Colonial para principiantes
Un aprendiz de "Boutique Hotel" tranquilito y acogedor a dos pasos de la céntrica y animada arteria comercial singapuriana Orchard Road.
La antigua villa colonial cuenta con alrededor de 40 habitaciones decoradas con mucha imaginación, color, muebles tradicionales del sudeste asiático y poco presupuesto.
Personalidad y carácter en comparación con las cadenas hoteleras globales en las que todo es tan estándar e insulso, que a veces la única manera de acordarse dónde se está en medio del jet-lag es mirar las páginas amarillas en la mesilla de noche...
Dependiendo del estado de renovación veréis que el Sha no alcanza el nivel habitual de detalles de un auténtico BH. Además, en él trabajan estudiantes de la escuela local de hostelería. (SHA es el acrónimo de Singapore Hotel Association).
Esto no quiere decir que el viajero será tratado como un conejito de Indias: al contrario ! Para ganar puntos, los bell-boys-in-spe hasta se beberán los vientos para atender mejor a sus huéspedes.
Pedid habitaciones "superior", ya que así tendréis una ventana al exterior y mejor ventilación.
La relación calidad precio es immejorable teniendo en cuenta la ubicación y que no váis a pagar por zarandajas -como piscina, gimnasio, sauna (basta con salir a la calle) o masajes.
A Singapur se va a lo que se va ("shop till you drop", comer, patearse todo).
Eso sí, todo esto valga para el viajero intrépido de presupuesto moderado.
Para deseos superlativos, mirad mis rúbricas Raffles o Ritz Carlton.
Ahí hablaremos de cosas serias...
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Colonial, uno de los grandes hoteles
Llamado así en honor al "padre" del Singapur moderno, hé aquí uno de los grandes, donde lujo, detalles y decadencia de un tiempo pasado rezuman en un ambiente único e inimitable.
Os tranquilizo: aunque no he tenido la oportunidad de que mi padrino me trajera aquí a dormir, he podido pasearme a mis anchas por el bonito complejo arquitectónico de villas coloniales, patios desbordantes de lujo y vegetación, tiendas selectas y la exquisita restauración del hotel.
No está de más recomendar el high-tea -cómo no- en un marco más que apropiado: el tiempo se ha detenido, las aspas de los ventiladores de techo giran, la luz se cuela por las persianas de madera y un amabilísimo camarero me ayuda a escoger mi té.
Vienen los "finger sandwiches", los pastelitos y scones con su clotted cream y preserve.
Perdona nuestros pecados...
Y para una copa, no está mal el Long Bar: en una "fine" city en donde los chicles no existen y las infracciones por tirar objetos al suelo en la vía pública están severamente castigados... este santuario es la válvula de escape para los que por esa razón andan ligeramente reprimidos. Pedid como curiosidad el Singapore Sling: el bar sirve con la copa un bol de cacahuetes sin fin. A falta de monitos para terminar el retablo...adivinad a dónde van a parar las cáscaras!! Con toda certeza, el único lugar público del país en donde nadie levanta una ceja ante semejante atentado. Y donde esta acción no acarrea consecuencias funestas.
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