Un restaurante pequeño, de mesitas con velas, como para una cena romántica. La especialidad de la casa es el pescado y las gambas, cocinadas a la italiana, con tomates y aceite. La cocina es típica siciliana, lo mejor quizá sean los canoli de postre con ricotta, un postre típico siciliano delicioso.
El servicio es atento pero el sumiller tiene un toque algo borde, como cortante. La sala está bien, con servilletas y manteles de tela, pero no es una decoración especialmente destacable. Cenar con vino sale por unos 60 euros por persona.

