El último grito en París
Todo empezó hace 140 años con un avispadillo chico de los recados llamado Kousmichoff en San Petersburgo, que supo hacer las cosas bien y llegó a ser hombre libre en época de Zares.
Tras múltiples aventuras, sedes en Londres y París, el negocio casi se fue al traste, y el nombre se quedó en K(o)usmi.
Ya en el siglo que nos ocupa, una familia se ha hecho al frente del negocio, resucitando los gloriosos diseños de embalaje del pasado y distribuyendo las fantásticas, fragantes y sugerentes mezclas en grandes hoteles, tiendas delicatessen y salones de té selectos por el mundo adelante.
Nombres como Anastasia o Prince Vladimir son sus brebajes estrella.
También se puede adquirir por internet.
El sitio www.kusmi-cooks-tea.com -en francés- se dedica a publicar recetas y anécdotas en torno a tan digna bebida.
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