Ya no es lo que era...
Lástima! Una vez más, tanta fama ha terminado por matar al sitio castizo por excelencia, refugio de familias de merendola, funcionarias de desayuno-con-cotilleo, noctámbulos, esperpentos y turistas.
La otrora antigua buñolería de Luces de Bohemia.
Víctimas de su popularidad, en invierno está de bote en bote y es difícil que puedan atender bien con la que les cae cada noche. Por la mañana es más agradable, las cosas como son.
Desgraciadamente la calidad ya no acompaña. Por qué?
He ido un par de veces en estos últimos años y he de decir que ni el chocolate está bueno, ni los churros potables. Ni siquiera hacen el esfuerzo de darles forma de gota. Sin una triste chispa de azuquita por encima. Así tardan menos...
Ùltimamente descubrí sitios mucho mejores aunque "sin encanto", si bien los churros son churros y recién hechos.
El vaso de agua acaban poniéndolo aunque haya que insistir ;-)
Eso! las cosas claras y el chocolate... muuuy espeso.
Pena morena!
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La Casa del Chocolate de Tino Helguera
+34 915 412 815
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Al fin!
-"Ya que el chocolate con churros me sienta como un petardo, habrá que resignarse a tomarlo a palo seco"- pensé...
Hasta que descubrí por casualidad esta estupenda cafetería-chocolatería-pastelería-repostería.
Ahora es posible acompañar tan rica colación con un trozo de jugoso bizcocho. El chocolate es realmente bueno y nada empalagoso (eso, eso, sin que el churro o palito de lo que sea se quede de pie un ratín antes de caerse).
Tino Helguera es maestro pastelero y chocolatero. Formado con los mejores -desde Lenôtre hasta Torreblanca- se ha montado un negocio de franquicias.
Los bombones tenían buen pinta y la pastelería cuenta con clara influencia francesa. Los financieros, la tarta Tatín o el Coulan (será "coulant", digo yo) dan buena cuenta de ello.
La selección de chocolates a la taza amplía la oferta tradicional con creces.
El original local destaca por sus notas verdes de color. Para mi gusto le falta un no-sé-qué que lo haga algo más acogedor.
Por otra parte, las vitrinas albergan tantas cosas dispares -pirulís conviven junto a grandiosas tartas- que haría falta un esfuerzo de presentación tipo "menos es más" para realzar el producto y elevarlo a la categoría que se merece. Cuestión de visibilidad...
Eso sí, este local se encuentra justo enfrente del templo de Debod, en uno de los rincones más lindos de la capital.




