Kokugikan Sumo Stadium
+81 3-3623-5111
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El templo del Sumo
Qué día tan estupendo he pasado viendo lucha pura!
El sumo se remonta a hace más de 1500 años, siendo un arte de inspiración y expresión shintoísta (religión autóctona del Japón), pero los torneos como hoy los conocemos datan del SXVII.
Los jóvenes que deciden dedicarse al sumo empiezan muy pronto con estas cosas de la lucha y del funcionamiento de las canteras de futuras promesas. Ejecutan todo tipo de tareas, entre otras estar al servicio de los luchadores más experimentados. Tienen un ritmo de vida casi monacal, con largas horas de entrenamiento, comida y cerveza abundantes, y siestas para facilitar la absorción de lo ingerido.
Muchos de estos titanes miden más 180 cm, llegando a poner más de 150 kg sobre la báscula.
El sumo es uno de estos deportes que han cambiado muy poco con el paso del tiempo, donde los protagonistas son venerados cuales dioses. Aunque en los últimos años muchos de ellos vienen de diversos lugares (Hawaii, Mongolia, China, países bálticos, Bulgaria...) todos son populares, tienen sus fans y sus mecenas y el negocio que se mueve alrededor del sumo no es cosa insignificante.
Si quieren leer más sobre los diferentes grados que los luchadores pueden alcanzar, vayan a la página web del comienzo para tener información digna de este nombre (en inglés). Sólo contarles que el Gran Luchador por excelencia es llamado Yokozuna, y sólo aquél que ha ganado ininterrumpidamente una serie de torneos merecerá ese título, vitalicio una vez alcanzado este estatus de casi-deidad.
Muchos son los llamados, pocos los elegidos. Hay sin embargo una vida después del sumo, aunque tiene sus inconvenientes: trajes a medida, problemas en los transportes públicos y secuelas en la salud. Todos se suelen retirar algo más jóvenes que los futbolistas, iniciando entonces carreras de empresarios, jueces en torneos, o feliz jubilación si sus mecenas fueron generosos y si él o su mujer no dilapidaron el maná antes de tiempo.
Hay que ir a ver un torneo al menos una o dos veces para captar esa atmósfera que no se percibe desde la televisión: la gente felizmente instalada cual Lúculo en tatami o sillón, charlando, siguiendo los combates, comiendo, bebiendo, concluyendo negocios, llamando la atención (ser futura esposa de sumo-san puede de hecho tener ciertas ventajas, aunque no me atreveré a entrar en detalles).
Los días son largos: se puede acceder al templo desde las ocho de la mañana e ir a ver a los alevines y futuras promesas hacer sus pinitos.
Hacia la una de la tarde se pueden empezar a ver calibres de envergadura, pasando a cosas mayores a partir de las tres y media.
Las loggias se llenan de público, la gente está calentita y contenta, se oye griterío de emoción, voces femeninas de fans enloquecidas, voces masculinas de hombres mayores que van a vivir su propia terapia en la histeria colectiva.
Los prolegómenos de la lucha son de lo más interesante, donde una estudiada táctica de disuasión y pseudo-provocación hacia el contrincante hace que a la audiencia se le ericen los vellos. Sin embargo, ahí los tienes, los superhombres ponen cara de ángel, se inclinan, se purifican, se lanzan miraditas asesinas, el árbitro les incita al combate, puños al suelo... y empieza la contienda.
Sorprendentemente, lo que es el encuentro en si apenas suele durar unos segundos, donde hay literalmente tortas, agarradas al cinturón taparrabos, empujones, zancadillas o subida del contrincante más ligero por los aires para sacarle del círculo de cuerda sobre el "dohyô" o gigante plataforma de arcilla.
Hay ceremonia de entrada y salida, con todos los sumo-san (rikishi) ataviados con pesados delantales de seda bordada. Un pregonero lanza con su voz teatral los nombres de cada contrincante antes de cada combate. Seda, cuerda, sudor, sal, agua y arena.
El público tiene la vida fácil: hay cosas para comer, para beber, te sirven donde estás, te puedes mover, puedes salir una vez a hacer la compra y volver otra vez, se pueden hacer fotos, pedir autógrafos a los dioses, ver al Emperador de lejos cuando honra el lugar con su presencia...
Qué ambiente, qué devoción, qué clima de sana afición!
En definitiva, sumo placer...
Ohio Goza i Más lo descubrió en May 2010
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Peter at The Peninsula
+81 3-6270-2763
35.6747052 139.7606592peninsula.com/Peninsula_Hotels/en/default.aspx#/To...
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Alta gastronomía, fashionismo y excelentes vistas
Es impensable que en cualquier país del hemisferio norte se pueda acceder a un cinco estrellas directamente desde el metro. El Península es una excepción.
Y para no deslumbrarse demasiado, para subir a Peter en el piso veintitantos, hay que utilizar un exclusivo ascensor absolutamente negro, negríssimo. No se ve ni torta. Ni de día ni de noche...
Al aparecer en el lobby del bar y restaurante, llama la atención esa mezcla de negros y metálicos que podrían parecer fríos, y sin embargo no lo son. Todo queda compensado por la luminosidad del local y por los destellos que despiden las hojas metálicas-irisadas de unos originales árboles que forman parte de la decoración. El lugar es prácticamente diáfano, dispuesto en dos semi niveles, una especie de escena y mesas redondas. Llama la atención encontrar un lugar tan amplio y tan acogedor al mismo tiempo, en un Tokio donde el espacio es un lujo.
Se nos ocurrió acudir a comer, a eso de la una de la tarde. Al reservar mesa solicité un lugar tranquilo, y a ser posible, con vistas.
En un inglés más que aceptable me preguntaron al teléfono si se trataba de alguna ocasión especial (cumpleaños, aniversario, etc..) y me aseguraron que harían todo lo posible para satisfacer nuestros deseos. Y ya lo creo, en un comedor no demasiado lleno, nos propusieron una de las mejores mesas, en un ángulo con vistas inmejorables hacia el palacio imperial y privacidad absoluta.
Tras instalarnos, vino la original carta desplegable, casi como un mini-acordeón de papiroflexia. Los menús de mediodía son sencillos (tres platos), desde dos mil y pico yenes, hasta opción de cinco platos casi por el doble, sin bebidas.
Al final nos decidimos por tomar un menú a la carta de tres platos.
Cocina de mercado, mi compañía se decidió por un exquisito consomé con foie y pato, coronado por un brioche tostado.
Yo me incliné por un sashimi marinado de pagro rojo (red snapper) pescado desconocido bajo esa apariencia delicada y brillante bajo sus hojitas de ensalada, sus gotas de compota de ruibarbo y el pegotillo de crema perfumada a la pimienta de Sechuán.
De segundo, la carrillera de buey, pieza "poco noble" y desconocida en estos lares, se fundía literalmente en la boca. Venía con su jardinera de verduritas a la bocuse y patatinas nuevas cocidas.
Mis gambitas cocinadas al punto vinieron acompañadas de una sorprendente forma de presentar el erizo de mar (también conocido como caviar de oricios): caramelizado pero manteniendo su textura. Sin embargo, tampoco estaba confitado. Venía con verduritas primaverales, cubierto con una loncha marinada de daikon (rábano gigante) teñida de rosa. Delicado y elegante.
A los postres, caimos en la tentación de los quesos, cosa aún exótica si no vives en la capital nipona. También degustamos un soufflé de chocolate con castaña, helado de castaña y su jalea de café. Equilibrado y nada empalagoso. Aunque casi habría preferido encontrarme con un auténtico gateau fondant. He tomado soufflés dulces mejor logrados en lo que a levantar el soufflé se refiere.
Tomamos agua mineral envasada especialmente para el Península y un cóctel sin alcohol algo elevado de precio (1900 yenes) a base de jengibre y miel. Personalmente, le habría quitado un poco de miel y puesto un lingotazo de lima.
El servicio de sala nos trató de maravilla, siempre atento a nuestras necesidades y sugestiones, aunque el inglés podría haber estado algo mejor de nivel. Al final acabamos charlando en japonés con una camarera.
Un lugar estupendo para una comida especial, muy indicado también para alternar e impresionar al caer la tarde.
Ohio Goza i Más lo descubrió en April 2010
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Restaurante Wing Lei
+853 8986 3663
wynnmacau.com/en/dining/wing_lei.html
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Bajo un dragón de Murano
Ya que estábamos en el Wynn 11870.com/save-pro/149503, tras tantas emociones nos entró un hambre feroz. Como íbamos con gente menuda, no pudimos acceder al restaurante del casino. Así que nos recomendaron el restaurante chino del hotel, un lugar al fin elegante de buen comer.
Dice la web que el chef va dos veces al mes a Hong Kong para hacer la compra. Sobre todo de delicadezas como las vejigas natatorias de cierto tipo de pez, nidos de golondrina, infinidad de hierbas y raíces secas propias de la cocina china, así como el cordiceps, de virtudes como el refuerzo del sistema inmunitario.
La cocina que degustamos sin embargo poca pinta tenía de ser "alimento-medicamento", ya que no se nos ocurrió otra cosa más original que probar dim sum... y pato lacado al estilo de Pekín.
Materia prima fresca, exquisita elaboración, corte de la pechuga del pato pekinés en mesa, servida en finísimas lonchas envueltas en sus típicas tortitas. Hacía tiempo que no probaba un pato tan rico.
Los dim sum exquisitos, sutiles sabores de cilantro, jengibre, gamba o verduras al dente. Nada que ver con el ambientillo del New World 11870.com/pro/new-world
Servicio atentísimo, pendiente en todo momento de nuestra menor necesidad.
Sala agradable, detalles preciosistas. Mucho color rojo y dorado, elegante y sin más artificios.
Lugar algo original en un Macao, pero un remanso de paz a última hora de mediodía.
Ohio Goza i Más lo descubrió en March 2010
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El parque Kitanomaru Koen
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Alrededor del Palacio Imperial
El parque Kitanomaru es uno de los más populares de Tokio por encontrarse en pleno centro de la capital. En su interior hay gran cantidad de museos y un edificio llamado Budokan, donde además se puede asistir a competiciones y demostraciones de artes marciales. El parque es un entorno ideal para dar un paseo, correr por las mañanas, hacer un picnic, o admirar la fortaleza-contorno de Palacio.
Por supuesto, de la Casa del Emperador, el mortal de turno poco podrá apreciar. El hecho de haber mantenido prácticamente la estructura original de muralla y foso (sin cocodrilos), permite al visitante hacerse una idea del Japón feudal e inalcanzable.
Sin embargo, este contorno tiene gran variedad de vegetación, de libre admiración para todos. Sobre todo cada primavera. Pocos lugares quedan en Tokio donde quedan reunidos una serie de árboles de cierta edad que se llenarán de florecitas al llegar el mes de abril: Los cerezos.
La primavera comienza a instalarse, el aire es más agradable, el sol proporciona una luz especial que pasa a través de los millones de pétalos de un delicado rosa. Las ramas caen cual sauce llorón, como brazos tendidos hacia el agua. Caminar bajo estos árboles tiene algo de mágico y filosófico: se admira la belleza y magia efímeras de la Naturaleza.
Una vez al año.
Este pasatiempo se conoce bajo el nombre de "hanami" (lit. mirar las flores).
Por ello, y para no perderse este momento único, los japoneses y residentes poéticos recurrimos a la previsión de la flor del cerezo, algo así como lo que dice 'el hombre del tiempo', que se transforma durante dos semanas en 'hombre del cerezo' Así que ya lo saben, para no caerse del guindo y llegar a tiempo, pinchen aquí: www.jnto.go.jp/eng/indepth/seasonal/sakura2010 y disfruten de una de las experiencias más maravillosas y excéntricas, auténticamente niponas.
El gentío es tremendo, desde colegialas, parejitas, familias, grupos de jovencíssimos empleados recién contratados con el año fiscal (aquí empieza el 1 de abril) hasta jubilados con portátil u objetivo telescópico para tomar, año tras año... las mismas fotos.
Todos sonríen, todos admiran, todos dejan escapar suspiros de placer. Se oye "kirei" "kirei" (qué lindo, qué bonito) por doquier. Qué ambiente de camaradería y de sorpresa casi infantil.
Es la terapia primaveral. Personalmente, es mejor que la astenia.
La gigantesca romería del sakura (nombre japonés de la florecilla) despierta más que devoción: incluso hay que regular el tráfico de visitantes con sentido de ida y vuelta.
Remar en este foso tan romántico es un privilegio al que se puede acceder tras horas y horas de espera desde las seis de la mañana. A medida que van cayendo los pétalos al agua se forma un precioso tapiz blanquirosa conocido aquí bajo el nombre de "hanaika".
A diferencia de otros lugares, no está permitido comer alrededor de este tramo del parque.
Un monje budista aprovecha la ocasión para colocarse más o menos discreto fuera del tráfico viandante y obtener alguna limosna.
¡No se lo pierdan si pasan por aquí en estas fechas!
Ohio Goza i Más lo descubrió en April 2010
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Hotel Casino Wynn Macau
+853 2888 9966
22.1879613169548 113.545932769775saved by one person: there is one review
El escupidero
Los taxis en Macau lo tienen crudo: sales del ferry y ya hay toda una hilera de autobuses esperando al turista para llevarle al hotel/casino correspondiente.
Nosotros nos fuimos al Wynn porque queríamos conocer la meca del vicio más lujosa del sudeste asiático.
Al más puro estilo Las Vegas, Wynn montó su tinglado hotelero-casinesco en 2006: 600 y pico habitaciones, un montón de restaurantes, una galería comercial con dos docenas de marcas de lujo, una boutique de joyería para las compras impulsivo-compulsivas de última hora, una fuente con hectolitros de agua, luces y sonido danzantes, un casino rodeado de las máximas medidas de seguridad que uno pueda imaginar.
Pero la vedette del negocio es sin duda la rotonda al entrar en este templo de la pataca*.
Imaginen pues una bóveda absolutamente gigantesca, dorada y decorada con los doce animales fantásticos del zodíaco chino. Justo debajo, otra especie de cúpula doradita para variar. Una baranda de protección y parece que es oro todo lo que brilla.
Cada media hora, un espectáculo de luz y sonido dejará atónito al gentío que se agolpa para ver la octava maravilla del mundo: música atronadora, la cúpula zodiacal se abre, efectos de láser, luces, colores, más música...El cielo se abre y desciende una despampanante lamparona LED a la par que la cúpula inferior se abre casi bajo nuestros pies. Según la época saldrá de ahí abajo un enorme dragón dorado con los ojos incandescentes soltando humo por la boca, o -en esta ocasión- un fabuloso ¨árbol de la fortuna¨ con cien mil hojas recubiertas de pan de oro, girando y alternando colores mientras que llueven monedas arrojadas por el Respetable.
Para rematar el retablo, decenas de flashes deslumbrarán al visitante, se oirán oooohs y aaaahs e incluso aplausos de turistas y locales que vienen a pasar la tarde.
El acceso al casino se hace a través de un pórtico dórico. Pero no se dejen engañar: camuflado en las columnas hay un sofisticado sistema de detección de metales. Las fotos en el interior están prohibidas, así como los retoños de menos de 18 años.
Máquinas tragaperras por docenas, ruleta manual y automática, baccara, póker y otros primos hermanos aguardan a las nuevas fortunas que acuden en camiseta pocera, shorts y zapatillas con fajos de dinero en efectivo, listo para ser dilapidado.
Por aquí no se pasean los ricos herederos, sino los barones del todo a cien e industriales de nuevo cuño, recién estrenando un tren de vida para el que -yo diría- no están preparados.
Por si acaso - y para salvar las ricas alfombras- hay centenares de ceniceros y... escupideros listos para albergar todo lo que soltará el venerable cliente.
Todo está pensado al mínimo detalle para que no haya traba alguna al gasto y consumo: bebidas, restaurantes, zonas de descanso, cambio de dinero, nannies, teléfonos, ATM (distribuidores automáticos de dinero) las 24 horas del día.
El bus escupe turistas, el dragón escupe humo, la gente y las tragaperras escupen monedas, los ricos escupen escupitajos y su dinero fácil.
Yo sin embargo me he quedado sin saliva...
*La pataca es la moneda local de Macau.
Ohio Goza i Más lo descubrió en March 2010
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Soba, helados y "meron pan"
Visita obligada si acuden Uds al templo Sensoji en Asakusa, este pequeño local guarda un saborcito especial al Nippon de antaño: aspecto rústico, negocio familiar desde hace tres generaciones, parafernalia nipona medio expuesta medio en venta, música tipo copla-balada japonesa o "enka" y un constante ir y venir de clientela de todo pelaje.
En invierno hay postres típicos como los que hemos visto en Kagurazaka 11870.com/pro/kinozen, en verano tropecientas clases de "soft ice" o helado a la italiana. Ojo al dato: hay helados de edamame, castaña, patata violeta, leche de soja, sésamo, melocotón, cerezo, lavanda, rosa...
Y "meron" pan todo el año.
A diferencia de lo habitual en estos sitios, este negocio tiene un menú en inglés y fotografías de las diferentes creaciones a base de mochis, té verde, habas azuki, agar-agar, etc.
Y toda consumición vendrá acompañada de té verde inagotable gentileza de la casa. En verano es corriente que les sirvan un vasito de agua fría nada más sentarse.
Ignorando las opciones tradicionales, tomé un sopicaldo de té verde acompañado de shiratama (mini bolitas tipo mochi) y un cono de helado de leche que me supieron muy bien. Como iba en solitario, no tuve más remedio que sentarme a la barra de cara a la pared tan decorada de japoneserías.
Servicio amable a pesar de las hordas de turistas de acá y de allá.
Los melon pan o "meron pan" (según a quién le haya tocado escribir la transcripción fonética del asunto) es lo más parecido a nuestros suizos peninsulares. La superficie de los bollos estará sin embargo un poco más trabajada, imitando la superficie de los típicos melones de Hokkaido, un tanto cuarteada. De ahí el nombrecito. Y no sabe a melón, eh?
En verano tienen un refresco excepcional, golosina aquí desde hace tiempos inmemoriales: el かき氷 o "kakikoori", que no es otra cosa más que una montañita de hielo picado muuuuuuy fino sobre la que se vertirán diferentes tipos de sirope a elegir.
El patriarca tiene una maquinona de hierro fundido (o eso parece). Pone un bloque de hielo, le da a la manivela... y ahí va una golosina que refresca en un tórrido día de verano tokioíta. Lo mejor es la consistencia: el hielo no se masca, pues está picadito como si fuera nieve recién caída. Se funde, pues, en la boca. Sensacional.
Casi enfrente del templo Sensoji, a mano derecha.
Vayan armados de paciencia. Largas colas en verano!
PS De propina, una joyita para Uds : www.youtube.com/watch?v=3rs0ITZRUmc&feature=related
Ohio Goza i Más lo descubrió en March 2010
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Ni Dai Me Tsujita - 二代目つじ田
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Ramen y Tsukemen
Este sitio modesto y pequeño siempre tiene trabajo a espuertas: día tras día hay una fila de espera hasta que se puede acceder al local para tomar los deliciosos fideos "めん" (men) en sopa らーめん(raamen) o acompañados de un brebaje-salsa inimitable.
Siempre hay cola a la hora de comer. Vendedores con sus carteras, trabajadores de mono azul, estudiantes y alguna rara fémina comparten barra y sorbos en este estrecho local.
En invierno ponen en la calle un samovar con té caliente y una estufa eléctrica para hacer la espera un poco más amena. Además, hay que pagar por adelantado, ya que la máquina expendedora de billetes para la comida está en la calle también.
Cada poco tiempo sale una experimentada camarera pidiendo los tickets, lo cual agiliza el ritmo en cocina. De hecho, la comida llegará casi inmediatamente nada más sentarse.
La sopa raamen es un caldo ligero con fideos, unas lonchas de asado de cerdo, unas tiras de bambú marinado, un trocito si acaso de surimi, alga nori y un poco de cebolleta en anillas. Aquí sólo tienen una variedad y es mut apetecible.
La especialidad sin embargo son los tsukemen つけめん, unos fideos no tan gordotes como los udon, servidos en un bol (de porcelana?) junto con media lima o limón. Asímismo, otro cuenco con la salsa especial llegará para sumergir en ésta los fideos poco a poco, a medida que se van comiendo.
La salsa es un superconcentrado de todo con sabor a carne. Es bastante graso, de ahí lo de añadir unas gotas de lima, para aligerar. Pero el mejunje está riquíssimo, así que degusten su comida tranquilamente mientras que de reojo, miren cómo sus vecinos de barra sorben (es algo que no deja de maravillarme, qué destreza!) su pitanza en un santiamén. Todo ello acompañado del inevitable coro de sorbos, resoplidos y "slurp", propios de la etiqueta nipona cuando de tallarines en sopa se trata.
Con un poco de práctica tendré que aprender a aspirar mi porción de fideos de una vez, limpiamente y con muuuuucho ruido. Pero mi pudor a veces me lo impide. Imagínense que luego en Europa me planto en la spaghetteria de turno haciendo lo mismo y me dicen con razón que qué es ese desatinooo.
Hagan lo que hagan, mi recomendación es que lleven unos pañuelos de celulosa por si acaso. Aunque creo que debajo de la barra había cajas de kleenex. Les aseguro que la purga será de antología.
Para una comida rápida, barata y reconfortante, un lugar que podría ser como los miles de otros en su pinta.
Pero este es único en su género.
Ohio Goza i Más lo descubrió en February 2010
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Para tomar el té
Como tradicionalmente no se toma mucho dulce o postre tras las comidas, los salones de té tradicionales japoneses o "kanmidokoro" suelen llenar ese huequito entre comida y cena.
Este pequeño y entrañable lugar está situado en la calle principal de Kagurazaka. Colina de ambiente auténtico tokioíta, esta arteria de subida está jalonada de multitud de restaurantes, tiendas tradicionales, garitos y puestos de todo lo posible e imaginable.
Esencialmente femenino, el público incondicional que acude a Kinozen suele hacer incluso cola en las tardes de fin de semana y en verano.
Todo lo que tienen figura en japonés, así que muestren a una de las camareras lo que más les apetezca de la vitrina a la entrada, crucen los dedos y... déjense llevar por la experiencia.
Tras esperar religiosamente su turno, lo más probable es que les conduzcan al piso de arriba, donde hay unas cuantas mesitas, aparte de una sala de tatami donde hay que descalzarse antes de entrar.
Una camarera vendrá entonces con té verde, unas galletitas en forma de cerdito y servilletas húmedas calientes en guisa de bienvenida. Hagan su pedido y relájense en este lugar disfrutando los dulces nada dulces del repertorio:
En invierno:
- el 田舎しるこ "inaka shiruko", o sopita caliente de judías azuki con un par de mochi (pastelito de harina de arroz que hay que comer a poquitos para no atragantarse) tostaditos.
- el あわぜんざい "awazensai", sopita calentita de azuki con mini mochis redonditos sin tostar.
- el あんみつ "anmitsu", refrescante ensalada de cubitos de agar agar, frutas frescas o confitadas a trocitos, servido tal cual o con castañas y acompañado siempre de un sirope de azúcar tostado.
- la vedette, 抹茶ババロア "matcha bavarois" o "bavarois de té matcha", quizás lo más aconsejable para una primera visita, delicada mezcla de té verde con el grado justo de dulzor, servida con una generosa cucharada de nata y una bola de crema de azuki.
En verano:
- una vez más el anmitsu, pero acompañado de helado, frutas de temporada o mini-mochis (shirotama anmitsu).
- el ところ天 "tokoroten" tallarines de agar-agar con el famoso sirope. Curiosa experiencia.
- por supuesto el bavarois de matcha. Nadie lo prepara igual en todo Tokio.
El té verde será servido a voluntad sin cargo adicional. Como dicta la costumbre, forma parte de la acogida de los clientes.
Los mismos postres también se venden en la planta baja para llevar y tomárselos en casa, en el parque o al borde del cercano canal.
Al final de la merendola, no olviden llevar consigo el papelito amarillo de su comanda cuando bajen a pagar su consumición!
Hay una limitada oferta de platos calientes y salados que nunca probé.
Lo ideal es venir aquí a merendar una tarde tras descubrir los cercanos vericuetos de Kagurazaka. A evitar en fin de semana.
Ohio Goza i Más lo descubrió en March 2010
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昭和館 Showa-kan Memorial Museum
+81 32222577
35.6952053 139.7511008saved by 2 people: there is one review
Cuéntame lo que pasó
Extraña experiencia, visitar un museo-memoria donde se exhiben elementos del Japón de antes de la Segunda Guerra Mundial: mobiliario, indumentaria, propaganda, carteles y música que inspiran una tremenda desazón.
Empezamos con objetos absolutamente sorprendentes, como unos humildes cinturones de algodón bordados por futuras viudas, esposas, madres, hermanas y amantes. Frases amorosas, mini-arengas, tigres y otros símbolos de fuerza y energía. Monedas de cinco yenes para atraer la buena suerte o para llevarse al otro barrio.
Porque los que se iban eran héroes de todas formas. Los que volvieran, sanos o maltrechos habrían traicionado el máximo ideal. Aunque muchos secretamente se alegraran de haber salvado la piel después de lo que vieron y vivieron.
También se pueden ver también otros diagramas y objetos que se utilizaron durante la guerra, instrucciones a la población sobre los raid aéreos y cómo camuflarse, un ejemplo de refugio antiaéreo (era raro encontrar sótanos)
Al bajar al piso inferior de la exposición... el terror y la desolación: Hiroshima y Nagasaki.
Las consecuencias, la humillación, el mensaje radiado del Emperador Showa (más conocido com Hirohito). Pero también el resurgir de toda una nación, el trabajo incansable de mujeres y hombres que quieren levantar su maltrecha patria. Sueños de colonialismo olvidados, soldados de vuelta, masivas re-construcciones de vuelta y vuelta.
Multitud de fotos, una pequeña audioguía en inglés y poco más para el visitante extranjero, ya que este lugar tiene algo de incómodo para el turista.
Japón nación humillada, el Emperador bajó de las nubes para hablar al pueblo por vez primera, pero sí que el Japón se recuperó por cuestión de mera honrilla. Las decenas de estudiantes y colegiales que visitan el lugar cada día oyen hablar del Japón que construyeron sus padres y abuelos.
Que no se olviden de dónde vienen. Qué pasó y -quizás- por qué.
Contrariamente a lo que algunos piensan, no creo que haya habido ánimo de erigir aquí un monumento a los mártires de la contienda, ni de hacerles un homenaje. Para eso está el templo Yasukuni, acaparado por los ultranacionalistas más increíbles que se pueden ver.
El Showa-kan es testimonio de una memoria desagradable, pero que no debe ser olvidada ni malinterpretada.
Los perdedores siempre tienen la peor parte. Especialmente aquí.
Ya era hora de que ellos mismos contaran su versión de la Historia. Más vale tarde que nunca.
P.S. La biblioteca y videoteca son absolutamente impresionantes: todos los "NoDos" de la época hasta casi nuestros días están disponibles para el público.
Ohio Goza i Más lo descubrió en March 2010
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Pioneros del dulce
Esta pastelería lleva varias generaciones deleitando con sus tartas y pasteles ¡occidentales!
Imagínense en plena era Meiji, coincidiendo con la apertura del Japón a Occidente tras dos siglos y medio de aislamiento absoluto.
Epoca de gran ebullición cultural y tecnológica, las escuelas se abren para escolarizar a todos, se adopta la indumentaria occidental, se estudian leyes, usos, costumbres de toda Europa y América.
Por aquel entonces, un jovencito de 18 años hizo sus particulares Américas, de donde vino cargado de "nuevas" recetas que han perdurado hasta hoy.
Esta pastelería de cuatro generaciones sigue produciendo cada día decenas de chiffon cakes (tartas de bizcocho genovés con nata y fresas), apple pies (tarta de manzana), castela keki (esponjoso bizcocho), tiramisú (esto sí que es nuevo!) y multitud de tartas de frutas.
Hace 15 años recuerdo haber descubierto este local que parece haberse fosilizado en el tiempo: no ya en la época Meiji, sino más bien en los 1960´s: techos enormes y azules, lámparas de neón en forma de flor, enormes mostradores, barra larguíssima con taburetes de "eskai" super confortables, como los que había en tiempos en las grandes cafeterías como la desaparecida Manila o California 47 de Madrid. Alguien venía a servirte tu pastel o galleta favorita con una bebida caliente o un vaso de estupenda leche. De hecho, esta Casa importó también el concepto de "milk bar".
En febrero de 2010 me encontré con una situación algo diferente: los pasteles siguen siendo igual de buenos, tienen mucha variedad. La cafetería es una sombra de lo que fue: ya no hay servicio de mesas, han instalado un rudimentario autoservicio con café, té, limonada, zumos naturales, leche sola o con té verde matcha y una sopa del día. Todo ello cuesta unos 800 yenes. A esto se le puede añadir una consumición de pastel a su precio de venta normal. Al final si quieres merendar, no te vas a tomar una sopa Bortsch con una tarta de fresa y un té... o sí, a condición de hacer entonces merienda-cena.
El caso es que tomar un cafelín con pastel ya no es posible, o sale demasiado caro si se renuncia a lo salado. Pena morena.
Al final, la mayoría de los clientes acuden al local únicamente para llevarse los pasteles y tartas a casa.
Su sitio internet (únicamente en japonés) permite también adquirir tantas unidades de sus pasteles como se desee. El eficiente servicio a domicilio distribuirá las delicias en el lugar escogido.
La gente del barrio viene incondicionalmente a comprar, se ve gente mayor, acompañados algunos de sus nietos, para perpetuar la tradición.
Me encanta este lado trasnochado de Ômiya: el local evocando viejas glorias, sus vasos de poliestireno super retro, su empaquetado a juego de colores infantiles, ... pastel, la música gringa tipo oldies, las empleadas en uniforme que no dicen hola ni adiós a los clientes, como en otros negocios.
La matriarca sale de vez en cuando a hacer zumo de mandarina, limonada natural con pipos o a remover el matcha que quedó en el fondo de la botella de la leche verde.
Ese montacargas que sube y baja diligentemente material para golosos, un ventilador industrial de la época de Maricastaña, ese suelo de piedra, ese techo inimitable que me encandiló...y sigue encandilándome.
Más retro, imposible! ¿Cuánto durarán?
Ohio Goza i Más lo descubrió en March 2010
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