Habrá que volver
Nuevo destino que iré descubriendo poco a poco. Siguiendo las indicaciones de "Metrópoli" me acerco al restaurante, previa reserva de mesa ( sino no la hubiera conseguido como ví cuando llegué ). Muy "cool", con una música agradable de fondo. Servicio muy correcto en todo momento. Una carta muy corta ( un menú de degustación de 50€ qu eno porbé por la hora, era la cena ), pero muy apetecible en teoría. El foie exquisito; unas alcachofas rellenas muy adecuadas a pesar de lo barroco del plato; un arroz con pato y setas de temporada sublime; y un pichón para relamerse cada huesecillo. Los potres correctos, sin desmerecer. La única pega, una carta llena de vinos valencianos, qué por poco conocidos en su tierra, exigirían una mayor explicación. De cotilla, un pescado excepcional, con tamaños y olores impresionantes. Habrá que volver
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Gran terraza para buena comida
trapani tiene un precioso y ¡limpio! centro histórico. Nos recomendaron este restaurante, coincidente en su espíritu con el de la ciudad. Una terraza muy agradable para cenar, ¡a finales de Octubre!, un servicio amable y simpático y una comida correcta en cantidades y gustos. Un precio ajustado al placer de esta terraza. Al lado la zona de copas de Trapani, un poco paleta, pero llena de gente con ganas de divertirse.
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Restaurante Bellotero
+39 091 582158
Giorgio Castriora 31, Pelermo
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Excelente
Existe otro Palermo al que he narrado en algún otro apunte previo. Ordenado, rectilíneo, en la zona Oeste siguiendo la Vía Roma. Pero no es Gracia, ni Serrano, la suciedad sigue presente, marcando carácter. No parece importar demasiado la gente guapa, guapa de verdad, que puplaba por este otoño veraniego que me ha tocado disfrutar en Palermo. Siguiendo las indicaciones de Guía Michelín, me acerco al Bellotero, que no hay que tomar en plan literal, sino como Bello-Tero. Tuvimos mesa de milagro, por lo qu econviene reservar dado que solo hay un turno de cenas. Un magnífico servicio, con un maitre empeñado en ser el summun de la amabilidad, con su buen italiano que hace que todo se le entienda. Enamorado al parecer de lo español, liga una conversación donde cabe el "beso" no mafioso, que ha dado a varios clientes, o como el dinero siciliano escoge mejores lares que los bancos patrios. La comida, excepcional la pasta, con unas raciones interminables, y únicamente escasamente recomendable el cordero, demasiado grande para nuestros gustos. Los precios mas cercanos al nivel alto que marcaba la Guía Michelin, 80 € para dos personas, que se pagan muy alegremente, por el ambiente, por la comida y por el servicio, realmente excelentes los tres aspectos.
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Buen lugar
Trápani existía mucho antes que Ryanair, pero parece que ha sido esta mala compañía low cost, la que le ha puesto en el mapa. Es una bella ciudad, que casi no parece siciliana, por lo limpia y cuidada que está, al menos su centro histórico. Erice está a unos cuantos y curvados kilómetros, abriendo toda una ilimitada posibilidad para los ensueños desde su elevada y mágica atalaya. Pero vayamos al yantar. Esta "taverna siciliana" que se anuncia en un ambiguo barco fenicio ¿ o normando ?, es un lugar donde tratan bien la pasta, como en casi todas partes, pero raramente tratan muy bien la carne, con una salsa de vino tinto "nero d'avola", la uva de Sicilia, verdaderamente deliciosa. Un ambiente tranquilo, muy europeo. Un buen servicio hace que todo sea placentero en este buen restaurante. Muy cerca está la célebre Pizzeria "Calvino", que pasa por ser la mejor de Trápani.
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Lo complejo le hace mejor
Sobrevivir a una dura tormenta por las carreteras secundarias sicilianas es toda una aventura. Solo el deseo de probar una vez mas la certeza de las indicaciones de la Vía Michelin nos hizo seguir adelante. El restaurante no está en Menfí como dice la guía, sino perdido en la campiña, para lo cual hay que seguir todo un conjunto de de carteles que anuncian el restaurante, Con lluvia torrencial es prácticamente imposible, lo que nos hizo dar algunas vueltas. Al final llegamos a un caserón abierto a todas las lomas de la D.O. Donnafugata. Para mayor vivencia de aventura, ¡estábamos solos el restaurante!. La carta corta, era mas corta, porque algunas de las cosas que pedimos no nos las podían ofertar ese día. En otra situación tal vez nos hubíeramos levantado, pero el olfato nos hacía preveer una buena comida. Unos espaguetis con huevas de pez, que ya habíamos comido en otro lugar, simplemente sublimes. Es la especialidad de la casa. Los gambones, perfectos y abundantes, tal vez se apiadaron de nosotros. Un buen postre para terminar y el magnífico café de siempre. Dejó de llover cuando salimos del restaurante. El esfuezo mereció la pena. Precios asequibles y correctos en esa relación calidad / precio, siempre buscada. Un alivio para el cuerpo despues del gran alivio para el alma que son las ruínas de Selinunte.
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Un clásico
Un clásico palermitano, con su historia mítica de comienzo, algo que aman los sicilianos dispuestos a todo por una buena historia que les emparente con el mismo Eneas si es preciso. Se come lo mismo qu een casi todas las partes, con el toque personal de la casa, en un buen ambiente y a precios asequibles para esto que llamamos clase media. Recomendable.
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Restaurante Da Totuccio e Lilla
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La pasta de la mamma
Palermo es una de las ciudades mas fascinantes de Italia. Un pedazo de un particular Tercer Mundo, incrustrado sin mezclarse, como el agua y el aceite, en el primero. Sales de su calles principales y el viajero se introduce en una vuelta atrás, sin mas futuro que permanecer así otros 100 años. Apasionante, pero para estómagos duros. Enfrente de la joya del Teatro Máximo, el escenario de los últimos estertores de "El Padrino", se abre una calle estrecha, húmeda, rugosa...como casi todas las de Palermo. En este caso es una extrañeza el que sea peatonal, y ello le hace estar llena de pequeñas terrazas. Una de ellas, sin nombre reconocible, pero basta la presencia de Lilla en la puerta para reconocerla, es la Tratoria de Totuccio e Lilla. Comimos allí sin esperar nada más que rellenar el estómago, y "picados" por unos aparentemente apetitosos "espaguetis con tinta". No había más porque hay que encargarlos, pero seguimos las indicaciones del amable comensal de la mesa de al lado, guía palermitano de hispanos varios, que nos recomendó la especialidad palermitana de macarrones con brócoli y la lasagna. A pesar de que ya está hecha, era la vera pasta de la mamma. Una tratoria donde comen los palermitanos, con ello está dicho todo. Un precio como podéis esperar ridículo. Esó sí, platos de vero plástico, vasos de plástico y manteles de papel. Pero es difícil no abrazar a Lilla despues de la comida.
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Un buen lugar
En un barrio de muchos restaurantes. pero sin demasiado valor, con el añadido de la prisa que siempre confiere la presencia de uan gran estación como es Sants, bienvenida Casa Martelo. Buenas tapas y buen yantar, clásico, abundante y con buena matería prima y a un precio adecuado. incluyo los vinos en lo adecuado de losprecios. Un buen y atento servicio.
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Excelente
Seguí la recomendación de "Metrópoli" de "El Mundo" y dado que estaba en un hotel cercano, fui al restaurante. Difícil de encontrar en un barrio sin referencias y si tienes un mal plano. La gente no vale de mucho cuando le preguntas en esta zona nueva de Sevilla. Minimalista desde su fachada, "cool" con ensañamiento, nos dieron de cenar a las 22.40 que entramos por la puerta, todo un detalle, tal vez relacionado con la escasa clientela. La cena, un menú cerado de nombre "Sibaris", intermedio entro otro mas caro y otro mas barato, una verdadera delicia desde el principio hasta el fin, sin demasiadas alharacas ni nolestas moderneces. Un boletus partido con microtomo, verdaderamente excepcional. Una ración de "pez limón" escasa, pero simplemente memorable, lo que quier edecir exactamente eso, para recordar. De fina un postre barroco, excecional en sus mezclas. No te quedas ni con poco, ni por exceso, perfecto en sus cantidades. El vino a un precio ajustado para el nivel del restaurante. Un servicio impecable, simpático y una cadencia en el servicio realmente eficaz ( pero también es cierto que apenas había gente ). 70€ por cubierto, todo incluído, cafés... ¿Caro?. Evidente, pero lo vale. Si la crisis le permite sobrevivir, puede ser un retaurant ea tener muy en cuenta en Sevilla, pero tal vez la ubicación no le favorece.
LA NORMA
Restaurante nuevo en esta plaza escasamente afamada. Muy céntrico, muy "cool", buen servicio aunque algo distante, carta breve ( se agradece ), cocina nada llamativa dentro del orden globalizado de la fusión con cocciones, hornos y fritruas correctas, corta bodega pero a precios asequibles y el vino servido a su correcta temperatura, precios previsibles ( 40 € por comensal ), postres escasamente atractivos, buen café. Sin apreturas ( son las fiestas del Pilar y la gente está por el ternasco y otras exquisiteces). Un nuevo lugar, sin alma propia, pero todo tan correcto que no cabe mala crítica. Una sucursal el "Bole" en Francisco Vitoria 3
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