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"Cocidito madrileño V: Lhardy"
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Lo rancio del lugar es lo que le da el encanto. El sitio merece la pena pero tengo sensaciones encontradas: he probado su catering y he comido de carta: una ensalada de langosta y, sobretodo, un "solomillo a la brosche" que es de lo más rico que he comido en mi vida.
Sin embargo el otro día fui a probar su cocido y me decepcionó enormemente, la sopa estaba muy bien pero el segundo vuelco era infame: garbanzos un poco harinosos y sosos, muy sosos (y no parecía que fuéramos los únicos que los encontraban así: pudimos ver cómo las dos mesas de al lado, tiraban de salero antes de hincarles el diente). Sobre las carnes: zanahoria, patata, chorizo y morcilla de cebolla bastante normalitos, un trozo de hueso con su tuétano, gallina y una carne que no acertamos a descubrir, muy secas las dos. La verdura y el tocino estaban muy ricos y como diferencia respecto a los cocidos habituales, en lugar de bola, había una especie de fiambre, muy rico, una longaniza blanca que a nuestro parecer, no pegaba demasiado y unos tacos de jamón ligeramente salados, que compensaban así la sosez de los garbanzos.
Excelente restaurante con un cocido sobrevalorado y caro (35,5€ la ración): viajesytapas.blogspot.com/2012/02/cocidito-madrileno-v-lhardy.html
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patrocinado
El primer restaurante moderno que hubo en Madrid (abrió sus puertas en el año 1839). Fundado por Emilio Huguenin, un francés de origen suizo, este establecimiento destaca por sus tres salones (el isabelino, el blanco y el japonés), por su cocina artesanal y por su pan de elaboración propia.
Por sus comedores, decorados con la elegancia de la alta burguesía de finales del siglo XIX, han pasado escritores, toreros y hasta la mismísima Mata-Hari.
En su cocina, dirigida por Ricardo Quintana, se prepara el más solemne de los cocidos madrileños, presentado en bandeja de plata en cualquiera de sus magníficos salones.
Pero Lhardy no es sólo cocido. Su carta es un ejemplo de alta cocina internacional con platos tan sugerentes como el faisán al zumo de uvas, la perdiz estofada con cebollitas francesas, el gamo a la austriaca y un postre sublime, el soufflé sorpresa.
En su barra las especialidades son las tazas de caldo y los hojaldritos. En su restaurante el cocido madrileño y los callos.
Ver más en www.esmadrid.com/en/cargarAplicacionInfoTuristica.do?identificador=17
Decepción por todo lo alto en el Restaurante Lhardy de Madrid, es lo que sentimos este fin de semana en uno de los restaurantes con más renombre de la capital de España.
El maître del Salón Principal toma los encargos con premura intentando que los comensales elijan ya el soufflé como postre antes de empezar a probar bocado con la escusa de su costosa elaboración, ya veremos la sorpresa al final.
Al lado de la mesa una cubitera con el agua espera a los comensales ya abierta de antemano no sabemos si es una botella nueva o bien está rellenada con agua del grifo (3,60 €).
De entrada unas croquetas de aperitivo que no saben a nada, a parte de bechamel, nada daba una pista de su composición. Unas aceitunas, cortesía de la casa, que desaparecen de la mesa en cuanto te descuidas y unas virutas de mantequilla que suponemos serán para untar en los bollos de pan (4 €), a medio cocer, que te sirven.
Pedimos, como la inmensa mayoría de los clientes del salón el Cocido Madrileño (35 €), se supone que el mayor acierto del restaurante y resultó el mayor fracaso de la experiencia. Sirvieron una sopa que quemaba, en un plato previamente calentado, resultado, hubo que esperar más de cinco minutos so pena de salir del comedor con quemaduras en la lengua, la sopa estaba excepcionalmente grasienta y rancia, tocaba esperar y la cosa no iba por buen camino, la temperatura del local era excesiva. Los clientes precavidos comían en mangas de camisa, los demás sudábamos sin haber probado el vino.
Llegó el acompañamiento del cocido y se confirmaron las sospechas, mucha grasa, poca verdura, y carne sin sabor, había dormido en la olla desde Dios sabe cuando, le dimos carpetazo lo más rápidamente posible y a esperar el postre.
Llegó el postre, el Soufflé Sorpresa de larga elaboración según el maître, la sorpresa resultó una chapuza, una vulgar tarta de merengue a 13 € la ración, no sabemos la procedencia de las claras de huevo, pero parece excesivo y un lamentable final una comida de la que esperábamos mucho más.
Al final 108,60 € por una comida para dos personas parece excesivo si lo que recibes es una atención poco profesional, los camareros parece que te perdonen la vida y la comida parece organizada por un restaurante de comida rápida, eso sí se vende como "un ambiente cortesano y aristocrático del Madrid del siglo XX", pero la calidad deja mucho que desear y el precio es desproporcionado para lo que se ofrece.
Un restaurante a evitar.
M PM
los cocidos de Lhardy se preparan cada día y al momento no se tiene preparados ni recalentados, los platos de Lhardy son de cerámica, la cual absorbe el calor del cocido por eso están calientes, el Souffle Sorpresa requiere mucha preparación por eso se recomienda pedirlo antes batirmore
claras montar la crema de helado y prepararlo no se hace en 5 minutos y no lleva nada de merengue. Todo esto demuestra el poco paladar del algunos clientes
1 weeks ago
Andrés Mora Sanz
A pesar de que a mi Lhardy me encanta debo reconocer que estoy de acuerdo con la crítica de Joan: el cocido no merece la pena. Lo probé hace 2/3 semanas y no es para tanto. Tampoco creo que, si alguien dice que no le ha gustado elmore
plato, haya que cuestionárselo. Es cuestión de gustos por lo que la respuesta de M PM sobre su paladar está fuera de lugar.
14 hours ago
Vuelvo a Lhardy después de los años, lo recuerdo de celebraciones familiares con mis abuelos, que Dios tenga en su gloria, recuerdo el punto añejo que me horrorizaba, el vestirte de Domingo, la espalda tiesa como un poste mientras comía... Que grandes recuerdos, que gran cocido y que importante se sentían en casa cuando tocaba ir. Descubro con sorpresa y alegría que nada cambia, todo sigue igual, solo que lo añejo se vuelve tradición y la ropa de Domingo se transforma en el traje del trabajo que te quitas el Sábado para ponerte ese horrible pantalón corto y esas chanclas que te hacen tan moderno, pero allí, todo sigue igual, afortunadamente. Que gusto comer; como decía mi abuela
"Desde 1839. Rancio pero con mucho encanto."
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Jesús Encinar lo descubrió en December 2006
Un sitio clásico del siglo XIX madrileño. Aquí se hacían y deshacían gobiernos, se conspiraba y se hablaba de romances con cabareteras. Aquí vivieron sus romances desde la reina Isabel II al general Primo de Rivera. Dicen que en una ocasión la reina Isabel II se dejó su corpiño olvidado después de una cena... ¿qué estaría haciendo?
Hoy tienen una tienda de pastelería y fiambres en la planta baja y un restaurante en la planta de arriba. Han sabido mantener la decoración original estilo imperio del s.XIX, un milagro que algo así haya sobrevivido el paso del tiempo sin que nadie lo arruinase "modernizándolo".
Un sitio para quedarse con el personal, sobre todo si vas con extranjeros y quieres enseñarle a alguien el Madrid antiguo.
Lo mejor: el cocido. Comer sale por unos 40/50 euros. Tienen varios salones privados ideales para celebraciones y comidas de grupo.
Manteles y servilletas de tela.
El gran Azorín ya dijo en su día..."A través del espejo de Lhardy‚ nos esfumamos en la eternidad‚ entramos y salimos del más allá"...
A comienzos del año 1839‚en pleno fervor pre-revolucionario (1848)‚un ginebrino se aventuró a abrir en nuestra ciudad un restaurante que combinara a partes iguales europeismo y tradición.
La Europa decimonónica de vanguardia‚ tanto en su usos y costumbres como en lo que a sus "nuevas tendencias culinarias" se refería‚ se verá representada en Lhardy.
De este modo‚ se conocerá en Madrid la salsa del aristócrata Louis Bechamel‚ así como los souffles y el vol-au-vent‚ los brioches y los croissant. Todo un descubrimiento para el Madrid de la época y las bases de nuestra cultura gastronómica.
Por otro lasdo‚históricamente son muchas las notas que apuntalan lo que aún hoy en día sigue siendo un referente gastronómico-social de Madrid; fue el primero en su época en admitir la entrada de damas sin la obligatoriedad de la compañía masculina que exigía la sociedad del momento; en su´"salón japonés" se han desarrollado múltiples conspiraciones y conciliábulos pues en éste‚celebraba el general Primo de Rivera sus reuniones reservadas de ministros y personalidades de la Dictadura y en contraste‚ también aquí se decidió el nombramiento de Alcalá Zamora como presidente de la II Republica.
En lo que a su actualidad gastronómica se refiere‚poco hay que añadir a lo comentado por los otros usuarios;exqusito servicio‚excelente materia prima y puntos de cocción sencillamente inmejorables.
El precio medio por comensal puede rondar los 60 €.
El otro día tuve el privilegio de ser invitado a un fantástico cocido rematado por el tradicional "soufflé sorpresa" en uno de sus "reservados"-salones privados-‚lo que‚además de uno de los privilegios que brinda la buena amistad‚fue un auténtico festín gastrónomico.
Eso sí‚no se debe olvidar que quien no tenga tanto tiempo y esté de paso por la zona‚podrá‚además de encontrar en su pastelería-delicatessen el mejor el Roscón de Reyes de Madrid‚tomarse una suprema taza de consomé y una medioanoche de foie.-
"Historia, lujo y cocido"
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Comer en Lhardy es una experiencia mística. Siempre que voy, aunque sea en plan lúdico, me enfundo chaqueta y corbata. Considero una descortesía hacia su historia y un desatino con su entorno, plantarme allí de vaqueros.
A parte de tomarme en su tienda un jerez, un consomé y una cazoletita siempre que paso por la calle Mayor, cuando las circunstancias lo permiten o la añoranza aprieta me concedo el lujo de comer en su restaurante.
Describir ese primer piso al que se accede por una escalera más bien estrecha, que recuerda a cualquier otra de una casa elegante de aquella época, requiere de un saber que humildemente reconozco no tener, mejor leer su web. No es difícil imaginarse a Canalejas en una mesa o a Don Benito Pérez Galdós que lo citó en sus Episodios Nacionales. En Lhardy, aparte de a comer, se va a rememorar la historia española de los dos últimos siglos. Lhardy es El Prado de los restaurantes.
Su carta es “internacional” y nada sorprendente. El plato que más llama la atención, dado su humilde y castizo origen, es el cocido madrileño. La verdad es que no pega nada, pero es impensable Lhardy sin él, contradicción que lo hace más singular si cabe. Reconozco que no puedo hablar de otros platos, pues todas mis últimas visitas han sido a tomar su cocido, entre otras cosas porque es un excelente cocido.
La última comida la hice hace unos días, como éramos un grupo de amigos dándonos un homenaje, reservamos el salón japonés, según se entra a la izquierda. Es el espacio más singular e inquietante, pues en él se fraguaron conspiraciones y amoríos. La imponente cómoda que lo preside, su color oscuro, la lámpara japonesa y su decoración de espejos y jarrones desde luego invitan a la conspiración.
Tomamos, como no, el menú consistente en ricos aperitivos de los que se pueden comprar en la tienda, acompañados de jerez. Y a continuación el cocido que es de tres vuelcos. Entiendo que esto del cocido da mucho que hablar y habrá quien opine que otros hay mejores en la Villa, para gusto los colores. Desde luego mi preferido es el de Lhardy. Es suave en todas sus partes, la sopa no grasa con fideos finos, los garbanzos en su justo punto y bien filtrados y las verduras y las viandas presentadas en perfecta formación. Ver ese exquisito cocido sobre esos imponentes platos y sobreplatos, rodeado de un decimonónico servicio de mesa, es todo un homenaje al mejor plato madrileño, lo enaltece a la categoría que se merece.
De postre su famoso souflé que si bien no soy postrero hay que probar por lo etéreo y rico que está.
De vino, como la ocasión lo merecía, nos salimos del menú y optamos por un Contino Reserva que fue del 2005.
El precio final, con el sobreprecio del vino y varias copas, se nos fue a los 85€ por persona con propina. Una cantidad muy aceptable, pues dentro de ella va el valor intangible de haber comido en este maravilloso lugar.
"Tras comer bien... ¿quién podía organizar revoluciones en serio?"
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Soy un enfermo de la historia. Me gusta pisar, tocar y sentir los escenarios de la historia. Lhardy es uno de ellos. Un restaurante detodalavida en el centro de Madrid, dicen que el primero en España en ser un restaurante como los que conocemos hoy en día. Así que visitarlo era obligado.
Sí, es un lugar rancio. De esos de salones de madera y enmoquetados. De maîtres con años de servicio y camareros variopintos a los que el traje les queda grande. Pero tiene encanto.
La comida, deliciosa. Cara, pero deliciosa. Muy clásica, pero un valor seguro. Los cubiertos y las fuentes de plata te trasladan a otra época.
El cocido estaba riquísimo, más suave que en muchos otros sitios. El clásico consomé de Lhardy también merece una especial mención.
Yo opté por el Tournedor, solomillo de ternera con jamón y foie sobre un hojaldre y acompañado de guisantes y patatas. Riquísimo.
El postre, nos dejamos aconsejar por el maître y nos recomendaron en souflé. Estaba en su punto, perfecto para cerrar una buena comída.
Sale por unos 70€ por persona.
Manteles y servilletas de tela. Cubiertos de plata. Flores naturales en todo el restaurante.
"un gran cocido en un restaurante del siglo XIX"
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comer en los salones privados del Lhardy es trasladarse a otra época. Lámparas de araña, candelabros, fuentes, saleros y cubertería de plata maciza. Servicio impecable. El cocido es fabuloso. Realmente rico y el postre (el souflé alaska) es una bomba calórica. No esperes aquí el minimalismo culinario que nos invade, ni proezas estéticas. El Lhardy es un clásico y hay que probarlo. El vino de la casa es rico y se come estupendamente. Para mí, todo un descubrimiento. Un cocido en invierno es lo mejor. Pero necesitas una tarde para digerirlo, eso sí.
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