Comprobado, la excelente fama de Miyama es sobradamente merecida: decoración sencilla, servicio rápido y cocina de primera.
Comenzamos la cena con rollitos de primavera a la marisquería japonesa, seguimos con un tartar de atún, Dragón y "Ebi Fry" maki, teriyaki de solomillo de buey , nigiri de toro flameado y nigiri de vieira. A cada cual mejor, especialmente inolvidables el Dragón Maki y el solomillo ( este último ligeramente escaso, eso sí ). Todo ello acompañado de unas estupendas cervezas japonesas, muy suaves, que no conocía y de cuyo nombre tomaré buena nota la próxima vez. Los postres, como en todo japonés, invisibles.
Nos quedamos con ganas de probar el nigiri de erizo de mar, será en futuras ocasiones, porque sin duda volveré. El precio, unos 50 euros por comensal, no es especialmente barato pero, sin duda, Miyama lo vale.
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