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"Sitio (¿merecido?) de moda de la noche madrileña"
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Es un local muy de moda en Madrid lleno de gente guapa. Se encuentra en la calle Velazquez y tiene aparacoches lo cual es comodísimo. Nosotros fuimos un sábado y estaba hasta arriba de gente. Tanto la zona de copas como la del restaurante.
Me encanta el concepto de restaurante y bar de copas unido porque lo normal es que después de cenar te apetezca una copa y resulta muy atractivo poder hacerlo en el mismo lugar. Sobre todo en invierno cuando da muchísima pereza moverte a otro lugar.
La carta es corta y de platos muy elaborados con cierta tendencia a lo mediterraneo y asiático. Tienen cierta obsesión con la rúcula porque estaba como complemento en casi todos los platos. Va a sonar a chiste pero lo que mas me gustó por lo original que es, fue el entrante que te dan al llegar. Son una especie de obleas de queso con pipas. Rico rico.
Una de las cosas que menos me gustó fue el ruido. Es imposible mantener una conversación normal con la gente de tu mesa si no es a gritos y casi se te quitan las ganas de charlar. La acústica del local, el hecho de que estuviera hasta arriba, que las mesas estuvieran pegadas una a otra y el hecho de que la música discotequera estuviera altísima no ayudó en nada.
El precio me resultó bastante caro para lo que cenamos. Unos 45€/persona con entrantes a compartir, segundo plato, vino y postres a compartir.
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"sitio muy agradable de aperitivos y tapeo de nivel. pequeño comedor con 7-8 mesas. alta calidad‚ muy buen servicio. hay siempre que ..."
"En este clasico restaurantepodra degustar la mejor cocina asturiana de la capital. En un ambiente distinguido y elegante,el comedor ..."
ver más: restaurants mediterranean cuisine en Madrid
patrocinado
Aquí encontrarás dos ambientes diferentes, o tres, según la época. En el restaurante, moderno y elegante, podrás degustar una exquisita cocina meditteránea- internacional. Algunos ejemplos de ello son ensalada de espinacas y rúcula con parmesano, bacon y vinagreta de limón, hamburguesa de avestruz en mollete de pan payes con queso de tetilla gallego o wok de gambones y verduras al Pedro Ximénez.
En el bar te ofrecen dos cartas, una con deliciosos pinchos y raciones (calientes y fríos) y la otra de cócteles (clásicos, ‘de fantasía’ y sin alcohol). El bar es el sitio ideal para disfrutar de una copa o varias hasta la madrugada. Y por último una maravillosa terraza en la calle Velazquez que se abre durante el verano. Ofrece además servicio de cátering.
Ver más en www.esmadrid.com/en/cargarAplicacionRestaurante.do?identificador=688
"Manteles, buena comida y lo demás mal"
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Caemos por la puerta de este lugar en nuestro paseo dominguero. Hemos leído de él y de su menú fin de semana que, por cierto, exponen a tiza en una pizarra en el exterior de una manera muy poco glamurosa. Decidimos entrar. La planta de abajo está vacía y en la del restaurante, con nuestra llegada, se ocupan 6 mesas. Está claro que Boggo es de otras gentes en otras horas.
El local está modernamente decorado, las mesas contra la pared juntas (con el local lleno debe de ser incómodo) y, punto a favor, están montadas con su correspondiente mantel y sobremantel de tela y servilletas idem. Se puede ser todo lo modelno, cool, fashion, in, pijo, … que se quiera y poner manteles. Ya no es estética, sino lo higiénico-sanitario correcto.
Hay maître-camarero y al menos 2 camareros más en sala que, para 6 mesas ocupadas, tocan a 2 mesas por cabeza. Bueno, pues el servicio es deficiente ¡Qué será aquello lleno! O, quién sabe, serán de los que se crecen ante las adversidades. Hubo que pedir la carta del menú pues a la primera no la traen (sin comentarios), y es un triste folio de fotocopiadora en blanco y negro con el precio escrito a mano, vaya muy, muy fashion. Nos advierten que se han acabado los dos segundos (merluza con no me acuerdo qué y roast beef, que era el plato que quería pedir) por lo que pienso que las otras 5 mesas se han puesto morados a tomar menús, por lo menos 10 ó 12 cada uno, pues no tiene sentido que se hayan acabado los platos estando despoblado el restaurante. De los 3 camareros presentes 2 nos preguntan por la bebida, buena coordinación. Y por acabar con el asunto del servicio, entre el primer y segundo plato, pasan fácilmente (sin exageraciones) 15 minutos. Insisto, éramos escasos, muy escasos, los ciudadanos presentes como para que fueran tan mal las cosas.
Pasamos a la comida. Pues ésta es la razón por la que finalmente puntuaré con un 3, como resultado del 4 que se llevan las viandas y el 2 que se lleva el resto.
De aperitivo nos ponen una torta seca de pipas, queso y amapolas (lo pregunté) muy rica. Nos ofrecen varios tipos de pan.
De comida mi mujer elige como plato único de carta (que sirvieron con mi segundo, por lo que se tiró un buen rato sin comer) el carpaccio de buey, buena carne, no fría, en su justo grosor y aderezado con una curiosa vinagreta y queso Idiazábal.
Del menú tomo de primero una muy abundante ensalada de tomate Raff con ventresca que no tiene mayores misterios y de segundo el único plato que me ofrecieron como alternativa a la ausencia de los del menú: Una corvina a la plancha con espárragos verdes y ramillete de tomatitos cherry. Una buena porción de pez en su punto de plancha con la piel churrusca para poderla comer, los espárragos al dente y los tomatitos una cucada. Una delicia de plato.
Renuncio al vino del menú y pedimos una botella de Martínez Lacuesta crianza, uno de los más ajustados de su carta de vinos, que se pone en 20€ IVA incluido, exactamente 4 veces su precio si se compra en un distribuidor mayorista y 2,7 veces si se compra en bodega. Lo de los vinos en Madrid es atraco generalizado (Hay honrosas excepciones como La Castela o el recién descubierto Lobbo)
Lo tomado es atípico para que sirva de referencia de precio. Por los leídos en carta, el asunto con vino y postre debe de andar en los 45-50€ por persona.
En fin, que si se pudiera abstraer la comida del servicio sería un sitio para repetir, pero mucho me temo que no va a ser un lugar recomendable en sus momentos punta. La falta de formación, que es culpa de los empresarios y no de los trabajadores, de personas cogidas al vuelo y puestas a servir o gestionar un restaurante sin mayores preámbulos, es uno de los rasgos que más, lamentablemente, está caracterizando a buena parte de la restauración Madrileña de apertura reciente.
Ya lo conocia pero me encanto descubrir los menus a un precio francamente estupendo! Y el mejor descubrimiento de todos.... encontrarnos alli a Cesar (antes en Gorki de la Moraleja) el MEJOR RELACIONES PUBLICAS de todo Madrid!.
A tener en cuenta como un básico en la agenda
No conocía Boggo hasta que el otro día me invitaron a un encuentro de bloggers allí y, la verdad, salí contenta. Una cosa está clara, es "pijo, pijo". Pero, es buena opción para tomar la primaera copa, cenar entre amigos o con alguien especial o tomar café. El espacio es multifuncional, va cambiando según marcan la hora y, como dicen, por aquí "suele estar lleno, tanto días de diario, como los fines de semana". Y, aunque no fui a comer a la carta, pues nos pusieron el menú de setas que tenían en la semana del 14 al 20 de noviembre, he de decir que me gustó todo, sobre todo el tartar de atún con mango, el solomillo de Buey con Chantarellas y el huevo poché con boletus. Eso sí, os recomiendo que no os marchéis sin antes pedir el tiramisú de galletas, sensacional!
Os dejo mi post, por si queréis ver lo que fue mi experiencia con más detalle: www.sinestesiagastronomica.com/2011/12/boggo-comodin-la-carta-con-la...
"muy bueno entre semana"
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Tiene dos plantas: la de arriba tiene el restaurante, y la de abajo una barra y sofás.
El restaurante está muy bien. Decoración moderna muy chula, aunque los fines de semana, cuando se llena mucho, las mesas están demasiado juntas.
La planta de abajo, la de la barra, es muy agradable para tomar una copa entre semana, con ambiente tranquilo, poca gente y unos sofás muy cómodos.
Entre semana se convierte en un bar ruidoso, hasta arriba de gente, y mucha gente que va a ver y que le vean.
Boggo es el afterwork/restaurante/tomacopas más pijo de Madrid, con muchos cuerpos de ventaja sobre Lateral (fundamentalmente de Velázquez y Castellana), Whitby u O’Clock, por poner algunos ejemplos del niñobienismo patrio.
Si pretendes dejarte caer por allí y no lo haces en traje (y no, lo que usa Sergio Ramos sólo cuenta como traje en Carabanchel Bajo) o en “Borjamari Sport” es bastante probable que te encuentres más fuera de lugar que Zapatero en la Plaza de Oriente un 20-N.
Desde luego, si los disfraces de payaso de circo, o los total look de Scalpers, tanto monta, son tu hobby, te sentirás como en casa (de hecho supongo que esa gente debe de sentirse como en casa en todos lados teniendo en cuenta que van por la vida en slippers, pantuflas de andar por casa" en la lengua de Shakespeare).
Aquí no puedes pasarte de improviso el típico día que has bajado a hacer unos recados por el Barrio y decides que te da pereza encender la cocina. Salvo que para hacer unos recados seas de los que se ponen la ropa de los domingos e invierten diecinueve horas en arreglarse. Sobre todo porque seguro que te topas con algún grupo de conocidos y como te cacen en un lapsus al día siguiente se comentará por todo Madrid lo mal que las cosas te deben de estar yendo porque te han visto hecho un pordiosero.
Y ojo, que esto no es una crítica, ni mucho menos. Siempre es mejor estar en un sitio así que una cafetería cutre llena de catetos. El ambiente general está bastante bien, y es un sitio que me gusta, pero hacen parada de vez en cuando algunos especímenes que parecen salidos del Fiestas Paco de La Latina.
El garito queda casi enfrente del Bo Finn y de A Penela (un gallego que sirve una de las mejores tortillas de patata de la ciudad) y un par de manzanas más arriba de Kabila. Es un local amplio y luminoso dividido en dos plantas. La de abajo tiene una barra bastante amplia y algunas mesas, para picar algo y enchufarse unos buenos tónicos reconstituyentes al más puro estilo Bertie Wooster (quien por cierto estaría en su salsa en un antro como éste). En la superior está el comedor, espacioso y moderno, con mesas aceptablemente amplias y mucho sofá corrido (de continuo, no de lo otro) para poner el culo.
Copas bastantes, pero la comida no la había catado hasta ahora, detalle insignificante que nunca me supuso problema alguno a la hora de recomendarlo a parientes, amigos, allegados y menos allegados para utilizarlos como conejillos de indias.
En mi descargo diré que todos salieron siempre tan satisfechos como una abuela después de su misa del domingo.
Quedamos para comer un sábado cuatro amigos de la universidad; bueno, más bien dos amigos y nuestras respectivas parejas, pero que ahora también son amigos por aquello del dicho tonto ese de que los novios de mis amigas son mis novios, o mis amigos, o como coño sea que funcione el tema.
Dicho éste, por cierto, que no es más que una absoluta gilimemez, porque todos tenemos un amigo/a con una pareja de la que ni somos amigos, ni puñeteras ganas que tenemos de serlo (y de la que rezamos todos los días para que a) no vengan si quedamos o b) si vienen sea para decirnos que lo suyo tururú).
Íbamos con intención de comer a la carta, que por cierto tenía muy buena pinta, pero nos encontramos con que tenían un menú de fin de semana realmente bueno y a un precio de risa (21 pavos por barba) si tenemos en cuenta el tipo de sitio, dónde está y lo que ofrecían (1º, 2º y postre, todo muy apetecible).
Comimos (raciones generosas):
CARPACCIO: finito, sabroso. Un buen plato. Está bien compartirlo porque embucharse un plato entero de carpaccio es como meterse en la boca un polvorón embadurnado con nocilla e intentar decir Pamplona. MUY RICO. N.d.A.: acabo de percatarme de que un polvorón untado en nocilla debe guardar un sospechoso parecido con un truño.
HUEVOS CON PATATAS Y JAMÓN: los de toda la vida. Es curioso cuánto gusta en Madrid ofrecer y pedir este plato en sitios buenos, cuando siempre ha sido la típica comida de tascorro. RICOS.
(2) ENSALADA CON MEDALLÓN CRUJIENTE DE CABRA: la típica ensalada con reducción de vinagre, el medallón de queso de cabra pasado por la plancha y crujiente por fuera y demás. MUY BUENA.
(3) LOMO DE BUEY: un buen trozaco de lomo de buey en tiras, al gusto de cada cual y con una salsa al Porto. Carne tierna y sabrosa. BUENÍSIMO.
ATÚN A LA PLANCHA: cuatro trozos de rape hechos a la plancha, sobre una base de puré de patata. BUENO.
(4) CRÊPPES RELLENOS DE DULCE DE LECHE: uno de ellos acompañado de una bola de helado, un detalle que no lo cobrasen teniendo en cuenta que es un menú. Me gustaron pero son mejores los de Lateral. BUENOS.
Todo esto con un par de copas de blanco, dos cañas, 3 botellas de agua (el menú no incluye bebida) y 2 cafés hicieron un total de 110 pavos con propina (27,5 lereles/pax), lo cual es un muy buen precio por la calidad, la cantidad y el sitio. Sobre todo si tenemos en cuenta que a la carta lo haces por entre 35 y 45 €.
Carmen J.Rivas
Oh sorpresa, alguien que lee a Wodehouse.
Llevo tiempo queriendo ir a probar este sitio, a ver cuándo puedo.
2 weeks ago
"VIDA FUERA DEL AFTERWORK"
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Es cierto que entre semana está hasta arriba en horario after work, pero el fin de semana, es un acierto para comer. No es que sea para tirar cohetes, pero tiene una relación calidad - precio excepcional. Las cantidades correctas si no eres de mucho comer como es nuestro caso. El steak tartar buenísimo, los saquitos de queso de entrante, muy recomendables y el bacalao exquisito. Si vives o estás en la zona, muy tranquilo, una gran opción para la comida del domingo.
"SITIO PERFECTO PARA COPAS AFTER WORK O PARA CENAR CON AMIGOS. AMBIENTAZO MUY PIJO"
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Boggo es de esos locales q en Barcelona abundan (de hecho en Barcelona Boggo pasaría desaperibido) pero q tanto escasean en Madrid, aunq cada vez vayan abriendo más. Digamos q Boggo fue de los primeros en su especie, al q siguieron bar tomate, Castellana DF, Ramses, Velvet...etc.
Sin duda, de todos estos, quizás por la perfecta ubicación, el más pijo es Boggo. En los otros el ambiente sueles ser bastante horterilla y abundan viejos forrados con fulanas de tres al cuarto. Por eso, de lo pijo q es, Boggo puede llegar a dar cierta pereza.
En la plata de arriba tiene el restaurante. Es bastante grande y casi seguro q cenarás al lado de tías buenas, del Medina, o de un conocido tuyo.
La comida está correcta en términos generales y no es tan cara como podría parecer por el ambiente. No hay ningún plato q sea la pera limonera, a excepción de la hamburguesa de avestruz q me parece cojonuda, así q os digo cosas q yo pediría y q seguro q os gustan.
De primero: los rollitos crujientes de morcilla; Patatas con calmón; Saquitos de queso y puerro.
Segundos: cualquier steak tartar está muy bueno, y los pescados están decentes, aunq no es su fuerte ni mucho menos.
Postres correctos en línea general.
Cenar arriba, con su vinito y tal, rondará los 40 euros tranquilamente, pero creo q merece la pena.
En la planta de abajo es donde peudes tomar copas o cenar de pintxos. Suele estar hasta la bandera a partir de los jueves así q te tendrás q hacer fuerte para cenar medianamente cómodo.
De pintxos pídete la mini hamburguesa de avestruz, los nachos o las croquetas. cenar de pintxos sale por 20 euros tranquilamente. Las copas a 8 aprox.
Lo dicho, perfecta opción para ir con tus amigos, ver niñas pijas y guapas, y tomar una copa, un pintxo o cenar. Cierra como a las 2:30.
Muy recomendable.
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