Poncelet Cheese Bar
+34 913 99 25 50
<m> Gregorio Marañón 7 10
- lun a vie: 8:30-0h
- sáb y dom: 10:30-0h
Poncelet Cheese Bar
Poncelet Cheese Bar, se trata de un concepto innovador, único hasta el momento en el mundo, que destaca por su originalidad y versatilidad.
Es mucho más que un restaurante, ya que en un solo espacio se dan cita todos los elementos que componen el rico mundo del queso: los mejores quesos, una rica gastronomía elaborada en torno a este producto, una biblioteca con cuantiosa información sobre el queso y un centro de divulgación de la cultura de este alimento, en el que tendrán lugar conferencias, catas y presentaciones. A esto hay que añadir el personal de Poncelet, un amplio equipo de expertos capacitados para atender a los clientes del establecimiento, informarles y asesorarles de acuerdo a sus gustos.
Todo ello en un entorno muy cuidado y adaptado a las especificidades del producto, con un diseño arquitectónico revolucionario e innovador, en el que se ha tenido en cuenta cada detalle para conseguir que el cliente disfrute al máximo de una experiencia que supera lo meramente gastronómico. Con Poncelet Cheese Bar, aspira a convertir Madrid en un punto de referencia para los amantes del queso a nivel internacional.
Si te gusta el queso tienes que ir al Cheese Bar. Un lugar agradable para cenar. Todos los quesos que te puedas imaginar, allí los tienes, pero lo mejor dejarte llevar por el maestro quesero que te diga y oriente sobre que tomar. Obligatorio reservar y si no en la barra puedes degustar a cualquier hora de los vinos y quesos que te ofrecen. Eso si barato no es y tienen que rectificar la carta, por que no se dice Panzeretti sino Panzerotti .
Está bien por que cada día eligen unos quesos para degustar.
Pide la tabla de quesos del día.
Bueno merece la pena volver
El Poncelet Cheese Bar es un referente de la cultura quesera, no sólo realizan una cocina centrada en este ingrediente, sino que también son un centro de divulgación de los mismos donde se realizan diferentes catas y presentaciones. Así mismo, su carta dispone de 140 quesos, la meca de los queso-adictos.
Tenéis desde tapas, tablas de queso y platos más contundentes!! Y también platos anti-queso para los acompañantes a los que no les gusta abusar de este ingrediente!!
Si queréis leer el nuestra visita allí y las fotos que hicimos, os dejamos el link de nuestro blog:
srysrasibaritas.com/2013/04/poncelet-cheese-bar-madrid.html
Esperamos que os guste!!
Un restaurante completamente dedicado al mundo del queso tenía que triunfar a la fuerza. Si además el local es bonito, está bien decorado y la presentación es buena, tiene aún más opciones de ser un must.
El local me parece chulísimo, amplio, techos elevados y plantas entre algunas mesas. La zona de los sofás con mesas, si el grupo es grande (más de 4) es perfecta. Si no eres un experto en variedades de queso, pueden aconsejarte muy bien allí mismo sobre qué pedir y qué degustar. Eso sí, si no te gusta el queso no es tu sitio. Hay más cosas pero no demasiadas.
El precio es algo elevado pero razonable, coherente con el local, la comida y la zona. Buena opción para una comida de trabajo y buena opción para una cena de amigos.
Pues si no encuentras aquí uno de tu gusto, probablemente no exista. Nada más abrir la puerta te asalta un intenso olor a quesos, en plural, a muchos y a ninguno concreto. En la entrada hay una barra y una zona donde hacer tiempo hasta que te sienten, o para tomar algo directamente si no te apetece sentarte a cenar.
El local tiene forma de 7 al final del cual está el jardín vertical que le da un toque bastante original. Esta zona, con doble altura es, desde mi punto de vista, la más agradable para cenar ya sea en una mesa "normal", con sillas, o de las que tienen sofás.
Obviamente la especialidad es el queso, así que la carta de tablas de quesos es... ¿inabarcable? encontrarás tablas de quesos con combinaciones de todos los estilos: solos quesos nacionales, "internaciones", mezcla de ambas... dejáos aconsejar. La burrata es excepcional.
También tienen platos para los menos (o nada) queseros. Las mini-hamburguesas de Kobe, por ejemplo, no estaban nada mal.
Eso sí el día que estuvimos se notaba que el servicio esta empezando a rodar (hubo algún que otro encontronazo que acabo con algunos platos y/o copas por el suelo). Por lo demás el servicio fué impecable.
La cena sale por 50-55€/px
Muy recomendable.
El sitio está muy bien decorado, conjuntando la madera, los tonos cálidos, toques rústicos y colores suaves, una pared de plantas y pequeños detalles cuidados (cestas del pan, carta bien diseñada)
El sitio es amplio pero es mejor reservar porque suele estar lleno.
Recomiendo sentarse en la barra sushi-cheese y aunque no se pueda pedir fondues, para degustar tablas de queso es la mejor opción ya que delante tienes toda la despensa de quesos (acristalada) y los cheese-connoiseurs enfrente tuyo cortando el queso y montando las tablas.
A medida que cortan el queso te explican la historia y características de cada queso, como estar en un pequeño museo en el que pruebas las piezas. Un 10.
Único punto negativo es el precio, sobre todo en temas como el pan (2,8€) o las cañas (3,8€)
Nunca he estado cenando propiamente dicho, lo recomiendo para ir a degustar quesos, pidiendo una tabla individual (16€) o mejor si vas dos, dos tablas diferentes y compartes. así puedes disfrutar de más quesos y no se eleva tanto la cuenta.
En general, una queso-experiencia perfecta, un sitio muy acertado y recomendable.
Tal como dicen otros comentarios, se echa en falta tienda, hay que pasarse por la de Argensola.
Que no te las den con queso. Cenando "informal" en Madrid.
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Cuando leo en alguna web de restaurante eso de "concepto" o " filosófía"de la cocina del restaurante, tiemblo un poco.
Vamos a ver, al margen del espiritu que hay detrás de un estilo de cocina, lo que se trata es de agradar al comensal, o agradar el ego de los cocineros, a veces, y si además se obtiene un beneficio, pues el negocio marcha, normalmente ocurre así..Dando siempre calidad a un precio razonable.
Comer de manera informal, es un decir, no tiene porque ser sin medianamente calidad en los platos o mal resueltos. No tiene o si , que ver con el precio. No se mantiene un nuevo restaurante, un local de ocio, sólo por su imagen o porque aparezca en listas de novisimos de Madrid, aunque son fugazes, o entre los restauranes de tendencia. A los clientes sólo se les engaña, o se les defrauda, una o, en el mejor de los casos, dos veces. Pues bien, en este Cheese bar con una limpia imagen de diseño en barras, paredes, logotipos,,,, algo diferente, y solicitos camareros, unos guaperas y otros profesionales ( lo primero no es obstaculo para lo segundo) , pues creo que fallan varias cosas a nivel de cocina. Raciones pequeñas, y con no tan satisfactorias mezclas. No se trata para justificar que es un restaurante de quesos, el que se incorpore queso a todos,, aunque algunas recetas si lo pides, no lo suman. Los precios,depende del plato en sí. Supongo que sale más barato comer o picar, lo mejor claro ¡¡ tablas de quesos¡¡,, en las barras que en las mesas..
Nuestra mesa, baja, con asientos incómodos para cenar, centralmente situada, era para dos personas, luego fuimos tres,y hubo que esperar un ratito para que montaran el tercer servicio. Yo habia pedido una mesa bien situada, no una mesa baja tipo sala de espera del dentista, a todas luces incómoda para cenar, por la lejania de las sillas redondeadas, tipo sofá, al borde de la mesa. No manteles y sí servilletas de papel.
Punto de partida: Con 2 copas de vino, luego ampliadas a un Pariente blanco, sobre 18 euros, una ensalada, 13 euros, unas croquetas de queso-pschhh-, 11'80, blandurrias, una brandada de bacalao, suave en exceso, pero eso va en gustos,,,12'10; unos chipirones rellenos de queso, 17'80 euros, luego también unas rebanadas, nunca mejor dicho de arroz socarrat, pésimo sin sabor, y seco, ,,con un queso fundido y una cucharada minima de carrilleras en trocitos secos a un lado,,,, 14'20 euros,,, más un infefable- flojisimo- postre a compartir, y ya mosqueados de como iba la cena, pero guardando la compostura,,, elegimos,,,con 3 cucharillas,, una crema de chocolate caliente, tipo nocilla, que se vierte sobre unas galletas trituradas y unos pétalos (?) de flores,, que supuso sobre 7 euros,creo. Más 2 de agua mineral, salimos a unos 30 euros o 35 euros por cabeza, no mucho, pero no nos gustó este tipo de cocina. Igual fue que no pedimos lo correcto, pero no creo que ninguno de los platos, 6, que consumimos entre 3 personas,, estuviera más que pasable, yo diría que flojos, bastante, la mayoría. No volveremos, pues no, lo que no obsta para que reconozcamos que la casa madre, la Poncelet , de los quesos, no lejos de Génova sea una estupenda tienda con gran calidad y surtido de quesos. Mejor el Cheese bar para unos vinos, o una tabla maridaje de quesos y mebrillos, con esto basta. Pero para cenar cenar bien, pues no, por mucho diseño que tenga, y mucho jardin vertical.
Si te gusta el queso, en este restaurante encontrarás una cantidad insuperable en Madrid, incluyendo no solo quesos franceses y españoles, sino también italianos,... Y la calidad de los mismos es fantástica.
Al igual que la tienda homónima, manejan unos precios excesivos, muy excesivos. Pudiendo ir a Bon Fromage del Mercado de Chamartín...
Por lo demás, los camareros son muy agradables y el local está bien, aunque la luz sea demasiado blanca para mi gusto (le falta calidez).
En resumen, ir a conocerlo está bien, repetir,... a gusto del consumidor.
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Está muy bien, pero sales con la sensación de que es algo caro. La decoración estupenda y el servicio amable, educado y buen conocedor de los quesos que sirven, pero eché de menos la explicación por tanta demora en traer los platos. Los bombones de foie totalmente prescindibles. De todas formas, es una experiencia que os recomiendo a todos los fanáticos del queso.
Y si queréis ver fotos y experiencia completa, metéos en mi blog: lascenasdeingrid.wordpress.com/2013/05/20/poncelet-cheesebar
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Comienzo diciendo que amo el queso, y que, por tanto, todo lo que suponga hacer ceremonia y celebración en torno a él en cualquiera de sus formas me llena de gozo. Ayer fui a comer allí con varias amigas, y con muy altas expectativas en torno al local. Aunque la ubicación es buenísima (en José Abascal, enfrente del MOMA, casi llegando a la Castellana), no se ve mucho porque tiene una entrada pequeña -toda en maderita, eso sí, lo cual antecede y atisba el “pedazo de local” que alberga en su interior, ideado con el mejor gusto y teniendo en cuenta todas las tendencias actuales en decoración). Según entras hay una barra y varias mesas altas. A continuación hay otra zona de mesas como en un pasillo bastante ancho, teniendo todo esto capacidad para unas cuarenta personas si no calculé mal. Pero lo mejor de todo es que, según te conducen a tu mesa atravesando esta zona de pasillo, te llevas una buena sorpresa cuando el local crece ante tus ojos de forma espectacular y te encuentras, de repente, en un vergel. Los quesos, con su variedad en tamaños y colores, visten una barbaridad el local y le dan un punto muy original, especialmente esos quesos gigantes de parmesano, por ejemplo, que te pueden pesar 60 kgs. Respecto a la carta, es muy amplia y un poco estresante, de tantas cosas que tiene. Además, presenta bastantes platos en versión “anti-queso”, lo cual está muy bien para la gente que no es especialmente fan. Pedimos todo para compartir: unas croquetas de cabrales que estaban buenísimas, unas bombas picantes –eran tipo croqueta también pero como de patata, con una salsa que tenía algo de tabasco pero que resultaron no ser casi picantes-, y unos falsos gnocchis de queso zamorano que estaban superiores. Todas estas cosas resultaron parecerse demasiado entre ellas, pero en general estaban muy buenas. Te ponen también de aperitivo unas mantequillas muy ricas: una con pimentón y otra aún mejor. También pedimos una tabla de quesos con diversidad a “tutiplén”, para probar de todo un poco. A la tabla de quesos la acompaña una cartita indicando las variedades con su procedencia y tipología, así como el orden en que se están sirviendo. También nos gustó, aunque esto es como todo: se trata de ir probando y, lógicamente, cada quien tiene sus preferencias. El personal MUY cualificado, era capaz de dar explicaciones complejas sobre cada queso y de responder a cualquier pregunta sobre las variedades que servían, detalle que creo que es básico en este lugar. De postre tienen también un par de tartas de queso, así que pedimos la que era más fuerte que resultó estar francamente buena, y una bandeja de frutas tropicales que venía muy bien para darle un poco de dulzor y frescor después de comer tanto queso. Tenían bastantes vinos y bien de precio, en general. Salimos a unos 30 euros tomando vino y refrescos. No comimos mucho, eso sí. Tienen también fondues y platos interesantes para compartir, aunque los desestimamos porque nos parecieron un poco caros. Falla un poco el pan, como dice también alguno por aquí. Creo que es un sitio ideal para ir en grupo de entre cuatro y seis personas, para poder probar varias cosas. También ofrecen menús confeccionados para grupos, lo cual lo convierte en interesante para la típica cena de Navidad, por ejemplo. En el restaurante, por cierto, no venden queso. La venta es en el local que tienen en la calle Argensola. Personalmente creo que podrían plantearse la venta aquí también y que triunfarían aún más. Me ha encantado, y volveré seguro.
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descubierto por:
eye
quién ha ido más:
Steve Butabi (2)
- hoy: 6
- última semana: 155
- último mes: 441
- en total: 57,632
- check-ins: 18


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