Kokugikan Sumo Stadium
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El templo del Sumo
Qué día tan estupendo he pasado viendo lucha pura!
El sumo se remonta a hace más de 1500 años, siendo un arte de inspiración y expresión shintoísta (religión autóctona del Japón), pero los torneos como hoy los conocemos datan del SXVII.
Los jóvenes que deciden dedicarse al sumo empiezan muy pronto con estas cosas de la lucha y del funcionamiento de las canteras de futuras promesas. Ejecutan todo tipo de tareas, entre otras estar al servicio de los luchadores más experimentados. Tienen un ritmo de vida casi monacal, con largas horas de entrenamiento, comida y cerveza abundantes, y siestas para facilitar la absorción de lo ingerido.
Muchos de estos titanes miden más 180 cm, llegando a poner más de 150 kg sobre la báscula.
El sumo es uno de estos deportes que han cambiado muy poco con el paso del tiempo, donde los protagonistas son venerados cuales dioses. Aunque en los últimos años muchos de ellos vienen de diversos lugares (Hawaii, Mongolia, China, países bálticos, Bulgaria...) todos son populares, tienen sus fans y sus mecenas y el negocio que se mueve alrededor del sumo no es cosa insignificante.
Si quieren leer más sobre los diferentes grados que los luchadores pueden alcanzar, vayan a la página web del comienzo para tener información digna de este nombre (en inglés). Sólo contarles que el Gran Luchador por excelencia es llamado Yokozuna, y sólo aquél que ha ganado ininterrumpidamente una serie de torneos merecerá ese título, vitalicio una vez alcanzado este estatus de casi-deidad.
Muchos son los llamados, pocos los elegidos. Hay sin embargo una vida después del sumo, aunque tiene sus inconvenientes: trajes a medida, problemas en los transportes públicos y secuelas en la salud. Todos se suelen retirar algo más jóvenes que los futbolistas, iniciando entonces carreras de empresarios, jueces en torneos, o feliz jubilación si sus mecenas fueron generosos y si él o su mujer no dilapidaron el maná antes de tiempo.
Hay que ir a ver un torneo al menos una o dos veces para captar esa atmósfera que no se percibe desde la televisión: la gente felizmente instalada cual Lúculo en tatami o sillón, charlando, siguiendo los combates, comiendo, bebiendo, concluyendo negocios, llamando la atención (ser futura esposa de sumo-san puede de hecho tener ciertas ventajas, aunque no me atreveré a entrar en detalles).
Los días son largos: se puede acceder al templo desde las ocho de la mañana e ir a ver a los alevines y futuras promesas hacer sus pinitos.
Hacia la una de la tarde se pueden empezar a ver calibres de envergadura, pasando a cosas mayores a partir de las tres y media.
Las loggias se llenan de público, la gente está calentita y contenta, se oye griterío de emoción, voces femeninas de fans enloquecidas, voces masculinas de hombres mayores que van a vivir su propia terapia en la histeria colectiva.
Los prolegómenos de la lucha son de lo más interesante, donde una estudiada táctica de disuasión y pseudo-provocación hacia el contrincante hace que a la audiencia se le ericen los vellos. Sin embargo, ahí los tienes, los superhombres ponen cara de ángel, se inclinan, se purifican, se lanzan miraditas asesinas, el árbitro les incita al combate, puños al suelo... y empieza la contienda.
Sorprendentemente, lo que es el encuentro en si apenas suele durar unos segundos, donde hay literalmente tortas, agarradas al cinturón taparrabos, empujones, zancadillas o subida del contrincante más ligero por los aires para sacarle del círculo de cuerda sobre el "dohyô" o gigante plataforma de arcilla.
Hay ceremonia de entrada y salida, con todos los sumo-san (rikishi) ataviados con pesados delantales de seda bordada. Un pregonero lanza con su voz teatral los nombres de cada contrincante antes de cada combate. Seda, cuerda, sudor, sal, agua y arena.
El público tiene la vida fácil: hay cosas para comer, para beber, te sirven donde estás, te puedes mover, puedes salir una vez a hacer la compra y volver otra vez, se pueden hacer fotos, pedir autógrafos a los dioses, ver al Emperador de lejos cuando honra el lugar con su presencia...
Qué ambiente, qué devoción, qué clima de sana afición!
En definitiva, sumo placer...
Ohio Goza i Más lo descubrió en May 2010
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Peter at The Peninsula
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35.6747052 139.7606592peninsula.com/Peninsula_Hotels/en/default.aspx#/To...
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Alta gastronomía, fashionismo y excelentes vistas
Es impensable que en cualquier país del hemisferio norte se pueda acceder a un cinco estrellas directamente desde el metro. El Península es una excepción.
Y para no deslumbrarse demasiado, para subir a Peter en el piso veintitantos, hay que utilizar un exclusivo ascensor absolutamente negro, negríssimo. No se ve ni torta. Ni de día ni de noche...
Al aparecer en el lobby del bar y restaurante, llama la atención esa mezcla de negros y metálicos que podrían parecer fríos, y sin embargo no lo son. Todo queda compensado por la luminosidad del local y por los destellos que despiden las hojas metálicas-irisadas de unos originales árboles que forman parte de la decoración. El lugar es prácticamente diáfano, dispuesto en dos semi niveles, una especie de escena y mesas redondas. Llama la atención encontrar un lugar tan amplio y tan acogedor al mismo tiempo, en un Tokio donde el espacio es un lujo.
Se nos ocurrió acudir a comer, a eso de la una de la tarde. Al reservar mesa solicité un lugar tranquilo, y a ser posible, con vistas.
En un inglés más que aceptable me preguntaron al teléfono si se trataba de alguna ocasión especial (cumpleaños, aniversario, etc..) y me aseguraron que harían todo lo posible para satisfacer nuestros deseos. Y ya lo creo, en un comedor no demasiado lleno, nos propusieron una de las mejores mesas, en un ángulo con vistas inmejorables hacia el palacio imperial y privacidad absoluta.
Tras instalarnos, vino la original carta desplegable, casi como un mini-acordeón de papiroflexia. Los menús de mediodía son sencillos (tres platos), desde dos mil y pico yenes, hasta opción de cinco platos casi por el doble, sin bebidas.
Al final nos decidimos por tomar un menú a la carta de tres platos.
Cocina de mercado, mi compañía se decidió por un exquisito consomé con foie y pato, coronado por un brioche tostado.
Yo me incliné por un sashimi marinado de pagro rojo (red snapper) pescado desconocido bajo esa apariencia delicada y brillante bajo sus hojitas de ensalada, sus gotas de compota de ruibarbo y el pegotillo de crema perfumada a la pimienta de Sechuán.
De segundo, la carrillera de buey, pieza "poco noble" y desconocida en estos lares, se fundía literalmente en la boca. Venía con su jardinera de verduritas a la bocuse y patatinas nuevas cocidas.
Mis gambitas cocinadas al punto vinieron acompañadas de una sorprendente forma de presentar el erizo de mar (también conocido como caviar de oricios): caramelizado pero manteniendo su textura. Sin embargo, tampoco estaba confitado. Venía con verduritas primaverales, cubierto con una loncha marinada de daikon (rábano gigante) teñida de rosa. Delicado y elegante.
A los postres, caimos en la tentación de los quesos, cosa aún exótica si no vives en la capital nipona. También degustamos un soufflé de chocolate con castaña, helado de castaña y su jalea de café. Equilibrado y nada empalagoso. Aunque casi habría preferido encontrarme con un auténtico gateau fondant. He tomado soufflés dulces mejor logrados en lo que a levantar el soufflé se refiere.
Tomamos agua mineral envasada especialmente para el Península y un cóctel sin alcohol algo elevado de precio (1900 yenes) a base de jengibre y miel. Personalmente, le habría quitado un poco de miel y puesto un lingotazo de lima.
El servicio de sala nos trató de maravilla, siempre atento a nuestras necesidades y sugestiones, aunque el inglés podría haber estado algo mejor de nivel. Al final acabamos charlando en japonés con una camarera.
Un lugar estupendo para una comida especial, muy indicado también para alternar e impresionar al caer la tarde.
Ohio Goza i Más lo descubrió en April 2010
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El parque Kitanomaru Koen
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Alrededor del Palacio Imperial
El parque Kitanomaru es uno de los más populares de Tokio por encontrarse en pleno centro de la capital. En su interior hay gran cantidad de museos y un edificio llamado Budokan, donde además se puede asistir a competiciones y demostraciones de artes marciales. El parque es un entorno ideal para dar un paseo, correr por las mañanas, hacer un picnic, o admirar la fortaleza-contorno de Palacio.
Por supuesto, de la Casa del Emperador, el mortal de turno poco podrá apreciar. El hecho de haber mantenido prácticamente la estructura original de muralla y foso (sin cocodrilos), permite al visitante hacerse una idea del Japón feudal e inalcanzable.
Sin embargo, este contorno tiene gran variedad de vegetación, de libre admiración para todos. Sobre todo cada primavera. Pocos lugares quedan en Tokio donde quedan reunidos una serie de árboles de cierta edad que se llenarán de florecitas al llegar el mes de abril: Los cerezos.
La primavera comienza a instalarse, el aire es más agradable, el sol proporciona una luz especial que pasa a través de los millones de pétalos de un delicado rosa. Las ramas caen cual sauce llorón, como brazos tendidos hacia el agua. Caminar bajo estos árboles tiene algo de mágico y filosófico: se admira la belleza y magia efímeras de la Naturaleza.
Una vez al año.
Este pasatiempo se conoce bajo el nombre de "hanami" (lit. mirar las flores).
Por ello, y para no perderse este momento único, los japoneses y residentes poéticos recurrimos a la previsión de la flor del cerezo, algo así como lo que dice 'el hombre del tiempo', que se transforma durante dos semanas en 'hombre del cerezo' Así que ya lo saben, para no caerse del guindo y llegar a tiempo, pinchen aquí: www.jnto.go.jp/eng/indepth/seasonal/sakura2010 y disfruten de una de las experiencias más maravillosas y excéntricas, auténticamente niponas.
El gentío es tremendo, desde colegialas, parejitas, familias, grupos de jovencíssimos empleados recién contratados con el año fiscal (aquí empieza el 1 de abril) hasta jubilados con portátil u objetivo telescópico para tomar, año tras año... las mismas fotos.
Todos sonríen, todos admiran, todos dejan escapar suspiros de placer. Se oye "kirei" "kirei" (qué lindo, qué bonito) por doquier. Qué ambiente de camaradería y de sorpresa casi infantil.
Es la terapia primaveral. Personalmente, es mejor que la astenia.
La gigantesca romería del sakura (nombre japonés de la florecilla) despierta más que devoción: incluso hay que regular el tráfico de visitantes con sentido de ida y vuelta.
Remar en este foso tan romántico es un privilegio al que se puede acceder tras horas y horas de espera desde las seis de la mañana. A medida que van cayendo los pétalos al agua se forma un precioso tapiz blanquirosa conocido aquí bajo el nombre de "hanaika".
A diferencia de otros lugares, no está permitido comer alrededor de este tramo del parque.
Un monje budista aprovecha la ocasión para colocarse más o menos discreto fuera del tráfico viandante y obtener alguna limosna.
¡No se lo pierdan si pasan por aquí en estas fechas!
Ohio Goza i Más lo descubrió en April 2010
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Pioneros del dulce
Esta pastelería lleva varias generaciones deleitando con sus tartas y pasteles ¡occidentales!
Imagínense en plena era Meiji, coincidiendo con la apertura del Japón a Occidente tras dos siglos y medio de aislamiento absoluto.
Epoca de gran ebullición cultural y tecnológica, las escuelas se abren para escolarizar a todos, se adopta la indumentaria occidental, se estudian leyes, usos, costumbres de toda Europa y América.
Por aquel entonces, un jovencito de 18 años hizo sus particulares Américas, de donde vino cargado de "nuevas" recetas que han perdurado hasta hoy.
Esta pastelería de cuatro generaciones sigue produciendo cada día decenas de chiffon cakes (tartas de bizcocho genovés con nata y fresas), apple pies (tarta de manzana), castela keki (esponjoso bizcocho), tiramisú (esto sí que es nuevo!) y multitud de tartas de frutas.
Hace 15 años recuerdo haber descubierto este local que parece haberse fosilizado en el tiempo: no ya en la época Meiji, sino más bien en los 1960´s: techos enormes y azules, lámparas de neón en forma de flor, enormes mostradores, barra larguíssima con taburetes de "eskai" super confortables, como los que había en tiempos en las grandes cafeterías como la desaparecida Manila o California 47 de Madrid. Alguien venía a servirte tu pastel o galleta favorita con una bebida caliente o un vaso de estupenda leche. De hecho, esta Casa importó también el concepto de "milk bar".
En febrero de 2010 me encontré con una situación algo diferente: los pasteles siguen siendo igual de buenos, tienen mucha variedad. La cafetería es una sombra de lo que fue: ya no hay servicio de mesas, han instalado un rudimentario autoservicio con café, té, limonada, zumos naturales, leche sola o con té verde matcha y una sopa del día. Todo ello cuesta unos 800 yenes. A esto se le puede añadir una consumición de pastel a su precio de venta normal. Al final si quieres merendar, no te vas a tomar una sopa Bortsch con una tarta de fresa y un té... o sí, a condición de hacer entonces merienda-cena.
El caso es que tomar un cafelín con pastel ya no es posible, o sale demasiado caro si se renuncia a lo salado. Pena morena.
Al final, la mayoría de los clientes acuden al local únicamente para llevarse los pasteles y tartas a casa.
Su sitio internet (únicamente en japonés) permite también adquirir tantas unidades de sus pasteles como se desee. El eficiente servicio a domicilio distribuirá las delicias en el lugar escogido.
La gente del barrio viene incondicionalmente a comprar, se ve gente mayor, acompañados algunos de sus nietos, para perpetuar la tradición.
Me encanta este lado trasnochado de Ômiya: el local evocando viejas glorias, sus vasos de poliestireno super retro, su empaquetado a juego de colores infantiles, ... pastel, la música gringa tipo oldies, las empleadas en uniforme que no dicen hola ni adiós a los clientes, como en otros negocios.
La matriarca sale de vez en cuando a hacer zumo de mandarina, limonada natural con pipos o a remover el matcha que quedó en el fondo de la botella de la leche verde.
Ese montacargas que sube y baja diligentemente material para golosos, un ventilador industrial de la época de Maricastaña, ese suelo de piedra, ese techo inimitable que me encandiló...y sigue encandilándome.
Más retro, imposible! ¿Cuánto durarán?
Ohio Goza i Más lo descubrió en March 2010
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Un català en Tóquio
No saben Uds la ilusión que me hizo llegar a este gran lugar de la gastronomía española: el restaurante de Carme Ruscalleda en Tokio, decorado con dos estrellas Michelín en la guía de Tokio recién salida de la imprenta hace apenas dos meses.
A pesar de no conocer la casa madre en Barcelona, la experiencia tokioíta nada tendría que envidiar a la de por allá. Para empezar, cocina impoluta, abierta en primer plano nada más acercarse hasta aquí.
Acudimos a las 11:30, hora de apertura del local, donde un amable miembro del personal se encargó de nuestros abrigos y de acomodarnos en una salita de espera. Al cabo de unos instantes, otra persona nos acompañó al comedor, donde nos esperaba nuestra amable jefa de sala.
Mesa con vista, sobrio local de líneas apuradas, colores alegres y cuadros de artistas catalanes en la pared. Sólo el menaje venía de otros lugares: franceses Guy Degrenne, JL Coquet o Laguiole para la cubertería y vajilla. Alemanes vasos de Riedel, algún plato de Versace para Rosenthal. Inmaculados y planchadíssimos manteles que visten las mesas hasta el suelo. Toallitas húmedas calentitas agradablemente perfumadas, siguiendo con la tradición nipona.
A mediodía es posible degustar un "business lunch" que nos permitió tener una visión elemental del menú. Aún así, estuvimos casi dos horas de puro placer gastronómico a una cadencia ideal.
Durante la introducción al menú, todo nos fue explicado en japonés e inglés, si bien a los postres nos desvelamos las identidades, enterándonos de que nuestra maître d´hôtel japonesa habla el castellano a la perfección.
Cosas del protocolo, el menú está escrito en catalán, siendo la alternativa...el japonés. Aunque creo que también disponen de algún ejemplar también en inglés.
Como estábamos "de servicio", decidimos no probar vino alguno de los muchos cientos que tienen abajo. Probablemente una de las mejores bodegas españolas de toda Asia. Pero eso sí, el agua mineral venía expresamente de Catalunya, así como un maravilloso y afrutado arbequina que degustamos con un pan recién hecho allí. La sal, sin embargo, viene de Mallorca.
Qué delicia, poder preguntar todo tipo de precisiones sobre el menú o los ingredientes, todo ello respondido al momento por este servicio de sala, tan amable y competente.
Comenzamos la experiencia por un "micro menú" numerado, que cambia cada mes. Realmente es micro-micro, ya que cada cosita apenas sobrepasa el cm3. En nuestro caso, una croquetita de gamba de intenso sabor, una ensaladita con cuadradines de pescado, una "capipota" de cerdo con un embrio-nabito, "ibéric" y un suspiro de coca de piquillo.
El primer plato tenía una presentación primorosa: un lecho de crema de calabacín, sobre él un barquito de bizcocho de zanahoria con aspic decorado con bolitas de calabacín y zanahoria. Las velas eran tiras rizaditas de los dos ingredientes. En popa, un huevo poché (pasado por agua) al punto ofrecía un bonito contraste y un sabor exquisito.
El plato principal (a elegir entre carne o pescado) consistió en una costillita de cordero neozelandés cocinada al punto, espolvoreada de ligero pan rallado a la remolacha, con ligera y original guarnición de hojitas baby y "ravioli" de remolacha con relleno de patata. Sensacional.
El postre fue a la vez decadente y refrescante: chocolate, praliné, compota y sorbete de pera sabiamente dosificados. Ni poco, ni mucho. Y el grado justo de dulzor.
Unos petit-fours y ¡un cortado! remataron la comida con brío, amén de una piruleta de no-sé-qué-fruto-rojo-que-me-supo-a-gloria. La pastilla helada venía sencillamente alojada en un palito de bambú. Divina fusión.
Salimos más contentos que unas castañuelas a pesar del día tan gris y del apretado programa que nos quedaba por apurar. Y porque en pleno distrito comercial y de negocios como es Nihonbashi es posible encontrar un Relais-Chateau con un nivel y una relación calidad-precio absolutamente excepcionales.
Ohio Goza i Más lo descubrió en February 2010
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Un japonés fuera de contexto
Resulta que el Gakushi Kaikan 学士会 en.wikipedia.org/wiki/Gakushi-kai es un imponente edificio de finales del S XIX, dedicado a ofrecer servicios a sus 80,000 miembros, entre alumnos y personal de las universidades imperiales tokioítas: salas de conferencias, biblioteca, salones de eventos y restaurantes, entre ellos el japonés Nishiki.
El Nishiki ofrece correctos menús de mediodía a precios razonables: alrededor de 1200 yenes a mediodía en 2010. Siempre hay una selección de sushi, tempura, el "ladies lunch", el menú del día y también cocina nipona a la carta.
Lugar especialemente apropiado para una ocasión tranquila y discreta, las mesas de los laterales son accesibles tras descalzarse sobre un tatami. Pero no se asusten: la silla sin patas se encuentra al borde de una trinchera que les permitirá sentarse cómodamente en forma de 4 -que no de buda-.
Los menús vienen acompañados de un pequeño postre -un sorbete o un cuarto de fruta y se sirve té (japonés of course) a voluntad.
Sorprende constatar que el interior del local nada tiene que ver con la imponente arquitectura interior del edificio.
Pronto espero probar el italiano-francés de enfrente. Este sí que conserva casi todos los elementos decimonónicos que le dan un carácter tan especial.
Ohio Goza i Más lo descubrió en February 2010
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Concierto de mediodía en un órgano de ensueño
Enorme espacio cultural, larguíssima escalera mecánica que nos sube a la entrada principal de una sala de conciertos de casi 2000 plazas situada en un cuarto piso.
Cuando me invitaron a asistir a este concierto -gratuito, por cierto- de mediodía, nunca imaginé que me encontraría con 500 años de historia de la música reunidos en "dos-órganos-en-uno".
Remontémonos a los últimos años de bonanza económica en Japón, allá por el final de los 1980s: Marc Garnier, artista constructor de órganos francés, recibió el encargo de confeccionar un instrumento por todo lo alto: 70 toneladas de material (roble francés, estaño, plomo, cuero, maquinaria), tonelaje suficiente como para fletar un jumbo que trajera todo este tinglado hasta el Japón.
Con un equipo de una veintena de personas y cinco años más tarde se logra finalizar un órgano absolutamente excepcional: 9000 tubos y unos mecanismos realmente ingeniosos que permiten al organista interpretar piezas renacentistas, barrocas y modernas. Esto es posible gracias a una plataforma giratoria que permite "cambiar" de órgano según el recital. La maquinaria y ventiladores son comunes a los dos órganos y se encuentran bajo los pies del organista. Las "cajas" o buffet tienen dos estilos absolutamente diferentes que nos ayudan a ponernos en contexto.
De hecho, durante el concierto al que asistí pudimos escuchar una pieza de Bach teniendo como decorado esa impresionante fachada digna de un gran órgano de época con sus esculturas y su agradable madera.
Tras finalizar la pieza, intermezzo de un minuto para oh!, ver cómo gira la fachada anterior para encontrarnos con un diseño más contemporáneo y poder escuchar obras de Schumann y César Franck.
Este primor necesita ser afinado antes de un concierto, ya que según el tipo de música, la tesitura será diferente. Este proceso puede durar un par de horas y se efectúa a la antigua, en pleno bosque de tubos, gracias a un escueto ascensor.
Monsieur Garnier lleva ya un buen rato en Japón, se dedica a cuidar del monumental instrumento, sigue haciendo otros cuantos de encargo y realiza visitas explicativas que deleitan a grandes y pequeños.
La gran ventaja de este órgano único en el mundo, es el hecho de poder reunir un abanico de sonidos y matices inigualable. Todo ello en una auténtica sala de conciertos donde hay cabida para una orquesta de 120 músicos y 200 coristas simultáneamente.
Por si esto no fuera poco, el centro cultural tiene dos salas más pequeñas para conciertos y proyecciones, sala de ensayos, salas de conferencias y salón de exposiciones.
La oferta se completa con cafés, restaurantes, tienda de recuerdos, aparcamiento propio y una salida directa al metro de Tokio (Ikebukuro).
Es que esta ciudad nunca nos acaba de sorprender!
Ohio Goza i Más lo descubrió en February 2010
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Kaminarimon (Puerta de los Truenos)
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Dedicada al viento y al trueno
Desde que el hombre tiene dos dedos de frente, si no encuentra razon para justificar lo que no se conoce, se inventa algo y hala, a vivir que son dos dias. No vaya a ser que las fuerzas de la naturaleza se nos desmanden...
Asi que el viento y la lluvia, los truenos, las montanyas y las cascadas se deificaron y veneraron con el fin de crear la ilusion de mantenerlos a raya.
Esta puerta de acceso al complejo del templo Sensoji 11870.com/pro/80376 se dedica pues a Fujin (風神 dios del viento) y a Raijin (雷神 dios del trueno), muy venerados para invocar la proteccion frente a desastres naturales como los tifones, el fuego, las inundaciones...
Si desean leer algo menos irreverente, pinchen aqui: en.wikipedia.org/wiki/Kaminarimon
Este gran porton cuenta ademas con una enorme linterna donde se encuentran inscritos los dos ideogramas Kaminari 雷 (trueno) y Mon 門 (puerta).
El farolillo de marras pesa mas de media tonelada y es muy fragil y delicado. Una vez al anyo se comprime para dar paso al mikoshi (especie de "paso" de procesion nipona) durante el festival Sansha Matsuri www.youtube.com/watch?v=d4-PRjCedFE&NR=1&feature=fvwp , que es una de esas cosas que hay que ver al menos una vez en la vida.
Lugar de encuentro indispensable, es uno de los sitios mas emblematicos y concurridos de Tokio.
Ohio Goza i Más lo descubrió en February 2010
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Los mercaderes del Templo
Desde la entrada por Kaminarimon 11870.com/pro/kaminarimon-puerta-los-truenos hasta poco antes del templo Sensoji 1870.com/pro/80376, esta via llena de tenderetes es uno de los "centros comerciales" mas antiguos de todo Japon.
Apenas 250 metros separan ambos puntos, y 89 tiendas a ras de calle haran detenerse a grandes y pequenyos para admirar oro en panyo o centenares de baratijas.
Pelucas de samurai de goma y de verdad, alfileres para el monyo, abanicos, parasoles, camisetas, galletas saladas o "senbei", munyecas, accesorios, kimonos de todas las calidades, amuletos y golosinas se dan cita en este lugar tan transitado. La algarabia es tal, que mas vale sumarse al lote y dejarse arrastrar, o bien ir evitando las tentaciones por una callejuela paralela antes de purificarse en el templo.
Esto es Babel: turistas chinos, coreanos, japoneses de provincias, americanos, mochileros sin fronteras, colegiales de excursion, oportunistas, alguna reorientacion profesional a carterista (!), ruido, musiquita, megafonia, chanclas, camaras fotograficas, gafas de sol, mochilas, gordos, flacos, fieles y despistados.
En definitiva, el bullicio comercial asiatico en un lugar con mucho tipismo.
Y por cierto, los souvenirs no son necesariamente mas caros que en otros lugares. Deben de hacer volumen...
Es imposible no dejarse caer en algun puesto aunque solo sea para curiosear...
Ohio Goza i Más lo descubrió en February 2010
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Koishikawa Korakuen Garden 小石川後楽園
+81 3-3811-3015
www.tokyo-park.or.jp/english/park/detail_05.html
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Belleza urbana
Construido en 1629, este precioso parque perteneció a un daimyo (señor feudal a la japonesa) en los comienzos de la época Edo.
Los diferentes espacios o jardines evocan el estilo chino, con lagos, montañas, cascadas... en miniatura. Incluso hay un pequeño puente que se llama de la luna llena, debido al arco de medio punto reflejado en el agua.
Koraku 後楽 significa algo así como "disfrutar después", por ejemplo "tras el trabajo". Esto es, las enseñanzas chinas afirman que un gobernador debe preocuparse antes que el pueblo y disfrutar después de él.
Este entorno también tiene uno de los huertos mas interesantes de ciruelos, con numerosas variedades, así como un arrozal, glicinas, lirios y un cerezo "llorón" que admirar, cada cual en su estación del año correspondiente.
De hecho, se puede adquirir por la módica suma de ¥1200 y pico un "pasaporte" para todo el año, para no perderse ninguna floración.
Accesible con la línea de metro Toei Oedo, estación Iidabashi, o con la Marunouchi, parada Korakuen.
Lugar protegido y clasificado como uno de los más bellos por el gobierno japonés.
Ohio Goza i Más lo descubrió en January 2010
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