Silkar
+34 915 545 703
Tortilloncio
Andaba buscando sin éxito otro restaurante cercano y al final aterrizamos aquí. Era algo pronto para comer y nos acodamos a la barra tomando una caña y leyendo la prensa del día.
Me sorprendió el aspecto tan de andar por casa del local, pudiendo ver los macroperolos de la patata para tortilla y las sartenonas empleadas para su elaboración, amén de los humos de la cocina.
Una señorona con muchos anillos esperaba impaciente a la que sería su empleada de hogar con un pincho de tortilla. Empleadora y empleada compartieron barra y condumio entre frases estándar. Ni siquiera el agradable olorcillo distendió la atmósfera.
Por fin subimos al piso donde tienen un comedor pelado y mondado con sillas tipo Thonet bistrot de mentirijillas.
No me pregunten por los precios, sino por el menú del día, contado por el camarero. Hoy tocaba un espléndido y casero guiso de patatas con cordero, caldosito y muy, muy sabroso. Yo me quedé en ensaladita y unos chipirones a la plancha que se saltaban del plato de lo frescos que estaban. Las alcachofas a la plancha estaban buenas aunque algo aceitosas.
Esto es, el Sylkar es un lugar de comida casera sin puñetitas, impensable para aquellos que cuidan la línea o deciden cortar su ingesta de colesterol.
La increíble tortilla es de lo más jugoso que he visto. El aspecto no es de tortilla, sino el de una crêpe de relleno babosillo y desmoronado. Aunque la prefiero así, no puedo evitar pensar que hay algún riesgo dada la manifiesta falta de cocción del huevo. Pero por esa regla de tres, consecuente sería pues el renunciar a una auténtica mousse de chocolate, un tartar o un sabayón. (Llevan huevo crudo o poco cocinado en su elaboración)
Desgraciadamente no pude llegar a los postres, pero sus torrijas tenían una pinta bárbara. Aunque como las que hace mi mamá...
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Fina gastronomía alsaciana
A tiro de piedra de Freiburg y a un suspiro de Colmar, este pueblecito de cuento está situado en un enclave precioso.
Rodeado de laderas de viñedos, protegido por la muralla natural de los Vosgos, parece que el tiempo se ha detenido aquí.
Casitas con vigas de madera vista, ricas casas que hicieron fortuna con los maravillosos vinos de Alsacia...
Admirábamos pues tan preciosa villa cuando el hambre nos hizo volver a la realidad.
Y dimos con una de las mejores direcciones posibles.
Tres salas, tres, bien ambientadas y acogedoras.
Productos del terruño, caracoles, codillo, chucrut (perdón, choucroute) o las ancas de rana.
Mis ancas estaban servidas en tempura, con espuma de limón verde y aceite de oliva. Nada mal.
O la soupe à l´ oignon et croûtons, indispensable en un día fresquito.
Y qué me dicen de una variación en torno al queso de Munster en todos sus estados (salvo gaseoso).
Sorprendente, el "Baeckaoffa d'escargots "Maison" et pommes charlotte", un estofado de caracoles con verduras cocinado en su jugo en recipiente de barro, o Baeckaoffa tan genuinamente alsaciano...
No probamos los pescados, pero que los neófitos no se sorprendan si se encuentran con una choucroute de pescados (sandro, salmón y trucha).
A los postres, cómo no!, una porción de Munster en su estado más reconocible o las tres cremas al aroma de vainilla, chocolate o flor de azahar. El tiramisú de arándanos es una original variante del conocido postre.
Cocina de temporada y marco agradable para una bella excursión en temporada no muy alta.
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La posada más antigua de Alemania
Al menos eso es lo que revindican los actuales dueños.
Aunque seguramente la cuestión no ande exenta de polémica.
Pues cuántos restaurantes y hotelitos en la romántica Baviera o antigua Franconia dirán lo mismo?
El caso es que en el oso rojo (nombre en castellano del local) acogen huéspedes y comensales ininterrumpidamente desde 1120.
Yo estuve comiendo con mis queridos levantinos, así que como estaba de viaje placentero no hice más que foto de la fachada.
En el oso rojo se come divinamente.
Cocina de Baden y cositas diferentes, bien hechas.
Como la sopita cremosa de raíz de apio a la naranja con una vieira a la plancha por encima, que mmmmmhh nos sorprendió con esa variación de sabores y texturas a las que no estamos tan acostumbrados.
Los segundos son de categoría, como la Gekochtes Ochsenfleisch mit Meerrettichsauce, Brühkartoffeln und Rote Betesalat (carne cocida de buey con salsa de rábano picante, servido con patatas cocidas en caldo y ensalada de remolacha) o el badisches Samstagsessen, plato que consta de tres tipos de carne, acompañado de Spätzle y ensaladita.
El pescado, hecho en su punto.
Es casi un espectáculo ver cómo te tren los segundos en una coreografía de camareros con sendos platos coronados por la cloche o campana culinaria plateada que se retirará una vez en la mesa.
Por supuesto, la campana tiene un asidor...en forma de oso.
Postres con productos frescos a medida que van viniendo: al final del invierno hay que "conformarse" con una compota de ciruelas a las especias con una crema más o menos helada. Peras al vino, helados de la casa, tartas...
En primavera-verano la explosión de sabores nos vendrá del mercado: crocante ruibarbo, fresas de la región, mmmmhhh
En primavera hay que probar los espárragos de la región y el "Bärlauch" (lit. ajo del oso), hierba local ya cultivada de delicado sabor que recuerda al ajo. Con el Bärlauch se elaboran deliciosas salsas, sopas y pestos.
Los vinos son casi todos de la región: Markgräfer Land o Kaiserstühl, con una acertada selección de vinos extranjeros por si los exigentes comensales quisieran decantarse por un caldo exótico.
Por cierto, las bodegas del Roten Bären son de las más grandes, mejor surtidas, y cómo no, de las más antiguas de la ciudad.
Por si no hubiera quedado claro.
Mejor reservar.
Menú en inglés disponible.
En absoluto caro para lo bueno que es.
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En el corazón de la ciudad
Miren que es el típico sitio enfrente de la catedral, podría ser un atrapa-turistas como muchos otros...Y hemos probado unos cuantos en los aledaños del monumento en cuestión.
El restaurante Oberkirch es típico, delicioso y encantador.
Con su calefacción tipo "Stube" de azulejos caldeando agradablemente toda la estancia, el piso de abajo tiene mucho saborcillo.
Arriba sin embargo hay un comedor de corte más clásico.
Servicio de cocina todo el día, ya sea la típica Rinderkraftbrühe mit Flädle, un caldo bien sustancioso con tiritas como de crêpes o la inevitable sopa de caracoles tan típica de la región.
Las carnes y pescados son buenos, sin olvidaros de las truchas de aquí o la obligada Gekochtes Ochsenfleisch in Meerrettichsoße, carne de buey cocida y servida con cremosa salsa de rábano picante, un "hit" local.
La cocina tiene esa sencillez de la cosas bien hechas, donde lo que cuenta es la materia prima de calidad, que no hay que enmascarar, sino cederle su protagonismo.
Un poco como en la casa Dattler 11870.com/pro/66386
Anecdótico y original detalle: lo que yo pensé sería un inaceptable agujero no remendado en mi perfecta servilleta de tela se reveló especialmente útil.
El "agujero" estaba perfectamente rematado, ya que a modo de ojal pueden servirse de él los portadores de pantalón con botón para abrochar la susodicha al mismo.... y que no se caiga del regazo.
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Engler's Weinkrügle
+49 076 1383115
Como la trucha al trucho
Acogedor y casposillo restaurante perteneciente a la misma familia del Hotel Schwarzwälder Hof, su especialidad son las truchas de la Selva Negra: Por ejemplo, ahumadas al enebro y servidas templadas con deliciosas y sencillas patatas cocidas y salsa de rábano picante "meerretisch".
También las preparan de muchas otras maneras, pero esta es mi favorita, por lo sorprendente que me resulta tomar algo ahumado en caliente.
Espléndidos sus platos de caza en temporada.
Todos los terceros miércoles de cada mes y desde hace 10 años, tienen velada al son de ritmos de Nueva Orleans, seguida por fieles parroquianos.
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En las alturas...
...no sólo por estar en la montaña Schlossberg, con maravillosas vistas a la ciudad, valle del Rhín y Vosgos si la visibilidad es buena, sino por la altura también de su cocina y servicio.
El restaurante es interesante, con sus torreones y sala imponente. No es lugar para grandes intimidades, pero hay que probar un menú cualquier día de la semana. Cocina típica de Baden, consomé como entremés y productos de temporada.
O elegir a la carta su cuidada selección de carnes y pescados.
Nuestro menú consistió en una mousse de queso de cabra fresco envuelta en una loncha de berenjena marinada sobre lecho de pimientos asados, un pato crujientito por fuera y jugoso por denro, servido con verduras salteadas del mercado de Friburgo. Simplemente tirabeques, brécol y unas maravillosas zanahorias que eso, sabían a zanahoria, taan dulces y sabrosas. Y un gratin dauphinois de derretirse de gusto...
Una crème brulée con sorbete de limón bordó la comida, regada con un sorprendente merlot Sancta Clara de unas bodegas de Pfaffenweiler, a tiro de piedra de la centenaria ciudad.
Increíble, un vino tan logrado y con tanto cuerpo en estas latitudes.
Como esta vez iba de banquete, no estuve "de servicio" tomando fotos, pero pronto subiré algunas para poder apreciar lo maravilloso que es este lugar.
Alta institución local, llevada por más de dos generaciones Dattler al frente del negocio y de los fogones.
Ambiente muy lugareño. Prácticamente sin turistas, señoronas de la buena sociedad freiburguesa. Los domingos son especialmente populares por la gran cantidad de celebraciones familiares.
Tradicional y con guiños claramente franceses.
Refinamiento pero sin florituras.
Servicio atentísimo.
A la salida se impone dar un paseíto hasta los restos de la antigua fortaleza que domina la ciudad, apreciar las vistas sobre el Höllental y bajar a la ciudad poco a poco perdiéndose por las empedradas calles..
Qué experiencia tan agradable !
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Sincer(d)amente tuy@
Uno de los secretos mejor guardados de Frankfurt.
Pequeño y acogedor local, de esos para pasar una romántica velada o tomar el menú de mediodía en un marco íntimo.
No hay más de diez mesas, servidas por una salerosa griega físicamente bastante parecida a Nana Mouskuri.
Y con muchas tablas.
Ni corta ni perezosa lleva el original menú atravesado por un cerdito de plástico como los del "Jeu du cochon".
Nuestra anfitriona nos lleva sabroso pan con mantequilla, nos sirve automáticamente agua y nos dice si hay algún plato que ya no está disponible...
Puesto que Doña Rosa, la cocinera, hace su compra del día en el mercado y cocina hasta que ya no queda nada más.
El menú, pues, es impredecible y una sorpresa contínua.
Un plato de pasta sobrio y honesto se zampó mi hambriento vecino.
Siempre hay alguna sopita. Yo me tomé una maravillosa crema al estilo de la Frankfurter Grüne Soße, verde verdíssima de todas las hierbitas que entran en su composición.
Siempre hay alguna ensalada, como la que mi vecina de mesa tomó, con queso de cabra gratinado.
Es que a la Señora Rosa le encanta la cocina francesa, y siempre hay quesos del país vecino en los platos o a los postres,
El pescado, sea lo que sea, al punto. Mi acompañante se deleitó con un pescado llamado Dorsch, gratinado con salsa al eneldo y una guarnición de espinacas.
Mi magret de pato a la naranja, una buena elección, acompañado de col y calabacín al vapor en chiffonnade y un pequeño Gratin Dauphinois en forma de lágrima, como las que casi solté de puro placer.
Mis vecinos se decidieron por un suculento escalope de ternera con jamón de Parma y gratinado de queso. Spätzle y judías verdes de Kenia.
Muy decadente...
Los postres hay que probarlos: todo se prepara ahí mismo.
Menudo pastel de chocolate con frambuesas degustó mi vecino.
La crème brûlée, como pocas veces se encuentran fuera de Francia.
Vinos estupendos. Nuestra anfitriona siempre recomienda el adecuado para el plato en cuestión. En copa o botella, la elección es nuestra.
Mención aparte merece la atmósfera increíblemente kitsch y hasta obscena del lugar: un tremendo Cafarnaúm de huevos de avestruz, centro de flores artificiales y lucecitas barroquísimo, tonos rojos y decoración en torno al cerdo en todas sus versiones. (Recuerdo al venerable público que el susodicho es símbolo de suerte y prosperidad en el germano país).
Sin embargo, no es desagradable y hasta se agradece un marco tan original y fuera de todo minimalismo relamido.
Indispensable hablar alemán y reservar.
Mejor ir prontito para poder elegir plato en el menú...
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Esencial en Friburgo
Precioso hotel-restaurante en el corazón de Friburgo.
El restaurante ofrece un menú que varía al ritmo de las estaciones con ingredientes locales de calidad. Cocina de Baden con guiños a la tradición francesa.
El local cuenta además con una mesa para ocho comensales que da directamente al Fischerau, una callecita con un romántico canal. Lástima que no tengo testimonio gráfico de ésta.
Estupendas carnes y un arroz tipo risotto con pollo de corral y mejillones francamente delcioso.
El venado y caza en temporada provienen de la región, con verduras del colorido y bien surtido mercado al aire libre de la plaza de la catedral (Münsterplatz).
Un refrescante sorbete de mandarinas puso fin a mi menú, amén de un expresso comme il faut.
Muy recomendable.
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Restaurant Winstub A L'Ecureuil
0388650764
Cuisine du Patron
En la vida se me hubiera ocurrido pasarme por aquí...
En un suburbio de la ciudad de Estrasburgo, a pie de autopista, el puente casi encima...
Sin embargo, la casita es encantadora, el local agradable y la cocina, muy recomendable.
Productos de calidad, cocina de mercado, menú de mediodía abordable, fumadores separados y tarjeta de fidelidad...
El caso es que comimos divinamente, mejor que en cualquier garito de turistas de la Petite France.
Lo mejor, sorpresivo y ocasional plato de chanquetes de cuidado... en Alsacia tiene su mérito, no me digan.
Pero un Baeckhofe típico del país (plato cocinado en un recipiente de cerámica, con carne y verduras en su jugo) también forma parte de todo menú local que se precie.
Como la Choucroûte... plato de resistencia invernal.
La cabeza de ternera en fiambre, nada mal, y eso que soy muy tiquismiquis con todo lo que no sean piezas nobles...
Para hacer boca, la Flammekueche o Tarte Flambée, finíssima tarta salada con crema espesa, tiritas de bacon y pelín de cebolla.
Si no encontráis mesa en Estrasburgo, merece la pena darse un voltio por aquí.
Ojo! Cerrado el sábado a mediodía, todo el domingo y el lunes noche (salvo reserva expresa).
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