malo y estafante! Un robo
Pocas veces he sentido tanta necesidad de acudir rápidamente a mi ordenador para escribir en mi blog como anoche. Fuimos a conocer la cocina del nuevo Ramses. Se trata de un nuevo espacio de ocio que forma parte del nuevo hotel Hospes de la Plaza de la Independencia; un local enorme, al más puro estilo P. Starck, que consta de un bar de copas abajo, un restaurante (que llaman bistrot) en el piso superior, y un bar de tapas (llamado petit) y barra de cocteles en la planta calle. Este bistrot es el que tuvimos la mala suerte de conocer anoche.
Ambiente moderno y de diseño, pero agradable. Público "cool". La comida sin embargo, como veremos ahora, de lo peor que hemos conocido nunca. Hicimos picoteo. Empezamos con una ensalada de trigueros, rucola, piñones y parmesano. Correcta. Ricas las galletitas crujientes de parmesano que acompañaban. Seguimos con un foie micuit con reducción de jerez. ¡¡Infumable!! Después, croquetas de berenjenas y queso, que llegaron frías y con una masa compacta que las hacía incomestibles.
Una de las recomendaciones especiales de la casa, los mejillones al curry verde, directamente nos los dejamos. La mitad, secos y muy pasados; la otra mitad, crudos. Para colmo, la salsa sin ligar. Horrible.
Como platos principales, un marisco y dos carnes. Primero, una tempura de soft shell crab. Salada, sin sabor. Después, presa ibérica. No había quién se la comiera. Sabía más a hígado (seguro que no era hígado??) que a otra cosa, y parecía una suela de zapato. Por último, dos brochetas de solomillo y champiñones, probablemente lo mejor de la cena, gracias a los champiñones.
De postre, un helado de yogur con salsa de frutos rojos, que no era helado, sino yogur natural, sin nada de azucar, regado de muesli; y una mousse de tres chocolates, correcta.
El servicio bueno. El precio... la verdad, me sentí estafado... Salimos casi a €75 por persona.
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Una auténtica trattoria!
Bruno Squarcia, actor y cantante (actualmente participa en Quisiera Ser, un musical con las canciones del Duo Dinámico), saltó a la fama por su participación en Al Salir Clase. Han pasado 11 años desde que abriera Luna Rossa en la capital, y hace un tiempo se lanzó a esta nueva aventura llamada Ouh...babbo! Situada en la castiza calle de Caños del Peral (justo enfrente de ese gran mexicano que es Entre Suspiro y Suspiro), esta pizzería supone un enorme salto de calidad frente a lo que estábamos acostumbrados en la capital.
Ayer tuvimos una pequeña toma de contacto, pero volveremos, asiduamente incluso, y os seguiremos manteniendo actualizados. La carta es bastante extensa, con una interesante oferta dónde elegir. Variedad de pizzas, muchas pastas, y antipasti selectos. Empezamos con una burratta. ¡Qué fresca! Nos comenta Carlos, el camarero, que se la sirven los martes, y rara vez les llega a finales de semana. Se nota. No es fácil encontrar esta burratta en Madrid. La pieza, de considerable tamaño, viene servida sobre una cama de rucola, con tomates secos y jamón de parma. ¡Exquisita!
Seguimos con unos fetuccinni bianco e nero. Me perdonaréis que os diga que ha sido la mejor pasta que he probado en mi vida. Sin complicaciones, al dente (pero de verdad, no lo que pretenden vendernos en muchos sitios de Madrid), con trufa negra y piñones. Muy intensa en sabor, no puede estar más rica.
No podíamos no probar las pizzas. Muchos las consideran las mejores de Madrid, y puede que lo sean (aunque ya sabéis que las de Pulcinella también me encantan...). El secreto es un horno de piedra de cocinero campano. Anteriormente el pizzaiolo era iraní. Ahora es filipino. ¿Curioso, no? Pero más curioso aún cuando se comprueba el resultado. Masa muy muy fina, y materias primas de primerísima calidad. Probamos la más sencilla teoricamente, la margherita D.O.P. Es una pizza con denominación de origen protegida hecha según las estrictas normas de dicha denominación. Sin lugar a dudas muy recomendable. Tostada y crujiente, pero que se puede doblar sin romperse. Mozzarella auténtica, tomate de sabor intenso. ¡Una delicia!
De postre pedimos un tiramisu. En mi opinión el único punto flojo. No estaba malo, pero la crema demasiado densa, lo hacía pesado, en vez de ligero y esponjoso como debería ser un buen tiramisu.
Merece mención especial el servicio y la atención. Carlos, que lleva desde que abrieron, junto a sus compañeros de sala, y bajo la dirección magistral de Bruno, siempre atento, convierten la visita al restaurante en una experiencia deliciosa. Se agradece también que tengan aparcacoches todas las noches. Como decía al principio, ¡¡volveremos!!
Datos prácticos:
OUH...BABBO!
Ceños del Peral, 2 (junto a pza. de Ópera)
28013 Madrid
Tel.: 91 547 65 81
Precio medio: € 40
Abre todos los días.
Servicio de aparcacoches.
Accesible silla de ruedas.
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Norte y Sur
+34 915 535 153
Magnífica plancha en barra informal
Sin duda estamos ante la mejor barra de Madrid para productos cocinadas a la plancha. Magnífico marisco en amplia variedad. Muy exitosas las gambas. Buenas las vieiras. Espectaculares los carabineros.
Pero no sólo marisco sirven. Muy recomendables los espárragos verdes, las cebolletas y los champiñones rellenos.
El chuletón, de carne holandesa, es de las mejores carnes de Madrid.
De postre, suelen tener piononos y una buena tarta de Santiago. Los precios muy contenidos, y no sueles pagar más de € 40. Detrás tiene un pequeño comedor.
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La Tasquita de Enfrente
+34 915 325 449
Cocina de mercado en un entorno algo decadente
Empezamos ayer con una suave morcilla desmigada, con cebolla, para untar en unas tiritas de pan de focaccia tostadas. Seguimos con una ensalada de burrata (ligeramente trufada), muy rica y sobre una base de lechugas bien seleccionadas y aderazadas con aceto balsamico. Aconsejados por la recomendación de la maître, unos espléndidos berberechos al vapor con sake y salicornia. ¡Excepcionales!
Otros dos entrantes completaban el apartado de primeros platos. Un salteado de boletus frescos con parmesano (perfecta la combinación) y unos chipirones a la plancha sobre una cama de cebolla al horno. El chipirón, ligeramente salado, fue el más flojo de todos los entrantes que probamos.
Ayer, por ser festivo, y tratarse este de un restaurante de cocina de mercado, la oferta de platos principales no era muy grande. Principalmente caza (pichón, becada), mero, cocochas y chuletón eran las únicas opciones. Probamos todo menos el pichón. La becada, en su propia reducción, con pico y todo, sobre una rebanada de pan empapada en el jugo, estaba perfecta. No es fácil encontrar becada en estos días, y menos tan bien cocinada. Las cocochas también muy ricas. El chuletón, si bien la carne era buena, la hemos probado mejor. Venía acompañada de unas patatas fritas en grandes gajos, que estaban poco hechas y no nos convencieron.
Para acabar, una tabla de quesos, todos ellos trufados. Repasemos. Tartuffete Jacquy Conge (rellena de crema de trufa blanca, muy cremoso pero demasiado suave), un Gouda trufado que nos conquistó a todos, un trifulin al tartufo curado (muy rico) y un Brillat-Savarin truffé que ya hizo nuestras delicias en nuestra última visita a Gary Danko (ver crítica en este Blog). Por último, como nota de color, un Délice des Bois, también de Jacquy Conge, con frutos del bosque, que no nos convenció pero resultaba divertido.
Fue pues una buena experiencia culinaria en todos los sentidos. Me alegró comprobar que en esta casa se sigue comiendo muy bien. Sin embargo, creo que ni la ubicación, ni el local, justifican los desorbitados precios. El precio medio, con un primero, un segundo, postre y una botella de vino normalita para dos, no bajará de € 75 por comensal. En mi opinión exagerado para un local en la calle Ballesta.
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La precipitación nunca fue buena...
El restaurante toma su nombre de la deidad maya que guiaba el camino a los viajeros. Situado en la confluencia de las calles Alfonso XIII y Ramón y Cajal, en un pequeño chalet pintado de rojos y naranjas mexicanos, el local resulta agradable y bastante acogedor. Sin embargo, como veremos, aún le falta mucho rodaje a este local, y eso se nota demasiado. Como ejemplo, sin realmente mucha importancia pero sí bastante significativo, las tarjetas de visita del local tienen la dirección de su página web corregida con tipp-ex, y encima luego no hay nada colgado en dicha página. La precipitación nunca ha sido buena en restauración, y no entendemos cómo los dueños de este local, con experiencia en el sector (tengo entendido que son los dueños de Órale Compadre), se dejan llevar por ella.
El maître, antes en el Señorío de Alcocer, resulta de poca ayuda pues, como él mismo reconoce, no sabe nada de cocina mexicana. Curioso... Tampoco parece conocer la carta de cócteles, y sólo es capaz de ofrecernos una margarita. La oferta de cervezas mexicanas también es demasiado limitada (sólo negra modelo, pacífico y bohemia). La mayor sorpresa de la noche vino cuando delante nuestro el maître llenó la cesta de pan para la mesa al lado nuestro cogiendo los panes con las manos. ¡¡Muy higiénico y profesional!!
Pero centrémonos ya en la comida. La carta no es demasiado extensa. La mayor parte de los nombres en maya. Empezamos con unas tartaletas de queso crema con salmón ahumado. Correctas. Seguimos con "los pecados de Xian", unas crepas rellenas de flor de calabaza y queso cabra, acompañadas de mermelada de tomatillo verde. Estaban muy ricas, aunque tampoco aportan mucho.
Seguimos con un tiradito de k'aa 'k naa'b, una especie de carpaccio de atún rojo con flor de jamaica. Demasiado soso, y con un exceso de pimiento rojo, que era el único sabor que predominaba por encima del resto. Mejoró algo al añadirle un poco de lima.
Como plato principal, fuera de carta, unas carnitas de secreto ibérico, acompañadas de tortillas. Las tortillas, que hubo que reclamar y llegaron casi diez minutos después de las carnitas, inaceptables para un restaurante mexicano. Eran compradas y recalentadas, como el camarero reconoció. Le pedimos que se las llevara, y nos trajo unas de maíz algo mejores, aunque tampoco para tirar cohetes. Las carnitas, bastante especiadas, excesivamente grasientas. Acompañando, una salsilla de chile pasilla, que hará las delicias de los amantes de las sensaciones fuertes.
De postre, un pastel de elote (en México se le llama elote a la mazorca de maíz que todavía está en la planta que la produjo, tanto maduras como inmaduras, o bien la que fué recientemente cosechada y en la cual los granos todavía guardan la humedad natural) con helado de cardamomo y papaya confitada, con mucho lo mejor de toda la comida. El pastel, que llega a la mesa caliente, combina muy bien con el helado de cardamomo. Para acabar, un café de olla bastante malo.
Una pena que el intento de este restaurante de posicionarse como el mejor referente de la cocina mexicana en Madrid se presente de forma tan deficiente e improvisada.
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Balboa Social Club
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Un punto de encuentro para jóvenes
Local moderno, con mucho colorido, joven, desenfadado. El local dispone de dos plantas, pero ayer, ante la escasez de público (sólo éramos dos mesas), la de abajo no estaba abierta. Con tan poco público es difícil medir un restaurante. Aspectos como cocina o servicio hay que medirlos con más aforo. Pero al menos pudimos hacer una primera aproximación al nuevo restaurante. Entre los cuatro comensales, opiniones dispares. Eso sí, todos coincidimos que fuimos de más a menos. Una pena. Desgraciadamente se está convirtiendo en algo más común de lo deseable. Bonito local, entrantes correctos, y luego platos principales sin sustancia.
Pero entremos ya en detalle. La carta bastante extensa, aunque muy acotada en el apartado pescados. Tan sólo bacalao en dos preparaciones diferentes. Nosotros como entrantes empezamos con unos huevos rotos con jamón. Muy buenos los huevos, y las patatas excepcionalmente bien fritas. El jamón quizá un poco salado. Seguimos con unas rabas, también muy bien de rebozado y punto de fritura. A continuación unas empanadillas fritas, que no aportaban nada. Parecían pre-cocinadas (no sé si lo eran). Para acabar con los entrantes, una ensalada de espinacas, queso de cabra tibio y pipas. Un poco sosa, seca, insulsa. Le faltaba aderezo, aunque la combinación era buena.
Ya en los primeros platos, probamos cada uno algo diferente. Empezamos con un steak tartar. Para mi gusto le sobraba un punto de dulzor que quedaba al final, pero fue fallo nuestro no comentarlo cuando nos lo dieron a probar. Sin nervios, bien cortado y aderezado. Muy rico. Acompañado de tostaditas y un bloque de mantequilla, que no aporta nada y quita sabor. Después confit de pato con mermelada de tomate. Pasado de cocción, se quedó seco.
Los otros dos platos, recomendaciones de la casa. Por un lado, hamburguesa Social Club. Muy buena la presentación, ricas las patatas (hay que valorar que tres de los platos iban acompañados de patatas, y cada una de ellas preparada de forma diferente), pero demasiado hecha, pese a haberla pedido muy poco hecha. Por último, solomillo Social Club. Acompañado de una reducción de vino y especias, la salsa le daba un sabor rico y diferente. Sin embargo, la carne no era solomillo como se anunciaba, sino dos filetes delgaditos y más bien duros.
Entre los postres, un brownie de chocolate con helado de vainilla y chocolate caliente (correcto), una tarta de queso con arándanos (seca, sin sabor) y la naranja Social Club, una naranja cortada y preparada, con la piel caramelizada cortada en tiras.
El servicio, excepcional, aunque como decíamos con sólo dos mesas que atender, es lo normal. La carta de vinos muy barata, aunque no con demasiadas referencias. Resumiendo, un restaurante que habrá que seguir durante este año, aunque aún les quedan muchas cosas que mejorar. Puede acabar posicionándose como un punto de encuentro para gente joven, gracias a su decoración y sus precios contenidos.
javitxu discovered this service :-)
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Un bonito local... y punto...
Madrid vive un período dulce en cuanto a gastronomía se refiere. Son muchas las novedades de la capital, y además se transmite la sensación que todo se llena. Sin duda ese es el caso de este restaurante, que lleva ya casi un año entre nosotros. Lleno absoluto todos los días, a lo que probablemente contribuye lo exótico de la comida, el emplazamiento y el local maravilloso que ocupa el restaurante. Para los que no lo sepan aún, se trata de cocina peruana, bajo la atenta dirección de Gastón Acurio, el genio de la cocina peruana, que ahora toma posiciones en el competitivo panorama gastronómico de Madrid, y lo hace en uno de los mejores locales que hemos visto recientemente.
La carta, ininteligible, llena de platos de descripciones kilométricas que no sirven para aclarar nada. Así que si no somos expertos en cocina peruana, habrá que intentar ponerse en manos del maître. Resulta curioso eso sí que éste desaconseja inmediatamente el menú degustación. ¿Para qué lo tienen entonces?
De aperitivo nos ofrecen un pan caliente (que pese al anuncio, llegó frío) con dip de queso y especias. Seguimos con un tartar de mero con chip de papa morada. El tartar estaba muy rico, con el mero muy fresco y sabroso. Los ceviches y los tiraditos son la estrella del restaurante. Nos recomendaron un clásico ceviche de corvina con maíz tostado y batata asada. ¡Exquisito! Recomiendo comerlo con cuchara, para poder degustar bien la salsa que lo acompaña, con suaves notas a cilantro y cítricos.
Como segundo entrante nos insistieron mucho en pedir las croquetas y las patatas. Croquetas de yuca con queso y patatas cocidas con salsa huancaína. Tremendo. No pudimos más que probarlo. Las patatas heladas y mal hervidas. Las croquetas, chiclosas, formaban una bola que no había quién tragara.
Entre los segundos, nos volvimos a dejar recomendar, y probamos un ave y un pescado. El ave, un ají de gallina con papas doradas, huevos de codorniz y salsa de aceituna. Rico de sabor, aunque demasiado pesado. De pescado, un atún sellado con pastel de boniato. El atún, pasado de cocción, quedaba muy seco. La mezcla con el pastel de boniato no aporta nada; al contrario, mata el sabor del atún y ofrece un resultado dulce que nada tiene que ver con lo que se espera del plato.
Para beber no nos aventuramos con la carta de vinos, y nos centramos en los pisco, el pisco tradicional (€ 12) y un muy recomendable pisco de maricucha, mucho más suave y afrutado (también € 12). El servicio correcto y atento, aunque demasiado frío.
Mucho he oído de este restaurante en los últimos tiempos. Ahora parece que la cocina peruana es una de las grandes cocinas del mundo. Siento discrepar, aunque no tengo nada en contra de ese maravilloso país que es Perú. A mi personalmente Astrid y Gastón me decepcionó, y no es un sitio al que me apetezca volver. Menos, después de haber pagado casi € 80 por persona por la cena que aquí describo. Pero como siempre digo, para gustos, los colores...
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El Comité
+34 915 718 711
Agradable ambiente francés
Fotos como esta de la izquierda decoran las paredes de este acogedor restaurante situado en las proximidades de la calle Orense, concretamente en la Plaza de San Amaro. Restaurante de marcado corte francés, se ha convertido ya en un clásico de la capital, dónde la reserva se hace imprescindible, y ni tan siquiera la escasez de espacio o las apretadas mesas hacen desistir a sus fieles. La dueña, francesa por supuesto, recibe a sus invitados con una sonrisa permanente, y aconseja a cuantos le preguntan, con mucho acierto y amabilidad.
Unas patatas fritas caseras, como las de antes, nos esperan en la mesa. El pan, caliente y tierno. Como sugerencia del día, un revuelto de setas con huevo poché delicioso. Las setas perfectas. Seguimos con un foie de las landas, acompañado de confitura de frambuesa. El foie exquisito, de los mejores de Madrid. La confitura nos parece un recurso innecesario que mejor harían en obviar. Seguimos con unas cuñas de camembert frito acompañado de coulis de grosellas, que aquí sí pega. Delicioso también. Por último, una de las especialidades de la case, el steak tartar acompañado de pan tostado. ¡Qué steak tartar más rico!
Como segundos, probamos también un poco de todo, siendo el resultado en líneas generales igual de bueno que con los entrantes. Un carpaccio de buey con parmesano, correcto (no es este el sitio para pedir un carpaccio, pero bueno...); el clásico magret de pato, exquisito. Un verdadero acierto. Otro de los platos recomendados es la pasta fresca (fetuccini) con bogavante. Muy rica, aunque preferiríamos la pasta más al dente, un fallo muy común en Madrid. Otra de las sugerencias del día, un entrecote acompañado de setas, bastante bueno también. Lo peor, una merluza a la plancha, acompañada de pasta fresca y salsa de bogavante. La merluza demasiado hecha y seca. La pasta estaba rica pero no estoy muy convencido que pegue mucho con este plato... Merluza con salsa de bogavante?? No sé yo...
Sabéis que no soy muy de postres, salvo mi conocida obsesión por el chocolate, pero probamos una crema quemada que estaba bastante rica. La carta de vinos tiene muy buenos precios.
Buen restaurante, con un ambiente muy agradable, y en el que siempre se queda bien, aunque se les ha ido un poco la mano con los precios últimamente.
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El mejor japonés de España
La moda de los restaurantes japoneses es relativamente reciente en Madrid. Aú recuerdo aquella época, no tan lejana, en que casi el único japonés de calidad en la capital era Suntory. Sin embargo eso ya no es el caso, y son varios los restaurantes japoneses que merecen nuestra atención. De entre todos ellos, Kabuki ocupa un lugar privilegiado, habiéndose convertido en uno de los lugares dónde mejor se come de toda la capital, de entre los restaurantes de cualquier tipo de cocina. Y queremos precisamente repasar ahora la situación de Kabuki tras la apertura de su nuevo local en el hotel Wellington, en la calle Velázquez. Ricardo Sanz, alma mater de Kabuki, ha abandonado la dirección de la casa primogénita, para pasar a ocuparse del nuevo local, dejando a su discípulo, Mario Payán, al frente del local, con el inestimable apoyo de Chelo dirigiendo intachablemente la sala.
Lo mejor en esta casa es ponerse en manos del sushi man. Algo que ahora con Mario sí podemos hacer, pero no antes con Ricardo, ya que ello implicaba una cuenta final estratosférica. Pero Mario es de esos profesionales que ya no quedan. Serio, centrado en su trabajo, muy regular, y además encantador.
El miércoles disfrutamos de una gran fiesta. Empezamos con un tartar de toro con angulas, exquisito. Seguimos con otro tartar, esta vez de atún picante. También excepcional. A continuación, usuzukuri de trufa.
Muy ricos los nigiri de hamburguesa de kobe, y también los de erizo (aunque un poco fuertes para quién no le guste demasiado el erizo). Los conos, especialidad de esta casa, estuvieron representados con unos temaki de atún, excepcionales.
Otra de las exquisiteces es el pez mantequilla, presentado en forma de nigiri con trufa. Qué pena que sea tan difícil encontrar este pescado. Los nigiri de huevo de codorniz, con trufa, son otra marca de la casa que no debemos dejar de probar. La gamba roja exquisita, muy muy sabrosa.
Probamos también dos futomakis diferentes, uno de hongo, y otro crujiente de anguila que nunca nos cansaremos de comer. ¡Qué delicia! La anguila vuelve a estar presente en forma de nigiri, también muy sabrosa, aunque nos sorprende mucho más en forma de futomaki.
La estrella llegó con cuatro makis de huevo de codorniz coronados con caviar Beluga 000. El caviar en abundancia, muy fresco. ¡La combinación, imbatible!
Para terminar, un solomillo de buey de kobe fileteado y poco hecho, que estaba delicioso.
Los postres acaban de ser renovados, y para los amantes del chocolate merece la pena probar los nuevos bombones (de cítricos, avellana, té verde, etc.).
El servicio de sala, de los mejores de Madrid. La factura final dependerá mucho de lo que se pida. Los maki de caviar y el kobe prácticamente doblan la cuenta, así que ya depende del gusto del consumidor.
En cualquier caso, incidimos, una de las mejores direcciones de Madrid. Siempre se sale contento. No queremos acabar sin agradecer a Mario su esfuerzo. No sólo ha conseguido que Kabuki no se resienta del cambio de Ricardo Sanz al nuevo local, sino que, en mi humilde opinión, ahora se come aún mejor. ¡Enhorabuena Mario!
Un apunte final; ayer repetimos, y con motivo del Puente, Mario estaba de vacaciones. Me gustaría decir lo contrario, pero desgraciadamente se echó de menos su presencia. Los platos llegaron peor de temperatura, el arroz (el gran secreto de Kabuki) no estaba tan perfecto como nos tienen acostumbrados, y los huevos de codorniz algo grasientos. Menos mal que Mario no suele ausentarse demasiado...
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Kabuki
+34 922 126 100
Ctra. Gral. de Tenerife, 47, Km. 9 (Guía de Isora)
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Muy lejos del Kabuki de Madrid
Soy un gran apasionado del Kabuki de Madrid, para mi el mejor restaurante japonés de España. Sin embargo el de Tenerife no es ni de lejos tan bueno. Desgraciadamente la calidad del pescado que aquí les llega dista mucho de poder compararse a los de Madrid.
El entorno es agradable, ya que el Hotel Abama es una pasada. Pero ni por esas merece la pena cenar aquí.
Los precios? Desorbitados!














