Nosotras éramos tres y no reservamos, pero a las 20 estábamos ya allí.
Es uno de los mejores recuerdos que tenemos de Oporto: comimos genial, bebimos mejor y nos trataron de maravilla.
Comimos un entrante con queso y embutido, bañado con un vino de Porto. Luego "bacalao espiritual" y crema de mango. Delicioso!
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