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Era yo joven, inexperto y muy punkie cuando salía por Malasaña. Pasarse por el Red Bar a jugar una partida de cualquiera de los juegos de mesa que hay a disposición del cliente era imprescindible antes de visitar el ya desaparecido La Mina. La hija del dueño solía moverse entre la clientela saludando al personal (era una cría, supongo que ya tendrá una edad) y el propio dueño era de lo más simpático cuando el bar no estaba hasta arriba.
Puede que los precios os parezcan un poco altos pero dejaréis de pensarlo en cuanto vuestro plato llegue a la mesa. Un lugar peculiar.
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La familia que lo lleva es muy muy de andar por casa, yo también recuerdo la soltura de la niña pacámore y pallá, eso es desparpajo. El bar pintado de rojo, por supuesto, con su aire cutre y sus cajas y cajas de juegos de mesa; siempre un buen ambiente. Yo me voy de Madrid y me despido en el Red Bar, con eso lo digo todo.....tortillaaaa!!! September 20, 2010