonito y barato

Gonzalo Sáenz de Miera Bolado lo descubrió en marzo de 2011

'está OK' 'está OK'

Este sitio me ha sorprendido bastante, es un genuino "BBB".

Si yo fuese una agencia de rating estaríamos hablando prácticamente de un bono basura, y podría entenderse que el garito me ha parecido una mierda. Pero como soy un tío de carne y hueso, tragón y aficionado a empinar el codo, pues es, muy al contrario, una calificación cojonuda, acrónimo del título de esta crítica.

A lo que vamos.

No soy un gran fan de las franquicias (ver mi comentario, por ejemplo, sobre el 5J de Padre Damián 11870.com/gsdmb/rating/2) porque suelen ser sinónimo de caca, de mala atención, de decoración muy vista, de comida estandarizada y de precios no tan competitivos como podría presumirse.

Sin embargo, Gorki sí me ha gustado.

Para empezar, la ubicación es de coña, en el nº 2 de la c/ Columela -justo al lado de Javier Larraínzar- y prácticamente en la esquina con Serrano, a escasos metros de la Puerta de Alcalá,. El emplazamiento es privilegiado porque está en pleno Barrio de Salamanca y pegado al Retiro. Resulta muy cómodo porque la acera es muy amplia, con lo cual si vas con la vespa lo tienes a huevo, y el parking de Serrano está justo a esa altura, de modo que el atávico problema de aparcar del Barrio queda eliminado de la ecuación.

Precisamente esa ubicación lo convierte en un sitio polivalente; perfecto para comer si curras por la zona, para picar algo y hacer parada por las tardes si estás de compras por el Barrio, para cenar y tomarte las primeras copas si sales un finde por la noche o para ir con la familia o con tu novia después de echar un sábado o un domingo por el Retiro, costumbre ésta jodidamente hortera pero que los días de buen tiempo podría, siendo bondadosos, llegar a rozar lo tolerable.

La decoración es sencilla y el local luminoso. Para ser una franquicia no está mal, a medio camino entre la típica decoración de "tasca", tan habitual en este tipo de negocios, y la de un restaurante un poquito más "puesto". Si tienes suerte y puedes hacerte de la gran mesa redonda que hay junto a la entrada mejor que mejor, es tranquila, controlas todo el garito y está pegada al ventanal.

En cuanto al servicio, son unos tíos realmente simpáticos; sirven de forma amable y rápida, pero sin agobiar. Y tienen el detalle de que si te estás tomando unas cañas mientras esperas al resto de los comensales te sacan bastantes tapillas, lo cual es muy de agradecer para matar el rato (nunca podré comprender la maldita manía que tenemos en el norte de no ofrecer más que cacahuetes rancios, y a veces ni eso). Además, tiran bastante bien las cañas. La verdad es que al llegar a Madrid aquello que se dice de que es donde mejor se tira la caña del mundo me pareció una soberana gilipollez, pero debo admitir que me saben más ricas que en otros sitios, sugestión quizá.

La comida, como digo siempre, es al final lo importante.Y en Gorki me parece de diez. Nada de lo que te eches al buche será lo mejor que hayas comido en tu vida, pero la carta es realmente extensa, todo lo que ofrecen es francamente apetecible y, sobre todo, los precios son absolutamente ridículos, especialmente si tenemos en cuenta a) la ubicación y b) la relación calidad-precio. La carta de vinos además está bastante bien, sobre todo en riberas y riojas, y los precios son razonables (poco habitual en Madrid).

El concepto de negocio es claro y muy acertado: materias primas de calidad, platos de elaboración sencilla pero llamativos y precios muy ajustados. Me parece tremendamente injusto que el sitio no acabe de dar el campanazo, sobre todo teniendo en cuenta la cantidad de garitos por la zona que están a tope sirviendo mierda a precios astronómicos, eso sí, con mucho "rollito".

En su larguísima carta encontrarás panes (baguettes), sandwiches, tostas, raciones, tapas, ensaladas, platos de cuchara, pasta, verduras, carnes, pescados... es prácticamente imposible no encontrar algo apetecible. Puedes comer de puro tapeo, "de bocata", de cuchara, cuchillo y tenedor...

Todo es sencillo y de mucha calidad. Realmente hay un huevo de cosas y todas muy buenas. Horicios, carpaccios, jamón, cecina, fabada, quesos (muy rica la torta del casar), anchoas, foie, mollejas, arroces... hay de todo. Y los postres, amén de haber un montón, están bastante buenos también, (tarta de limón, de queso, bomba de chocolate -cojonuda-, yemas de Santa Teresa, etc, etc, etc).

Lo dicho. Dentro de su segmento es un gran sitio para ir a cualquier hora. Buen local, buena ubicación, buen servicio y precios de risa.

Por último, pero para mí fundamental, la selección de ginebras (y de quitapenas en general) es muy amplia. La única pega es que la tónica es Nordic Mist, que es un pedo.

9 personas, con un montón de comida y de cañas y unas 15 copas, pagamos unos 250 pavos con propina. Es decir, que nos pusimos hasta las trancas por poco más de 25 leuros. Si quitas las copas se queda en unos 17 €, de coña.

Definitivamente me gusta. Recomendable.


listas: Comida, Copas

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