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Lo que dice Ohio Goza i Más sobre Peter at The Peninsula en 千代田区.

dice:

Alta gastronomía, fashionismo y excelentes vistas

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Ohio Goza i Más lo descubrió en abril de 2010

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Es impensable que en cualquier país del hemisferio norte se pueda acceder a un cinco estrellas directamente desde el metro. El Península es una excepción.

Y para no deslumbrarse demasiado, para subir a Peter en el piso veintitantos, hay que utilizar un exclusivo ascensor absolutamente negro, negríssimo. No se ve ni torta. Ni de día ni de noche...

Al aparecer en el lobby del bar y restaurante, llama la atención esa mezcla de negros y metálicos que podrían parecer fríos, y sin embargo no lo son. Todo queda compensado por la luminosidad del local y por los destellos que despiden las hojas metálicas-irisadas de unos originales árboles que forman parte de la decoración. El lugar es prácticamente diáfano, dispuesto en dos semi niveles, una especie de escena y mesas redondas. Llama la atención encontrar un lugar tan amplio y tan acogedor al mismo tiempo, en un Tokio donde el espacio es un lujo.

Se nos ocurrió acudir a comer, a eso de la una de la tarde. Al reservar mesa solicité un lugar tranquilo, y a ser posible, con vistas.
En un inglés más que aceptable me preguntaron al teléfono si se trataba de alguna ocasión especial (cumpleaños, aniversario, etc..) y me aseguraron que harían todo lo posible para satisfacer nuestros deseos. Y ya lo creo, en un comedor no demasiado lleno, nos propusieron una de las mejores mesas, en un ángulo con vistas inmejorables hacia el palacio imperial y privacidad absoluta.

Tras instalarnos, vino la original carta desplegable, casi como un mini-acordeón de papiroflexia. Los menús de mediodía son sencillos (tres platos), desde dos mil y pico yenes, hasta opción de cinco platos casi por el doble, sin bebidas.

Al final nos decidimos por tomar un menú a la carta de tres platos.
Cocina de mercado, mi compañía se decidió por un exquisito consomé con foie y pato, coronado por un brioche tostado.
Yo me incliné por un sashimi marinado de pagro rojo (red snapper) pescado desconocido bajo esa apariencia delicada y brillante bajo sus hojitas de ensalada, sus gotas de compota de ruibarbo y el pegotillo de crema perfumada a la pimienta de Sechuán.

De segundo, la carrillera de buey, pieza "poco noble" y desconocida en estos lares, se fundía literalmente en la boca. Venía con su jardinera de verduritas a la bocuse y patatinas nuevas cocidas.
Mis gambitas cocinadas al punto vinieron acompañadas de una sorprendente forma de presentar el erizo de mar (también conocido como caviar de oricios): caramelizado pero manteniendo su textura. Sin embargo, tampoco estaba confitado. Venía con verduritas primaverales, cubierto con una loncha marinada de daikon (rábano gigante) teñida de rosa. Delicado y elegante.

A los postres, caimos en la tentación de los quesos, cosa aún exótica si no vives en la capital nipona. También degustamos un soufflé de chocolate con castaña, helado de castaña y su jalea de café. Equilibrado y nada empalagoso. Aunque casi habría preferido encontrarme con un auténtico gateau fondant. He tomado soufflés dulces mejor logrados en lo que a levantar el soufflé se refiere.

Tomamos agua mineral envasada especialmente para el Península y un cóctel sin alcohol algo elevado de precio (1900 yenes) a base de jengibre y miel. Personalmente, le habría quitado un poco de miel y puesto un lingotazo de lima.

El servicio de sala nos trató de maravilla, siempre atento a nuestras necesidades y sugestiones, aunque el inglés podría haber estado algo mejor de nivel. Al final acabamos charlando en japonés con una camarera.

Un lugar estupendo para una comida especial, muy indicado también para alternar e impresionar al caer la tarde.

etiquetas: cocina creativa, cocina de mercado, peninsula hotel, peter, restaurante, tokio

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