Muy apañado
El local fue una antigua mercería de las de toda la vida en el que entraba de la mano de mi madre. Suelos de cerámica, cajones hasta el techo llenos de botones, cintas y rollos de tela y colas de señoras de las que sabían hacer labores... Todo ello ha dejado sitio a un restaurante especializado en arroces justo casi debajo del arco del Ayuntamiento.
De aquel local se conserva el nombre y aquellos suelos que me quedaba mirando mientras hacíamos cola para ser atendidos. Ahora es una arrocería perfecta para comer o cenar con amigos, o tomarse una caña, acompañada, eso sí, de una tentadora sartencita con arroz... para que vuelvas a por la grande!
