Nos apetecía japonés y reservamos en este restaurante, que viene avalado hasta por el mismísimo Adriá. Por fuera es hasta difícil de encontrar, su nombre sólo aparece en una tela que sirve de entrada. Al traspasarla aparece un sitio muy normal hasta que llegas a la barra y ves los buenísimos productos que alberga. Nos tocó una mesa lejana a la misma (y eso no es bueno), muy pequeña y con poco detalle. Manteles individuales y muy comunes, palillos, salsera de soja y un vaso. Hasta aquí, como decía, podría ser un restaurante cualquiera.
La carta es de cocina tradicional japonesa con toques izakaya, con todos los platos que uno espera encontrar y alguna sorpresa. Preguntamos por un menú degustación y nos ofrecieron la posibilidad del mismo, al precio de 50 ó 60 € dependiendo del mercado y de nuestra hambre, comentaron productos que incluiría y que se nos iría preguntando. Aceptamos la propuesta.
No tomamos vino pero la corta carta contenía algún blanco interesante a precios contenidos.
Así pues, el menú constó de (alguna cosa no logré entenderla):
-Ostra francesa con yuzu (animal de buen calibre y fresquísimo, el cítrico realzaba el sabor)
-Sardinitas con salsa (exquisitas)
-Huevo y arenque (a modo de tortilla con el arenque dentro casi crudo, dashi y caldo con soja, muy curioso)
-Sushi de sepia soasada con su jugo (el jugo hecho con los interiores de la sepia hacía un contraste magnífico)
-Sashimi variado (navajas, salmón, chipirón y toro, todo fresquísimo, un absoluto placer)
-Espardeñas (en su punto, con dashi y ese efecto que produce al moverse, un plato que no olvidaré)
-Toro, erizo y huevas de salmón (con salsa de soja y kombu, todo crudo, casi me hace llorar de felicidad)
-Gamba de Palamós a la plancha (presentada sobre sal gorda, muy buen producto)
-Entrecotte de ternera con shiitakes (en una concha de vieira con fuego por debajo, suculento)
-Mochi de fresa y nata (nada especial)
El café mediocre.
El servicio fue correcto pero no especialmente atento, eso sí, nos preguntaron sobre preferencias y apetitos. Acabaron cobrando 50 € por menú.
Este restaurante demuestra que la calidad del producto te hace olvidar todo lo que sucede fuera de tu propia mesa y, además, el precio no hace que luego te arrepientas.
Lo que le hace diferente pues, son sus productos y lo bien que los tratan.
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