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"Donde el Paraíso empieza"
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Ohio Goza i Más lo descubrió en October 2009
Imagínense, una islita de 120 hectáreas, el 80% selva virgen, el resto granito y una estacion balnearia o "resort" de superlujo.
Para llegar a este lugar, se puede volar desde la capital malasia, Kuala Lumpur, hasta Pulau Pangkor, (la isla de enfrente) y tomar luego un barquito. O ir en helicóptero directo hasta la isla, algo que suelen permitirse el propietario y un puñado de afortunados que eligen el lugar como remanso de paz lejos de los paparazzi. El resto de los mortales venimos en coche privado desde KL y tomamos un barquito en el puerto peninsular de Lumut, direccion postal de la isla, por cierto.
Situada entre la isla de Pangkor y Sumatra, la parte occidental se expone al estrecho de Malacca, estratégico pasillo de comunicación marítima.
Al llegar a la isla, el amable personal nos escoltará hacia la recepción, obsequiándonos con refrescantes toallas y una bebida a base de hibisco, la flor malasia por definición.
Tras acompañarnos a nuestra morada, podremos descansar en las hamacas privativas de nuestra terraza o adentrarnos en las instalaciones de la isla, a saber: restaurantes, piscina (infinity pool), spa, playita, etc.
Si vienen aquí buscando el bar hawaiano, los vendedores ambulantes de cocos o batik y la orquesta tocando los evergreens con el mismo tono cansino de los hoteles de empaque, den media vuelta y váyanse a un Club Med. Tampoco hay kidz-club ni actividades de riesgo.
Aquí se viene a descansar, a olvidarse del mundanal ruido, a darse un masaje, a libar como mandan los dioses locales.
Sin embargo, los más activos querrán estar al día a traves de internet, inscribirse a un curso de cocina con el chef, irse de pesca, dar una vuelta en barquito para admirar brindando el anochecer, o simplemente internarse por uno de los senderos selváticos para admirar la flora y fauna locales acompañados del naturalista residente, Mr Yip. Este entrañable personaje nos hablará del delicado equilibrio ecológico y de cómo la actividad humana del resort puede coexistir con el resto de los habitantes de la isla. Porque habitantes, hay la tira... Las ciento y pico habitaciones y la cantidad de personal para llevar este espléndido lugar no son nada comparado con los indígenas de la isla: enormes lagartos (monitor lizards), peces conejo y payaso, anchoas, erizos de mar, focas, diversos peces comestibles degustables en sus seis restaurantes. Pero también hay monitos macacos, enormes murciélagos insectívoros y frutívoros, pajarracos que fácilmente se confunden con el tucán (hornbill), diversas clases de serpientes y ni-se-sabe de insectos. Se han descubierto por cierto un par de mariposas propias de esta isla. Arboles enormes pueden ser admirados, algunos antiguos de más de medio siglo, y toda la iconografía asociada: rattan, lianas, plantas trepadoras, hongos raríssimos, flores de un día, magníficas orquídeas...
Una de las marcas características de la isla son las habitaciones-cabaña edificadas como palafitos, directamente sobre el mar, evocando las construcciones locales de la región. En el interior, todas las comodidades están disponibles como en todo cinco estrellas de rigor. La única excepcion son las televisiones... De hecho, si se está de luna de miel o de descanso, para qué necesitamos el dichoso electrodoméstico? Por supuesto, si los venerables huéspedes no pueden vivir sin su CNN, BBC o Al-Jazira, las Hill o Garden Villas seran la opción elegida.
Aunque se ve alguna familia con gente menuda, la mayor parte de los huéspedes son parejas lunamieleras de toda edad y condición. Hay un par de restaurantes que no admiten a menores de 16 años para preservar la intimidad y la calma de una experiencia gastronómica como es debido. Casi se me saltan las lágrimas al degustar con el menú fusión del Straits un Marqués de Cáceres divino. Por supuesto, hay que vestirse par la ocasión: los caballeros irán con camisa y pantalón largo. Las damas sabrán como engalanarse para el evento. Les recuerdo que se trata de la cena.
A mediodía la experiencia es más relajada, pudiendo comer a pie de piscina o de playa en chanclas, pero con algo más que el bañador encima!
Emerald Bay es la playa privada de la parte "menos exclusiva" de la isla, preciosa cala donde quedarse hasta el anochecer. Nada más llegar, uno de los gentiles camareros viene armado con toallas y agua fresca, aparte de ofrecernos cualquier bebida que se desee saborear con el estrecho de Malacca al fondo.
Por otro lado, la isla dispone de suites en la zona de los palafitos, spa y la colina. Una de ellas hace honor al gran tenor Pavarotti, que fue gran amigo del dueño. Pero también hay villas superprivadas de dos, tres y cuatro habitaciones con propio chef, butler (mayordomo), piscinita y otra playita. Esta parte debe ser para los que llegan en helicóptero...
En definitiva, un lugar donde el cielo y la tierra son uno, donde la legendaria hospitalidad asiática tiene un gran exponente.
De hecho, lo peor... es volver a la realidad.
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