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eye lo descubrió en December 2008

José Antonio Coderch de Sentmenat, Manuel Valls Vergès - Casa de la Marina, Barceloneta 1951-1954

Sus maestros le dijeron que era inaceptable unir dos planos en un punto.
Le dijeron que era terrible la simetría - un pecado, en realidad. Que no había nada que aprender de la arquitectura clásica, que eran criminales los adornos, feas las ventanas verticales, inoficiosas las curvas.
Las formas dinámicas, los ángulos agudos, los espacios complejos - aseguraron - estaban reservados para otro tipo de personas. Las razones: "Jamás podrán hacerse acá, por falta de recursos técnicos o económicos; son simples payasadas, que publican en las revistas de otras partes para descrestar provincianos".
Le juraron, además, que sólo había una forma de aprender.

Le dijeron que los colores eran cosa de cuidado. El blanco siempre estaba bien, los colores de la tierra más o menos, pero los más brillantes y chillones, o los francamente oscuros quedaban prohibidos. No era elegante usar plásticos u otros materiales sintéticos para nada, ni metales diferentes al acero (como refuerzo para el hormigón, únicamente). Maderas, arcillas y cerámicas, concretos, y en ataques de nostalgia piedras, si acaso, etaban bien. Lo demás, ni mirarlo.

Sus profesores construyeron un olimpo extraño, donde habitaban arquitectos sobrenaturales de infalibilidad papal. Como en las películas de Hollywood, los buenos eran buenos y los malos perversos. Le Corbusier - su imagen, tal vez - era una especie de Zeus. Sin leerlo, sin ver realmente sus proyectos, había que creer en él. Hacia abajo, ángeles y demonios, nada más. Eliminaron el limbo mucho antes que el pontífice actual, y condenaron a los habitantes del mundo a ocupar un lugar oscuro y mudo donde únicamente se podía reptar como las serpientes en el vacío de la nada, soñando con el cielo sin poder alcanzarlo jamás.

La historia de la arquitectura, le dijeron sus tutores, era actividad para profesionales incapaces. Sólo estudiaban cosas viejas quienes no podían, efectivamente, hacerlas nuevas. La teoría era un laberinto poblado de gentes malintencionadas, encargadas de enredar la realidad para confundir a los demás. Aseguraron que fuera de la práctica escampaban los inútiles.
Pero cerraron estas puertas, también: El diseño quedó reservado para unos pocos, a quienes llamaron elegidos. Los demás, la mayoría, debían olvidar cualquier intención poética y asmir el oficio únicamente con fines lucrativos, pragmáticos. "Es la realidad, el mundo-como-es", afirmaron una y otra vez. "Lo demás es una ilusión. Y, como las ilusiones, no existe".

Todo eso le dijeron, entre discursos de racionalidad funcional, rigor técnico, eficiencia distributiva, modulación constructiva, y utilidad económica. Todo esto le enseñaron, entre las infinitas arbitrariedades de una construcción fragmentaria, terriblemente mutilada, que - cínicos - llamaron formación profesional.
Y así, le partieron el mundo en dos; una, mil veces. Le metieron en la cabeza, a martillazos, la idea de que solo era posible existir en una minúscula parcela del universo, estrechísima y cerrada, por fuera de la cual no había nada para él.
Mucho de lo que había querido, todo aquello a lo que en algún momento aspiró, pasó así al lado de las ilusiones; y en muchos casos se resignó a ver sus sueños diluirse, sintiéndose incapaz de retenerlos.

Pasó con casi todo. Hasta con el amor.

Sin embargo, aquel día, tras sentir que la felicidad profunda lo transportaba a un paraíso que había dado por perdido; entregándose por completo a otro ser humano con quien, sintió, compartía la vida desde antes de la vida misma; recordó a sus maestros, definiendo qué era posible, qué no.
Los oyó, de nuevo, diciéndole que era inaceptable unir dos planos en un punto.
Pero esta vez, plano, y unido a ella precisamente en un punto en el tiempo, en la infinitud del espacio, descubrió que aquello era, en realidad, posible; y sintió que se liberaba del yugo de todo lo que le habían enseñado.
Aprovechó la sensación de libertad que le produjo este descubrimeinto, y aún sintiendo lástima por los mentirosos, decidió mandarlos a todos a la mierda.

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