Cuando eliges comer en un restaurante de este nivel y de estos precios, uno teme sentirse defraudado. Lo que yo suelo pedir es creatividad y excelentes productos. Pues bien, aquí hay ambas cosas. Lo del precio siempre es discutible, pero la experiencia gastronómica es difícil de olvidar.
La decoración es muy minimalista, en un local largo y estrecho preparado con las mesas a los lados, en todas ellas una flor fresca y un original recipiente para la misma, se hace muy agradable,
Manteles y servilletas de hilo, cubertería elegante y cómoda,la vajilla muy bonita y original (porcelana de Limoges), vaso de agua Spiegelau y copas Riedel.
De aperitivo, mientras eliges, sirven unas aceitunas gordal aliñadas por ellos y unas almendras.
Las opciones son el Menú Esencia (46 €), el Clásico (65 €) y el Sensaciones (65 €). Ellos mismos se presentan como restaurante de degustación, nos inclinamos por el Sensaciones, que te permite probar más cosas. Se nos dio la opción de cambiar alguna cosa del menú y la de elegir queso o digestivo, optamos por lo primero.
La carta de vinos es extensa (pero no enorme), muy cuidada, con vinos curiosos e interesantes, denota saber hacer. Precios bastante moderados. Tras comprobar, con sorpresa, que no disponían de otro vino, que fue nuestra primera elección, elegimos un Acústic 2007 (D.O. Montsant), que fue una agradabilísima compañía de la comida.
El menú constó de:
-Chupito Cinc Sentits (jarabe de arce caliente, nata, sabayón de cava y escamas de sal), (atrevido y delicioso)
En este momento se sirvió pan y aceite. Las opciones eran pan blanco y de aceitunas, bacon y nueces, ambos espléndidos. El aceite, leridano, y la sal Maldon hacían una combinación perfecta.
-Pato con peras, crema de castañas, capuccino de trufa ( muy bueno, apropiado de aperitivo)
-Coca de foie gras, puerros glaseados, azúcar crujiente, arrope de cebollino (increíble, cualquier cosa que pudiera decir de él, por desmesurado que sea, se queda corto para describir lo que me pareció este plato)
-Arroz a banda, chipirones a la plancha, sofrito, alioli de azafrán (presentación muy curiosa, con el arroz a modo de albóndiga, delicioso)
-Atún rojo, agua de tomate ahumado, limón, sal de aceitunas negras (el agua servida en mesa corona un plato sencillo, pero con contrastes maravillosos)
-Cochinillo ibérico, manzana en dos texturas, ratafía (realmente conseguido)
-Queso "Blau de la Victoria", manzana verde, pan, miel de trufa blanca (un acierto de combinación, queso muy bueno)
-Naranjas (sanguina, navel, qumkuat, miel liofilizada), ( con peta-zetas y un vino de naranja llamado par gelatinizado, excelente y sofisticado)
-Chocolate con pan, aceite y sal (helado de aceite, flor de sal, coca de vidrio, nueces de macadamia) (un verdadero placer)
Para finalizar un exquisito café (2 €) servido con un original azucarero y unos petit fours (cremita de maracuyá y mango con espuma de coco y mini-magdalena de plátano) muy acertados.
El servicio del vino fue de sobresaliente (el único pero es no disponer de algún vino de la carta) con todos los detalles muy cuidados. Lo mismo sirve para los platos.
En definitiva, comer para disfrutar, que es lo que se viene a hacer a estos restaurantes. La cuenta es elevada, claro está, pero ya se sabe que es de necios confundir valor y precio.