El tiempo se para.
Es muy agradable estar escuchando música y poder hablar bajito a la vez. Además, las mesas están medio separadas en cuartitos, lo que te hace estar mucho mas tranquilo y a gusto.
La decoración me encanta, están todas las paredes llenas de carteles de Jazz. A veces hay jazz en directo. Pensaba que luego nos iban a saquear al traernos la cuenta, pero nos sorprendio que cobraban la caña (doble) a dos euros.

