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A mi gusto...la octava maravilla del mundo

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me encanta, uno de mis favoritos me encanta, uno de mis favoritos

Bueno con este restaurante casi lloró. No me preguntéis porqué pero me enamoré a primera vista de él. Yo reconozco que en tema restaurantes debo de ser algo rara porque no me gustan los finolis sino que prefiero los rústicos y divertidos y es que este cumplía todo para convertirse en un favorito.

Me gusto tanto que luego
hice investigación en la red. No os digo más. Se trata de un restaurante de una chef brasileña, Helena Rizzo casada con un chef español, Daniel Redondo (si es que no me extraña ;-)

El ambiente como os decía antes es muy rústico. Parece que te has transportado a la casa del pueblo con mesas de madera, mucha luz natural, flores silvestres en la mesa y piedrecillas en el suelo. Y la cocina es contemporánea que mezcla platos tradicionales pero sobre todo: DIVERTIDA.

Yo reconozco que me emocione muchísimo pero es que todo me parecía genial. La forma del pan que parecían esculturas, las piruletas de queso que estaban crujientitas como entrante, los tomatitos cherry rellenos de algo que se deshacía en la boca, las patatitas rellenas....todo era genial.

Los platos que nos trajeron eran cada uno difernete y acorde con lo que pedimos. Un detalle genial fue que el agua está embotellado con su propia marca: MANI!!! Eso no lo había visto en la vida....

Pedimos un plato que se llamaba "El Ovo perfecto" (cocinado a 63 grados por algo más de dos horas servido sobre espuma de palmitos)y no lo puedo explicar pero estaba riquísimo. Los gnoñis (o como se escriba) de mane lso sirvieron con un caldo cuya combinadción era una mezcla impresionante.

Los platos principales fueron increibles. Yo pedí el pescado del día elaborado de una forma especial y fue increible. El pescado tenía una mezcla de harina crujiente por encima y una espuma alrededor que para comerlo había que mezclarlo todo y comerlo con cuchara. Super divertido.

De postre pedimos algo parecido a un huevo con una bola de helado y espuma de coco alrededor que era absolutamente impresionante.

Me quedé con las ganas de probar la feijoada (un plato típico de Brasil) y me apuesto lo que sea a que también estaba fantástico.

No he disfrutado tanto de una comida, deseando probar todos los platos y que el tiempo no pasase desde hace mucho tiempo. De verdad que le doy un 10.

Con gusto dí los casi 100 euros que costó la broma. Pero es que sin duda, y si no estuviera a unos 8.000kms, lo volvería a repetir porque fue una experiencia increible.

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etiquetas: brasil, divertido, fresco, helena rizzo, increible, sao paulo

guardado en mis listas: caros, para soñar, restaurantes

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La mejor cocinera de Sao Paulo

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me encanta, uno de mis favoritos me encanta, uno de mis favoritos

Helena Rizzo y su marido, el español Daniel Redondo, abrieron en 2007 este restaurante, una de las referencias gastronómicas de Sao Paulo y por extensión de Brasil y de Iberoamérica. Dani estuvo 14 años trabajando en la cocina de El Celler de Can Roca, en Gerona, su ciudad natal. Y Helena coincidió allí con él un año .
Un sitio pequeño para lo que se estila en Sao Paulo, espacio informal con elegantes toques rústicos, paredes limpias, mesas de madera pintadas en azul celeste, manteles de papel y una clientela de lo mejorcito de la ciudad. Como es lógico, en casi todos los platos hay una gran influencia de la cocina de los Roca. Lo que ocurre es que todo se inspira el recetario tradicional brasileño y se emplean los productos del país. Tomamos el menú degustación. Panes caseros (ojo al crujiente de mandioca) acompañados con queso fresco con pimentón, bolitas de queso de cabra con pimienta rosa y una buena mantequilla. Como aperitivo, un vasito con consomé frío de tomate, un bombón de foie al oporto y un trocito de rosbif al té ahumado sobre un chip de patata. Y para empezar, una ostra (en Brasil las hay buenas) con gelatina de pepino y perlas de lichi, conjunto muy refrescante. Impresionante el milhojas de láminas de remolacha con crema suave de anchoas. Al lado un delicado helado de remolacha y la popular farofa. Me gustaron menos, pese a su originalidad, los raviolis hechos con palmito fresco rellenos de salvia y manzana con almendras fritas. Les sobraba un potente queso rallado.
Sobresalientes los ñoquis de mandioquiña en un dashi de tucupí (un caldo de mandioca que se emplea mucho en la cocina popular). Muy bien el huevo a 63 grados con una crema de palmito asado (pupunha lo llaman en Brasil), lo mismo que la cigala en tempura de mandioca con espinacas. Seguimos con un pescado (“amarelo”, supongo que atún yellow fish). Dani y Helena lo ahúman y lo preparan con hierbas y con frutas locales que hacen un buen contraste, entre ácido y dulzón. Intensísimo el sabor de un arroz al dente con pato, aligerado con bacurí, una fruta cítrica del norte brasileño. Precedió a la falsa feijoada: sobre unas finas láminas de manitas de cerdo, esferificaciones de frijoles, trocitos de butifarra, repollo y naranja. Todo el sabor tradicional en una presentación muy moderna. Para terminar la parte salada, espléndida carrillera de buey guisada en cerveza con hasta ocho tubérculos diferentes. Y dos buenos postres, una crema de mandioquiña con una raíz amazónica, y una creme brulée con coco rallado. La carta de vinos es amplia y variada, aunque los precios, como en todo Sao Paulo, son prohibitivos.

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etiquetas: ambiente, bodega, menú degustación, moderno, sao paulo, servicio

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